5. Empirical results 37
5.2 Results using restricted baseline hazard models 45
Arturo Burnes Ortiz*
Introducción
Zacatecas es una entidad de sólida tradición minera. Desde mediados del siglo XVI, se empezaron a explotar las riquezas argentíferas de sus fundos mineros, algunos de los cuales persisten hasta la actualidad. La aspereza del territorio zacatecano contrasta con sus riquezas mi- nerales: los terreros que a cada paso se observan en el paisaje zacatecano, formados por el tepetate y metal po- bre (“jales”) amontonados cerca de las bocaminas y tiros, indican la febril actividad minera que ha caracterizado su historia regional.
En consonancia con la expansión colonial primero y luego propiamente capitalista, la extracción de metales preciosos en el primer periodo acompañado después de metales y minerales industriales como zinc, plomo y algo de cobre ha sido una constante de esta región y llega a nuestros días. En efecto, en Zacatecas se encontraba, hasta hace pocos años (fue explotada desde 1982 a 1999), la mayor mina de plata del mundo a cielo abierto: Real de Ángeles, en el municipio de Noria de Ángeles, explotada por Frisco y Denver Development Co. Esta entidad tiene la mayor mina subterránea del mundo de plata: Fresnillo P.L.C. (antes denominada Compañía Fresnillo Peñoles), en explotación desde mediados del siglo XVI, en el célebre Ce- rro de Proaño. Zacatecas tiene el mayor yacimiento de zinc
* Docente-investigador de la Unidad Académica de Economía de la Universidad Autónoma de Zacatecas; miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
de América Latina, ubicado en la comunidad de Francisco I. Madero, del municipio de Morelos, a unos kilómetros de la capital del estado. A partir del año de 2006, cuenta tam- bién con el segundo mayor yacimiento del oro del mundo en explotación, a raíz de la autorización por la Semarnat de la puesta en operación de El Peñasquito, municipio de Mazapil, operado por el gigante canadiense Goldcorp, con una inversión de 1,500 millones de dólares, cantidad mayor al presupuesto anual del gobierno estatal.
El objetivo del presente trabajo consiste en dilucidar el significado del porqué Zacatecas, a pesar de haber sido una de las entidades y ciudades mexicanas de mayor importancia a raíz de la minería argentífera, manejada como ventaja comparativa, presenta un desarrollo regio- nal marcado por la ausencia de un mecanismo endógeno de acumulación y crecimiento capaz de crear un mercado interno vigoroso que fuera a su vez la base de una produc- ción para los sectores internos de la región. El resultado fue una estructura productiva minera con pobre impacto regional y débiles efectos de enlace intersectorial.
Una breve descripción geofísica
El estado de Zacatecas tiene una superficie de 75,040 ki- lómetros cuadrados y está rodeado por seis entidades en el centro del país. Su área representa el 8% de la región del altiplano y el 3.8% del territorio nacional (SPP, 1981: 3). Los estados limítrofes son Coahuila, al norte; San Luis Potosí, al este; al sur y suroeste, Aguascalientes y Jalisco y, al oeste y noroeste, colinda con Nayarit y Durango, respectivamente.
Por su diversidad de climas y topografía, Zacatecas presenta desde vegetación desértica hasta bosques de pino-encino e, incluso, vegetación tropical en sus cañones. En la zona central del estado, se realiza la mayor parte
de las actividades agrícolas, signadas por el temporal. El 85% de la entidad es semiárido, el 12% es subhúmedo y el 3% es árido (PRI-IEPES, 8-14) Es evidente la aspereza de su territorio y contrasta con sus riquezas mineras —en especial plata, plomo, zinc y algo de cobre— lo que hizo decir a un cronista colonial, el franciscano José de Arlegui, que “una tierra abundante para cosecha no hace maridaje con minas de fundamento” (Arlegui, 1851: 121; Bakewell, 1976: 67).
