Epigenetic Factors in Neurodegenerative and Autoimmune Diseases and Their Mechanistic Analysis
5. Role of Epigenetics in Multiple Sclerosis Using BEL Models
B. Algo y otro, la finitud. C. La infinitud cualitativa.
A. EL SER DETERMINADO COMO TAL
En el ser determinado
a) en cuanto tal hay que distinguir ante todo su determinación;
b) como cualidad. Pero ésta tiene que tomarse, tanto en una como en otra determinación del ser determinado, como realidad y como negación. Pero en estas determinaciones el ser determinado se halla al mismo tiempo reflejado en sí; y puesto como tal, es
c) algo, un existente.
a) El ser determinado en general.
Del devenir nace el ser determinado. El ser determinado es el simple ser-uno del ser y la nada. A causa de esta simplicidad tiene la forma de un inmediato. Su mediación, esto es el devenir, le queda atrás; no se ha eliminado, y por lo tanto el ser determinado aparece como un primero, de donde se parte. Se halla en primer lugar en la determinación unilateral del ser; la otra determinación que él contiene, la nada, va a mostrarse igualmente en él, frente a aquélla.
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No es un puro ser, sino un ser determinado: tomado en su sentido etimológico
(Da-Sein = estar allí) es el estar en un cierto lugar; pero la representación
espacial no es aquí pertinente. El ser determinado, de acuerdo con su devenir, es en general un ser con un no-ser, de modo que este no-ser se halla asumido en simple unidad con el ser. El no-ser es admitido de tal modo en el ser, que el conjunto concreto está en la forma de ser, de la inmediación, y constituye la
determinación como tal.
El conjunto [o todo] representa igualmente en la forma, vale decir en la
determinación del ser —pues el ser se ha mostrado, en el devenir, igualmente
sólo como un momento—, un momento eliminado, determinado negativamente. Pero está de este modo para nosotros en nuestra reflexión, no todavía puesto en sí mismo. Pero la determinación de la existencia como tal es la que está puesta, la que se halla también en la expresión Dasein [estar allí]. Las dos cosas tienen que ser distinguidas siempre muy bien una de otra. Sólo pertenece al contenido de un concepto lo que está puesto en él, en el desarrollo de su consideración. En cambio la determinación no puesta todavía en él, pertenece a nuestra reflexión, ya sea que concierna a la naturaleza del concepto mismo, ya sea que constituya una comparación exterior; el poner de relieve una determinación de esta última -143- especie, puede servir sólo para una explicación o para una indicación previa del procedimiento, que se mostrará luego en el desarrollo mismo. Que el todo, la unidad del ser y la nada, se halle en la determinación unilateral del ser, es una reflexión exterior; pero en la negación, en el algo y otro, etc., llegará a encontrarse como puesta. Hay que llamar la atención aquí sobre la diferencia indicada; pero el señalar y dar cuenta de todo lo que la reflexión puede permitirse, nos llevaría hacia la dilatada tarea de adelantar lo que debe ofrecerse en la cosa misma. Si semejantes reflexiones pueden servir para facilitar la visión general y por ende la inteligencia, llevan consigo, sin embargo, aún la desventaja, por este lado, de parecer afirmaciones injustificadas, principios y fundamentos para lo que viene después. No hay que tomarlos, pues, por nada más de lo que tienen que ser, y hay que distinguirlos de lo que es un momento en el proceso de desarrollo de la cosa misma.
El ser determinado o existencia corresponde al ser de la esfera antecedente; sin embargo el ser es lo indeterminado, y en él no se ofrecen por lo tanto determinaciones de ninguna especie. En cambio la existencia es un ser determinado, un ser concreto; en él por lo tanto se abren en seguida múltiples determinaciones, diferentes relaciones de sus momentos.
b) Cualidad.
A raíz de la inmediación en la cual el ser y la nada son uno solo en el ser determinado, no se sobrepasan uno a otro; tan extensamente como el ser determinado es existente, tan extensamente es un no-ser, vale decir, es determinado. El ser no es lo universal y la determinación no es lo particular. La determinación no se ha desligado del ser todavía; por cierto que ya no se va a
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desligar de él, pues lo verdadero, que desde ahora permanece por su fundamento, es la unidad del no-ser con el ser; sobre ella, puesta como fundamento, se presentan todas las determinaciones ulteriores. Pero la relación, en la cual se halla aquí la determinación con el ser, es la unidad inmediata de los dos, de modo que no está todavía puesta ninguna distinción entre ellos.
