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1.2. Complement factor H

1.3.2. Retinal pigment epithelium

En las relaciones, el infierno Viene de tratar de cambiar el comportamiento de otra persona en lugar del tuyo propio. Cuando ejercemos el autocontrol, que empieza por estar felices con nosotros mismos, adquirimos una capacidad para influir en el corazón de los demás. Sólo conseguimos influir en los demás cuando dejamos de tratar de controlarlos. Por ejemplo, ¿alguna vez te has sorprendido diciendo "me pones nervioso, deja de hacer eso" a personas cuyo comportamiento te molesta o frustra? La implicación de esa afirmación,

"me pones nervioso", significa que, de algún modo, no puedes controlar tu ira.

Ellos sí. Y como les has cedido el control y la capacidad, lo que debe cambiar es tu comportamiento para eliminar tu ira. Pero, evidentemente, no controlas su comporta- miento, así que cuanto más lo intentes, más te enfadarás. ¡No toda ira es mala. Por supuesto, existen situaciones reales de injusticia en las que está justificada la ira. Aun en estos casos, sin embargo, la clave para provocar un cambio es el autocontrol. El budismo enseña que al responder a cualquier situación, según las elecciones que realicemos, nos encontramos en uno de los Diez Mundos: Infierno, Avaricia, Animalidad, Ira, Tranquilidad, Éxtasis, Aprendizaje, Realización, Bodhisattva o Budeidad.

El hecho de reconocer lo que estamos eligiendo y hacemos responsables de nuestras elecciones nos capacita para escoger nuestro estado vital. Nos devuelve el control.

La experiencia de Timothy:

Hago lo correcto pero estoy perdiendo

El dilema de un joven que practica el budismo en Seattle ofrece un caso pertinente. Aunque Timothy era un individuo brillante, afable y con éxito, su relación con su esposa le producía un gran sufrimiento. Ella estaba convencida, por un hecho circunstancial, de que le estaba siendo infiel. Él sabía que era inocente y que no había tenido ese comportamiento. Pero ella seguía convencida y sus negativas categóricas no hacían sino convencerle todavía más.

Aunque era inteligente y perspicaz, no podía comprender la raíz de sus problemas en casa. Como resultado, el matrimonio y la familia que lo habían significado todo para él se estaban desintegrando. Estaba siempre enfadado.

Siguiendo el consejo de sus amigos y consejeros, expresó su ira. No se la guardó, pero las cosas fueron peor. , Luego intentó, siguiendo de nuevo los consejos de los demás, guardarse su ira y no manifestarla. Pero eso tampoco ayudaba. Parecía destinado a perder a las personas más importantes de su vida por "diferencias irreconciliables". Timothy se estaba enfrentando a las perspectivas del divorcio y la separación de sus hijos.

Para él, la clave era que había hecho "lo correcto". La situación concreta que provocó las discusiones era un malentendido de los acontecimientos por parte de su es- posa. Sencillamente, estaba "equivocada". Pero él sufría (y ella también). Al parecer, él había perdido su capacidad para cambiar su" vida (o, más concretamente, la de su mujer). Como en la historia anterior, él estaba intentando cambiar a quien no debía, aunque aparentemente, un cambio por parte de su esposa hubiera sido la solución más sencilla. Su frustración surgió porque se sentía impotente (como todos nosotros) para conseguir cambiar a otra persona. ¿Qué podía hacer?

Timothy creía firmemente que su mujer le estaba enfadando. En este sentido, había estado cegado por su "corrección". Al pensar que su conducta intachable justificaba su ira, siguió enfrentándose a su mujer. Afortunadamente, siguió buscando una mayor comprensión mediante la práctica budista, el estudio y la consulta. Llegó a darse cuenta de que estaba "buscando fuera de sí mismo.

Como siguió invocando Nam-myoho-rengue-kyo, Timothy se dio cuenta al final de que tenía que buscar una solución en sí mismo, en su propio comportamiento, lo único que controlaba. Cuando lo hizo, vio que soportaba la responsabilidad del deterioro de la situación. Aun- que su esposa estuviera equivocada, él también había aumentado el error añadiendo el veneno de su propia ira. De este modo, los malentendidos relativamente simples enseguida degeneraron en violentas tormentas, provocadas en gran medida por su propio enfado. En otras palabras, hacía bien y mal a la vez. Se dio cuenta de que las acusaciones de su

esposa surgían por la falta de seguridad y autoestima, que se incrementaba con los arranques de cólera de él.

Al reconocer su parte de culpa en el conflicto, Timothy centró la práctica budista en su propia responsabilidad en lugar de esperar que fuese su esposa la que cambia- se primero. Para entonces, sus problemas se habían ex- tendido a su oficina y sus amistades. Se vio haciendo lo correcto casi siempre en lo referente a acontecimientos específicos, pero enfadado y cada vez más aislado al mismo tiempo. No era cuestión de decir que se portaba mal cuando sabía que se portaba bien, lo cual, en todo caso, hubiera ido en contra de su naturaleza. Al contrario, se trataba de aprender a portarse bien con sabiduría.

Conforme desarrollaba una mayor sabiduría y auto-control, invocando Nam-myoho-rengue-kyo para responder de un modo compasivo a los errores de los demás, se encontró a cargo de su propio estado emocional. Empezó a reconocer que era absurdo creer que alguien podría hacerle enfadar si él no lo deseaba. Como resultado, la relación que casi estaba destruida empezó a florecer de nuevo y al final floreció como una pareja bella y armoniosa. Aunque las sospechas de su mujer no cesaron inmediatamente, ya no lograron afectarle emocionalmente. Como no se enfadaba, que era lo que le hostigaba, estas sospechas se redujeron hasta ser insignificantes y al final desaparecieron todas. Otro modo del engaño de mirar hacia fuera es comparamos con los demás. Existe un antiguo dicho que reza: "no puedes contar un libro por la cubierta". No se puede decir mucho sobre la vida de una persona-si va mejor o peor, si es feliz o infeliz-viéndola sólo desde fuera.

La única comparación significativa que podemos hacer es entre nuestra vida de hoy y la de ayer, el mes pasado o el año pasado. Los analistas de Wall Street, por ejemplo, no comparan IBM con General Motors ni Amazon.com con AT&T. Comparan los beneficios trimestrales de cada empresa con los del trimestre anterior, y con los del mismo periodo del año anterior, evaluando cómo está creciendo la empresa en relación con sus resultados anteriores. Del mismo modo, si las cosas van mejor

en tu vida que antes, tienes el mejor modo de vida posible, una vida que mejora y crece. Tal como hemos dicho anteriormente en este libro, no puedes decir mucho de tu propia vida si te fijas en las vidas de los demás. Por eso es tan importante crecer. La vida cambia constantemente. La naturaleza del cosmos es cambiante. Por eso, aun- que podamos crear las circunstancias para la felicidad absoluta, sólo podemos esperar que cambien éstas. La verdadera felicidad es la capacidad para crecer con es- tos cambios.

En última instancia, creamos la verdadera felicidad desarrollando al máximo nuestras vidas. El intentar ser otra persona o lo que piensas que otra persona quiere que seas, es un modo seguro de sufrir. Sé quién eres- y hazlo bien. Estate dónde estás y hazlo bien. Si creces y avanzas continuamente, tienes la mejor vida del mundo porque sabes que mañana estarás siempre mejor que hoy.