Chapter 3: Order Flow and Expected Option Returns
3.6 Return Predictability: Inventory versus Other Factors
Los textos que tratan sobre los indígenas reflejan dos aspectos importantes en la representación de la sociedad boliviana del siglo XIX. Primero, al ser una descripción de una suerte de costumbre en la vida cotidiana (el trato consuetudinario que se le daba al indígena), expresa la mentalidad de la época acerca de los aborígenes. Por otro lado, estos textos están cargados de sentimentalismo, es decir, de romanticismo. Con ambos elementos, se tienen gérmenes de lo que a principios del siglo XX sería el indigenismo como una corriente de pensamiento costumbrista que denunciaba la “miserable vida de estos seres” pero desde una visión de mundo occidental liberal.47
Los textos son ambiguos en sí mismos. Defienden al indígena, pero al mismo tiempo, quizá involuntariamente (o quizá concientemente), también lo incriminan. Veamos cómo sucede esta extraña construcción de sentido y contrasentido en un mismo texto.
Interesante apuntar que el asunto es tratado en el diario no necesariamente por iniciativa de los enunciadores del periódico, sino por repetidas solicitudes de lectores. Se podría decir que el tema emergió a través del medio de comunicación por impulso de ciertos ciudadanos de la misma sociedad civil.
La cuestión comienza cuando llegan notas de lectores48, publicados en la sección Correspondencia en varios números. Una de las notas (rubricada por “un indio”) expresa su extrañeza de por qué en La Época no se trató sobre la situación del indio. Menciona el maltrato que hacen los gendarmes a los indios, “porque
47 No es lo mismo el “indigenismo”, que parte de una visión de mundo occidental, que el “indianismo” cuya perspectiva parte desde la propia cultura del indígena.
desde que visten la casaca, se creen unos grandes caballeros con facultades de maltratar a los pobres indios”49; apenas se topan con uno y lo mandan a hacer trabajos que el guardia debería realizar. Si el indio se resiste, le dan de trompadas. Otra nota (firmada por “un comerciante”) describe cómo el testigo y ocasional escritor vio una azotaína a un indio en la localidad de Sasari de Sica Sica, desnudo y amarrado boca abajo, y expresa su gran sorpresa al percatarse que el azotador era también de piel bronceada:
Pensé que fuese algun Ilacata idiota que sin respeto a la Ley, ni temor a los jueces ni al castigo, inflinjia tan infamante pena a otro mismo como él aceitunado del color, aunque mas bien apersonado, llamado Manuel Mamani. Pero ¡cual fue mi admiracion, examinando a los circunstantes y demas vecinos supe que el arrogante azotador, aunque poco menos que reptil en su figura, era un juez de paz denominado Isidro Valdés, dependiente, mozo, ó asalariado del Sr. Pedro Bustos dueño de ese mineral!50
El testigo manifiesta que se enteró que por esos lugares el castigo a los indígenas era común, ejecutado por el juez de paz, y que no cesaba el abuso pese a las quejas ante el juez de letras.
Otro texto enviado por un lector toca el meollo mismo de asunto: “(...) con dolor lo decimos -en el corazon de Bolivia vejeta un pueblo, que es parte integrante del pueblo boliviano y que innoble y sin una señal de vida es el escarnio de la época y el mas ingrato espectáculo para la republica-el indigena”.51 Este ciudadano considera que el indígena es integrante del pueblo boliviano, parecer que seguramente no alcanzaba a toda la población criolla y mestiza. Continúa mencionando que los indígenas pagan casi la mitad de los ingresos al tesoro nacional, y pregunta: “¿participan de algun modo de la Independencia, de la libertad, de los beneficios del sistema constitucional de Bolivia? ¿que son los indígenas; que papel hacen en nuestro mecanismo politico?” A continuación menciona a los contratistas en las minas. “(...) el modo de ser de nuestros indijenas (...) son lo que eran el año 50 del siglo pasado- son las mejores bestias de carga con figura humana”. El texto es adulador respecto al gobierno de Ballivián, le quita de responsabilidades inmediatas, pero enfáticamente dice que la administración gubernamental (la actual y las anteriores) no hizo nada para cambiar la actitud de las altas clases sociales. Continúa afirmando “que nuestros desgraciados indijenas hicieron entonces y hacen hoy un rol absolutamente extraño al movimiento social: ¿como pues exijir que el gobierno prescinda de la fuerza irresistible de la condicion humana?”. Y predica negativamente acerca de la función de los párrocos:
(...) puede racionalmente esperarse que nuestros parrocos morijeren la condicion del indijena y que lo dispongan a la noble existencia que debe caberle en suerte al quedar ensayada la organizacion jeneral de la Republica? Nada menos que esto - Bolivia aun no ha podido ocuparse de la creacion de su Iglesia, de la Iglesia que sin dejar de ser apostólica, católica y romana, sea la Iglesia boliviana- Bolivia no tiene, porque no puede tener, un seminario esencialmente nacional; y como es consiguiente, nuestra patria siente y no puede llenar el tremendo vacío de un clero nacional.
49 [Maltrato de gendarmes a los indios], en La Época, No. 70, La Paz, 22 de julio de 1845, p. 3. 50 Ibíd.
Los textos provenientes de la misma sociedad son contundentes. Muestra que ya en esas épocas la cuestión indígena era visualizada en su real magnitud por lo menos por ciertos ciudadanos. Y muestra también que el abuso se daba no sólo por parte de los criollos, sino también (tal vez con mayor frecuencia) por mestizos y cholos; quizá por esta razón la cuestión no se asume como racismo (no hablan los textos de diferencias raciales), sino como explotación y abuso de unos sobre otros.