Hoy resiente dicha aspereza, al ocupar el tercer sitio nacional en cuanto a superficie improductiva (árida y se- miárida), que representa el 71.1% de su extensión física, con una de las más bajas, en ocasiones la más baja, tasas de precipitación pluvial. Cerca del 80% de su suelo está regido por el clima seco, o seco estepario, caracterizado porque la evaporación excede a la precipitación, la cual es de 510 mm. al año (SPP, 1981: 16). Un dato concluyente por sí mismo es que sólo el 27% de su superficie es apto para fines agrícolas y de ella, 5% es de riego, otro 5% de buen temporal y el 90% es de temporal a secas, con las vicisitudes correspondientes. De ahí que, año con año, se observe el gran peso de los ciclos meteorológicos en el uso específico de su suelo (Peña, 1948: 198).
Zacatecas, que en el año 2004 contaba con 1,356,732 habitantes, es decir, el 1.7% de la población nacional (INEGI, 2005: 55), se conforma por 58 municipios y tiene como capital la ciudad de Zacatecas que, junto con Fresnillo, forman el área más desarrollada y son el centro de las comunicaciones por carretera y ferrocarril de las rutas axiales de México. Por tanto, si puede hablarse así, Zaca- tecas está situada estratégicamente. Sus carreteras, vías férreas, rutas aéreas y telecomunicaciones —además de sus recursos mineros— le permiten ser un enlace perma- nente y un estado de tránsito con los centros mercanti- les y productores más importantes del país: Monterrey, Guadalajara y el Distrito Federal. Asimismo, las carreteras nacionales que lo cruzan llegan a las ciudades fronterizas
de Estados Unidos y se prolongan hacia las costas del Golfo de México y del Océano Pacífico.
La singularidad geofísica de la entidad zacatecana no sólo ha sido objeto de estudio por las instancias oficia- les. De hecho, algunos de los más sugerentes intentos de elaborar una tipología de sus regiones, que integran los ámbitos geográfico, económico y social, y que hacen énfa- sis en su heterogeneidad estructural interna son producto de investigaciones universitarias. Una de ellas divide a la entidad en tres regiones que, como zonas geográficas determinadas, muestran a su interior un crecimiento más homogéneo que se refleja al mismo tiempo en un grado determinado de desarrollo mercantil (Spagnolo y Foladori, 1979. 53-55):
1) Región zacatecana y sus alrededores, con siete
municipios: Zacatecas, Pánuco, Calera, Guadalupe, Jerez, Morelos y Vetagrande.
2) Región norte, con tres municipios: Concepción del
oro, Mazapil y Melchor Ocampo.
3) Región sud-oriental, con: Pinos, Loreto, Luis Moya,
Ojocaliente y Cuauhtémoc.
Otro estudio identifica en Zacatecas cuatro “conglome- rados territoriales” con características bien delimitadas a su interior y que se pueden catalogar como regiones (véase mapa 3) (Ramírez Miranda, 1990: 17-21 y 1995: 12-19):
1) Región del semidesierto, que se caracteriza por una
baja densidad de población y escasa infraestruc- tura. La agricultura es básicamente de temporal, acompañada de una ganadería de carácter exten- sivo.
2) Región agropecuaria de mayor integración relati- va, constituida por el corredor centro-occidental con un eje industrial-minero-ganadero y las tres
principales ciudades de la entidad: Zacatecas, Fresnillo y Sombrerete. A ella pertenece la zona de mayor producción frijolera (Río Grande-Som- brerete) y exhibe la mayor concentración agrícola y agroindustrial: 60% de los tractores, 70% de la superficie laborable y 54% de la de riego.
3) Región de la Sierra Madre Occidental, que exhibe
una gran desarticulación interna así como una pobre infraestructura y comunicaciones.
4) Región de Los Cañones, que con su diversidad cli-
mática y de nichos ecológicos fue el asentamiento de los reducidos núcleos sedentarios antes de la conquista. Su misma configuración geofísica de- terminó el predominio de la pequeña propiedad privada y ranchos respecto al sistema productivo de las haciendas.
A la marcada desigualdad social, signo de Zacatecas desde sus orígenes coloniales, se agrega esta acusada di- ferenciación regional interna, que ciertamente ha sido una restricción formidable a las posibilidades de integración productiva interna.
