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En concordancia con el enfoque cualitativo, así como con los intereses por llevar a cabo una propuesta de intervención con miras a la transformación de las prácticas docentes y a la cualificación de ciertos procesos en un grupo de niños frente a su rol como lectores, resultó coherente soportar la propuesta desde el método Investigación Acción, como un diseño orientado hacia la práctica educativa y que responde al objetivo general al que atiende la apuesta investigativa, la cual responde a la necesidad de resignificar la lectura, desde la exploración y apropiación del libro- álbum, género multimodal de gran complejidad semiótica en el aula y que, por ende, posibilita múltiples prácticas de lectura, amén de la construcción de sentido alrededor del proceso de lectura.

Es por ello que resulta ser un camino efectivo, en la medida en que toma distancia de la tarea de acumular contenidos sobre la enseñanza para pasar a comprender la realidad educativa a partir de la información que esta misma le arroja. Por tanto, al recurrir al análisis y la interpretación como estrategias de acción en el aula, el diseño elegido puede permitir en el camino tomar decisiones que beneficien la transformación de los hechos cotidianos que ameritan atención y solución, ya que

“[…] el objetivo prioritario de la investigación-acción consiste en mejorar la practica en vez de generar conocimientos…se pretende fundamentalmente, propiciar el cambio social, transformar la realidad y que las personas tomen conciencia de su papel en ese proceso de transformación” (Sandín, 2003, p. 34).

Otra característica fundamental de la Investigación-Acción es la de no establecerse sobre supuestos preconcebidos o verdades absolutas. En efecto, al estar destinada a resolver problemas de índole educativa, no se puede ver pervertida por creencias anquilosadas o por la reproducción de concepciones alrededor de la enseñanza y el aprendizaje, que defienden la misión emancipadora sobre la cual se establece cualquier aspecto educativo. Es así como, al disponer de la práctica como objeto de estudio, la cotidianidad y el contexto afectan y son afectados en doble vía; recurriendo a la voz de Sandín, la “[…] investigación construida en y desde la realidad situacional, social, educativa y práctica de las personas implicadas en las

preocupaciones, problemas, dificultades y luchas” (2003, p. 39), contienen en sí mismas toda posibilidad de transformación significativa sobre la cual deben instalarse las nuevas formas de enseñar y por consiguiente los nuevos modos de aprender.

Este diseño requiere de dos componentes primordiales: la reflexión y la crítica los cuales, al ser constantes, están implícitos antes (cuando se piensa la propuesta de intervención), durante (cuando se está desarrolla) y al final de todo el proceso investigativo (cuando se valora y retroalimenta lo vivido). Por esto, todo el proceso implica una formación permanente la cual, a partir de la problematización de aspectos específicos del diario vivir, ameritan una reflexión introspectiva en la que, incluso, los mismos participantes del espacio escolar pueden ver especularmente las situaciones que se entretejen allí, pues “[…] la investigación acción no es el estudio de lo que hacen otros, sino el de nuestras propias prácticas” (Sandín, 2003, p. 41); dicho de otra forma, es la posibilidad de vernos a nosotros mismos, de ponerle cara a las dificultades y de superarlas como estrategia de cambio favorable. Sin ellas no habría avance en los procesos de enseñanza y aprendizaje, puesto que cada ausencia detectada representa, en sí misma, una oportunidad de transformación necesaria y pertinente.

Sin embargo, para llevar a cabo en el aula un diseño cualitativo de investigación-acción se hace necesario, sobre todo para la etapa de recolección de información, acudir a algunos aspectos propios del diseño etnográfico, referidos a la utilización de ciertas herramientas que permiten enriquecer de manera adecuada el cúmulo de información que, a la luz de los planteamientos teóricos y de los propósitos, pondrán de manifiesto el impacto y los aciertos alcanzados con todo el montaje metodológico y la puesta en marcha de un accionar investigativo, guiado por la reflexión y la autocrítica. Así, pues, de acuerdo con algunos aportes hechos por Sandín (2003), entre las herramientas etnográficas a las que necesariamente se requiere acudir en diversos momentos de la investigación se encuentran las encuestas aplicadas a estudiantes y padres de familia, las entrevistas semi- estructuradas con distintos actores involucrados en el proceso, los diarios de campo con los registros de clase o situaciones de aula (y su descripción detallada de

sucesos relevantes) y las voces de los participantes en los momentos generativos de su acción escolar.

De igual manera, se realizó un análisis de las prácticas docentes relativas al proceso de la enseñanza de la lectura, y esto a partir de la observación directa del contexto, de las situaciones cotidianas y de los hechos que, relacionados con una explicación, hicieron evidente el campo de acción sobre la cual se delimitó el problema de investigación; de igual forma, se avanzó un análisis de soportes sobre algunas evidencias tales como los cuadernos de los niños, las guías aplicadas a los estudiantes, los productos materializados en los talleres, entre otros que surgieron en el camino.

De esta forma, al soportar el desarrollo de la propuesta alrededor del diseño de Investigación Acción, esta a su vez complementada con algunos elementos etnográficos, se respondió a la necesidad de transformar las prácticas de enseñanza, y se nutrió el quehacer docente, tanto como el proceso de formación de lectores en el ciclo uno. Lo anterior, condujo a pensar la planificación de una intervención en la que el desarrollo de experiencias innovadoras, guiaran a los estudiantes como protagonistas de su propio conocimiento y, a su vez, el docente como uno más que también aprendiera y se reinventara en el camino.

3.4 El taller como espacio de encuentro y estrategia poli-semántica: Una