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2 Theoretical framework

3.3 Rolling window analysis

Hay otra afección que seguro lees va a tocar ver, porque es una afección crónica que igualmente se corresponde con el estilo de vida — la tensión, la presión— , y es la llamada H ipertensión Arterial.

Hay dos causas fundamentales de la hipertensión:

La hipertensión arterial secundaria a un problema cardíaco o a un pro­ blema renal — sobre todo— .

Las llamadas "hipertensiones arteriales esenciales", es decir, que no se conoce la causa. Son las más frecuentes y son las que ustedes más van a ver — las secundarias no las van a ver, probablemente— . Son afecciones de carác­ ter crónico y, sin tratamiento, pueden producir complicaciones cerebrales, cardíacas y renales.

La presión del circuito sanguíneo aumenta en cifras por encima de lo normal; hasta 145/90 se considera los límites — es una variable muy relativa, no es una cosa absoluta— .

Hay personas que a lo mejor han sido hipertensas toda su vida, y des­ cubrimos que lo son cuando tienen 80 años; y no les ha pasado nada.

Hay otro tipo de hipertensión, que es la hipertensión emocional, en la que la tensión arterial aumenta cuando tienen algún problema, alguna preo­ cupación. Los mecanismos de control no se regulan bien.

Y después hay personas con hipertensión esencial severa, que, a pesar de la medicación, mantienen cifras altas y dan síntomas: dolor de cabeza, mareos, zumbidos, cansancio, impotencia, insomnio... Pero en la mayoría de los casos, la hipertensión arterial esencial no da síntomas; se descubre por casualidad un día.

La mayoría de las hipertensiones esenciales se descubren en los con­ troles periódicos que se hacen en las empresas de trabajo. Antes no se descu­ brían, y los problemas derivados de la hipertensión tenían una repercusión,

o bien visual — por alguna trombosis— o bien cerebral. Y no se sabía por qué, pero era por la hipertensión. Hoy, con la facilidad para acceder al esfingoma- nómetro, se ha hecho más fácil el diagnóstico.

N o obstante, a ustedes les van a llegar pacientes crónicos que ya están tom ando medicación — varios tipos de medicación— , que casi siempre tie­ nen un dieta hiposódica — sin sal o con muy poca sal— y que llegan con un cierto nivel de m iedo — cierto nivel— y también muy obsesionados por la cifra: " Tengo 15/9, 16/11"... Se ha establecido un código de alarma que no es fácil quitarle al paciente. Está bien que se controle la tensión cada "x " tiempo, pero no todos los días.

Lo primero que hay que hacer en estos procesos, desde el punto de vista del humanismo sanador, es darle confianza a la persona: hacerle ver que no sabemos cuál es el origen exacto, pero que, indudablemente, tiene mucho que ver con el estilo de vida, con la tensión social y cultural, con la tensión laboral — y no por casualidad se dice "tensión laboral, tensión cultural"— que hace que la tensión del sistema aumente.

Por otra parte, todo en el organismo es relativo. Parece ser — com o ya ha llegado la genética, claro— que los problemas de hipertensión esencial son genéticos. La culpa la tienen los genes. Pero, curiosamente, también nos afirman los investigadores que es probable que los mismos genes que son res­ ponsables de desencadenar la hipertensión, sean los responsables de la lon ­ gevidad; con lo cual, dependiendo de cóm o esté actuando el gen, nos puede dar una patología o nos puede permitir la longevidad. A lo mejor es necesario que la presión del circuito circulatorio sea un poco mayor, para garantizar una longevidad. N o lo sabemos.

Lo cierto es que sí se atribuyen, a la hipertensión arterial, problemas cerebrales, problemas visuales, problemas cardíacos, problemas renales... En cuyo caso conviene mantener una cifra razonable — que es muy personal, aunque, efectivamente, se estipula una cifra límite: 140/90— , Con esas cifras ya hay que preocuparse en cuanto a hacer algo para que no suba más.

Tiene más riesgo el aumento de la presión diastólica — la mínima— , para el organismo en general, que el aumento de la presión sistòlica — la máxima— .

