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a mayoría de los caracoles que viven en las lagunas, arroyos y ríos de la provincia de Córdoba (como también de otras provincias argentinas) pertenecen a especies que habitan el lugar desde hace muchos miles de años (en algunos casos más de 20.000). Están presentes en la región desde mucho antes de que llegara el hombre, habiendo convivido con animales que hoy están extinguidos, como los grandes megaterios o los tigres diente de sable. Por lo tanto han sido testigos involuntarios de los cambios ambientales que han tenido lugar a lo largo del tiempo geológico, habiendo sobrevivido a diferentes circunstancias, hasta llegar a las condiciones actuales. Desafortunadamente ningún caracol ha podido dejarnos un relato escrito de su vida, de sus impresiones, como para poder saber en qué condiciones del ambiente vivía, si las estaciones eran más cálidas o más frías que ahora, si las lagunas eran semejantes a las que se ven actualmente o si había más ríos y arroyos que los que hoy vemos por la provincia, si el paisaje cambió o sigue siendo más o menos el mismo. Solo nos dejaron como registro de su presencia las conchas que han quedado preservadas en los sedimentos de las lagunas, ríos y arroyos en los que vivieron. Esas conchas son los únicos elementos con que contamos los malacólogos para poder comprender cómo fue el ambiente en que el caracol vivió. ¿Cómo podemos hacer esto?Hay diferentes maneras de obtener información sobre el ambiente pasado a partir de las conchas de los caracoles. En primer lugar debemos saber que existen diferentes especies, y que las podemos identificar por la forma de su concha. Hay especies que exhiben conchas alargadas, planas o globosas, de tamaños muy pequeños que apenas pueden verse a simple vista hasta formas grandes y robustas, con diferentes colores y ornamentaciones. En nuestro país se han descrito un total de 102 especies de caracoles de agua dulce, de las cuales aproximadamente 13 se han hallado también fósiles. Hay que destacar que la información que existe para la provincia de Córdoba es relativamente pobre, habiéndose reconocido hasta el momento solo 13 especies vivientes, de las cuales solo unas pocas se encuentran también fósiles.
Cada una de estas especies habita diferentes cuerpos de agua, de acuerdo con la tolerancia que tengan a características particulares del ambiente. Hay algunas especies como Chilina fluminea que prefieren cursos de agua rápida (ríos y arroyos) y otras como Drepanotrema kermatoides que prefieren aguas quietas. Hay incluso especies que viven en ambientes muy raros como lo son las aguas termales o las cascadas. Por lo tanto, si conocemos el ambiente actual en el que cada especie vive podremos luego tener una idea de cómo fue el ambiente en el pasado (la disciplina que se ocupa de esto se denomina paleoecología). En las salinas del Bebedero (provincia de San Luis), que es un ambiente extremo de aguas salinas y muy somero donde actualmente no vive ninguna especie de caracol, se registran fósiles de especies que hoy en día viven estrictamente en ambientes de agua dulce. Esto nos permite concluir que la actual salina fue en el pasado un ambiente de agua dulce, probablemente un lago más profundo que el actual.
También podemos ir un poco más allá y predecir que probablemente hubo una mayor circulación de agua en toda la región, que habría estado relacionada a condiciones climáticas más frías que las actuales. Hoy en día sabemos que cuando en una laguna hay mucha evaporación (por ejemplo debido a un aumento de la temperatura), se concentran las sales y se vuelve salina.
Uno de los caracoles más comunes en los ambientes acuáticos de la provincia de Córdoba es Heleobia parchappii (Véase ficha técnica). Este caracol, que mide unos pocos milímetros de longitud, tiene la capacidad de vivir tanto en agua dulce como en aguas levemente salinas como las presentes en la laguna Mar Chiquita. De hecho es la única especie dulceacuícola de nuestro país capaz de tolerar aguas salinas, lo que lo convierte en un buen indicador de este tipo de ambientes en el pasado si está presente en concentraciones altas y sin ningún otro caracol asociado. Además de la laguna Mar Chiquita, ha sido hallado en abundancia en lagunas salinas de otras provincias argentinas como Laguna Llancanelo (Mendoza), Lagunas El Camino y El Cañadón (La Pampa). Es muy común encontrar en las riberas de estos cuerpos de agua enormes depósitos de conchas que son los que con el tiempo llegarán a constituirse en depósitos fósiles.