La determinación, aislada por sí de esta manera, como determinación
existente, es la cualidad, algo totalmente simple, inmediato. La determinación en
general es lo más universal, que puede aun ser tanto lo cuantitativo como un determinado ulteriormente. A causa de esta simplicidad no hay nada más que decir acerca de la cualidad como tal.
Pero el ser determinado en el cual están contenidos tanto la nada como el ser, es él mismo la medida respecto a la unilateralidad de la cualidad en tanto determinación sólo inmediata o existente. La cualidad tiene que ser puesta igualmente en la determinación de la nada, con que, pues, la determinación inmediata o determinación existente, se halla puesta como una determinación distinta y reflejada; de este modo la nada, en tanto es lo determinado de una determinación, es a la vez algo reflejado, esto es, una negación. La cualidad, considerada de modo que valga distintamente como existente, es la realidad; y en tanto afectada por una negación, es una negación en general, vale decir, igualmente una cualidad, pero la cual vale en el sentido de una falta, y se determina ulteriormente como término o límite.
Ambos son un ser determinado; pero en la realidad, como cualidad con el acento de ser cualidad existente, permanece oculto que ella contiene la determinación y por lo tanto también la negación; la realidad, por ende, vale sólo como algo positivo de lo cual queda excluida la negación, la limitación, la falta. La negación, tomada como pura falta, sería lo que es la nada; pero es un ser determinado, una cualidad, sólo determinada con un no-ser.
NOTA1
Realidad puede parecer una palabra ambigua, porque se la utiliza en determinaciones diferentes, más bien opuestas. En el sentido filosófico se habla, por ejemplo, de una realidad puramente empírica como de una existencia carente de valor. Pero cuando se dice acerca de pensamientos, conceptos, teorías, que ellos no tienen ninguna realidad, esto significa entonces que no le compete ninguna efectividad; pero en sí, o sea en el concepto, la idea, por ejemplo, de una república platónica podría también ser verdadera. A la idea no se niega en tal caso su valor y se la deja también subsistir al lado de la realidad. Pero frente a las llamadas ideas puras, frente a los conceptos puros, lo real vale como lo único verdadero. —El sentido, en el cual una vez se atribuye a la existencia exterior el juicio acerca de la verdad de un contenido, es tan unilateral como [el que se
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adopta] cuando se representa la idea, o la esencia o el sentimiento interior como indiferentes con respecto a la existencia exterior, e incluso se los considera como tanto más excelentes cuanto más se alejan de la realidad.
Con respecto a la expresión "realidad" hay que mencionar el viejo, metafísico
concepto de Dios, que era puesto de manera preferente como fundamento de la
llamada prueba ontológica de la existencia de Dios. Dios era determinado como el conjunto de todas las realidades, y se decía acerca de tal conjunto que no contenía en sí ninguna contradicción, que ninguna de las realidades eliminaba a la otra; pues una realidad tiene que tomarse sólo como una perfección, como un
afirmativo, que no admite ninguna negación. Por esto las realidades no podrían
ser opuestas recíprocamente ni contradecirse. En este concepto de la realidad se admite que ella, por lo tanto, permanece aun cuando toda negación se imagina como inexistente; pero de este modo toda determinación de ella se halla eliminada. La realidad es cualidad, ser determinado; por lo tanto implica el momento de lo negativo, y sólo por medio de él es aquél determinado que es. En el llamado sentido eminente o bien en cuanto infinita —en el significado habitual de la palabra—tal como debería ser tomada, la realidad se halla ampliada en lo carente de determinaciones y pierde su significado. La bondad de Dios no debería ser una bondad en el sentido ordinario, sino en sentido eminente; no ser distinta de la justicia sino atemperada por medio de ésta (según la expresión leibniziana de la mediación), tal como inversamente la justicia por medio de la bondad; de esta manera ni la bondad ya es bondad, ni la justicia ya es justicia. El poder debería ser atemperado por medio de la sabiduría, pero así no es poder como tal, pues sería sometido a la sabiduría; la sabiduría debería ser ampliada hasta convertirse en poder, pero así desaparece como sabiduría que determina el fin y la medida. El verdadero concepto del infinito y su unidad absoluta que tiene que ser dado posteriormente, no debe concebirse como un atemperar, un limitarse
recíprocamente o un mezclarse [o sea] como lo que representa una relación
superficial, mantenida en una niebla indistinta, con lo cual puede satisfacerse sólo una imaginación carente de concepto. —La realidad, tal como se halla tomada en aquella definición de Dios, como cualidad determinada, deja de ser una realidad cuando se halla transferida más allá de su determinación; se convierte en un ser abstracto. Dios [considerado] como el puro real en todos los reales, o como
conjunto de todas las realidades significa la misma carencia de determinación y
de valor que el vacío absoluto, en el cual todo es uno solo.