En ese sentido, conviene — a la hora de controlar y vigilar— ver que ésta no pase de 90 o 100, com o mucho. Ahí ya estamos en los niveles de riesgo.

La sistòlica puede subir un poco más de 140 o 150. También depende de la edad. Igualmente, la presión arterial aumenta con el ejercicio, pero claro, también el corazón aumenta, las arterias aumentan...

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Por ejemplo, un corredor de maratón, o un jugador de baloncesto que puede que tenga una frecuencia de 120 ó 130 latidos por minuto, medir

1,80 de estatura y desplazar ciento y pico de kilos— , puede tener la presión a 180/110 o 180/140 en el m om ento del juego; cuando está en reposo baja, y se puede quedar en 90/60. Por eso precisamente, por esas variaciones tan bruscas, muchos deportistas de élite sufren y mueren repentinamente en la cancha: porque tienen una hipertrofia de corazón. Todo va a un ritmo muy brusco.

La hipertensión arterial es una afección que tiene mucho que ver con el animismo social o el animismo cultural en que nos movemos.

Realmente, el sujeto tiene que tener cuidado de no tomar excesiva cantidad de sal. Pero la prohibición no es buena, no. Cualquier prohibición absoluta es mala. Tiene que haber un nivel de flexibilidad.

Puede ser que, en un m om ento determinado, haga falta que sea abso­ luta; pero, en general, el organismo necesita también sal.

Hay muchos estudios científicos al respecto, y unos están a favor de quitar la sal... otros dicen que no importa, que da igual la sal que se tomen... Lo cierto es que la sal retiene líquidos; y, en la medida en que tengamos más volum en de líquido a mover, la presión del sistema, en teoría, aumenta.

La recomendación, cuando el paciente nos pregunte:

— Bueno, ¿y sigo con la dieta sin sal y todas esas cosas?

— Bueno, procure tomar la menor cantidad posible de sal. Pero hay cosas que

necesitarán un poquito de sal: pues eche un poquito de sal.

A ser posible, que use la sal marina, no la sal fina, porque la sal fina es cloruro sódico nada más. La sal marina es cloruro sódico, cloruro magnésico, cloruro potásico... Lleva varios cloruros y es más fisiológica. Se compra sal marina gorda, y luego se machaca y queda más fina. Para algunas ensaladas, para algún tipo de alimento que necesite llevar un poquito de sabor salado, pueden emplearlo.

Es decir que, en general, el paciente cardíaco, el paciente hipertenso, debe comer de todo — com o las pautas generales que dimos de alimenta­ ción— y quedarse con un poquito de hambre.

En cuanto a la sal, insistimos en que tome lo menos posible, pero puede tomar sal. Y quitarle esa prohibición: “¡No puede tomar sal!". El hombre vive asustado. Y es que, además, no hay ninguna razón científica para prohibirla, porque hay trabajos que dicen que sí y hay trabajos que dicen que no.

Antes era absoluto. Es decir: “Bueno, ya tienes hipertensión. No puedes

tomar sal nunca en tu vida". Después vinieron ya otros trabajos que demostra­

ron que no era cierto. Y ahora, cada uno piensa lo que le da la gana.

En general, com o todo, y sobre todo los elementos claves — azúcares, sales ... hay que tomarlos con moderación. N o hacer com o hacen muchas personas, que antes de probar el plato ya le echan sal. En los restaurantes, ponen sistemáticamente un salero y un azucarero. Es una cultura — ésta— que se mueve entre la sal y el azúcar. La obsesión y el miedo. Y, ante el plato; carne, sopa, lo que sea...

— ¿Y la sal?

— ¡Pero, hombre, espera a ver! Espera a ver a qué sabe.

— No, no, es que a m í me gustan las cosas saladas.

— Bueno, pero es que no puede ser todo salado, hermano. Tú prueba a ver. — Está picante.

— Bueno, pues disfruta del picante, del agrio, del ácido, del dulce... Hay otros sabores, ¿no?

Sobre todo, quitar la obsesión por la sal a toda hora.

