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3.2 Error compensation techniques

3.2.2 Robot positioning accuracy

5.3.1. Aprender a mirar

La educación de la percepción visual es básica para que el niño, a través de sus primeras, miradas aprenda a observar y a entender las imágenes bidimensionales. Los dibujos realizados por el ilustrador tienen ya una voluntad de expresión clara y comunicativa, pero no son los únicos que llegan al niño, porque su entorno está lleno de muchas más imágenes que ofrecen otras posibilidades:

Imágenes pensadas y realizadas especialmente para el niño en las que se

explican situaciones puntuales o secuenciadas con una pequeña trama (libro solo ilustrado, cuentos, dibujos animados...)

que el niño, de forma pasiva, asume poco a poco, interioriza. Pueden formar parte de estas imágenes las revistas, fotografías, programas televisivos, en los que entrarían los informativos, lúdicos...

imágenes con objetivos consumistas, orientadas a convencer al adulto, pero

que son productos para el niño, con mensaje elaborado para que resulte atractivo a ambos.

Nos hallamos en el mundo publicitario, de gigantesca envergadura, que transmite mensajes importantes por su comparecencia continuada y obligada en los medios de comunicación y por su forma atractiva para cumplir su objetivo primordial, el consumo.

Por estas mismas características, estas imágenes pueden ser altamente negativas y de gran incidencia en la escala de valores. Su constante presencia en horarios y ambientes propios (le los niños hace que deban tenerse muy en cuenta.

Actualmente, y esta situación va a más, el niño vive en un ambiente saturado de imágenes y debe ser educado para su comprensión, con adquisición de sensibilidad y de capacidad crítica. Si esta formación no se lleva a cabo, solo será receptivo a lo más espectacular y reiterativo, por lo tanto, susceptible de toda clase de manipulación.

Aprender a mirar, será pues aprender a posar pausadamente sus ojos en la imagen y capacitarse para apreciar, asumir o rechazar su mensaje.

5.3.2. Sensibilidad por las imágenes

Es de desear que el niño no quede sumergido en el mundo de las imágenes como receptor pasivo y crezca su sensibilidad hacia ellas. Interesa sus vivencias sensoriales no queden solamente en puras sensaciones, sino que tengan su componente de afectividad y de reacción.

Las imágenes que percibe y cobran vida en sus pensamientos puede recordarlas, memorizarlas y conseguir que se relacionen entre ellas. Si sigue esta evolución, cuando éstas se incorporen a su mente, pasarán de ser meras formas a componer una historia.

De aquí la importancia de la presencia del adulto en estos inicios, para que poco a poco ayude al niño en esta evolución y pueda llegar, de esta forma, a la facultad imaginativa.

Es interesante observar que el niño, hasta cerca de los dos años, mira con deleite y entiende los libros tan sólo con ilustraciones que le ayudan a identificar y a ampliar su pequeño mundo.

Conviene que estas primeras ilustraciones, sin texto, sean identificables para el niño, sin distorsiones que le confundan, característica que no tiene por qué comportar una falta de estilo por parte del ilustrador.

Después de estos primeros pasos, poco a poco, aprenderá a observar, a localizar y, posteriormente, a entender pequeñas narraciones.

Este aprendizaje influye positivamente en la formación de sus valores estéticos y en la asunción de valores universales presentes en su forma más nítida y sencilla, pero no por ello menos importantes, como la solidaridad y el respeto por la diversidad.

5.3.3. Imágenes estáticas

Entre las imágenes que rodean al niño, se consideran estáticas todas aquellas representaciones bidimensionales en soporte fijo, papel o cartón... que se hallan a su alcance y que pueden, al igual que se ha dicho anteriormente, ser un producto casual (recortes, revistas...) o intencionado, elaborado especialmente para ellos (libros, juegos, revistas especializadas...).

Los primeros contactos que el niño tiene con el papel son para arrugarlo, percibir su ruido, romperlo.., pero raras veces conectará con las imágenes a través de estas experiencias sensoriales, aunque puede darse la eventualidad;

serán visiones puntuales de formas que reconoce y le atraen por diversos motivos, como, por ejemplo, cuando la niña M., de alrededor de un año de edad, descubrió un yogur en una página llena de otras imágenes; para ella, el yogur era algo tan cotidiano que fue capaz (le localizarlo y reconocerlo en su imagen bidimensional.

Pero, en su mayoría, estos niños de pocos meses con manos rápidas que aprisionan todo lo que llega a su alcance tienen unos intereses fugaces por las imágenes que han encontrado, lo que les importa son las sensaciones que les aporta su primer contacto con el papel.

