la sucesión de paisajes monumentales
La sierra que se extiende desde la cabecera del Eume hasta el cabo de Bares, llamada Faladora en su extremo S y Coriscada en el N, presenta gran abundancia de monumentos tumulares, conocidos desde principios de siglo gracias a la ingente labor realizada por F. Maciñeira, quien a lo largo de varios años, y en diversas ocasiones, tuvo la oportunidad de recorrer esas tierras de la que fue su comarca natal. Ya en sus primeras publicaciones comenta la profusión de túmulos en la zona (Maciñeira 1929: 6-7); posteriormente reunirá todos los datos referentes al fenómeno tumular en la comarca de Ortegal en una de sus obras más conocidas: “Túmulos prehistóricos. Inventario
descriptivo de los doscientos ochenta y seis túmulos prehistóricos hasta ahora descubiertos en la avanzada comarca del cabo Ortegal” (Maciñeira 1943/44).
Pero sus observaciones pormenorizadas sobre los túmulos de las sierras Faladora y Coriscada no verán la luz hasta después de su muerte, en el año 1947, cuando se publica “Bares. Puerto hispánico de la primitiva navegación
occidental”; en esta obra, en el capítulo titulado “El solar de la tribu y el camino hacia el mar”, Maciñeira nos narra su periplo por el antiguo Camiño Real que atraviesa longitudinalmente las dos sierras, enumerando y
describiendo las 87 mámoas que divisa desde su “cabalgadura”.
Los datos suministrados por este investigador fueron revisados con posterioridad por otros autores (Bello et al. 1987) en un trabajo más general sobre el Megalitismo de la provincia de A Coruña en el que, además de las características morfológicas generales de los túmulos, se revisan las relaciones entre éstos y la geología, es decir, se presta atención al sustrato sobre el que se asientan directamente los yacimientos, la proximidad a la materia prima y el gasto de energía invertido en la erección de los monumentos, y se valoran los usos del suelo, para concluir que las comunidades que allí se enterraban “mostrarían un ejemplo bastante extremo de adaptación al medio” (Bello et al. 1987: 53); finalmente, valoran la vinculación entre los túmulos y los caminos (1987: 111-112).
Posteriormente otros investigadores (Fábregas y Suárez 1991) reunieron y revisaron los materiales procedentes de la excavación del túmulo 87, realizada por F. Maciñeira, que permanecían olvidados en la Facultad de Historia de la Universidad de Santiago.
En el verano de 1996 tuvimos oportunidad de realizar una prospección arqueológica en el extremo N del cordal montañoso, en la sierra de Coriscada, para elaborar el estudio de Impacto Arqueológico de un Parque Eólico98. Teniendo en cuenta el interés de los resultados de éste trabajo y el tiempo
98
Dicho estudio fue realizado por el Grupo de Investigación en Arqueoloxía da Paisaxe de la USC por solicitud de la ingeniería Gestenga, S.A. Con posterioridad se realizó un Control y Seguimiento de las obras de construcción del parque, solicitado en este caso por la empresa promotora Gamesa, S.A.
transcurrido desde la última revisión conjunta de los monumentos (Bello et al. 1987), nos propusimos comprobar la existencia de todos ellos ampliando el área de estudio hasta el extremo S de Faladora99. La densidad de poblamiento en los extremos de la sierra, es decir, en la periferia de la cubeta de As Pontes de García Rodríguez y en las inmediaciones del cabo de Bares, nos llevó a desestimar el trabajo de campo en esas zonas, limitando el trabajo de campo al sector que queda comprendido entre el alto de O Caxado por el S y Pico
Galiñeiro por el N, o lo que es lo mismo, entre las medoñas que Maciñeira
(1947) numera de 16 a 78, por lo que se consideraban un total de 62 túmulos. De estos fueron localizados 54, a lo que hay que añadir 6 nuevos yacimientos tumulares no incluidos en el catálogo de Maciñeira, aunque alguno ya quedaba allí apuntado como posible pero dificil de verificar en su momento debido a la espesa vegetación con que él lo vio.
