5.6 Implications for operational use of L
6.1.3 Retrieving the microphysics of Type II mixed-phase clouds
El actor se convierte en el sujeto que orienta el rumbo organizacional; es apropiado adoptar -para este concepto- la orientación ofrecida por la sociología. Cuando se trata de explicar los fenómenos organizacionales, resulta relevante establecer el concepto de actor y los elementos estructurales. Aproximarse a la definición de actor, exige, inevitablemente, la revisión bibliográfica existente sobre el tema y sobre los términos relacionados con él.
La indagación permite hacer alusión a aquellas nociones de Actor que tienen relación con el estudio de sus prácticas en el contexto organizacional, y una de estas definiciones procede de la “Teoría de la Estructuración” de Giddens (1976), quien propone asociaciones de las “condiciones cognitivas del actor”. Otra obra que permite situar la investigación -de manera preliminar, con el modo de razonamiento- es “El actor y el sistema” de Michel Crozier y Erhard Friedberg (1989).
Ellos señalan que su modo de razonamiento “no se dirige tanto a las organizaciones como objeto social específico, sino a la acción organizada de los hombres” (Crozier y Friedberg, 1989, p. 75). Esta aclaración es necesaria porque uno de los principales problemas que enfrenta la Administración -abordada desde lo científico- es su tendencia a prescribir modelos de comportamiento, lo que limita su accionar. Planteada así, la Administración comporta una aproximación de carácter menos esquemático a la naturaleza humana, que impacta las prácticas del Actor en las organizaciones. También es pertinente reconocer la posición de Hebert Simon, amparándose, para ello, en la conceptualización que sitúa al Actor en relación con las estructuras que comprenden las normas, políticas y reglamentos de una empresa; es decir, todo lo que, en el ámbito administrativo, se conoce como organización formal (Simon, 1947).
42 El actor individual dispone de un margen de libertad, por lo que no se puede reducir la investigación a entender las prácticas empíricamente observables, en la racionalidad de la organización, en sus objetivos, sus funciones y sus estructuras. Es tentador invertir el planteamiento: partiendo del actor, se trata de comprender la relación entre el individuo y la organización. Por tanto, hay que tener presente: 1. Los primeros trabajos de Chris Argyris (Argyris, 1975, en Guevara Ramos, 2007), quien trató de demostrar que la negociación esencial e ineluctable (que explica todas las demás) se da entre la organización y el individuo, quien busca -en la negociación- satisfacer sus necesidades psicológicas. El concepto central de tal perspectiva es el de convergencia (o “fit”) entre las estructuras organizativas y las necesidades psicológicas de los individuos, tratados como variables independientes (como puede observarse, este modelo privilegia indebidamente la relación individual del actor con la organización, y hace de ésta una entidad abstracta, totalmente separada de los actores que la construyen). Existe la tendencia a estudiar el encuentro entre el individuo y la organización a partir de un esquema teórico de mercado, que postula que el individuo, de todas maneras, tratará de obtener una retribución equivalente a la contribución que presta; esta es la base de la negociación que mantiene con la organización. Este modelo se basa en que las observaciones muestran que el actor no hace un balance en función de lo que ha dado y lo que ha recibido, sino en función de las oportunidades que percibe en la situación, y respecto de sus capacidades para aprovecharlas.
La aproximación al planteamiento de Hebert Simon, considera los resultados de la acción colectiva, en la que se puede evidenciar la contraposición con las voluntades de los actores; lo que, al parecer, se debe a las propiedades intrínsecas de problemas objetivos y a la estructuración social del campo de acción; es decir, a los constructos de acción colectiva a través de los cuales se tratan estos problemas.
La economía ilustra cómo interactúan el ambiente interno y el externo; la racionalidad (tarea de la economía: asignación de recursos escasos) sustantiva con el ajuste del sistema inteligente a su ambiente externo y su racionalidad procedimental (limitación de la capacidad para descubrir -mediante el conocimiento y el cálculo- un comportamiento
43 adaptativo apropiado). El concepto de racionalidad es analizado desde la obra de Herbert Alexander Simon.
