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Andalucía Galicia España

1787 1860 1860 1860

Emigrantes/Año 22,8 847,0 2.464,0 14.223,0 Tasa Anual de Emigración

(x10.000) 0,1 2,9 13,7 9,1

% de la emigración 8,4 5,9 17,3 100 % de la población 18,0 18,9 11,5 100

Fuentes: para las licencias y pasaportes a América, véanse tablas anteriores. Los datos censales provienen de: INE: Censo de Floridablanca 1787, vol. 1: Comunidades regionales, Madrid, INE, 1987; JUNTA GENERAL DE ESTADÍSTICA: Censo de la población de España... de 1860, Madrid, Imprenta Nacional, 1863. Elaboración propia.

Del total de pasaportes emitidos en Andalucía en 1860-

1861, la mayoría tenían como destino América. Estos representan

por entonces un promedio de 884,5 pasaportes/año con este

destino, lo que supone haber incrementado en 37,0 veces el

número anual de licencias de embarques emitidas en el periodo

1765-1824 (22,8/año). También pero en mayor medida esto lo

hemos constatado para el conjunto del país, cuyo coeficiente de

incremento alcanza en este caso 53,1 respecto al periodo anterior

promedios emigrantes/año entre 1787 y 1860 superan

ampliamente al crecimiento demográfico intercensal para las tres

unidades de estudio, siendo en el caso de la población andaluza de

1,6.

En función de ello, estimamos que el crecimiento

demográfico no resulta una variable explicativa absolutamente

suficiente, o al menos no parece haber una correspondencia lineal

y directamente proporcional entre crecimiento demográfico e

incremento de la intensidad migratoria.

Existe una creciente propensión a emigrar a América en

mayor medida que antes, también si discriminamos

estadísticamente el efecto del crecimiento demográfico

contemporáneo en el incremento de los volúmenes. Así se

corrobora a la luz de las tasas de emigración anual por 10.000

habitantes. Pasar de una tasa del 0,1 al 2,9 supone multiplicar

unas 30 veces los valores iniciales (rango de incremento similar

arrojan las tasas del conjunto español).

Ahora bien, el retroceso se observa en la importancia

relativa que tienen los pasajeros andaluces frente al conjunto de

aportes regionales españoles. El porcentaje de emigrantes

andaluces decrece en el segundo tercio del XIX, pasando del 8,4 %

incrementa ligeramente el peso demográfico de la región en el total

de la población española, el comportamiento recesivo del indicador

migratorio está mediatizado por el hecho de que nuevas regiones

se están sumando con fuerza a la corriente americana, con un

ritmo de crecimiento superior al que muestra Andalucía. En

cualquier caso, lo destacado es que para ambos momentos

históricos el aporte andaluz se presenta sistemáticamente por

debajo de su peso demográfico. Situación opuesta a la que refleja

la tabla para Galicia.

En resumen, estimamos que pueden interpretarse como

indicios de que en el segundo tercio del XIX ya se están gestando

ligeros cambios en las pautas migratorias de la región, si

atendemos a la tasa de emigración que cuantifica la frecuencia del

recurso a la emigración entre los andaluces. Ahora bien, la

comparación con otros espacios emigratorios, como el gallego al

final del periodo, nos permite adjetivar como menos importantes

esos incrementos positivos. Esta comparación sitúa los valores

andaluces también por debajo de la media española. Todo ello no

permite afirmar que exista una neta vocación emigratoria en la

no se ha decantado por su futuro papel de proveedora de trabajo a

mercados externos.135

Los focos de emigración en el periodo isabelino

Si queremos seguir abordando el estudio desde una

perspectiva diacrónica, esto es, la evolución en el tiempo del

fenómeno emigratorio exterior en Andalucía, los datos disponibles

nos obligan a circunscribir, como hemos dicho, la comparación a

los destinos americanos, que, haciendo de la necesidad virtud

quizás, es el marco de referencia exterior que hemos elegido en

nuestra investigación. En esta ocasión podemos también establecer

una tabla de los orígenes provinciales para 1765-1824 y 1860-

1861, con todas las salvedades ya indicadas en el tratamiento a

efectos comparativos de la información obtenidas de las licencias y

los pasaportes respectivamente. La unidad provincial de estudio

viene determinada por la presentación de los datos en el Anuario

de 1860-1861.136

135 Esta afirmación en cualquier caso debe corroborarse en un estudio de los saldos migratorios netos de la región, lo que hemos hecho en otro lugar.