En primer lugar revisamos toda la bibliografía existente, plasmando los datos allí recopilados en la cartografía a emplear en los trabajos de campo. Dicha cartografía sirvió también para realizar un análisis cartográfico y toponímico que facilitara la comprensión del paisaje y permitiera definir posibles vías naturales de tránsito o elementos señeros a los que pudieran estar vinculados los túmulos.
En una primera fase del trabajo se procedió a seguir al pie de la letra los pasos de F. Maciñeira para documentar la existencia de túmulos, y simultáneamente se inspeccionaron otros sectores del terreno en los que el análisis cartográfico y toponímico había anticipado la posibilidad de que existiesen monumentos por disponer de condiciones favorables para el emplazamiento de éste tipo de yacimientos; con los datos obtenidos en ésta fase elaboramos el inventario de yacimientos en el que se basa nuestro análisis100, en el que hemos considerado observaciones de Maciñeira imposibles de realizar en la actualidad porque el paso del tiempo ha contribuido a modificaciones tanto en el paisaje como en los túmulos. En una segunda fase se visitaron todos los túmulos localizados a fin de realizar un análisis de intervisibilidades que más adelante detallaremos.
Pasaremos a continuación a analizar el relieve de las sierras (apartado 3.5.1), expondremos las principales vías naturales de tránsito que por allí discurren (apartado 3.5.2), los datos arqueológicos que han sido documentados (apartado 3.5.3), analizaremos el emplazamiento de los yacimientos en función de los factores definidos con anterioridad (apartado 3.5.4), para finalizar con el sistema de organización espacial del fenómeno tumular en estas sierras (apartado 3.5.5).
3.5.1. El espacio: análisis geográfico
Las sierras de Faladora y Coriscada se localizan en el ángulo NE de la provincia de A Coruña (Fig. 1), y se dividen administrativamente entre los términos municipales de As Pontes de García Rodríguez, Ortigueira y
99
Para ello fue presentado el correspondiente proyecto de actuación arqueológica en la Dirección Xeral de Patrimonio Cultural de la Consellería de Cultura e Comunicación Social de la Xunta de Galicia.
100
La equivalencia entre el numero asignado a cada túmulo en adelante, el código de nuestra base de datos, el topónimo y la numeración dada por el investigador de Ortigueira en “Bares...”, puede verse en la tabla incluida en el Apéndice II.
Mañón101. Ambas constituyen una dorsal montañosa que se extiende aproximadamente en dirección S-N, desde la zona septentrional de la cubeta sedimentaria de As Pontes hasta el cabo de Estaca de Bares; ocupan algo más de 30 Km de largo y su anchura oscila entre los 4 y 5 Km. Su topografía es accidentada, alcanzado su cota máxima en el extremo S, en O Caxado (752 m.s.n.m.), en cuyas inmediaciones la altitud media ronda los 600 m; en su extremo septentrional, conocido como sierra de Coriscada, la altitud oscila entre los 521 m del Alto de Coriscada y los 350-400 m al N del mismo (Fig. 37).
Litológicamente están formadas por estrechas bandas paralelas de pelitas con dirección NNE-SSW y, en menor medida, areniscas y cuarcitas; ésta diferencia litológica ha determinado que los procesos morfogenéticos originaran “un relieve rejuvenecido con crestones (...) sobresaliendo sobre el horizonte” (Pérez 1982: 62), en el que hemos distinguido tres regiones fisiográficas:
• Una zona de cumbres de relieve irregular en la que alternan prominentes elevaciones rocosas y estrechas zonas llanas más bajas, unidas mediante suaves pendientes.
• Un sector de pronunciados escarpes a ambos lados del cordal montañoso.
• Y finalmente, fuera ya del área de estudio, a E y W, unos valles bastante encajados. Los valles de los ríos Mera y Baleo (que desembocan en la ría de Ortigueira) y el río Ponte da Pedra (subsidiario del Eume) conforman el límite occidental, mientras que por el lado oriental discurre prácticamente de N a S el río Sor.
En nuestro análisis nos centraremos en la zona de cumbres, en la que como ya hemos indicado se suceden promontorios rocosos con zonas llanas y/o de suaves pendientes, es decir, hay una alternancia de unidades geográficas de distinto tipo: convexas, llanas y cóncavas; pero a fin de no reiterarnos serán descritas al analizar el emplazamiento tumular.