Actualmente, fósiles de esta especie se registran en los sedimentos del fondo de la laguna Mar Chiquita hasta una profundidad de 20 cm, indicando para ese momento condiciones salinas similares a las de la actualidad.
FIGURA 10. CONCENTRACIONES DE HELEOBIA PARCHAPPII. IZQUIERDA: CONCHAS DEPOSITADAS EN LAS MÁRGENES DE UNA LAGUNA SALINA ACTUAL.DERECHA: CONCHAS FÓSILES AFLORANTES EN LAS BARRANCAS DE UN RÍO.
Heleobia parchappii se presenta en muchos depósitos fósiles usualmente
acompañada de otros caracoles de agua dulce como Biomphalaria peregrina (Véase ficha técnica). En estos casos el ambiente pasado debió haber correspondido a una laguna o arroyo pero de agua dulce. Si bien H. parchappii es capaz de tolerar tanto agua dulce como levemente salina, no es el caso de B.
peregrina que solo vive en agua dulce. Una de las premisas básicas en
paleoecología es asumir que “el presente es la clave del pasado”. Por lo tanto siempre debe preferirse la explicación que responda a una situación que actualmente existe (en este caso que las dos especies conviven en agua dulce pero no en aguas salinas) a otras posibles causas como que B. peregrina pudo haber tolerado en el pasado salinidades algo más elevadas.
El estado de preservación de la concha nos brinda otra evidencia importante para conocer el ambiente en que el fósil se formó. Desde el momento en que un caracol muere, sus restos son sometidos a la acción de diferentes procesos que pueden llegar a alterar o incluso destruir la concha, siendo esta una de las principales razones por la cual siempre se encuentran menos caracoles fósiles de los que realmente estuvieron vivos. Así las corrientes en un río pueden arrastrar una concha a lo largo de muchos kilómetros hasta su sitio de depositación final.
También el pH del agua (si es ácido) o las algas microscópicas y hongos que viven en el fondo pueden desgastar la superficie de la concha. Estos mismos procesos
pueden seguir actuando a medida que la concha se entierra en el sedimento, debilitándola gradualmente, hasta su fosilización.
Todas estas alteraciones quedan registradas en la concha como marcas, roturas o desgaste y a partir de un estudio detallado de las mismas es posible reconstruir los procesos que llevaron a su fosilización (la disciplina que se ocupa de estudiar estas alteraciones se denomina tafonomía).
La identificación de los procesos responsables puede darnos un indicio del tipo de ambiente en que se produjo la alteración. Por ejemplo, si miramos bajo microscopio electrónico las marcas de desgaste que se producen en la superficie de la concha, podremos diferenciar aquellas originadas por procesos abrasivos (por ejemplo a causa de un transporte por corrientes) de aquellas originadas por disolución química. Esto nos permite saber si el ejemplar fósil que estamos analizando pudo haberse originado en el lugar en que lo encontramos o, por el contrario, fue depositado allí luego de sufrir un importante proceso de transporte. Esta discriminación es muy importante ya que para poder reconstruir un ambiente debemos primero estar seguros que los ejemplares vivieron allí. De igual manera, en base al grado de desgaste que se observe podremos tener una idea de la magnitud de la alteración, lo que se relaciona con la energía relativa del ambiente.
2 mm
FIGURA 11. BIOMPHALARIA PEREGRINA.IZQUIERDA:CONCHA DE UN EJEMPLAR MODERNO PROVENIENTE DE UNA LAGUNA ACTUAL, DONDE SE PUEDE APRECIAR LA COLORACIÓN TÍPICA Y LAS LÍNEAS DE CRECIMIENTO. DERECHA: EJEMPLAR FÓSIL DONDE SE OBSERVA EL
DESGASTE DE LA SUPERFICIE A CAUSA DE PROCESOS DE DISOLUCIÓN, POR EFECTO DE LA ACIDEZ DEL MEDIO EN QUE SE DEPOSITÓ.
Otra metodología muy eficaz para reconstruir ambientes del pasado es el análisis químico del contenido de isótopos del oxígeno y del carbono presente en la concha de los caracoles. Los isótopos son formas de un elemento químico que se diferencian en el número de neutrones de su núcleo y, por lo tanto, en su masa atómica. En el caso del oxígeno, el isótopo más común es el que tiene 18 neutrones (18O), es decir dos más que el elemento en su forma neutra (16O). El oxígeno
presente en la concha de los caracoles proviene originalmente del oxígeno disuelto en el agua donde el caracol vivió. Por lo tanto, si durante la vida del caracol el agua estaba más enriquecida en 18O, esto se reflejará en la composición del oxígeno que
se preserve en la concha.