En Tian, por ejemplo, habituaimente tenemos un salero en la cocina, pero procuramos echar la menor sal posible; porque pensamos que se debe emplear de esa manera de forma natural, para que pueda comer todo el mundo, tenga enfermedad o no tenga enfermedad. Y es bueno emplearlo así. Hay cosas que necesitan sal, pero nunca va a estar el alimento salado. Siem­ pre es mejor, a la hora de preparar el alimento, que tenga poca sal. Si alguien lo quiere más salado, pues se le da el salero y que la eche él.

Pero, volviendo a nuestro paciente, no prohibirle en absoluto la sal, sino que la use razonablemente y procure usarla poco. Pero puede usarla; no pasa nada el día que la use.

Referente a los medicamentos que pueda estar tomando, en general, hay que hacer com o se hizo con el paciente psiquiátrico: que se lo controle su médico de cabecera. Y poco a poco, en la medida en que se vaya tratando y su tensión vaya normalizándose, probablemente podemos retirarle algún fármaco.

Ha habido pacientes — y hay pacientes— que, en cuanto han cambiado su estilo de vivir, su tensión arterial se ha vuelto normal; con lo cual se ve claramente que tienen relación. N o en todos los casos ocurre esto, pero sí tienen que ver.

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En la medida en que se eliminan factores de riesgo — el estrés, el insom­ nio, el alcohol, el tabaco, la polución— ... se está modificando un poco su vida. Es decir, que si ya no usa sal así; si procura quedarse con un poco de hambre — con lo cual el colesterol se va normalizar— ; si toma, en vez de diez tazas de café, dos...

El café lleva cafeína. La cafeína es un estimulante. El estimulante aumenta el ritmo cardíaco, y la presión.

Podemos cuidar el estilo de vida y, en vez de tomarnos un café, nos tomamos una infusión. A lo mejor no es tan estimulante, claro, pero de diez cafés al día, podemos dejarlo en dos. Además, el café — com o cualquier otra cosa— hay que saborearlo, hay que disfrutarlo. Y no es un estimulante per­ manente; estimula hasta un determinado punto. Después ya no estimula; ya es una adicción.

El sujeto debe regular el consumo de alcohol, café, tabaco... A veces, estos elementos se utilizan com o elementos sociales convivenciales: hay fumadores sociales, hay 'cafeteros' sociales, hay alcohólicos sociales, lis una forma de relacionarse: “ ¡Hola!, ¿qué tal? ¿Cómo estás? ¿Un café?"... "Ilola, ¿que

tal? ¿Tepongo una copita de brandy?"... "¡Hola, ¿qué tal?, ¿un cigarrillo?"...

Son hechos sociales que ya se han incorporado com o mecanismos de comunicación. Y, bien, no hay ningún problema; el asunto está en la dosis. Es decir, una cosa es fumarse un cigarrillo de vez en cuando, y otra cosa es empalmar un cigarrillo con otro. Hay personas que fuman tres, cuatro paque­ tes de tabaco al día, se toman veinte cafés y media botella de vodka. ¡Va a explotar!... Es cuestión de esperar un poco.

Si se sabe disfrutar de ese alcohol en un m om ento determinado, de ese cigarrillo en un m om ento determinado, o es apropiado ese café para charlar, no hay que prohibirlo. Es decir, que ese es un pequeño cambio de vida que no prohíbe el hecho, sino que lo regula: “Bueno, usted tómese el café cuando

realmente le apetezca".

Sí se le puede sugerir a la persona — no sólo ya a la que tenga hiperten­ sión, sino a cualquiera— que esos factores de riesgo los use moderadamente o no los use. Si no los usa, mejor, pero si los usa — que es probable que alguno de ellos use, de vez en cuando— , que lo utilice con cierta prevención para que no esté — sobre todo— atado a ello. Eso es lo peor: cualquier cosa a la que estemos atados; o las cosas nos tengan sujetos. ¡Malo, malo! Ya nos han puesto en la cárcel. Hay que procurar no tener dependencia de nada.