El poblamiento es escaso en las tierras altas, documentándose apenas media docena de aldeas y caseríos. Esto ha motivado que la mayor parte del terreno se encuentre inculto, con vegetación de monte bajo, que únicamente es aprovechado de manera extensiva como pasto para el ganado vacuno y equino que vive allí en régimen de libertad. En los últimos años la maquinaria agrícola ha posibilitado que algunos terrenos hayan sido trabajados, pero su dedicación sigue siendo el pasto para animales; también el afán actual por recuperar la masa arbórea ha llevado a algunos organismos oficiales a proceder a la repoblación con pino de algunas áreas de la sierra. Las condiciones de poblamiento y explotación del medio que acabamos de exponer han hecho posible que los monumentos tumulares erigidos en esas sierras se conserven en estado óptimo en la mayoría de los casos, aunque en otros son esos mismos factores los que producen alteraciones y destrucciones, como pudimos comprobar durante el trabajo de campo.
101
Parroquias de S. Mamede das Pontes y S. Xoán do Freixo del ayuntamiento de As Pontes de García Rodríguez; S. Xulián de Loiba, S. Xulián de Céltigos, S. Salvador de Couzadoiro, S. Cristovo de Couzadoiro, S. Sebastián de Devesos y Sta Mª das Neves del término municipal de Ortigueira; y Sta. Mª de Mogor, S. Cristovo das Ribeiras do Sor, Sta. Mª de Mañón y S. Mamede das Grañas do Sor del ayuntamiento de Mañón.
Por otra parte, el tipo de vegetación, de monte bajo con especies arbustivas y herbáceas, parece no haber evolucionado significativamente desde el momento de la Prehistoria Reciente en que se desarrolla el fenómeno tumular, debido a unas “condiciones biogeográficas particulares”, igual que ocurría en Barbanza; así, las especies arbóreas de dicho período habrían visto limitada su instalación en las zonas superiores de estas sierras sublitorales, Coriscada y Faladora, debido a las condiciones climáticas concretas (frentes marinos, exceso de humedad,...); en su lugar el territorio se habría visto ocupado por “comunidades arbustivas e higroturbófilas” (Ramil y Fernández 1996: 47).
3.5.2. El movimiento en el espacio: líneas naturales de
tránsito
La vía que discurre por las sierras sigue “las partes más altas y despejadas de las cordilleras paralelas a los ríos, puesto que por los pies de sus sinuosas estribaciones orientales culebrea el Sor, profundamente encajonado”; es decir, tenemos una vía de tránsito por un cordal en el que “todo a lo largo de esa áspera vereda [...] van alternando en gran número las medoñas con los cruceros de piedra” (Maciñeira 1947: 34-35). Esa vía era llamada Camiño
Vello, Camiño Grande o Camiño dos Arrieiros (Maciñeira, 1935: 174 y 1947:
38) y estaba jalonada de enterramientos tumulares “especialmente del lado W de la áspera senda, en rellanos, en encuentros de pendientes opuestas, en una que otra parte cimera suavemente alomada [...] y raras veces en acentuadas laderas, formando en la mayoría de los casos agrupaciones de dos, tres, cuatro o cinco túmulos, que cuando más apartados se hallan de aquella no exceden de unos 300 metros, y esto aún escasas veces” (Maciñeira 1947: 40-41).
Las palabras de Maciñeira reflejan fielmente lo que cualquier viandante puede constatar al encaminarse desde As Pontes hacia Bares, trayecto en el que nos encontramos todo tipo de soluciones para solventar escollos en el desplazamiento, o lo que es lo mismo, todas las claves de tránsito definidas para las tierras altas. Destaca a lo largo de toda la sierra una sinuosa vía de tránsito por la zona de cumbres (Fig. 37), en general libre de encharcamientos, y que aprovecha en múltiples ocasiones los rellanos existentes al E de los crestones. A esas cumbres se llega también desde los laterales de la sierra por
dorsales de estribación que facilitan el acceso a la sierra desde el E y el W, y
que al unirse con las líneas de tránsito del cordal dan lugar a cruces, que en algunos casos coinciden con collados topográficos y en otros tienen lugar en zonas prominentes del terreno en cuyo caso, como veremos más adelante, no es extraño encontrar grandes concentraciones de túmulos; aunque creemos necesario destacar que todos los túmulos, tanto si forman parte de un grupo como si están aislados, se vinculan directamente a la red natural de tránsito. A fin de evitar reiteraciones, realizaremos una descripción más detallada de las vías naturales de desplazamiento más adelante, al analizar su vinculación con los monumentos tumulares.
