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4.2   Final Screening Evaluation 89

4.2.1   Ridership 89

El sueño toma forma. Se sabe ya que el Deseo mueve los hilos de la narración, llevando a Sal a cuestionar las limitaciones que se impone a sí mismo. Tras pasar algunos años en la confrontación diaria con un espacio que busca eliminar la individualidad a través de la disciplinada uniformidad de la vida militar, es en el encuentro con el otro donde el protagonista adquiere conciencia de las posibilidades de su temple. Una vida carcelaria que pronto habrá de ser el escenario para el arrojo adolescente hacia lo desconocido, lo que es probable pero aún esquiva a la conciencia.

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Ese otro es Fred, recluta de la ENMS con el que la amistad se volverá otra forma del exilio, una contraparte al silencio mental que el joven Sal había optado hasta ese momento:

Las afinidades electivas, sobre todo si son de amistad en el orden de la vida militar, son más difíciles de entender que las del amor. Mi amistad con Fred se podía explicar un poco como la de Diosdado y el Yuca: por la atracción de los contrarios. Nos dábamos el tratamiento de BF, mejor amigo. Fred era mayor que yo de edad y de estatura, pero era retraído y tímido; tenía los ojos claros, del tinte del sulfato de cobre, lo que parecía acentuar a veces rasgos un poco afeminados que le valían frecuentes vejámenes de los otros cadetes (…) (Elizondo, 2001a: 29)

En esta nueva etapa de un exilio acompañado, Sal se propone romper las limitaciones de su Deseo. El primer paso es encontrar el ser al cual habrá de encomendarse una vez que el camino que empiece a recorrer llegue al punto de no retorno. Ya mencionamos el franco despertar erótico que se hizo presente al observar las facciones en duelo de su tía, pero otra figura, plena de exuberancia y misticismo, arropará al joven Sal en su consigna de romper la fragilidad de la disciplina moral que gobernaba Elsinore.

En el trayecto pensé en Mrs Simpson, la maestra de baile. Estaba profundamente enamorado de ella. Ese era mi secreto. Estaba más allá de Krafft- Ebing y de todo. La pasión por una sola mujer nunca es más intensa ni más aparatosa, espiritualmente hablando, que en la adolescencia, mientras es uno todavía capaz de desear tan intensamente sin ninguna esperanza de ser correspondido, un amor sublime, en fin…Mi mente proyectaba su rostro y su cuerpo contra el aterido paisaje invernal que desfilaba frente a las ventanillas del camión amarillo. Sobre los valles y las colinas flotaba el espíritu y el recuerdo de su cuerpo, la mirada azul de la sin par Lenore…Ah, Mrs Simpson, Ma’m!... (31- 32)

Sal tenía para sí el secreto de esta devoción, que no compartía más que con aquello que habitaba los dominios de su conciencia. Era un secreto sin forma externa, que guardaba impasible ante Fred, quien ya lo había hecho partícipe de su tragedia personal, con su padre muerto en la guerra y el hermano mayor estacionado en aguas peligrosas, desaparecido en combate. Esta sociedad silenciosa se volvió pronto una comunidad discreta, un apoyo que no entendía de sentimentalismos ni lamentaciones pueriles, aun con los llantos constantes de Fred que servían para delinear la diferencia que lo unía en su amistad con Sal.

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Esta amistad fue, a la vez, el primer paso hacia la confirmación de la aventura evocada: tras regresar de la casa del joven plañidero, a dónde habían ido a celebrar la cena del Día de Acción de Gracias, el par de amigos busca compartir la transgresión, al probar el fruto prohibido de su edad. El tabaco y el alcohol, sustraído de la habitación del infortunado hermano, son el ingrediente de la complicidad, que pronto se ve castigada fisiológicamente. La burla a la autoridad, sin embargo, estaba hecha y el castigo era inminente. Ante esta amenaza, los dos amigos se deciden a escapar, a incurrir en AWOL,42 una de las peores formas de atentar contra la disciplina castrense.

El plan era escapar caminando hacia el pueblo de Elsinore y desde ahí viajar a Los Ángeles, permitir que las luces de la ciudad anidaran en las conciencias y dejarse conducir por el destino fatídico de la evocación, que volvía al sueño del que eran parte los jóvenes, un malogrado destino. “Entonces pasó algo que, visto desde una perspectiva más bien amarga de casi medio siglo, me sigue pareciendo una de las cosas más extraordinarias que me han pasado en la vida: el azar, la Providencia, el mar, el amor, la fatalidad y yo actuamos de común acuerdo con la inteligencia.” (Elizondo, 2001a: 41) Gracias a esta conjunción de fervores, Sal pudo encontrar, a la orilla desecada del lago Elsinore, una barcaza −llamada Jenny− con la cual podrían cruzar el lago en menos tiempo del que habían previsto.

Decididos a hacerse a la mar, los jóvenes enfrentaron una adversidad climatológica que puso en riesgo su recuerdo evocado. “Pensé que pedir el socorro de la Virgen de Guadalupe era como una infidelidad a Mrs Simpson. Traté de pensar solamente en ella y de invocar su ayuda o cuando menos su imagen antes de que las aguas del caviloso mar de Elsinore me tragaran”. (Elizondo, 2001a: 43-44)

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La travesía terminó azarosamente bien, en un efecto que lo mismo se puede otorgar a la poca pericia marina de los jóvenes, que convertía una brisa en tormenta, como a las características modélicas del sueño que habitaban. Se dirigieron a Los Ángeles en autobús, persiguiendo ambiciones imposibles: Sal cayendo en la ensoñación que lo convertía en amante y marido de Mrs Simpson, Fred alistándose en la marina para compartir el destino de su padre y hermano.

Nada de esto fue posible, naturalmente; lo que el sueño revela, más que las ansias juveniles desbocadas, es un temple renovado ante la incertidumbre futura. Optar por lo imposible por ser lo único que alimenta al espíritu.

Sal conjunta en sus logros y fracasos todo lo que motiva su aparición como figura evocada de Salvador Elizondo; es la acumulación de todos estos deseos imposibles: imposible volver a ser el habitante del pasado, imposible acceder al gusto lujurioso de lo prohibido, imposible ser algo más que la bruma del sueño que busca convertir al ser del presente en el protagonista del pasado.