Si al contrario se toma la realidad en su determinación, entonces —puesto que ella contiene esencialmente el momento de lo negativo el conjunto de todas las realidades se convierte también en el conjunto de todas las negaciones, en el conjunto de todas las contradicciones y ante todo, de cierta manera, en el poder absoluto, en que todo determinado es absorbido. Pero, como este mismo [poder absoluto] existe sólo en cuanto que tiene todavía frente a sí algo no eliminado por él, así, en tanto se lo piensa ampliado hasta convertirse en un poder cumplido, carente de límites, se convierte en la abstracta nada. Aquel real en todo lo real, el
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ser en toda existencia, que debe expresar el concepto de Dios, no es otro que el
ser abstracto, es lo mismo que la nada.
La determinación es la negación puesta como afirmativa; tal es la proposición de Spinoza: omnis determinatio est negatio. Esta proposición es de una infinita importancia; sólo la negación como tal es la abstracción carente de forma; pero no debe imputarse a la filosofía especulativa como culpa el que la negación o la nada sea para ella un último; esto no es para ella lo verdadero como tampoco lo es la realidad.
La consecuencia necesaria de esta proposición, que la determinación es negación, es la unidad de la sustancia spinoziana, o sea que la sustancia es sólo una. El pensamiento y el ser o sea la extensión, las dos determinaciones que Spinoza precisamente tiene presente, debía él ponerlas en un único [ser] en esta unidad; pues como realidades determinadas son negaciones, cuya infinitud es su unidad. Según la definición de Spinoza, de la cual hablaremos más adelante, la infinitud de algo es su afirmación. Él concibe por lo tanto tales determinaciones como atributos, vale decir, de tal modo que no tienen una subsistencia particular, un ser en sí y por sí, sino que están sólo como eliminadas, o sea como momentos; o más bien no son para él tampoco momentos, pues la sustancia es lo totalmente desprovisto de determinaciones en sí misma y los atributos, como también los modos, son distinciones efectuadas por un intelecto externo. —Del mismo modo tampoco la sustancialidad de los individuos puede subsistir frente a aquella proposición. El individuo es referencia a sí mismo en razón de poner límites a todos los demás; pero estos límites son de este modo también límites de él mismo, relaciones con otros, de modo que el individuo no tiene su existencia en sí mismo. El individuo sin duda, es más que lo que se halla limitado por todos lados, pero este más pertenece a otra esfera del concepto. En la metafísica del ser el individuo es, de modo absoluto, un determinado; y en contra del hecho de que sea tal, esto es, que lo finito como tal esté en sí y por sí, se hace valer la determinación esencialmente como negación que arrastra lo finito en el mismo movimiento negativo del intelecto, movimiento que hace desaparecer todo en la unidad abstracta que es la sustancia.
La negación está directamente en contra de la realidad: ulteriormente en la esfera propia de las determinaciones reflejadas, va a ser opuesta a lo positivo, que es la realidad reflejándose en la negación —la realidad en la que aparece lo negativo, que en la realidad como tal se halla todavía oculto.
La cualidad es preferentemente propiedad sólo con respecto a esto, que en una relación exterior se muestra como determinación inmanente. Bajo el nombre de propiedades, por ejemplo de las plantas herbáceas, se entienden determinaciones que no sólo son propias en general de algo sino que precisamente por medio de ellas este algo se mantiene en relación con otro de una manera particular, y o deja actuar libremente en sí los influjos extraños puestos en él, sino que hace valer sus propias determinaciones en el otro —pese a que no lo rechaza absolutamente de sí. Al contrario, las determinaciones más tranquilas, como por ejemplo figura, forma, no se llaman propiedades, antes bien de cierta
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manera tampoco cualidades, en cuanto que se representan como variables, no idénticas al ser.
