CHAPTER 2: URBAN AND RETAIL DECENTRALISATION
2.4 Retail decentralisation
Rector de la Universidad de Alcalá
Arthur H. Cole comenzó en 1969 a estudiar el fenómeno del empren- dimiento como elemento dinamizador de las economías. Tal y como ocurre hoy, descubrió que los aspectos que influyen en la figura del emprendedor son muchos y muy diversos. De ahí que la principal con- clusión personal de sus investigaciones fuera que «cada uno de noso- tros tiene una noción del emprendedor». Esta dificultad para definir con claridad al emprendedor y para diferenciarlo de otros conceptos
tales como «empresario», «nueva empresa», «autónomo», etc... com- plica resumir en diez los consejos breves que pueden darse.
En cualquier caso, resulta evidente que desde las instituciones edu- cativas, y en concreto, desde la Universidad, es necesario introducir el espíritu emprendedor dentro de la cultura universitaria, con el apoyo de las nuevas tecnologías y las metodologías de conocimiento abierto y cooperativo. Solo de esta forma se conseguirá estimular a los estu- diantes para que adquieran las destrezas personales, sociales y rela- cionales necesarias que les ayuden a emprender, pero que son válidas también para desempeñar cualquier profesión. Vayan, pues, los diez consejos que solemos dar a nuestros estudiantes:
1. Emprender es una actitud. Cualquier intención emprendedora debe acompañarse de altas dosis de verdadera motivación, conocimiento, aprendizaje, desarrollo de capacidades de tra- bajo, liderazgo y creatividad. Pero también de una actitud inconformista y crítica con uno mismo. Steve Jobs, fundador de Apple, afirmó en este sentido que «a veces, cuando innovas, cometes errores. Es mejor admitirlos enseguida y seguir mejo- rando el resto de tus innovaciones».
El desconocimiento de los trámites para poner en marcha una oportunidad empresarial no debe ser nunca una barrera que frene la actividad emprendedora. Sin embargo, en muchas oca- siones, las herramientas que la sociedad ofrece al emprende- dor parten de un diagnóstico erróneo, cuando no sesgado, que no tiene en cuenta los procedimientos para la implantación de una empresa o las barreras administrativas o financieras que suponen un freno a la iniciativa emprendedora.
2. Evita los falsos mitos asociados al emprendimiento. Entre las principales motivaciones para emprender figuran el obtener un alto rendimiento económico, ganar dinero en consonancia con el esfuerzo, tener tiempo libre, ser uno su propio jefe o trabajar a su propio ritmo. Sin embargo, estos son falsos motivos para emprender, ya que se confunde el motivo con la motivación. Los motivos descritos son una huida hacia delante en una situación personal, como el desempleo o la necesidad de mejorar profe- sionalmente, pero emprender implica invertir una gran cantidad de tiempo y de esfuerzo (económico, personal, familiar...). Sólo se conseguirán unos niveles de renta elevados y disponer de un
mayor tiempo libre cuando se ha luchado lo suficiente y se ha conseguido estabilizar y consolidar una iniciativa empresarial. 3. Emprender no es sinónimo de crear una empresa. El emprendi-
miento es un concepto muy amplio y abierto a cualquier opor- tunidad de negocio. No siempre debe dar lugar necesariamente a la constitución de una empresa nueva, sino que puede ser la generación de un nuevo proceso productivo o un nuevo modelo de negocio dentro de una organización ya existente.
4. Emprender debe ser sinónimo de generar conocimiento hacia la sociedad. De hecho, en la actualidad se concede más impor- tancia al conocimiento que es capaz de generar endógenamente el propio emprendedor, generando spillovers (se llaman así los «desbordamientos» de conocimiento que se producen en las empresas, y que dan lugar a nuevas iniciativas) y spin-offs (que le permiten identificar y explotar nuevas oportunidades de mer- cado), que al que transmite el propio sistema educativo.
5. No temer al fracaso y sacar lecciones valiosas del mismo. Los mejores proyectos empresariales los ponen en marcha perso- nas acostumbradas al fracaso. Es muy importante, para que puedan surgir nuevos negocios, que las personas sepan ges- tionar adecuadamente situaciones de fracaso y que exista una cultura «permisiva» con el mismo (el «fracaso» como forma de mejorar el aprendizaje). Desde el punto de vista formativo, el conocimiento de estas experiencias fallidas en el desarrollo de una actividad empresarial posibilita unos criterios de actuación y un know-how clave para desarrollar posteriores actividades. Como bien explicaba el profesor José María Veciana (2005): «El empresario considera el fracaso y los errores como una forma de aprender. Los empresarios eficaces son suficientemente rea- listas para esperar dificultades y tropiezos, y cuando estos se presentan, y fracasan, no se sienten desanimados, frustrados ni deprimidos. El fracaso es para ellos una lección práctica que no temen. Parece como si los empresarios se hubieran acostum- brado a trabajar de niños en el trapecio de la vida sin la red de protección: el padre. El valor y la ausencia de temor al fracaso son, en estos casos, resultados predecibles».