También puede darse el ejemplo de la niña P., que cada día coge entre sus manos una fotografía enmarcada, de su abuelo con otra niña en brazos, la mira atentamente, la pasea por la habitación mostrándola con sonidos de satisfacción, sin hablar, porque aún no ha empezado a hacerlo, y la devuelve a su sitio. ¿Reconoce al abuelo? ¿Se identifica con la niña? De momento, nos queda el interrogante, pero sí sabemos que se ha establecido la comunicación con un componente afectivo, adivinamos que ha captado la imagen.

Con ejemplo de confianza en el poder de la imagen, es interesante la actuación del matrimonio que trabaja a miles de kilómetros lejos de sus familiares y cada día enseña las fotografías de los distintos miembros de su familia lejana al hijo

de temprana edad con la esperanza de que, cuando los vea por primera vez, no le resulten desconocidos.

Es en estos inicios cuando los adultos que se encuentran cerca compran los primeros libros. Algunos son de imágenes atractivas sin historia, sólo y puramente dibujos de objetos para reconocer su forma. En general, son libros plastificados, de cartón o papel grueso para que no se ensucien ni puedan arrugarse Se han realizado también libros en plástico que pueden tener los niños en el momento del baño, como un juguete más, pero suelen ser de poca calidad. Entre estos libros, se encuentran aquellos en los que, en una página, están los objetos dibujados y, en la otra, una escena ambientada donde pueden buscar los elementos de la página anterior. Muchos de estos libros están para cumplir la función de distraer al niño, que, a menudo, se aficiona por alguno en especial, reconoce sus imágenes, las memoriza y se identifica con ellas, lo transforma en algo muy suyo que reclama en el momento adecuado.

Las imágenes entran, pausadamente, para cumplir un cometido, de la mano del adulto que cuida de él y le ayuda en muchas situaciones. En este caso, se llaman estáticas adecuadamente, porque los dibujos son objetos propios de un ambiente infantil, sin narración: estáticas por el contenido y por el soporte técnico. En breves meses, muchos de los objetos representados en estos libros infantiles formarán parte de su vocabulario habitual. Son libros que aparecen

tras un estudio de los ambientes usuales del niño y de su vocabulario, muy instructivos, pero que, pese a su simplicidad, pueden albergar errores por sus representaciones falsas o desfasadas en el tiempo.

Es en este aspecto que pueden caer en la representación de ambientes CO~() los que crea la publicidad, a menudo lejanos de la realidad del niño, por su elitismo y endulzamiento.

Podría ponerse Como ejemplo el dibujo que se hace habitualmente del teléfono como objeto, muy antiguo en sus formas, el de la casa con tejado rojo de dos vertientes y otros muchos que llegan a codificarse y adquieren más el aire de pictograma que de ilustración escenificada. Pero también sucede que el niño ve representados los objetos desde muchas ópticas y llega a reconocer todas sus representaciones.

Naturalmente, los adultos no compran los libros sólo con fines utilitarios, sitio que muchas veces estos regalos son fruto de su afecto al niño y de la confianza en establecer una comunicación a través de las imágenes para entrar en el mundo de la imaginación plástica y literaria.

Junto con las imágenes puntuales vienen ya los primeros cuentos, pequeñas secuencias con inicio, nudo y desenlace de dibujos claros con personajes de

formas redondeadas que tienen actitudes y comportamientos donde los niños pueden reconocerse y tomar partido.

El niño entra de lleno en los libros ilustrados donde puede encontrar desde la historia más sencilla, casi sin cambio de escenario, una narración lineal que generalmente está cerca de sus ambientes habituales, casa, escuela, urbe, naturaleza... y en la que lo único que cambian son los personajes, que pueden ser persona o pueden ser animales, que visten y se comportan como las personas.

También entra de lleno en los cuentos populares ilustrados, que tienen la ventaja de haber pasado por el tamiz del tiempo y de la narración oral y suelen conservar su interés aupado por su presencia habitual en los medios de comunicación y en la mente de adultos que, a su vez, ya habían mirado estos cuentos. Muchos padres pasan sus intereses y recuerdos a sus hijos y escogen imágenes con las que ellos habían disfrutado.

Las pequeñas historias de autor suelen ser suaves de contenido, con respeto y fomento de los valores universales. Algunas, excesivamente edulcoradas y pobres de contenido y de imagen, no llegan a captar la emoción del niño, que sigue con su adicción a los cuentos populares más o menos disfrazados o en

versiones Iigth.