136 Como es sabido, la planta provincial es creación del Estado liberal del segundo tercio del XIX; en las licencias de época colonial constaba el municipio de naturaleza, lo que en sí no es un problema para identificar la provincia posterior en la que se integraría; ahora bien, en diecisiete ocasiones se expresó genéricamente como naturaleza “Andalucía”, lo que si bien resulta interesante en [Cont.]

Como dijimos más arriba, a escala regional se registra un

incremento de la emigración anual a América entre los datos de

1787 y de 1860. Este cambio es visible en comparación con el

mismo indicador del siglo XVIII, aunque en modo alguno podemos

considerarlo destacado en comparación con las medias anuales de

otras regiones en esos años (véase Galicia) o de la propia corriente

cuanto a un estudio sobre los marcos identitarios regionales en el Antiguo Régimen, no podemos incluirlo en una distribución basada en el más delimitado ámbito provincial.

Tránsito en las pautas provinciales. (I) Hacia 1787* Provincia Emigrantes /Año % emigrantes Población % población Tasa Anual de emigración (x10.000) Almería 0,1 0,5 161.963 8,8 0,0 Cádiz 12,8 56,0 306.004 16,5 0,4 Córdoba 0,9 4,0 249.799 13,5 0,0 Granada 2,0 8,8 269.779 14,6 0,1 Huelva 0,8 3,6 118.450 6,4 0,1 Jaén 0,6 2,6 193.986 10,5 0,0 Málaga 2,2 9,8 246.830 13,3 0,1 Sevilla 3,4 14,7 303.346 16,4 0,1 Andalucía 22,9 100,0 1.850.157 100,0 0,1

* Año del Censo de Floridablanca (1787).

Fuentes: el número de licencias provinciales pertenecen a MÁRQUEZ, R.: "La emigración española a América en la época del comercio libre (1765-1824): El caso andaluz", Revista complutense de Historia de América, n.º 19, 1993, p. 242. Los datos censales provienen de: INE: Censo de Floridablanca 1787, vol. 1: Comunidades regionales, Madrid, INE, 1987

andaluza un par de décadas más tarde. Hay que tener en cuenta,

eso sí, que en ambas tablas no se recoge la emigración al norte de

África, que hacia el siglo XIX tendería a mostrar una tendencia en

ascenso desde provincias orientales de la región y desde estos

primeros momentos en especial desde Almería.

Junto a este aspecto que esboza algunos cambios

cuantitativos respecto a los perfiles migratorios de la época de la

España ilustrada, encontramos no obstante ciertas continuidades

en la composición provincial del origen de los emigrantes. Las dos

tablas nos muestran ciertos elementos de continuidad con el

Tránsito en las pautas provinciales. (II) Hacia 1860* Provincia Emigrantes /Año % emigrantes Población % población Tasa Anual de emigración (x10.000) Almería 0,5 0,1 315.450 10,6 0,0 Cádiz 684,5 80,8 391.305 13,2 17,5 Córdoba 5,0 0,6 358.657 12,1 0,1 Granada 5,0 0,6 441.404 14,9 0,1 Huelva 2,0 0,2 176.626 6,0 0,1 Jaén 0,0 0,0 362.466 12,2 0,0 Málaga 77,0 9,1 446.659 15,1 1,7 Sevilla 73,0 8,6 473.920 16,0 1,5 Andalucía 847,0 100,0 2.966.487 100,0 2,9

*Pasaportes visados para América en 1860-1861 y censo de 1860.

