inversión de la alienación es la autenticidad. Puede decirse que Marx y Heidegger han derivado sus conceptos de la naturaleza histórica de la ontología de Hegel, aunque cada uno asume una dirección di- ferente. En un plano más elemental, la autenticidad no alienada de Marx arraiga en la categoría de ser-específico, mientras que la auten- ticidad de Heidegger se descubrirá en el solitario ser-en-sí
Para nuestros propósitos es importante advertir que la brecha apa- rente entre las ontologías marxista y heideggeriana se salva con in- genio por el concepto de autenticidad, al menos cuando se lo consi- dera fuera del punto de vista de la práctica 7. La Escuela de Frank-
furt es el nexo que vincula a los dos gigantes. Los frankfurtianos pon- deran la penetración heideggeriana en la significación de la catego- ría, a la par que se distancian tanto de su intención concreta como de su práctica histórica. Sin embargo, el énfasis que ponen en la autenticidad, aun cuando no es incompatible con la doctrina de Marx, procede de Heidegger.
El último Heidegger se apartó del concepto de autenticidad. Quie- nes, entre sus discípulos, mantuvieron la noción permitieron que de- generara en una especie de autoindulgencia y ofuscación. Semejan- te degradación del concepto fue desdeñada por la Escuela de Frank- furt. Se podría considerar que su posterior frialdad hacia Eric Fromm tuvo que ver con su autocomplacencia emocional. En verdad, Ador- no no tenía muy buena opinión de la vaciedad descubierta en mu- chos tratamientos de la noción de autenticidad. Por cierto, tituló el volumen asociado a Dialéctica negativa, Jerga de la autenticidad.
Advirtamos, no obstante, que la crítica de Adorno no se dirigió contra el concepto de autenticidad sino contra la jerga. Se opuso a la práctica y a la función política para las que la jerga se había esta- blecido. Hasta cierto punto, era inevitable que la noción de autenti- cidad tal como fue desarrollada por Heidegger no llegara a buen tér- mino. La distinción de Heidegger entre lo ontológico y lo óptico sig- nificó que la autenticidad, que incumbe a lo ontológico, retrocede-
6 El Dasein no salva en sí mismo el vacío entre el ser-en-sí y el ser-específico, en cuanto que el Dasein es negación de la categoría universal de hombre (véase Being and Time, p. 171) que es decisiva para Marx. De ello se sigue que el Dasein es sólo una introducción a la ontología pero no lo ontológico mismo (Being and Time, p. 35).
7 Con este método, Lucien Goldmann en Lukács and Heidegger desarrolla un argu- mento convincente para hacer compatibles las categorías heideggerianas y marxistas; véase, en particular, pp. 40-45.
76 LAS RAÍCES FILOSÓFICAS DE LA ESCUELA DE FRANKFURT
ría desde lo óntico y, por tanto, desde la práctica social y política. El fracaso no estaba en el concepto heideggeriano de autenticidad, sino en aquello que la Escuela de
Frankfurt
consideró incapacidad fundamental de Heidegger para suprimir la distinción entre cosas y esencias. Ello significó que la autenticidad se mantendría separa- da de la realidad social. Se mantendría la jerga. El caso era rescatar la autenticidad del mero lenguaje.Claro está que la Escuela de
Frankfurt
encomió el intento deHei
- degger así como criticó su fracaso. Su esfuerzo por suprimir la opo- sición entre la cosa y su esencia fue considerado el problema de la filosofía desde Platón. Adorno escribe:Si Heidegger, en la última fase de su filosofía, pretende haberse elevado sobre la distinción tradicional entre esencia y hecho, está re- flejando una justificada irritación ante la divergencia entre las cien- cias de las esencias y las ciencias fácticas s.
Adorno reconoce, como lo hace Heidegger, que el principio de la crítica de la alienación debe residir en la crítica de la metafísica que desgarra el mundo en dos dominios. La metafísica fragmenta el conocimiento, forzando la disyunción entre los usos del pensar hu- mano. Marcuse va más lejos en esta veta:
El significado del existencialismo filosófico se sitúa en la recupera- ción de la total concreción del sujeto histórico en oposición al abs- tracto sujeto «lógico» del idealismo racionalista, es decir, en la elimi- nación del dominio inamovible, desde Descartes a Husserl, del ego
cogito. La postura de Heidegger antes de Sery tiempo fue la del avance
extremo de la filosofía en esta dirección 9.
Por consiguiente, el papel de Heidegger fue doble. En primer lugar, impugnó, junto con Nietzsche, la oposición entre cosa y esen- cia. En segundo lugar, impugnó el resultado epistemológico de di- cha postura —la división del conocimiento en dos modos distintos y opuestos. La distinción entre la percepción de las cosas y la con- templación de las esencias condujo a la razón a una posición de autoo- posición y autonegación. En ambas causas, metafísica y epistemoló- gica, la virtud de Heidegger fue su renuncia a tolerar la fragmenta-
s Adorno, Negative Dialectics, p. 73.
HEIDEGGER