Posiblemente, los libros ilustrados tengan más posibilidades en la formación de la lectura de la imagen, debido a la casi siempre presencia del adulto que ayuda al niño a mirar y comprender por primera vez. Se puede conectar la televisión y el video, y el niño se quedará solo delante de los dibujos animados, porque su movimiento ya le distrae; es una solución más fácil y con menos participación por parte del adulto.

Los niños, desde este momento, entran en un mundo de representaciones que podrá o no identificar y contrastar con la realidad. Estos libros de imágenes, a pesar de su simplicidad, pueden ser comunicativos o no.

También pueden falsear la realidad representando objetos poco identificables o fuera de época, con el peligro de que el niño no amplíe sus horizontes, sino que entre en un mundo de imágenes estereotipadas, más cerca de los pictogramas que de la ilustración en su esencia, con todos sus componentes estéticos y de comunicación.

Actualmente, aparte de los libros adocenados con versiones de cuentos populares o narraciones poco elaboradas de guión y lenguaje, existen publicaciones muy cuidadas no por su edición más o menos selecta, sino por

su contenido que respeta los cánones necesarios y transmite la emoción suficiente para captar el interés del niño.

En estos libros, la imagen suele ser estéticamente interesante y va a la par con el texto o guión. Se cuidan los personajes y se fomenta la diversidad sin caer en tópicos almibarados. Algunos países tienen unas normas muy claras sobre qué es lo que no debe representarse y sí debe fomentarse en las imágenes.

5.3.4. Imágenes animadas

Pero actualmente, los niños no sólo miran libros (en horas de comida...) con finalidades prácticas, sino que quedan absortos delante de la pantalla de la televisión con los dibujos animados que se programan en estas horas clave, y comparten con las imágenes estáticas, en el mejor de los casos, protagonismo en la captación del niño.

Estos instantes en los que se busca su distracción se llenan, pues, de dibujos animados que programa la televisión o se pasan por vídeo. A menudo, los niños se levantan y desayunan con la mirada fija en la pantalla, y esta situación abre uno de tantos interrogantes: ven las imágenes, pero ¿llegan a seguir la narración?

Lo que sí es seguro es que las imágenes desvían su interés de lo que le exige una especial atención, que son sus aprendizajes en el comer y vestirse.

Es cierto que el hábito (le mirar dibujos animados en la TV. hace que el niño se acostumbre a ellos, pero debe tenerse en cuenta que el contenido de los programas dirigidos, en especial, a un público infantil es muy diverso, es decir, el niño ve su programa que le ofrece distintas actuaciones y películas, pero no todo lo que mira está pensado para su capacidad de comprensión.

¿Los niños de O a 6 años están capacitados para entender todo lo que se les pasa por televisión? En general, los programas infantiles están más dedicados a niños de 6 a 10 años que a los de edades anteriores, que sólo percibirán un flash de las imágenes en movimiento.

Posiblemente, la edad de comprensión de dibujos animados se ha avanzado, porque están habituados a su visualización desde edades muy tempranas; un niño puede entender la línea narrativa, parcial o totalmente, con anterioridad a los cinco años.

Es más frecuente que en estas primeras edades miren dibujos animados en los vídeos apropiados para su edad y que ponen ellos mismos, por la facilidad que

les representa escoger y verlos una y otra vez, al igual que pasan las páginas de un libro; estos pases repetidos fomentan la comprensión (le las imágenes. Por este motivo, un programa infantil de T.V. que se emite un máximo de dos veces puede distraer, pero posiblemente no facilita que los niños de temprana edad asimilen totalmente su contenido.

En general, los niños capaces de entender la secuenciación de imágenes pertenecen a una élite acostumbrada a mirar y relacionar imágenes estáticas en los libros que se les ha puesto a su alcance. Es decir, son niños con un entorno familiar afectivo y buen conductor de sus primeros pasos en la lectura y comprensión de las ilustraciones.

Esta sería una visión positiva de la actualidad en cuanto a las influencias de la imagen en el niño que pueden fomentar su madurez y capacidad crítica respecto a los audiovisuales.

Debe tenerse en cuenta que aumenta el número de televisores en las casas y, por lo tanto, cada vez más aumenta el descontrol por parte de los adultos sobre los programas que ven los niños. También sucede que los niños juegan y actúan con la televisión conectada, y la miran o no según si les atrae, esto añade dispersión y pasividad a sus hábitos.

con toda su intensidad es el de la imagen flash salida de alguna película de dibujos que vieron en pantalla grande en el cine y de forma esporádica.

Quino, autor del famosísimo cómic de Mafalda, explícita en sus anécdotas las dudas de los padres de Mafalda de si comprar o no una televisión. Gana la niña, pero después ella y sus amigos hacen reflexiones:

“Decíme, Felipe ¿Vos creés realmente que la televisión nos atrofia la imaginación a los chicos?”