Fuentes: JUNTA GENERAL DE ESTADÍSTICA DEL REINO: Anuario estadístico de España. 1860-1861, Madrid, 1862-1863. JUNTA GENERAL DE ESTADÍSTICA DEL REINO: Censo de la población de España... de 1860, Madrid, Imprenta Nacional, 1863. Elaboración propia.

panorama emigratorio entre ambas fechas. Para cinco de las ocho

provincias las cifras de emigrantes/año siguen siendo ridículas en

sendas tablas, dentro de un rango de 0-5 individuos. Por el

contrario, Cádiz, Sevilla y desde finales del XVIII Málaga

proyectarán su más destacada participación en el trasiego andaluz

trasatlántico también hacia el segundo tercio del XIX.

Estas tres provincias son de las más pobladas hacia 1860,

hecho que podría estar determinando su mayor aporte al flujo

migratorio por una simple asociación. Ahora bien, la población

granadina también está entre las más importantes de la época,

superando incluso el peso demográfico de la de Cádiz, situación

que sin embargo no se traduce en esta ocasión en un similar peso

en la corriente emigratoria a América (ni tampoco parece ser al

Norte de África todavía).

Ante ello, las tasas anuales de emigración nos pueden

confirmar o corregir lo hasta ahora dicho. En este caso, siguen

presentando a esas tres provincias con los valores más destacados.

Es más, esto es así no sólo respecto al resto de Andalucía, sino que

también este indicador revela en sendos casos incrementos

sensibles respecto al siglo XVIII. Y, aunque de nuevo debemos

recordar que hacia 1860 se está lejos de los máximos emigratorios

población gaditana, pero sólo a ésta entre las ocho, en un valor

equiparable e incluso superior al de la Galicia de entonces (17,5 y

13,7 por 10.000 hab. respectivamente).

Los gaditanos habían sido los titulares de la mayoría de

licencias de embarque de andaluces en el XVIII, y lejos de cambiar

esta situación se refuerza su peso relativo hacia 1860. Esto ocurre

en un marco demográfico en el que la provincia crece a menor

ritmo que el conjunto regional. En función de ello, el diferencial de

la tasa anual de emigración con respecto a la mayoría de las

restantes provincias y de la región es mucho mayor hacia 1860 que

antes.

Por el contrario, la vieja corriente sevillana, que incrementa

su promedio anual de una a otra tabla, lo hace pero en menor

medida que las otras dos provincias, lo que perfila una tendencia a

la pérdida relativa de peso en el flujo migratorio, que se continuará

en la época de la emigración en masa.

Por su parte, el puerto de Málaga se empezó a integrar en

las rutas que desde Barcelona a partir del decreto de libre comercio

de finales del XVIII y más tarde en las que incluso desde Italia se

establecerían hacia el Atlántico occidental. Esta provincia parece

datos de 1787 y de 1860, como se confirmará pasadas unas

décadas.

En virtud de todo ello, observamos que la corriente a

América está asistiendo a ciertos reajustes internos desde

Andalucía mientras se mantienen otros rasgos generales

heredados, aunque siempre sin dejar magnitudes modestas en

comparación con otras ciertas regiones españolas de llamada

“emigración temprana” contemporánea.