¿Que hay que tomarse un café?... Oye, pues me tom o un café. ¿Que el ambiente está para sentarme y tomarme una copa, y hablar con la per­

sona? ¡Estupendo! El alcohol nos facilita la comunicación, a veces, y nos viene bien. Pero en una cierta medida.

Es cuestión de introducirle al paciente un poco de sensatez, no prohi­ bición. Porque las prohibiciones crean mayor consumo. Primero. Y segundo: las prohibiciones crean — a nivel del ánimo— sensación de pecado, sensación de malestar. En cambio, si ese paciente hipertenso me dice:

— No, claro. Yo no puedo beber, no puedo fumar, no puedo tomar café.

— ¿Por qué no?

— ¡Ah! ¿Sí puedo?

— Sí. Pero, bueno, con cuidado.

— ¿Puedo tomarme un café por la mañana?

— ¡Claro!

— ¡Ay, doctor! Es usted mi padre. O sea, ¿puedo tomarme un café? ¡Si me lo había prohibido el cardiólogo!

— ¡No, hombre! ¡Tómese un café! Disfrute. Eso sí: que sea buen café. No se tome una mierda de café, de esos café torrefactos, negros, presionados, quemados... No, no. Café natural. Tómese un buen café.

—Bueno, y además me han quitado el cigarrillo.

— ¿Por qué? — ¿Puedo fumar? — ¿Cuánto fuma usted?

— No, yo me fumo 3 o 4 cigarrillos al día.

— Disfrútelos. Fúmeselos. Le va a sentar estupendamente.

—Pero el tabaco es malo.

— Depende; depende de dónde lo fume, de cómo lo fúme...

Hay un abismo entre la prohibición y este planteamiento. Enton­ ces, ese paciente ve cóm o ya se le quita el sentido prohibitivo, el sentido de minusvalía...

— Y bueno doctor, tampoco puedo beber, ¿no?

— ¡Sí! De vez en cuando te tomas una copita de vodka o un whisky. Es estu­

pendo para el corazón, un 'whiskicito' por la tarde, con una buena compañía.

¿Por qué no te vas a tomar un whisky? ¿Cuál es el problema? ¿Pero quién ha dicho que es malo? O una copa de vino... Pero el problema es que dependa de la copa de vino, dependa del tabaco, dependa del café... ¡Eso sí que es malo! Para la tensión, para el corazón, para la vida... Tú, no dependas

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de nada. Pero puedes lomarte un whisky tranquilamente; no pasa nada. Al revés: muy bien.

Yo he tenido problemas — a veces— con algunas esposas, porque, claro, viene el marido y ...

— Doctor, me ha dicho mi esposo que usted deja beber.

— ¡Chéeee! Le he dicho que puede tomar un vaso de vino para las comidas; de buen vino. ¡Un vaso de vino! No cinco vasos de vino. Eso ya lo ha puesto él de su cosecha.

En general les puedo decir que, cuando nosotros aconsejamos a un paciente, de forma natural, el paciente lo coge muy bien. Suele ser discipll nado — en general— , com edido... Y cuando le decimos: "Puede usted fumarse

su cigarro, ¡pero, hombre, un poco de sentido común!", mejora sólo con el hecho

de que le quitamos la prohibición. Pero le hacemos ver que, bueno, con cui­ dado. También el agua en exceso es peligrosa.

"Todo, en exceso y fuera de lugar, es peligroso" — com o sistema gene­

ral de salud— . Pero, normalmente, los pacientes hipertensos están sometidos a miles de prohibiciones, a miles de... " Y tiene que hacer ejercicio. Pero el ejerci­

cio hay que hacerlo por la noche o por la tarde". No. El ejercicio hay que hacerlo

— moverse un poco— porque si estás quieto el corazón no va bien. Lo normal es hacer un poco de ejercicio. Pero no para correr la maratón. No. Algunos se quedan — “¡pá!"— tiesos, corriendo. ¡Qué forma más triste de morirse!