¿Para qué nos puede servir saber si el agua estaba más enriquecida en 18O en el
pasado? Porque esto nos estaría indicando que en el ambiente donde el caracol vivió hubo una alta tasa de evaporación (consecuentemente llovía menos) lo que se podría relacionar con un clima más seco. Lo contrario ocurre en casos de empobrecimiento en 18O (que indicarían condiciones más húmedas). Esto lo
podemos saber porque al ser el 18O más pesado que el 16O, tiende a quedar en el
agua cuando se produce la evaporación. Por el contrario, el agua con mayor concentración de 16O (más liviana) es la que se evapora. En las lagunas cerradas
como Mar Chiquita (es decir donde el agua solo se pierde por evaporación ya que no tiene arroyos efluentes) las alternancias entre la composición de 18O y 16O están
directamente relacionadas a las variaciones climáticas, lo que tiene una importancia enorme para reconstruir ambientes en el pasado.
Siguiendo con el ejemplo de H. parchappii y de acuerdo con lo discutido más arriba, sabemos que la presencia de abundantes depósitos fósiles de esta especie en un sedimento de tipo lacustre puede indicar un ambiente pasado levemente salino. Si además analizamos el contenido de oxígeno de las conchas de esta especie en estos mismos depósitos deberíamos hallar un valor enriquecido en 18O ya que
sabemos que en las lagunas la salinidad se incrementa con el incremento de la evaporación. De esta manera ya tenemos dos evidencias independientes que coinciden en la reconstrucción de un mismo tipo de ambiente. En paleoecología cuanto más líneas de evidencia independiente se tengan, más confiable es la reconstrucción del ambiente que podemos hacer.
En el caso del carbono se sigue el mismo razonamiento que para el oxigeno, pero en este caso se analiza la relación entre el 13C y el 12C. Sin embargo, la
interpretación es más difícil ya que los caracoles pueden construir su concha con carbono proveniente del agua o del alimento que consumen (plantas o microorganismos), dependiendo de la especie. En general la mayoría de los caracoles acuáticos utilizan el carbono disuelto en agua para construir su concha, con lo cual determinando el valor del carbono presente en las conchas fósiles podremos conocer el valor de carbono disuelto en el agua en que el caracol vivió y, de esta manera, tener un dato más sobre cómo fue el ambiente. La relación 13C/12C
se usa como un indicador de la productividad del ambiente. Cuanto más productivo es un ambiente (cuando más vegetación o algas presentan) sus aguas tienen menor contenido de 12C. Esto se debe a que las plantas y algas acuáticas toman
preferentemente 12C para realizar la fotosíntesis y por lo tanto sus tejidos están
dominados por 12C. Cuando las plantas mueren y se descomponen, se incrementa la
concentración de este isótopo en el cuerpo de agua. La productividad de un cuerpo de agua está relacionada directamente con el clima imperante ya que los ambientes productivos son más comunes en climas húmedos (y viceversa), por lo tanto, y al igual que en el caso del oxígeno, el análisis del carbono isotópico nos brinda otra importante herramienta para conocer la naturaleza de los ambientes del pasado. De acuerdo con todo lo discutido hasta aquí, se puede concluir que los caracoles de agua dulce resultan indicadores útiles para conocer la naturaleza de los ambientes desarrollados en el pasado. Sus principales aportes se pueden resumir en inferencias acerca del tipo de dinámica del ambiente (lacustres versus fluviales), profundidad, composición química (nivel de salinidad y pH) y productividad. Con todas estas inferencias locales se puede tener una idea aproximada de cómo fue el clima pasado que condicionó las características de los cuerpos de agua, y compararlo con las condiciones actuales a los fines de poder comprender la evolución natural de los mismos. En Argentina el estudio de reconstrucción de ambientes basado en caracoles dulceacuícolas se encuentra en sus etapas iniciales de desarrollo. Los pocos estudios realizados hasta el momento han sido llevados a cabo en la provincia de Buenos Aires y en el centro-oeste del país (Mendoza y San Luis), con lo cual aun falta conocer mucho más sobre otros ambientes como para poder hacer comparaciones regionales que permitan bosquejar modelos de climas del pasado. En particular para la provincia de Córdoba este tipo de estudios es incipiente aún, lo que abre una ventana de oportunidades interesantísimas para los futuros malacólogos.