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Return, Reception, and Collaboration with Progressives, 1903-1907

Chapter 2: Mehmed Džemaludin Čaušević: Bosnian Pan-Islamism and the Discovery of the Islamic World,

2.2. Return, Reception, and Collaboration with Progressives, 1903-1907

“La Escritura debe ser leída con el mismo Espíritu con que fue escrita” (DV12)

En la DV 12, encontramos algunas condiciones a tener en cuenta para una correcta interpretación de la Biblia:

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Idem, p. 238. 34

1) Estudiar con atención lo que los autores querían decir y lo que Dios quería dar a conocer con esas palabras.

2) Tener en cuenta los géneros literarios, porque la Verdad se presenta y se enuncia de modo diverso en obras de diversa índole.

3) Considerar el tiempo y la cultura, por medio de los géneros literarios propios de la época.

4) Reparar en el modo de pensar, de expresarse y de narrar, así como en las expresiones que se usaban en las conversaciones ordinarias.

5) La Biblia se debe leer con el mismo Espíritu con fue escrita, teniendo en cuenta el contenido y la unidad de toda la Escritura, la Tradición de la Iglesia y la analogía de la Fe. 6) Todo lo que los exégetas estudian (los que aplican estos

criterios para la interpretación de la Biblia) queda sometido al juicio definitivo del Magisterio de la Iglesia, que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la Palabra de Dios.

Podemos aclarar previamente dos términos: hermenéutica y exégesis.

La hermenéutica consiste en los principios según los cuales debe interpretarse la Biblia; la exégesis, en la aplicación práctica de aquellos principios. Hoy en día estos términos se utilizan, muchas veces, como sinónimos.

La tarea exegética o de hermenéutica implica interpretar las Sagradas Escrituras según indicamos más arriba, citando a DV 12. Se busca descubrir tanto los sentidos literales (lo que el autor humano quiso decir con el texto) como los supraliterales (lo que el Autor divino por medio del humano nos dijo).

Para realizar la exégesis, se deben aplicar los principios de interpretación que se utilizan para cualquier otro texto. En primer lugar, hay que establecer el texto genuino con toda la exactitud posible, sobre la base de testimonios textuales o de conjeturas críticas. Luego hay que encuadrar el texto en su contexto, con lo cual se utilizan textos paralelos, antiguas versiones, los comentarios de más autoridad, etc.

Lo más importante es que el intérprete (o exégeta) tenga en cuenta el género literario, la época y el lugar de composición, la ocasión, la finalidad y las fuentes del texto, así como la condición, la cultura, la mentalidad del autor y el pueblo al que pertenece. Para esto, se cuenta con ciencias auxiliares: filología, historia, literatura, geografía, arqueología, etc. Se deben tener muy en cuenta estos medios ya que la literatura del Antiguo Oriente se halla mucho más alejada de nuestra mentalidad moderna que la literatura clásica grecorromana35

.

Por tanto, existe la necesidad de hacer una investigación exegética seria. El Concilio Vaticano II nos dice que Dios nos ha hablado por medio de hombres y de forma humana (DV 2.12) y que hay que descubrir lo que tanto Dios como el autor humano (hagiógrafo) quisieron decir.

Esto se desprende de la naturaleza misma de la Inspiración. Recuerden que los autores sagrados son verdaderos autores (DV 11) y es necesario entender debidamente lo que ellos quisieron decirnos para llegar a comprender lo que Dios ha comunicado a todos los hombres en un lenguaje completamente humano.

La tarea del intérprete exige de suyo la necesidad de la crítica textual, literaria e histórica:

• Por medio de la crítica textual, se reconstruye el texto lo más próximo posible al original.

• A través de la crítica literaria se estudia el lenguaje humano de la Biblia y las formas literarias empleadas por los hagiógrafos de acuerdo con su personalidad, con sus fines didácticos y con el ambiente histórico y cultural en el que vivieron. Desde aquí se descubre no sólo el interés apologético por las dificultades planteadas en diferentes textos bíblicos, sino también, en sentido positivo, wl sentido teológico pretendido por Dios. Por la crítica literaria, se conocen los géneros literarios (las diferentes maneras en que es propuesta la verdad en los textos y escritos de diversas índoles). • Desde la crítica histórica, “no sólo se sitúa al libro en

su ambiente (autor, fecha de composición,

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autenticidad literaria, etc.), sino que se trata también de descubrir el valor histórico de aquello que el texto narra, de reconstruir la historia de los dos Testamentos, con la precisión que hacen posible los métodos de la crítica histórica moderna”36.

