CHAPTER 5: DATA ANALYSIS AND DISCUSSION OF RESULTS
5.5 REGRESSION RESULTS ON FACTORS INFLUENCING DEBT
5.5.2 Results from Spearman Correlation analysis
En la comparativa de los dos grupos, personas con y sin demencia, hubo algunas diferencias por sexo, edad y nivel educativo, como se ve en la Figura 10.1. Se observa que el grupo de personas con demencia presentaba un mayor porcentaje de personas mayores de 80 años y de mujeres y un menor nivel educativo. En general, esto se corresponde a dos aspectos principalmente, por un lado el mayor porcentaje de ingresos en residencia de mujeres, por dificultad de cuidados por parte de su cónyuge, y por otro a la mayor esperanza de vida de las mujeres en España, que se correlaciona con mayor prevalencia de demencia.
Figura 10.1. Características sociodemográficas de personas institucionalizadas con y sin demencia
10.4.2. Comorbilidad y estado de salud
La prevalencia de comorbilidad (dos o más condiciones médicas crónicas) en este estudio fue de un 96,77%, más alta que en estudios previos (Asakawa, Feeny
et al. 2009), si bien hay que tener en cuenta que no son muestras equivalentes en edad, metodología de estudio y escalas aplicadas.
Las patologías más frecuentes en la muestra total fueron los problemas musculoesqueléticos, como artrosis, y los genitourinarios, como la incontinencia urinaria (Figura 10.2), problemas que son prevalentes en las personas mayores con cifras similares en la literatura previa (Schubert, Boustani et al. 2006). Ambos grupos de patologías son consideradas como de riesgo para la institucionalización y para la aparición de dependencia (Schubert, Boustani et al. 2006).
10. Comorbilidad, estado de salud y calidad de vida en personas mayores institucionalizadas con y sin demencia 94
Figura 10.2. Porcentaje de personas con problemas crónicos en salud según el tipo de muestra
También se observa en la Figura 10.2 que las personas con demencia presentaban mayor prevalencia de trastornos genitourinarios y problemas de memoria, mientras que en este el grupo de mayores sin demencia, los problemas musculoesqueléticos eran los más prevalentes.
En relación con el estado de salud, las personas con demencia puntuaron peor en la escala EQ-EVA que el grupo sin demencia. Además, las personas con demencia que presentaban problemas de visión, problemas bucodentales o genitourinarios tipo incontinencia, mostraron peor percepción de salud en la escala EQ-EVA que en la muestra de personas sin demencia. En este caso consideramos que unido a la demencia, la aparición de problemas como el déficit visual contribuye a la dificultad en la percepción e interpretación lo que fomenta la inseguridad y limita las relaciones sociales. Al mismo tiempo, el acto de comer es un acto de relación social muy importante en la vida diaria de nuestras residencias de personas mayores, el hecho de presentar dificultades en la masticación, las dietas especiales tipo túrmix, las prótesis dentales mal ajustadas pueden contribuir al sentimiento de pobre situación de salud, al dificultar la comunicación y las relaciones sociales.
Por otro lado, el mal control de esfínteres va muy relacionado con el aislamiento social debido al uso de absorbentes, a la dependencia en algunos casos de otra persona lo que en los mayores puede generar un sentimiento de frustración y dependencia; también es percibido por los cuidadores como mala situación de salud, siendo un factor que contribuye a la institucionalización de la persona mayor por la carga de trabajo que supone para los cuidadores familiares. En las personas sin demencia el uso de absorbentes no tiene por qué suponer una mayor carga de cuidados para los familiares.
Algunas patologías son menos frecuentes en el grupo de personas que padecen demencia, como son el insomnio, el dolor de cabeza y las alergias, entre otros (Figura 10.2) lo que puede deberse a que los cuidadores consideran que son trastornos unidos a la enfermedad principal, como en el caso del insomnio, tan frecuente en personas
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con demencia en la evolución de la enfermedad, no considerándolo por ello una condición médica separada y tratable. En otros casos creemos que algunas de estas «patologías» no se recogen, como puede ser el dolor de cabeza, bien por falta de identificación del cuidador o dificultad del enfermo para expresarlo adecuadamente.
Además de todo esto, se observó una interacción entre demencia, comorbilidad y estado de salud, tal como se muestra en la Figura 10.3. En el grupo sin demencia, el estado de salud (EQ-EVA) no varía en función del número de condiciones médicas crónicas (hasta cinco/seis o más). Sin embargo, el grupo de personas con demencia y mayor número de condiciones médicas (seis o más), puntuó significativamente peor en la escala EQ-EVA, independientemente del sexo y la edad.
Figura 10.3. Estado de salud (EQ-EVA) por grupo (demencia/no demencia) y número de condiciones médicas crónicas
30 35 40 45 50 55 60 65 70
Sin demencia Con demencia
Número de condiciones médicas crónicas EQ-EV A <= 5 6 +
Grupo sin demencia: p = 0.72; Grupo con demencia: p < 0,001 (Prueba t de Student)
Los estudios previos han encontrado que aunque las personas con demencia tienen una alta prevalencia de síntomas físicos, suelen calificar su estado general de salud como bueno (Waldorff, Nielsen et al. 2010). Sin embargo, en este caso, no se puede descartar el efecto de la percepción del cuidador a la hora de evaluar el estado general del residente con demencia, debido a la acumulación de patologías junto a la demencia. La presencia de comorbilidad podría hacer que el cuidador valore peor el estado de salud del residente.