La expresión: Qualierung o Inqualierung —una expresión de la filosofía de
Jacob Böhme, filosofía que llega a la profundidad, pero a una profundidad
turbia— significa el movimiento de una cualidad (por ej. del ácido, del astringente, del cáustico, etc.) en sí misma, en cuanto que ella en su naturaleza negativa (en su Qual [palabra alemana que significa tormento]) se pone y se consolida a partir de otro, y en general es en sí misma su propia inquietud, según la cual se engendra y se mantiene sólo en la lucha.
c) Algo.
En la existencia se ha distinguido su determinación como cualidad; en esta, como existente, se halla la diferencia, esto es, la diferencia entre la realidad y la negación. Ahora bien, así como estas diferencias están presentes en la existencia, son también nulas y eliminadas. La realidad contiene ella misma la negación, es una existencia, no el ser indeterminado, abstracto. Igualmente también la negación es una existencia, y no esa nada que debe ser abstracta, sino la nada puesta aquí tal como está en sí, como existente, o sea que pertenece a la existencia. De este modo la cualidad en general no se halla separada de la existencia, que es sólo un ser determinado y cualitativo.
Este eliminar la diferencia es algo más que un puro retirarla y un extrínseco dejarla de nuevo o bien más que un simple regresar hacia el simple comienzo, hacia la existencia como tal. La diferencia no puede ser dejada de lado, pues existe. Lo efectivo, que está también presente, es [juntamente] el ser determinado en general, la diferencia que se halla en él y la eliminación de esta diferencia; es el ser determinado no como carente de distinción cual era al comienzo, sino como
de nuevo [convertido en] igual a sí mismo por medio de la eliminación de la diferencia, es la simplicidad del ser determinado mediada por esta eliminación.
Este ser eliminado de la diferencia constituye la propia determinación del ser determinado; de este modo él es un ser en sí; el ser determinado es un existente
determinado, un algo.
El algo es la primera negación de la negación, como simple relación consigo misma, existente. Existencia, vida, pensamiento, etc., se determinan esencialmente en relación a un existente viviente, pensante (yo), etc. Esta determinación es de la mayor importancia, para no permanecer detenidos en la existencia, la vida, el pensamiento, etc., e incluso tampoco en la divinidad (en lugar de Dios) [entendidas todas] como universalidades. Algo vale para la representación con todo derecho como un real. Sin embargo algo es todavía una determinación muy superficial; tal como la realidad y su negación, tampoco el ser determinado y su determinación son ya por cierto los vacíos ser y nada, pero son determinaciones totalmente abstractas. Por esto son ellas también las expresiones más corrientes, y la reflexión no educada filosóficamente se sirve de ellas al máximo, vierte dentro de ellas sus distinciones y cree con esto tener algo
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justamente bueno y firmemente determinado. —Lo negativo de lo negativo, en tanto algo, es sólo el comienzo del sujeto—; el ser en sí sólo en tanto absolutamente indeterminado. Se determina luego ante todo como existente por sí, y así a continuación, hasta que sólo en el concepto llega a poseer la concreta intensidad del sujeto. Por fundamento de todas estas determinaciones está la unidad negativa con sí misma. Pero respecto a esto se debe diferenciar bien la negación como primera, como negación en general, de la segunda, la negación de la negación, que es la negatividad concreta absoluta, tal como aquella primera es, al contrario, sólo la negatividad abstracta.
Algo es existente cuando es negación de la negación; pues ésta constituye el restablecerse de la simple relación consigo mismo; pero, por esto, algo es a la vez la mediación de sí consigo mismo. Ya en el carácter simple del algo se halla presente la mediación de sí consigo mismo, y luego, de manera todavía más determinada, en el ser-por-sí, en el sujeto, etc., y ya también en el devenir, pero sólo la mediación completamente abstracta. La mediación consigo se halla puesta en el algo, en cuanto que éste se halla determinado como simple idéntico. Sobre la presencia de la mediación en general puede llamarse la atención contra el principio de la afirmada inmediación pura del saber, de donde debería estar excluida la mediación; pero no se precisa llamar la atención ulteriormente de manera especial sobre el momento de la mediación; pues se lo encuentra siempre y por doquier en todo concepto.
Esta mediación consigo, que es el algo en sí, no tiene ninguna determinación concreta de sus aspectos, si se la torna sólo como negación de la negación; de este modo se derrumba en la simple unidad que es el ser. El algo es (existe) y es luego también un ente determinado; y además es en sí también un devenir, pero que ya no tiene como sus momentos sólo el ser y la nada. Uno de éstos, es decir el ser, es