6. Saber gestionar el fenómeno de la incertidumbre. Si una per- sona se encuentra realmente motivada para emprender, y es consciente de todos los sacrificios personales y familiares que
esto conlleva, debe acostumbrarse al fenómeno de la incerti- dumbre. Peter Drucker advirtió de esta circunstancia al afirmar que «donde hay una empresa de éxito, alguien tomó alguna vez una decisión arriesgada». Esta cualidad resulta esencial, ya que en la actualidad «casi todo» está inventado. Solo viendo qué hacen y cómo actúan los demás podrá el emprendedor propo- ner y hacer cosas que nadie ha hecho. Por lo tanto, en muchas ocasiones lo importante no es tanto la idea sino el modelo de negocio. La adaptación de las nuevas tecnologías a un producto o servicio tradicional, o la personalización de los productos para crear experiencias únicas, es una oportunidad estratégica digan de explotarse, sin tener que arriesgar con un producto o servicio totalmente novedoso.
7. Buena parte de la supervivencia de la iniciativa empresarial depende de una buena capacidad para comunicar y transmitir confianza en la idea. La iniciativa hay que transmitirla a posi- bles inversores interesados en aportar un dinero. Los inverso- res confían su dinero a una persona, no tanto a la idea. De ahí la importancia de la forma en que el emprendedor se expresa y transmite confianza y seguridad en su proyecto. Para que el mensaje se transmita de una forma convincente deben mejo- rarse las habilidades comunicativas (tanto las verbales como las no verbales), y se requiere que el emprendedor adquiera una formación en técnicas de persuasión. No obstante, emprender requiere pasar de lo verbal a lo físico, esto es, según palabras de Walt Disney: «El camino para empezar es dejar de hablar y comenzar a hacer».
8. Saber elegir a los compañeros de viaje. Hay que decidir si se va a emprender en solitario o en colaboración con otros partners
complementarios. En ocasiones suele contarse con amigos y familiares, pero hay que analizar si realmente están preparados para desempeñar las funciones que se les asignen.
9. Saber situarse siempre en el lado del cliente. En muchas ocasio- nes, el tener un buen producto o disponer de recursos financie- ros no es suficiente para consolidarse en una actividad. Es más importante mantener una constante empatía, especialmente ante las necesidades de los potenciales clientes. Como bien dijo Bill Gates: «Tus clientes más insatisfechos son tu principal fuente de aprendizaje».
10. Saber identificar y valorar los sacrificios que supone empren- der. Una de las principales motivaciones para emprender es la de conseguir un mayor nivel de renta, pero hay que ser cons- ciente de todos los sacrificios personales y familiares que implica, especialmente en los primeros años de actividad. Si una persona no está dispuesta a luchar las 24 horas del día por su negocio, la actividad emprendedora no es su mejor alterna- tiva. Resumiendo: perseverancia, confianza en sí mismo y dedi- cación plena. Un proverbio de Normandía describe muy explí- citamente el esfuerzo y la constancia que supone la figura de un emprendedor: «Cuando triunfas una vez, puede ser casuali- dad. Cuando triunfas dos veces, puede ser cuestión de suerte. Cuando triunfas tres veces se debe al trabajo duro y al hecho de ser eficaz y competitivo».
En definitiva, y de acuerdo con estos planteamientos, hablar de emprendimiento y de Universidad es una ventana de oportunidad para replantearnos el papel de esta última, en el sentido de complementar sus misiones tradicionales. Hasta ahora, hablar de emprendimiento era sinónimo de transferencia de conocimiento en forma de empresa uni- versitaria. Sin embargo, como se dice más arriba, el emprendimiento debe ser también una actitud y, por tanto, la oportunidad reside en reforzar el compromiso de la Universidad para fomentar entre nuestros alumnos estas habilidades y competencias que, junto con los conoci- mientos adquiridos en nuestras aulas y laboratorios, formen a ciuda- danos que quieran crear oportunidades y que encaren su futuro de una manera más autónoma y activa, atendiendo a las demandas de una sociedad cada día más abierta y cambiante.
Fernando Galván
Fernando Galván (1957) es Catedrático de Filología Inglesa de la Universidad de Alcalá desde 1994. Es Doctor «honoris causa» en Letras por la Universidad de Glasgow (2012), así como por la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua en León (2012). Ha sido «Visiting Scholar» en el Departamento de Literatura Comparada de la Universidad de Harvard (1993 y 1994), «Associate Member» de la Facultad de Inglés y «Visiting Fellow» del Corpus Christi College de la Universidad de Oxford (2009). Desde 2010 es Rector de la Universidad de Alcalá.