La Época, fiel al principio liberal humanístico de igualdad, deplora tales excesos, y defiende al indígena. A manera de verdad universal y de componente prescriptivo ético, cita al ilustrado peruano Manuel Lorenzo de Vidaurre: “¡Sería el gran día de la victoria de la humanidad, aquel en que se esterminase para siempre hasta el nombre de esclavitud!”No obstante, su discurso, pese a sus buenas intenciones, se vuelca en contra del mismo indígena en un efecto como de boomerang. Los redactores del diario no pudieron escapar de su propio utillaje mental. A continuación se extractan textualmente varios fragmentos de textos para comprender cómo la estructura mental traiciona los principios de los mismos enunciadores.
Acerca de las notas recibidas que dan cuenta del abuso y flagelación de indígenas, el diario expresa que “Ambos [se refiere a las notas] lamentan justamente el atrazo fatal de esta porcion tan numerosa de Bolivia, y la barbarie de algunos ciudadanos y otros ajentes del poder que sin piedad los tratan mucho peor que a las bestias o animales de carga. Mañana publicaremos ambos comunicados, y lanzaremos, horrenda maldicion sobre los humanicidas, con toda la enerjia y ardimiento que acostumbramos, tratandose de defender los principios sagrados de la igualdad social”.52 Explicitado está el deseo humanista de igualdad social. Pero el texto también deja escapar tipificaciones prejuiciosas. Con “malhadados” y “el atraso fatal de esta porción” se podría entender que los indígenas son maltratados porque son “atrasados”.
(...) y hallamos sin embargo en nuestra patria un pueblo numeroso que vejeta y jime todavía bajo el peso fatal de la ignorancia y de nuestro natural espíritu de tiranía, no podemos sin duda menos que lamentar el atraso funesto y la suerte menguada que á cabido a los indios; esa porcion numerosa que puebla nuestros campos, que habita los desiertos, cruza las cordilleras, se esconde entre las nieves, y parece destinada como los primeros judios á vivir siempre errante y a no reportar jamás ventaja alguna del nuevo pacto de la asociacion americana, que prefija la base de igualdad y derecho.
Nuevamente las tipificaciones: “vegeta y gime bajo el peso fatal de la ignorancia”, “atraso funesto”, “suerte menguada”, “errante”. También obsérvese la predicación que hace referencia a una costumbre del Antiguo Régimen: “nuestro natural espíritu de tiranía”. El texto es inexacto, porque no se puede decir que los indios estuviesen “errantes como judíos”, pues habitaban en sus tierras ancestrales por la cuales pagaban diezmo y otros impuestos.
Entre las tipificaciones se pueden citar: “degradación de carácter hereditaria a sus hijos”, “los desgraciados indios”, “condición miserable del indio que no ha mejorado”, “pesa aún sobre su frente el velo
negro de la ignorancia y del mas consumado barbarismo”, “no conoce el derecho de propiedad”, “no alcanza a comprende la ley”, “sus poblaciones no obedecen a la ley del progreso universal”, “no se presiente en ellas el menor síntoma de civilización”, “elemento tan subalterno y despreciable como los animales de carga”.
Los textos, si bien defienden al indígena, en contrapartida utilizan tantas tipificaciones negativas acerca de su persona, que al lector le queda la idea de unos seres “miserables, bárbaros e ignorantes”; es decir, la imagen de éste ante la opinión pública se ha estereotipado. Con semejante defensa, quizá hubiese sido mejor para el “acusado” ser declarado culpable con dignidad a ser absuelto por imbécil, ignorante y bárbaro. Además, el texto se encuentra muy influenciado por el romanticismo y el humanismo. El discurso se asemeja a una novela romántica: drama, sentimiento ante el dolor humano, injusticia, costumbrismo, retroceso al pasado, pasión antes que razón, y esperanza en un final feliz. Y contiene una moraleja: el indio se liberará de su condición miserable cuando se civilice:
Conocemos muy bien que solo la ilustracion difundida en esa masa inerte todavia, dándoles la conciencia de sus derechos, ahorrará a los gobiernos el trabajo de vijilar sobre ellos y ejercer una tutela muy trabajosa sí, pero muy honorifica; mientras se cumplen esos dias el ministerio de la ley, la vista paternal de las autoridades, debe evitar el sufrimiento de los indios, á quienes la sociedad ilustrada mira hoy con fria indiferencia, y sin esos principios religiosos que aconseja la caridad cristiana.
¿Por qué estos textos aparentemente defendían al indio, pero hacían a la vez tipificaciones que lo tildaban como “no ilustrado”?, tal vez la razón estaba en que los indios se resistían a la “ilustración”, pues, mantenían costumbres ancestrales propias de su cultura con apropiaciones del cristianismo occidental, y entonces se los mostraba como “atrasados” quizá en un intento para que revirtiesen su caprichosa conducta. No olvidarse que una de las metas fundamentales de La Época era el cambio de costumbres, tema sobre el cual se habló con amplitud en páginas anteriores, siendo fundamental el cambio de las costumbres indígenas con una participación activa del cura.
A manera de corolario, varias conclusiones se pueden sacar de los textos sobre los indígenas en La Época: 1) Reflejan actitudes de la sociedad en la cotidianidad, por tanto quedaban resabios coloniales, pero en toda la sociedad y no solo las castas superiores, 2) Defiende la igualdad y el derecho de propiedad para todos, 3) El mensaje rebota como boomerang sobre el propio indio: está así porque no es ilustrado; mientras no se ilustre, el gobierno debe ser paternalista y protegerlo, 4) Exageran y son inexactos en algunos aspectos, 5) Todo lleva a una imagen “romántica” de la condición del indígena, llena de humanismo y sentimentalismo, pero mirándolo de arriba hacia abajo: “pobres desgraciados y miserables”.