“¿Y para insinuar que hasta las señoras torpes pueden manejarlo (un electrodoméstico) tienen que usarnos a nosotros?”, se queja Mafalda de un anuncio con niños.

Y cuando ya se han sumergido en la T.V., dice Manolito a Mafalda: Así que cuando (mamá) nos llame, no la hagamos esperar más de dos o tres muertos (durante la observación de una película con violencia)”.

Las historietas de Mafalda, editadas a principios de la década de los setenta, son un testimonio humorístico de lo que sucedía en aquellos años, pero desde estos inicios ha habido un gran cambio.

animados que ocupan una parte esencial de su vida, le divierten, entran en sus buenos y malos sueños y le informan sobre aquello que se desee desde otras esferas.

Los protagonistas de estos dibujos animados seguramente formarán parte de sus juegos y serán sus muñecos preferidos, por lo tanto, su bondad y maldad quedará asumida y juzgada o no.

Estos pequeños héroes animados serán también un motivo de comunicación, porque los niños de gran parte del mundo escuchan las mismas sintonías y miran las mismas imágenes, que en el mejor de los casos motivarán conversaciones y juegos, pero, si se tiene en cuenta la vertiente negativa, llevarán a una gran masificación.

En los programas de T.V. dedicados a un público infantil, suelen encontrarse dibujos animados para niños de las primeras edades, son historias que, muy a menudo, tienen un guión con referencias a los cuentos clásicos, en las que aparecen los valores que se refieren especialmente a la ayuda, generosidad y amistad con un claro respeto hacia los adultos.

Otras historias que aparecen están ya metidas de lleno en las producciones japonesas que van desde temas muy relamidos por la imagen y el contenido

que suelen atribuir a hombres y mujeres sus roles más antiguos, a temas donde la violencia es ¡a esencia del guión y los héroes son musculosos, irreflexivos e inmediatos como los rayos láser que disparan.

Las excepciones son algunos dibujos clásicos como los Pitufos, Charlie Brown, Mafalda, Tintín, que conectan con los cómics que ya llevan años publicados, pero que algunos de ellos, por su planteamiento, pertenecen más al mundo de los adultos.

También hay alguna producción que sobresale por sus imágenes de mejor ritmo narrativo y por la inteligencia de su guión, pero que, por su trama más compleja y referencias a otros temas, queda para niños/as mayores de cinco años.

Se transmiten también series de dibujos animados en otros horarios que, por su narración de humor cáustico y mordaz (por ejemplo, Los Simpson), están dirigidos a un público joven y adulto, pero que, por el solo hecho de ser dibujos, puede que también los vean los niños/as.

Es interesante observar el uso de los elementos mágicos en las series de autor, distinto del de los cuentos populares. Actualmente, los elementos mágicos para solucionar todos los problemas son muy inmediatos, mientras

que en las narraciones populares suelen ser una ayuda para el personaje merecedor de ella, en general, por su generosidad.

Las imágenes animadas han entrado en las casas por la puerta principal, a través de TV, Vídeos, CD Rooms... y, a menudo, el niño se encuentra solo frente a estos medios audiovisuales, hace falta saber hasta qué punto queda inmerso en ellas, sin discernir ni separar la realidad de la ficción o no ficción en la que posa su mirada o, de lo contrario, puede ser un espectador con capacidad crítica y suficientemente libre para saber escoger.

5.3.5. Imágenes publicitarias

Se habla de la gran cantidad de espots publicitarios que el niño puede visionar en una emisión de TV., y de su capacidad de memorización y de influencia en las marcas que se anuncian.

Posiblemente, estos tanteos se refieren a niños a partir de los seis años, pero es cierto que la publicidad ha entrado en las casas no ya por la puerta principal, sino por todas sus aberturas posibles, y, a menudo, lo hace en forma agresiva y atractiva por su luminosidad y avances técnicos. Actualmente, muy pocas veces se anuncia directamente el producto, sino que se hace a través de una narración orientada a captar a través de temas más resultones.

Los niños suelen ver muchos anuncios, algunos dirigidos directamente a ellos (juguetes, golosinas...) y otros en los que se utiliza su imagen por su gesto aparentemente espontáneo, gracioso, que despierta sentimientos de ternura.

Ambos aspectos publicitarios pueden desencadenar deseos y frustraciones.

La técnica de los audiovisuales puede hacer maravillas en el momento de presentar un juguete que, visto en T.V., ofrece un alarde de posibilidades que, en realidad, no existen; y en los anuncios de alimentos se da una gran