La confluencia de la comunicación y el desarrollo han atravesado importantes transformaciones que han reconvertido los enfoques, los modos de pensar, la formas de ver al sujeto destinatario de la intervención y hasta la manera de concebir al comunicador. Cambios que se producen en un marco general de cuestionamientos a un modelo global de hegemonías y desequilibrios, que entró en inevitable crisis décadas atrás, y que también empujó al replanteo de muchos campos de las ciencias sociales y humanas.
«Estamos en un momento de impasse entre la comunicación tradicional, asistencialista, autoritaria, vertical y una Comunicación para el Desarrollo cada vez mas basada en el protagonismo del pueblo, porque el pueblo es realmente el eje central del desarrollo, porque esa ha sido siempre su causa y su objetivo central», reflexiona Díaz Bordenave (2008:15).
Una vuelta al ser humano, a lo real de los vínculos, es lo que ha marcado la agenda de muchos teóricos y pensadores del desarrollo y la comunicación. También los ha movilizado el enojo ante la injusticia, la desigualdad, la corrupción, la pobreza, las desigualdades, el atropello de la cultura, la globalización desmedida y el discurso desarrollista artificial y mentiroso.
Una reflexión rápida puede decirnos que los nuevos enfoques relacionales, dialógicos, participativos, vienen a reemplazar a los anteriores modelos de desarrollo; pero no. La comunión que aboga la mirada de abajo hacia arriba debe darse en todo sentido: a nivel interpersonal, al abordar los grupos humanos locales, como también al incluir en su baúl de herramientas las experiencias previas. Así, el desarrollo endógeno local necesita de la mirada global y la nueva comunicación para el desarrollo puede hasta recurrir a las prácticas difusionistas para alcanzar algunos de sus objetivos. Se requiere entonces de un pacto de conciliación entre enfoques disímiles, que poseen distintas miradas, pero que se unen en torno a un objetivo común que es el desarrollo local y humano.
A esta convivencia se refiere Sandra Massoni (2007:76-78) cuando habla de la necesidad de un enfoque multiparadigmático para la comunicación estratégica, integrando las dimensiones informativa, correspondiente al campo de los procesos fácticos, la dimensión
ideológica, correspondiente al universo de los discursos, la dimensión interaccional, vinculada al campo de las motivaciones, y la dimensión sociocultural, establecida en el campo de la comunicación como articulación social.
LADIMENSIÓNINFORMATIVA
o Da cuenta de la comunicación como un proceso de transición de información con una finalidad predeterminada.
o Las teorías que operan en la dimensión informativa describen datos homogéneos y correspondencias cuantitativas centrándose en los mensajes y la distribución.
o Aborda a la comunicación como difusión de mensajes. o Algunas marcas de racionalidad de este enfoque: linealidad,
verticalidad, comunicación operativa. Ejemplo: teorías de la communication research.
LA DIMENSIÓN IDEOLÓGICA
o Da cuenta de las formaciones culturales e ideológicas desde lo supraestructural.
o Las teorías que operan en la dimensión ideológica describen los mecanismos y dispositivos de alienación y manipulación, las formas con que opera la ideología en la semantización de lo social.
o Aborda a la comunicación como aparato de reproducción ideológica.
o Algunas marcas de racionalidad de este enfoque: linealidad, segmentación, verticalidad, denuncismo. Ejemplo: teorías del Análisis ideológico.
LA DIMENSIÓN INTERACCIONAL
o Da cuenta de la comunicación como un proceso de producción de sentido atravesado por interacciones personales y grupales que es necesario conocer para mejorar la efectividad de los mensajes. o Aborda a la comunicación como la producción de sentido a partir
del vínculo con el otro.
o Algunas marcas de racionalidad de este enfoque: linealidad, segmentación, horizontalidad, interacción de sujetos. Ejemplo: teorías de la Psicodinámica (comunicación y dinámica de grupos, psicología social).
LA DIMENSIÓN SOCIOCULTURAL
o Se propone como fenómeno social de encuentro, de puesta en común de los actores sociales/colectivos.
o Da cuenta de la comunicación como momento relacionante de la diversidad sociocultural.
o Las teorías que operan en esta dimensión describen a las mediaciones socioculturales como dispositivos articuladores de lógicas.
o Aborda a la comunicación como espacio de construcción de la dinámica social, la cotidianidad de la producción de sentido. o Algunas marcas de racionalidad de este enfoque: heterogeneidad,
multiplicidad, redes; comunicación como articulación de la diversidad social, como proceso complejo, situacional e histórico. Ejemplo: teorías de la comunicación y la cultura.
«Cada teoría opera en distintas dimensiones del fenómeno comunicacional y al hacerlo le imprime su racionalidad, su proyecto. Es posible interpelar situaciones de comunicación para rastrear estas marcas de racionalidad, que son índices de la concepción teórica que está organizando, articulando la matriz del encuentro (…) Sin desconocer – ni minimizar – los aportes de la mirada mecanicista sobre lo social, nos proponemos avanzar en un abordaje múltiple a partir de la constatación de las relaciones entre las relaciones integrando en el análisis lo material, lo simbólico y lo afectivo», dice Massoni (2007:76 y 78).
Visto así, la comunicación dista mucho de ser una fórmula, un modelo cerrado, en donde los «difusionistas» y los «estratégicos» pueden considerarse antagónicos, enemigos. Son ambos parte de una misma solución, en tanto la propuesta esté orientada ya no más hacia un sujeto-destinatario, un observador pasivo, entendido figuramentivamente como un recipiente en el que pueden depositarse indiscriminadamente mensajes, sino hacia un sujeto-actor, participante activo y co-gestor de su propia experiencia. «Sabemos transmitir, difundir, hacer circular. Esa es la especialidad que prevalece. Todas las otras dimensiones de la comunicación necesitan ser incrementadas en las políticas públicas y también en las organizacionales. Este es un campo propicio y casi virgen para los comunicadores estratégicos. Lo interesante es poder pensar, reconocer, analizar y operar distintas dimensiones de la comunicación y ponderar cuál es la que resulta relevante en cada caso», concluye Massoni (2007:162).
«Es preciso reconstruir utopías desde las cuales se reivindique el peso de lo local sin perder la perspectiva de la globalidad. Sin caer en el prejuicio que reivindique únicamente lo local como válido y se termine justificando el cierre de fronteras y la negación de la diferencia», aporta Claudia Pilar García (2008:59)
Todos los beneficios que podamos enumerar del modo estratégico y el positivo escenario de comunión y transdiciplina, nos hacen más optimistas acerca de las posibilidades de gestión de un desarrollo endógeno y más humanizado. Pero no dejan de ser ideales de gestión: los marcos teóricos y metodológicos serán tan exitosos como se augura sólo en un marco de (co)responsabilidad y vocación participativa e institucional realmente democráticas.
A esta preocupación se suma Daniel Prieto Castillo (2004:7): «ninguna magia, entonces, con este milagro comunicacional de fin de siglo y de comienzos de éste. Las tecnologías no nos hacen solidarios, no nos humanizan en dirección a la democratización y la participación. Todo depende de los seres humanos y de los códigos institucionales puestos en juego, de la inserción en el contexto, de la voluntad de redistribución del poder y de los movimientos sociales y grupales para lograr esto. Todo, incluidas la gestión de la comunicación y nuestra práctica profesional».