3.5.3. Evidencias para el estudio: el registro
arqueológico
Como ya indicamos anteriormente, al comienzo de nuestro trabajo de campo en ambas sierras decidimos limitar el territorio de análisis a las tierras altas, dejando al margen las estribaciones de la misma por el N y el S; marcamos como límite meridional el O Caxado y como límite septentrional Pico
Galiñeiro, en la sierra de Solleiros (nombre con el que se conoce la
prolongación de Coriscada hacia Bares), ya que a partir de ambos puntos el poblamiento es bastante denso y la alteración del medio es fuerte (sobre todo en el istmo de la península de Bares, donde la “mina Sonia” ha hecho desaparecer parte del promontorio que conforma el cabo).
Durante los trabajos de campo logramos documentar un total de 60 túmulos (Fig. 37) de muy diversas características, desde pequeños túmulos térreos sin estructura de enterramiento visible en superficie, hasta grandes cámaras con corredor, o túmulos tipo cairn con estructura central tipo cista. La mayoría se corresponden con los documentados por F. Maciñeira, ya que como indicamos más arriba se trata de una zona escasamente poblada y con una explotación agrícola extensiva y escasa. De esos 60 yacimientos, sólo seis (nos 101, 102, 103, 104, 105 y 106) no habían sido catalogados por el ortegalés, aunque alguno de ellos quedaba apuntado como posible pero difícil de verificar en su momento debido a la espesa vegetación (estos son los nos 101 y 105). De los 54 coincidentes con la catalogación de principios de siglo, hemos verificado la destrucción de tres (nos 17, 18 y 26)102. Otros fueron imposibles de localizar; así, los nos 20 y 21 es muy posible que hayan sido destruidos por la actual carretera, los nos 58 y 59 eran de reducidas dimensiones y se encontraban en una zona que en la actualidad está densamente repoblada con pinos, de los nos 51 y 78 nada sabemos pero en sus respectivas zonas existen cortafuegos, los nos 62 a 64 se encuentran en una de las vías laterales de acceso a la sierra con abundante repoblación que dificulta su localización.
Tenemos constancia de la existencia de casi una veintena de túmulos en diferentes dorsales de estribación a la sierra, tanto en sus extremos N y S como en otras laterales, algunos de los cuales figuran en la cartografía sin numeración (Fig. 37) y no han sido incluidos en el Catálogo, aunque serán mencionados en el análisis cuando sea necesario103.
Finalmente creemos necesario indicar que no han sido documentadas evidencias de otro tipo de yacimientos arqueológicos en las sierras, ni grabados rupestres ni yacimientos de tipo habitacional de los constructores de monumentos.
102
La confirmación de la destrucción y su ubicación exacta se la debemos a los miembros del grupo “Federico Maciñeira” de ENDESA, a quienes agradecemos la información.
103
Esta decisión viene dada porque no son fruto de una prospección sistemática de los accesos a la sierra, sino que su existencia es conocida por nosotros gracias a referencias bibliográficas, otras catalogaciones parciales o informaciones facilitadas por los integrantes del grupo “Federico Maciñeira” de ENDESA.
3.5.4. Los yacimientos en el espacio: análisis de
emplazamiento
Como en las zonas antes analizadas, describiremos a continuación la vinculación existente entre los túmulos y los factores que parecen haber determinado el emplazamiento tumular en el territorio gallego; es decir, las vías naturales de desplazamiento (apartado 3.5.4.1), los elementos de la naturaleza (apartado 3.5.4.2), las visibilidades y percepción del espacio (apartado 3.5.4.3), y la tradición (apartado 3.5.4.4).