Hay que recurrir al sentido común. Es decir, hacer un poco de ejercicio. Tener un relativo cuidado con la dieta: tener la sal no muy cercana; el café, el alcohol y el tabaco justo. O nada. Pero porque salga de la propia persona. N o que lo viva com o una prohibición, porque a veces la prohibición crea más estrés que el daño que puede provocar el café, el tabaco o el alcohol.

Por ejemplo ahora, en los aviones, com o han prohibido fumar, ¡hay una violencia terrible! La gente bebe tres veces más y llegan al sitio, borra­ chos.

¡Vaya problema! Hay violencia. Están enseñando kárate a las azafatas. Llevan esposas para atar a los pasajeros. ¡Eso no pasaba antes! ¡Eso no es nor­ mal!

Y seguro que tiene mucho que ver con la prohibición del tabaco, pero no porque el fumador sea violento, sino por el hecho de prohibir. "Está prohi­

bido"... y te encierran en un sitio, com o un avión, y el que está acostumbrado

a darle al cigarrillo, de repente no hay posibilidad... Esa persona va a decir: " Dame un whisky... dos... tres... cuatro... cinco...". ¡Bum! Borracho. Claro, llega a Caracas, llega a Helsinki, borracho. A la aduana. ¡Imagínense qué espectá­ culo!, ¿no?

Todo lo que conlleva prohibición, conlleva una rebeldía. O sale por otro lado algún problema. Antes no había esos problemas en los aviones. Ahora... Es que a veces ha habido que volver con el avión a otro sitio y dete­ ner al pasajero. Circunstancias que estoy seguro de que tienen mucho que ver con el hecho de prohibir. Y, curiosamente, está prohibidísimo fumar; en cambio, no está prohibido beber. Le dan todo el alcohol que quiere. Nada de:

— No, yo le sirvo a usted dos whiskies, no más.

— Quiero más.

— No hay más. ¡Y ya está! No hay más.

Entonces, se enfadará, pero no se emborrachará. En ese sentido, nues­ tra sociedad es muy hipócrita: prohíbe una cosa pero te permite la otra...

"No, usted no puede fumar, pero puede beber todo lo que quiera”. ¡No sé qué es

peor! Ni una cosa ni la otra; déjeme que tenga una flexibilidad.

Y, volviendo a los pacientes, van a ser personas que les van a llegar con relativa frecuencia. Es importante que haya esa mentalización. N o toquen, en principio, la medicación. Déjenla; ya la regulará. Y, sobre todo, atiendan a que el estilo de vida se modifique en algunas cosas; en algunas pequeñas cosas. Eso va a ser m uy eficaz.

Y pasamos al tratamiento.

Tratamiento de hipertensión esencial:

A la hora de establecer el tratamiento, ya específicamente, vamos a actuar primero en:

• 20VB, Feng Chi, Estanque de los vientos.

Para prevenir las posibles complicaciones cerebrales y para actuar sobre la circulación del viento — para que no sea excesivo— . En dispersión. Se puede masajear en dispersión, o se puede punturar en dispersión. N o moxar.

Después, vamos a alternar:

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• 70. Sheii Men, Puerta del espíritu; ü u i Chong, Alegría en

conformidad con el cielo y en concordancia con los hombres de una manera dulce y juiciosa, punto Tierra, con

6C: Yin Xi, Límite del Yin; Shi Gong, La piedra sonora del templo

de fade, punto Xi.

Para favorecer el ritm o cardíaco y evitar la "hipertrofia” del corazón — es decir, que el corazón se haga demasiado grande— .

Esa puntura se hace en tonificación, en dirección hacia 4C, Ling Dao, ruta del espíritu. Se puede masajear y se puede también moxar.

Después,

• 12RM, Zhong Wan, Granero central.

Para regular la humedad y evitar el estancamiento de la flema. Se pue­ den aplicar los tres elementos: moxa o masaje o puntura. En tonificación.

• 36E, Zu San Li, Divina indiferencia terrestre.

En tonificación, para evitar — igualmente— el estancamiento de la humedad. Y trabajar a distancia, puesto que el canal de estómago nos va a ocupar parte de la dinámica cardíaca, y esto nos va a favorecer la circulación

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