Las raíces mineras de Zacatecas
Desde el establecimiento de la Real Caja en el siglo XVI, hasta fines del siglo XIX, Zacatecas fue una de las entidades y ciudades mexicanas de mayor importancia. La razón de ello fue su actividad económica más importante: la minería argentífera. Hoy, que ya ha perdido la hegemonía regio- nal, y que en los indicadores sociales esté en los últimos lugares del concierto nacional, ni parece posible que haya sido una entidad que determinó en medida significativa la dinámica y el ciclo económico generales, a más de su peso específico en los lineamientos políticos del país. El alud
de investigaciones sobre Zacatecas, algunas de las cuales son verdaderos clásicos historiográficos, tiene que ver con su significado histórico, que va a contrapelo de su lento pulso económico propio del siglo XX. “Hoy en día –escribe Frédérique Langue- Zacatecas es apenas una sombra de su pasado esplendor, una ciudad a la que su vecina del sur, Aguascalientes, le ha arrebatado la primacía regional (Langue, 1999: 23)”.
Zacatecas, como Guanajuato, tiene hoy una economía altamente terciarizada1 y su población campesina que no
ha emigrado vive de las remesas en dólares que remiten sus emigrantes de Estados Unidos, las que en 2006 se aproximaron a los 20,000 millones de dólares (Moctezu- ma Longoria, sf.), utilizados principalmente en bienes de consumo y no en actividades productivas.
La gran desvalorización de la plata exige cierta dosis de imaginación para entender que plata y riqueza hayan sido la misma cosa durante los siglos coloniales y la mayor par- te del siglo XIX, ecuación entonces válida e indiscutible en la práctica, con el patrón monetario bimetálico oro:plata en una proporción de 16 a 1. Hoy, en cambio, es de 70 a 1.2 Y Zacatecas tenía la plata, a grado tal que, en prome-
dio, ha producido alrededor de la mitad de la producción argentífera de México. Tal circunstancia le dio una ventaja comparativa a Zacatecas que, sin embargo, significó la
1 En efecto, mientras que, para el año 2003, la minería representaba
el 3.8% del PIBregional y la industria manufacturera el 4.7% el sector de
comercio y servicios ascendía a 57.3% del PIB zacatecano. Véase 2005:
436-437).
2 En 1980 el precio de la onza troy de plata alcanzó los 50 dólares la
onza, en 1985 se derrumbó a 5 dólares y en septiembre de 2005 se tasaba en sólo 7 dólares la onza, en tanto que en marzo de 2009 su precio es de 13.3 dólares la onza. Compárese con el precio del oro, que alcanza hoy los 933 dólares la onza. (Cfr. Muro, 1985; Mauro Álvaro Montero,
“Mercado de futuros”, en: El Financiero, México, 12 de septiembre de
2005: 17 A. Mariano, Efraín H. “Mercado de físicos”, en: El Financiero,
ausencia de un mecanismo endógeno de acumulación y crecimiento que creara un mercado interno vigoroso que fuera a su vez la base de una producción para los sectores internos de la región. Estamos ante una tendencia general de largo plazo de la minería y la economía de Zacatecas: la ausencia de encadenamientos productivos y de una capacidad social de acumulación realmente significativa. A pesar de los esfuerzos por desarrollar técnicas autóc- tonas y adaptaciones creadoras de aquellas provenientes del extranjero, no hubo resultados que cambiaran esen- cialmente la estructura productiva minera y sus pobres efectos de enlace intersectorial.3
Restructuración minera y redefinición regional
En el siglo XX, a pesar de la Revolución mexicana y la in- dustrialización de posguerra, los dos pies de la economía regional seguían siendo la minería de metales preciosos, adicionada ahora con la del plomo y zinc y algo de cobre y la gran propiedad territorial, dirigida a la ganadería extensiva. Factores como la desmonetización de la plata a partir de los años setenta del siglo XIX y el tránsito al pa- trón oro en el sistema monetario internacional, la reforma monetaria porfirista de 1905 y en especial la revolución técnico-productiva minera que sustituye la amalgamación por la lixiviación y la cianuración, explican la ruptura del viejo modelo minero integrado y se produce la separación de las fases que componen el ciclo minero: la extracción (cada vez más rezagada) y el beneficio y refinación cada
3 Los ciclos mineros coloniales y su relación intersectorial e interre-
gional están bien esclarecidos tanto en el libro citado de Langue como en los siguientes textos: Bakewell, 1976; Burnes Ortiz, 1987; Enciso 2000; Brading, 1975.