Según Simon, la hipótesis básica de la economía neoclásica- la de que los agentes tienden a maximizar los resultados de sus comportamientos- es muy limitada. En la práctica, ningún ser humano está continuamente buscando la solución óptima. Aunque deseara hacerlo, le sería imposible debido al costo de la información acerca de todas las alternativas y la incertidumbre sobre el futuro.
Herbert Simon toma -como uno de los pilares del comportamiento del Actor Estratégico- el concepto de decisión ampliado a “decidir”, que consiste en seleccionar una alternativa entre aquellas físicamente dadas y mutuamente excluyentes25. Estas conceptualizaciones proceden de la obra de Simon, La ciencia de lo artificial (2006), la que -en el capítulo dedicado al diseño de ambientes de aprendizaje- desarrolla dos aspectos: el rol de la pedagogía y el concepto de artificialidad.
Herbert Simon (1976) afirma que los individuos no pueden conocer todas las alternativas, no pueden predecir todas las consecuencias y, normalmente, no evalúan perfectamente todas las satisfacciones derivadas de estas consecuencias:
Es imposible para un solo individuo alcanzar cualquier grado de racionalidad. El número de alternativas es tan grande, la información que tendría que analizar para evaluarla es tan amplia, que algún tipo de aproximación a la racionalidad objetiva es muy difícil de concebir. (Simon, 1976, p.79).26
25
La artificialidad no sólo es el objeto principal de la ingeniería, existen otros aspectos que cumplen lo propuesto por Simon y, finalmente, resalta lo expresado respecto a la importancia que tiene un diseño en las ciencias de lo artificial.
26 Así, cada uno de los actores económicos ve la necesidad de transitar de la incertidumbre y las expectativas a
la correcta predicción de las situaciones que den cuenta de una elección racional objetiva, tratando en lo posible de anticipar los comportamientos futuros de otros actores económicos con el propósito de tener procedimientos adaptativos robustos. Esta tarea de prescribir de forma óptima una acción racional fue apoyada por la teoría de juegos, expuesta por Von Neumann y Mosrgenstern en su paradoja de la racionalidad, mostrando que los objetivos de los distintos actores entran en conflicto total o parcial. En palabras de Roy Radner, los jugadores luchan por una recompensa satisfactoria y no por una óptima, afirmando que la racionalidad limitada puede producir mejores resultados en este tipo de situación competitiva. De ahí, que surja la noción de expectativas racionales, donde los actores económicos conocen y aceptan las leyes que rigen el mercado y sus predicciones del futuro; sin embargo, ni los empresarios, ni los
44 De lo planteado por Simon surge el concepto de límites: “los límites de la racionalidad han sido descubiertos y derivados de la incapacidad de la mente humana para conseguir en una decisión todos aquellos aspectos de valor, conocimiento y comportamiento que podrían ser relevantes”27 (Simon, 1976, p.80).
Así las cosas, Herbert Simon (1978) determina el comportamiento humano basado en el estado interno y el ambiente exterior: “Dado un ambiente determinado, un estímulo, y un particular background, cómo una persona reorganiza todo su complejo conocimiento en un problema de formulación que podría facilitar sus esfuerzos de solución” (Simon, 1978, p. 500). Y concluye afirmando sobre el comportamiento del decisor racional:
“Dentro de la racionalidad, el comportamiento se supone que es perfectamente adaptable y flexible a las habilidades, objetivos y conocimiento. En su lugar, el comportamiento es determinado más por aquellos elementos irracionales -o no racionales- que están en el límite del área de la racionalidad” (Simon, 1977, p. 500).