Vale aclarar que el intérprete de la Biblia no es un simple historiador que estudia el texto únicamente como fuente histórica. Emplea la crítica histórica como instrumento para llegar al significado del texto que narra los sucesos salvíficos del pasado. Recordemos que Dios se reveló en la historia y a través de la historia (DV 2), y la historia descrita en la Biblia es Historia de la Salvación.

“La Escritura debe ser leída con el mismo Espíritu con que fue escrita”, es lo que nos aclara el Concilio. Esto vale tanto para los lectores como los intérpretes de la Escritura. Ella nació bajo el influjo del Espíritu Santo, por lo cual debe ser leída e interpretada en el Espíritu Santo. Esto significa una docilidad ante Dios oculto en las palabras inspiradas. En la Biblia, se transparenta el Misterio de Dios Vivo, no una simple historia de los hombres, sino cómo Dios busca al hombre; por lo tanto, para descubrir al Señor es necesario entrar en el ámbito del Espíritu para dejar que eleve el alma hacia Él, para que podamos indagar y escuchar su palabra con Fe.

El quinto punto que señalamos más arriba (de DV 12), nos da tres criterios concretos para la hermenéutica teológica:

1) El contenido y la unidad de toda la Escritura: AT y NT

forman un todo único, a pesar de todo su proceso histórico de compleja redacción. Como se aclaró en el tema anterior (Verdad en la Biblia), se debe hablar de la Verdad de cada uno de los textos bíblicos dentro del conjunto de todo el mensaje bíblico.

2) La Tradición viva de la Iglesia: decir que hay que tener en

cuenta la Tradición de la Iglesia para la interpretación de la Biblia significa que la Escritura se debe interpretar en la

Iglesia, ya que nace en ella y constituye una de sus fuentes

fundamentales. Como dijimos anteriormente, la Iglesia es

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depositaria de la Revelación, con lo cual el Espíritu Santo actúa en las dos y las hace connaturales37

.

Cuando hablamos de la Iglesia, lo hacemos en sentido católico, no hacemos referencia a otra más que a la Iglesia Una, Santa, Católica, Apostólica, fundada por el mismo Cristo, del cual Él es Cabeza. Para la correcta lectura de la Escritura, se deben tener en cuenta todos los componentes de la Tradición: las afirmaciones de los Santos Padres que atestiguan la vivificante presencia de la Tradición, en el período más cercano a los orígenes cristianos; la reflexión y el estudio de todos los creyentes, los cuales meditan en su corazón las cosas y las palabras transmitidas, y también la profunda inteligencia que les proviene de la experimentación de las cosas espirituales; la prédica de aquellos que con la sucesión apostólica han recibido un carisma seguro de verdad (Magisterio)38

Así la Tradición se convierte en norma y regla de la interpretación exegética. Mannucci aclara: “Mantenerse en el contexto de la Tradición significa, hermenéuticamente hablando, aceptar una determinada comprensión de la persona y del acontecimiento de Jesucristo, cumplimiento de la Revelación, tal como se desarrolló en el determinante y autorizado comienzo de la comunidad apostólica y tal como se ha desarrollado con autoridad propia a lo largo de la tradición post-apostólica. Aceptar esta comprensión no para detenerse en ella, sino para adoptarla como punto de referencia necesario para cualquier ulterior desarrollo de la comprensión39

. Toda interpretación queda finalmente reservada a la aprobación del Magisterio de la Iglesia que “no es superior a la Palabra de Dios sino que está a su servicio, enseñando únicamente aquello que ha sido transmitido... (siendo) su oficio interpretar auténticamente la Palabra de Dios escrita o transmitida” (DV 10).

3) La analogía de la fe: es la conciencia de la unidad de la

Revelación y de la fe de la Iglesia. Todas las expresiones de la Revelación y de la fe se hallan estrechamente coordinadas

37

Tanto la Iglesia como la Escritura tienen un origen divino, proceden de Dios, por ello se dice que son connaturales.

38

Cf. DV, 8. 39

y se iluminan mutuamente; toda expresión, por lo tanto, debe ser considerada a la luz de las otras y vinculada con ellas, si se la quiere entender correctamente y mantener abierta a una comprensión más profunda.

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