vez más modernizada e integrada y que se encuentra fuera de la entidad.4
La progresiva sustitución del oro y la plata por los metales y minerales no ferrosos y siderúrgicos fue un pro- ceso que culminó hacia la primera mitad del siglo XX. Tan grande fue su restructuración en los años de 1890 a 1912, que algunos autores la plantean como base de la transición a un nuevo modelo de explotación minera (Velasco, 1988: 400; Bernstein,1964: 77)cuyos rasgos permanecerán incó- lumes hasta mediados del siglo XX, si bien, como ha pasado en toda reconversión científicotécnica, ella no se dio de manera inmediata y homogénea en las diversas regiones mineras del país. Sólo las grandes empresas estuvieron en condiciones de sobrellevar los altos costos que implicaba adoptar las nuevas técnicas al tiempo que concentraban la propiedad y la producción, mientras la pequeña minería —en su mayor parte empresarios nacionales— así como los eternos buscones y gambusinos, seguían echando mano de los métodos tradicionales.
La fuerza animal y humana fue crecientemente sus- tituida por la energía hidráulica y de vapor y luego por la energía hidroeléctrica. En lo tocante a los métodos de beneficio, se fueron incorporando progresivamente aqué- llos basados en la lixiviación, la flotación, la cloruración y la cianuración. Este último, en particular, fue adoptado por las grandes empresas mineras y fue el responsable del señalado aumento de la productividad de los metales preciosos desde fines del siglo XIX. El cuadro anexo refleja claramente la sustitución paulatina pero firme de los siste- mas tradicionales, sobre todo el de patio o de amalgama, basado en el azogue, cuya suerte quedó sellada con el advenimiento de la cianuración y las fundiciones. Curio- samente, el último fundo minero en adoptar el proceso
4 Para los avatares de la minería zacatecana decimonónica véase,
de cianuración en Pachuca fue el de Purísima Grande, en donde Bartolomé de Medina inventó el método de patio (Bernstein, 1964: 44).
Entre los minerales y metales de uso industrial desta- can el cobre, el plomo y el carbón mineral. En cuanto al cobre, el crecimiento de la industria eléctrica en Estados Unidos y Europa, aunado a la disminución de sus costos de producción,trajeron consigo un aumento a partir de los años 1890 de la demanda del metal rojo, misma que alcanza su máxima expresión en 1907. Tales hechos hicie- ron redituable su explotación a gran escala con aportación de capitales franceses y estadounidenses. Fue así que se organizaron la Negociación El Boleo en Baja Califor- nia, la Moctezuma Cooper Co. De Nacozari y la Cananea Consolidation Cooper Co. Luego vino su declive por la caída del precio internacional a causa de la gran oferta y la competencia entre los productores. La producción de plomo, por su parte, también empezó a crecer en el último decenio del siglo XIX e, igualmente, encontró su mercado
Cuadro 1
Métodos de beneficio para los metales preciosos (1877-1907) (porcentajes) Metodo 1877-1894 1900 1907 Patio 66.7 51.1 21.2 Fundición 18.9 24.6 30.4 Lixiviación 7.2 15.0 9.1 Concentración* 7.2 7.5 25.6 Cianuración —- 1.8 13.7
* Incluye los sistemas de toneles, paneles y cloruración. Fuente: Velasco, 1988: 396.
en las fundiciones de la potencia del norte. Al ser un metal asociado a otros, en especial la plata, permitió la apertura de vetas con leyes no muy altas, de yacimientos antiguos e incluso el reprocesamiento de los residuos minerales. Los principales yacimientos plumbíferos fueron Sierra Mojada, Coahuila; Mapimí, Durango; Camacho, en Nuevo León y Zimapán, Hidalgo (Velasco, 1988: 256-266),que encontra- ron una creciente demanda en las plantas metalúrgicas instaladas en suelo nacional a partir del arancel McKinley, que impuso restricciones a la exportación de minerales con destino a Estados Unidos. Las mayores fundiciones se instalaron en Aguascalientes, Torreón, Monterrey y San Luis Potosí (Bernstein, 1964: 37-40).