Así las cosas, el marco teórico y conceptual -relacionado con la Estandarización, en el cual se ha presentado la noción de normalización- establece cómo, a partir de la literatura propia de la administración, se identifican los principios de estándar que las organizaciones orientan como un proceso interno. Para efectos de esta investigación, dichos principios se han tomado desde Taylor, pasando por los postulados de Smith y Weber, lo cual ha permitido focalizar el análisis en la esencia de la racionalización del trabajo, en sintonía con las nociones de progreso de la humanidad. Incluyendo, además, si el desarrollo de la estandarización formalizada -a través de normas internacionales- es una forma que el
inversores tienen la capacidad computacional para desarrollar la estrategia de las expectativas racionales; provocando así, su retroceso hacia expectativas adaptativas más realistas, en la que los actores aprenden sobre su entorno de forma gradual.
Hasta aquí se ha hablado del sistema económico en el ambiente externo, por lo que es justo poner la mirada en el ambiente interno de la organización, para tratar de explicar los determinantes que limitan las empresas y los mercados y en qué momento se utilizan unas y otras en la actividad económica.
27 Según la obra de Administrative Behaviour, p. 86 de H. Simon: “La docilidad es, por supuesto, bastante más característica del comportamiento de los animales superiores así como de los hombres. Hay, sin embargo, bastantes diferencias entre los animales y la docilidad humana. El aprendizaje animal es básicamente un carácter de ensayo y error. El poder para observar irregularidades y comunicarlas a otros humanos le ayuda a acortar materialmente su proceso de aprendizaje”.
45 capitalismo- como racionalización de la economía, ha ido desvaneciendo de los postulados originales de los ponentes de la estandarización y la calidad, como Ishikawa y Deming. Estos puentes son los que la investigación prevé develar, en razón de las preguntas del proyecto.
Respecto al Actor, este tendrá un comportamiento que siempre presenta dos aspectos: uno ofensivo: aprovechar las oportunidades con miras a mejorar su situación, y otro defensivo: mantener y ampliar su margen de libertad y su capacidad de actuar. En consecuencia, el Actor Estratégico, cuando piense abordar, para su organización, un Estándar Formalizado, tendrá muchas opciones que le permitirán ubicarla en un mercado objetivo. Dichas opciones serán, a la luz de la obra de Simon: racionalmente limitadas, condicionadas al conocimiento que tenga de las mejores alternativas. También se verá impactado por lo que se maneja en su entorno y por lo que conoce de su propia organización, o sea, de los imaginarios que ha establecido en relación con los Estándares Formalizados. En fin, le implicará escoger entre mercados, entre estándares que se van a formalizar.
Así pues, la Idea de Progreso, acorralada entre sus 25 siglos de historia, ha logrado sobrevivir a muchas adversidades: pobrezas, pestes, guerras, depresiones económicas, tiranías religiosas, económicas y políticas. Pero lo que no puede soportar esta idea es que desaparezcan sus principios básicos. Federico Nietzsche, pensador alemán que realizó una operación de desenmascaramiento de los valores tradicionales, tanto morales como científicos de la civilización europea, expresa que el Progreso no es más que “una idea moderna, es decir una idea falsa”. Para este pensador, no había muchas soluciones; entendía que la humanidad debía “seguir adelante, bajando escalón por escalón hacia la decadencia”.
Otros estudiosos -entre los siglos XVIII y XX, como Michel Foucault- pensaban que la ideología del progreso científico y tecnológico, más que llegar a la tan esperada libertad del hombre, había formado una sociedad disciplinaria. Edgar Morin expresaba, durante la década de 1960, que el núcleo de la fe en el progreso se cifraba en la ciencia, la técnica y el bienestar, donde la contradicción se presenta como “el dominio de la energía nuclear en contraposición con la aniquilación humana”. (Nisbet, 1981, p. 53)
46 Se prevé que la perspectiva integradora, de los marcos teóricos relacionados con las palabras claves de la propuesta de investigación, sea uno de los resultados indirectos de la propuesta. Lo anterior es lo que soporta el título definido: investigar la Idea de Progreso presente, o no, en los discursos de los textos emblemáticos de la Estandarización y del discurso implícito en las prácticas de los Actores Estratégicos, respecto de la estandarización.