CHAPTER 4 ARTICLE 3: INFLUENCE OF CRYOGENIC PROCESS
4.2 Experimental work
4.3.2 Role of tempering temperature on the hardness evolution of
Un día hablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta forma:
— Patronio, vos sabéis que yo soy muy gran amante de la caza y en ella he hecho muchas cosas nuevas que nunca hizo otro hombre; y he reformado en las pihuelasF
117
F y en los capirotesF
118
F algunas cosas muy provechosas. Y ahora, los que quieren hablar mal de mí y despreciarme, igual que cuando se ensalza al Cid Ruy Díaz o al conde Fernán González por las muchas batallas en que vencieron, o al santo y bienaventurado rey don Fernando por cuantas buenas conquistas hizo, a mí me exaltan diciendo que hice muy grandes hechos porque hice reformas muy importantes en las caperuzas y en las pihuelas. Y porque yo entiendo que en esta alabanza más es insulto que en alabanza, os ruego que me aconsejéis de qué manera deberé actuar para que no me insulten por la buena obra que hice en el arte de la cetrería.
— Señor conde Lucanor –dijo Patronio–, para que vos sepáis lo que más os convendría hacer en esto, me placería que supieseis lo que aconteció a un moro que fue rey de Córdoba.
Y el conde le preguntó cómo fuera aquello.
— Señor conde –dijo Patronio–, en Córdoba hubo un rey que tenía por nombre Alhaquem. Mantenía bastante bien su reino, pero no se preocupaba de hacer otras cosas honradas ni de gran fama de las que suelen y deben hacer los buenos reyes. pues no tan solamente son los reyes obligados de guardar sus reinos. Los que buenos reyes quieren ser conviene que hagan obras por las que con derecho acrecienten su reino y actúen en su vida de modo que sean muy loados de las gentes, y después de su muerte se recuerden las hazañas y las
117
Pihuelas: Correas con las que se sujeta por las patas a los halcones y a otras aves.
118
Capirotes: Caperuzas de cuero que se pone para tapar lo ojos a las aves de cetrería.
buenas obras que ellos hubieron hecho. Y este rey no se ocupaba de esto, sino de comer y dormir y estar en su casa ocioso.
Y acaeció que estando un día holgazaneando, tañían ante él un instrumento muy apreciado por los moros, de nombre albogónF
119
F. Y el rey entendió que no hacía tan buen son como era menester, y tomó el albogón y añadió en él un foradoF
120
F en su parte inferior, a continuación de los otros forados de su parte superior, y desde entonces hace el albogón muy mejor sonido que hasta entonces hacía.
Y como quiera que aquello fue un buen adelanto para el albogón, pero no tan importante como para ser atribuido a un rey, las gentes, en tono de escarnio, comenzaron a ensalzar aquel hecho diciendo: «Wa he de ziat Alhaquim», que quiere decir: «Este es el añadimiento el rey Alhaquem.»
Y el dicho fue tan sonado por aquellas tierras, que llegó a oídos del rey, y preguntó por qué decían las gentes aquello. Y aunque se lo quisieran ocultar, tanto insistió que se lo tuvieron que decir.
Y cuando lo oyó, tomó muy gran pesar; pero como era muy buen rey, no quiso hacer mal quienes decían aquello, mas ideó hacer otro añadimiento al que por fuerza las gentes hubiesen de alabar con todo merecimiento.
Entonces, porque la mezquita de Córdoba no estaba acabada, añadió en ella aquel rey toda la obra que aun faltaba y acabóla.
Ésta es la mayor y más espléndida y más noble mezquita que los moros tenían en España, y gracias a Dios, es ahora iglesia y llámanla Santa María de Córdoba, y ofrecióla el santo rey don Ferrando a Santa María cuando ganó Córdoba a los moros.
Y desde que aquel rey hubo acabado la mezquita y hecho aquel tan buen añadimiento, dijo que pues hasta entonces lo loaban burlándose del añadimiento que hiciera en el albogón, que estaba bien
119
Albogón: Antiguo instrumento de madera, a modo de flauta, con siete orificios para los dedos.
120
seguro que de allí adelante lo habían de loar con razón del añadimiento que hiciera en la mezquita de Córdoba.
Y fue después muy loado. Y la alabanza que hasta entonces le hacían como verdadera burla, acabó siendo luego verdadera alabanza, y hoy en día dicen los moros cuando quieren alabar algo bien hecho: «Esto es el añadimiento de Alhaquem».
Y vos, señor conde, si os molestáis o sospecháis que os alaban con intención de burlarse de vos por el añadimiento que hicisteis en los caperuzas y en las pihuelas y en las otras cosas de caza que vos hicisteis, mirad la forma de hacer algunos hechos grandes y buenos y nobles, propios de los grandes hombres. Y por fuerza las gentes tendrán que loar vuestros buenos hechos, así como loan ahora en tono de burla el añadimiento que hicisteis en las cosas de la caza.
El conde tuvo éste por buen consejo; hízolo así y le fue muy bien.
Y entendiendo don Juan que este ejemplo era bueno, hízolo escribir en este libro e hizo estos versos que dicen así:
Si algún bien hicieres que muy grande no fuere,
hazle grande si pudieres, porque el bien nunca muere.