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Y el cuerpo, claro, el cuerpo depende de cómo lo vive cada uno, depende de cómo te hayan mirado, depende de cada historia.
Los Juegos de Alicia. Graciela Rahman, 2003.
Ana Ma. Patricia Jaime García* Ma. de Jesús Jaime García**
Toda persona se ve a sí misma desde el punto de vista de los grupos socioculturales en que participa y todo aquello que piensen de uno influirá positiva o negativamente en la personalidad o forma de pensar. Se ve al cuerpo de una forma maleable que se puede cam- biar al gusto, y si se obtiene el ideal estético entonces se alcanzará la felicidad, el éxito, la atracción personal, etc. Todas estas características socioculturales, junto con la publicidad, distorsionan la imagen real de la persona, traen como consecuencia el desarrollo de algún tipo de trastorno en la alimentación. De esta manera el cuerpo pierde su principal función y la responsabilidad que tiene el individuo de mantenerlo saludable.
Esta sociedad enajenante se ha vuelto atenta a las dietas, donde la experiencia nos muestra que éstas fracasan y aun así siguen inventándolas. Son las personas las que fun- cionan y no las dietas. No se puede seguir viendo al obeso como un sujeto enfermo que se puede manipular y explotar. El obeso es una persona total, individual y única; es un ser que ha perdido el control de su vida y que necesita recuperar su autoestima, libertad, responsabilidad y compromiso con su “yo” real para que se integre a su sociedad con una
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actitud positiva. Por esta razón los esfuerzos deben estar encaminados a buscar la integridad de dichas personas.
El presente trabajo tiene el objeto de estimular el conocimiento de aquellas personas dedicadas al estudio de la nutrición y a conscientizar a la población en general en relación con la importancia emocional que tiene la función de alimentarse y alimentar correcta- mente, del valor real que tienen los alimentos, del valor real que tiene cada individuo y de las diferencias biopsicosocioculturales de cada ser. Lo anterior evitará la confusión y la interpretación errónea, de tal manera que el individuo tenga un contacto real con su “yo” y una mayor interacción consigo mismo y con su ambiente.
El cuerpo es la estructura anatomofisiológica, que permite existir individualmente y coexistir dentro de un grupo. Esta estructura otorga la característica de pertenencia e in- clusión a un grupo y a una especie. Desde una perspectiva psicológica, el cuerpo también brinda una identidad individual: es el vehículo utilizado en la expresión del universo del ser.
Dependiendo del medio sociocultural al que pertenece el individuo y la la manera como lo vean o piensen de él, ello influirá positiva o negativamente en su personalidad o forma de pensar. El cuerpo es visto como una sustancia maleable que puede cambiarse al gusto y si se obtiene el ideal estético pensado, se alcanzará la felicidad, el éxito, la atracción personal, entre otros. Todas estas características distorsionan la imagen real de la persona, lo que trae por consecuencia el desarrollo de algún trastorno en la alimentación.
La percepción y valorización inadecuadas del cuerpo rigen la conducta del sujeto duran- te toda su vida. Dicha conducta consiste en repetir rutinariamente los errores aprendidos en relación con la sustancia alimentaria y forma de consumo de ésta, en relación con la estética y las formas de sostenimiento de la misma, según el género y de acuerdo con los ideales establecidos por el consumo industrializado. Lo anterior origina y favorece la aparición y repetición de conductas nocivas para el sujeto, que culminan con la presencia del conflicto individuo-sociedad, que permite la aparición del trastorno nutricional, en tanto que en la lucha por alcanzar lo exigido por la sociedad se aflige de tal manera que termina por hacer lo propio y establece la permanencia de la culpa, el fracaso, la depresión y el rechazo de sí mismo, convirtiéndose entonces en un estado genuino “normal de ser”. Es decir, la persona inconforme de lo que es se responsabiliza de la culpa de no encajar en el modelo ideal, de demostrar a la sociedad que intenta resolver su problema para ser aceptado por un grupo determinado utilizando la dieta como la única alternativa de control para salir del estado de frustración, sin que ello represente la curación total, ni la consciencia de hacerlo por la recuperación de la salud.
Cabe agregar que la frustración vivida por cada tratamiento que falla orienta al individuo hacia la búsqueda de la dieta perfecta que le ayude a perder peso, además de facilitarle la inclinación al consumo de sustancias químicas que coadyuvarán al establecimiento de la enfermedad, lo que permite el surgimiento de una nueva adicción.
En consecuencia, la desesperanza y la depresión invadirán el espacio emocional del enfermo, quien, al no tener una definición clara de sus propios objetivos, decidirá resolver su conflicto de vivir y de no saber cómo vivir, viviendo su enfermedad de distintas formas, según sea el caso: desarrollando conductas obsesivas o de sumisión (hacer lo que otros desean), con cinismo y rebeldía, alcoholismo, negando su necesidad de comer (anorexia), etc. Asimismo, se mantendrá juvenil en obediencia a sus padres, que desean que no crezca ni se desarrolle (Bruch, 1971).
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Otros factores que contribuyen a que se desarrolle la problemática corporal son la sobrevaloración de la delgadez, que afecta la propia valoración y desarrolla conductas dirigidas a la pérdida importante de peso corporal, así como las dificultades con el am- biente familiar mediante la rebeldía y la resistencia para acatar las normas de una familia que coarta el desarrollo e independencia del sujeto (Garfinkel & Garner, 1982; Minuchin, Rosman & Baker, 1978).
En este momento la persona ha perdido todo control sobre sí misma, así como su au- toestima. La percepción ahora es que él existe, en tanto que es una entidad enferma cuya seguridad personal y fuerza de carácter son los elementos que le permiten diferenciarse de los demás mientras controla su enfermedad.
Una idea errónea aprendida ha evolucionado al punto de que el concepto salud- enfermedad no existe en la consciencia del individuo. Por ello debería dedicarse mayor atención a la enseñanza de valorizaciones adecuadas al grueso de la población, evitando la manipulación emocional de las personas y ayudándolas a recrear su espacio corporal y emocional mediante el autorrespeto y la autoestima, y de no ser valoradas sólo por el cuerpo.
Actualmente, estudiosos de los trastornos nutricionales admiten que la presencia del elemento emotivo-conductual tiene que ser tratado de manera conjuntamente con el trastorno en la conducta alimentaria. Sin embargo, se continúa analizando la conducta alimentaria y sus consecuencias desde el punto de vista de un determinado grupo de pro- fesionales y como una fuente de recursos económicos, por lo que el individuo-paciente continúa sin recibir el tratamiento que le ayude a recuperar su salud de forma permanente.
Por todo lo anterior, se propone un tratamiento que incluya:
1. La recuperación del proceso de individuación, es decir, desarrollar su autonomía, al mismo tiempo que se le brindan elementos que le permitan culminar exitosamente su tratamiento y, por consiguiente, la recuperación del control de su vida y de su capacidad para tomar decisiones.
2. La revisión conjunta y el análisis de las emociones o sentimientos que han favorecido la pérdida del “yo” en la persona.
3. La reeducación en cuanto a la sustancia alimentaria y el manejo de ésta.
4. El desarrollo de su identidad personal para que se integre a la sociedad con una actitud positiva.