El carbón mineral nunca fue un renglón importante en el cuadro de las exportaciones. Antes bien, hubo necesidad de importarlo por la demanda derivada de las fundiciones y la integración de la red ferroviaria. En Coahuila (Rosita, Cloete, Palau, Agujita y Esperanza) estaba la región carbo- nífera que alcanzó mayor desarrollo durante el porfiriato. Además de estos minerales propiamente industriales, el oro empezó a acentuar su importancia a partir de los años de 1890; en principio, se benefició de los adelantos introducidos en la producción y del auge de El Oro, en el Estado de México. Asimismo, al conformarse el patrón oro en el sistema monetario mundial creció su demanda y por ende la exportación, sin olvidar que los empresa- rios extranjeros obtuvieron una sobreganancia al pagar con plata depreciada sus salarios, insumos e impuestos y recibir sus ingresos y utilidades en oro (Velasco, 1988: 269-271 y 282).
Este conjunto de cambios en la estructura interna de la producción extractiva determinó una redefinición en la importancia de las regiones mineras, en la cual la entidad zacatecana no salió favorecida, pues quedó marginada de la integración productiva entre minería e industria que sí se daba en otras entidades y regiones. El noroeste, con su producción de cobre a gran escala, se integra al mercado
internacional, sobre todo al estadounidense, con una nue- va base tecnológica. En el norte central (de Chihuahua y Coahuila hasta Aguascalientes y San Luis Potosí) se da la explotación combinada de metales no ferrosos y la insta- lación de grandes fundiciones. El noreste, con su carbón y coque, ayuda a la integración en Monterrey y Saltillo de fundiciones de metales no ferrosos. De Zacatecas y Guanajuato al sur continúa el predominio de los metales preciosos, tan ligados a la cultura y a la tradición minera secular del país, aunque con una nueva tecnología signada por la electrificación y la introducción del beneficio de cianuración y reaprovechamiento de los residuos (Velasco, 1988: 284).
Ni la economía zacatecana ni su gobierno estuvieron a la altura de esa restructuración histórica de la minería, con lo que Zacatecas quedó subordinada —económicamente se entiende— a las regiones emergentes y dinámicas del norte, a las que se manda alrededor del 90% del mineral extraído. Se rompe así el eje articulador minero, sin que surja otro a la alternativa, a no ser que así se considere a la ganadería extensiva, a los granos básicos y a la migra- ción de mano de obra a otras entidades y al vecino país del norte —y a la industria maquiladora de exportación desde la última década del siglo XX—, procesos que no ayudan a un desarrollo regional integral y al despegue de la economía zacatecana.
Se trata de un proceso decisivo para entender el desarro- llo de una región que basó su trayectoria y su articulación intrarregional con la explotación de los metales preciosos y su antiguo papel dinamizador durante más de tres siglos y que, en un momento histórico dado, deja de ser su “motor de arrastre” —para usar la expresión de Sempat Assadourian (1979). De ahí que, a diferencia de otras regiones mineras, cuando llega el momento de la transición, en Zacatecas no hay una sustitución cabal o un proceso de destrucción de la anterior base material de su crecimiento, sino un reforzamiento de las estructuras previamente existentes
en la entidad. He aquí la característica central de la mi- nería zacatecana: la especialización productiva para la exportación de sus cinco principales minerales: oro, plata, cobre, plomo y zinc, siendo la plata, el zinc y el plomo los productos centrales, colocándose a la cabeza de las entidades mineras en la extracción —no beneficio— de estos tres importantes rubros.5
De las cuatro etapas del proceso productivo minero: extracción, beneficio, fundición y afinación, cada una de las cuales es una industria o proceso industrial en sí misma, en las que se va agregando valor a través del trabajo humano, Zacatecas sólo realiza las tareas de ex-