3.5.4.1. Yacimientos y movimiento
En términos generales todos los túmulos se encuentran dispuestos en el cordal, evitando las zonas de gran pendiente. Es en los cruces donde nos encontramos las mayores concentraciones tumulares, como es el caso de los túmulos nos 44 a 47 y 65 a 70, emplazados en amplios collados, o los grupos 30 a 33 y 35 a 40, localizados en zonas prominentes del terreno; en otras ocasiones las concentraciones en cruces son sustituidas por túmulos señeros por su gran volumen, como es el caso del nº 52; es decir, en algunos casos la monumentalidad numérica se ve sustituida por una monumentalidad volumétrica.
Son excepción al emplazamiento generalizado en el cordal los túmulos nos 17, 18, 102, 103 y 104 (que forman dos grupos) ya que se emplazan en sendas dorsales de estribación que facilitan el acceso a la sierra. Como ya hemos indicado anteriormente, estas rutas transversales han sido objeto de un estudio menos intenso, sin embargo creemos conveniente apuntar algunas observaciones. Los túmulos 17 y 18 marcan una vía que discurre hacia el E, donde se localizan otros monumentos jalonando la ruta104; en el punto donde ésta se une con la principal nos encontramos el monumento nº 19. Otro ejemplo de vía de ascenso/descenso con túmulos marcando el lugar donde el viandante debe desviarse lo encontramos en el Alto de Faladora; esta ruta, jalonada también por túmulos, aparece mencionada ya por F. Maciñeira (1947: 56). Ese mismo autor nos informa de otro ramal que parte del grupo de monumentos nos 65-70 (1947: 72-73) y que en su trayecto aparece igualmente flanqueado por monumentos tumulares. También el túmulo nº 71 parece indicar el lugar en que debemos desviarnos para descender hacia la costa de Ortigueira, donde nos encontramos con los monumentos nos 102 a 104 (en la dorsal de O Bíncalo).
Tenemos pues una vía natural de tránsito, atravesada en diferentes sectores por rutas transversales que conectan los valles del E y el W. Esto es, a una escala amplia, lo que se desprende de la relación entre tránsito y monumentos. Un análisis más exhaustivo de algunos grupos nos ha permitido realizar observaciones más precisas, pero dado que éstas están condicionadas por otros factores determinantes del emplazamiento tumular, especialmente percepción visual y elementos naturales, serán descritas más adelante.
104
La información sobre esta zona lateral a la sierra fue propiciada por los trabajos de Evaluación de Impacto Arqueológico, llevados a cabo por el Grupo de Investigación en Arqueoloxía da Paisaxe de la USC, de los Parques Eólicos de Bustelo y Muras, en 1996. A lo largo de 1999 se llevaron a cabo trabajos arqueológicos del mismo tipo en los Parques Eólicos de Coriscada II, O Caxado, Pena da Loba, Faladoira y Coto Teixido (todos en las sierras que estamos tratando), sin que se hayan localizado nuevos yacimientos.
Sin embargo, no queremos terminar este apartado sobre los desplazamientos por las sierras sin señalar que estas rutas están propiciadas por el propio terreno, y sólo posteriormente habrían sido materializadas como caminos tradicionales. Esta observación es necesaria ya que en los últimos años se ha valorado de manera notoria la relación entre caminos y túmulos (Bello et al. 1982, Eguileta 1994, Ramil 1997), propiciada precisamente por las observaciones realizadas por Maciñeira (1947) en estas sierras atravesadas por un camiño real. Esta vinculación entre caminos tradicionales y monumentos puede ser considerada válida si la correspondencia entre las primeras y las rutas naturales de desplazamiento tiene simplemente valor de
analogía débil; es decir, si consideramos el camino y las rutas naturales de
tránsito como fenómenos próximos pero diferentes, permitiéndonos la analogía establecer una correspondencia entre ambos, y mediante el primero percibir aspectos del segundo.
3.5.4.2.
Yacimientos y naturaleza
La naturaleza, y especialmente los afloramientos rocosos, parece haber jugado un papel importante en el emplazamiento tumular en las sierras de Faladora y Coriscada.
Destacaremos en primer lugar los crestones de filitas que surgen por toda la sierra; su orientación, al igual que la sierra, es en sentido casi N-S; y es al E de éstos donde en general han sido construidos los monumentos tumulares.