Podemos inferir de estos datos hasta ahora analizados que

la reproducción de anteriores intereses comerciales refuerza su

papel a la hora de determinar el origen geográfico de titulares de

pasaportes en 1860; componente antiguo junto a funcionarial que

pasa a primer término en las corrientes andaluzas con destino a las

nuevas repúblicas de Tierra Firme. El hecho de que aparte Cádiz y

Sevilla, titulares de viejas redes comerciales, también Málaga

refuerce sus indicadores coincide con la expansión en esta

provincia de cultivos netamente exportadores (viticultura). La

integración en los mercados internacionales en estas circunstancia

estuvo ligado, junto a la movilidad de bienes y capitales, también a

los flujos de información; en consecuencia, promueve o facilita la

movilidad humana al crear un acervo de conocimiento sobre

filoxera ponga fin en la década de 1880 a este primer ciclo

expansivo en el entorno agrícola del puerto de Málaga. Ese trasiego

de información de ida y vuelta incluía también clichés culturales

entre ambas orillas, de tal manera que hacia finales del XIX los

pagos malagueños y los jerezanos aparecían en la prensa de la

época como los únicos testigos andaluces de la laboriosidad de sus

habitantes; en estas zonas de la región, el gobierno de Argentina

primero, siguiendo la demanda de mano de obra entre otros de los

empresarios vitivinícolas mendocinos, pasará a canalizar su

campaña de reclutamiento a finales del XIX.

Si el comercio antecede en Málaga a la emigración, este

binomio sobra decir que está presente con especial asociación en

Cádiz. El incremento del papel emigratorio de Cádiz está

relacionado con la continuidad de las redes comerciales

preestablecidas ante de la independencia de las repúblicas

americanas. No hay que olvidar a su vez el reforzamiento de ese

tipo de relaciones mercantiles con las todavía colonias antillanas

(Cuba y Puerto Rico) como veremos al estudiar los destinos. El

nuevo marco político y comercial, con otros puertos competidores y

perdido gran parte de su papel como intermediario en la economía

imperial, sin embargo se acompaña en la economía del entorno de

exportadora como hemos señalado en el caso malagueño. A pesar

de ello de la recesión acusada en la actividad comercial de la

ciudad de Cádiz, el puerto seguirá sirviendo a las nuevas líneas

regulares y de bandera así como al trasiego de funcionarios del

Estado y sus familiares hacia los restos de territorio ultramarino

bajo soberanía española.

En el caso de Cádiz también hay que tener en cuenta otro

rango de factores que pueden estar interviniendo en el origen de

las fuentes aquí empleadas. Los datos sobre el origen del titular de

las licencias respondían a la pregunta sobre la naturaleza (lugar de

nacimiento, adscrito a una posterior provincia); ahora bien, menos

certezas tenemos sobre el origen de los ciudadanos con

pasaportes, que la estadística recoge como emitidos por Gobierno

Civil provincial. Se entiende que, en este último caso, la provincia

de expedición solía ser la de naturaleza o al menos la de residencia

habitual del solicitante, pero no hay que descartar que los

importantes puertos de embarques como Cádiz pudieran tramitar

peticiones de visados de individuos provenientes de otros lugares

que pasaban algún tiempo de espera en esa ciudad o por estar

radicados en ese lugar privilegiado para las actividades comerciales

en tanto que nodo de comunicaciones. A lo que debemos sumar la

administración colonial antes y después de 1800. Dicho esto, este

factor de naturaleza documental en tanto que ya estaba presente

en el XVIII como en el XIX no explicaría las sustantivas diferencias

evidenciadas en las cifras migratorias de Cádiz entre 1787 y 1860,

máxime cuando en aquella primera fecha el poder del puerto

gaditano en la región era aún más acusado estando reciente la

época del monopolio.

Estas eventuales precauciones debemos tenerlas en cuenta

a la hora de explicar la distancia que Cádiz adquiere en esta

estadística respecto a otras provincias en la expedición de

pasaportes, pero no debemos en conclusión olvidar el papel

endógeno de la emigración gaditana: los propios habitantes de

Cádiz y su entorno siguieron proyectando a lo largo del siglo XIX

redes personales y comerciales de carácter privado, desde antaño

tejidas con la otra orilla. Lejos la época de los privilegios en el

comercio con América, Cádiz y su provincia refuerzan su posición

relativa a expensas del retroceso de las otras provincias andaluzas,

a excepción de Málaga, cuyo puerto es también punto de toque de

líneas mercantiles entre el Mediterráneo y el Nuevo Mundo hacia

1860.

Entendemos, en definitiva, que las redes comerciales en

asociadas a las pautas migratorias o viceversa, ya protagonizando

el flujo de personas ligadas a estas actividades, ya precediendo

futuros contingentes migratorios cuando la crisis económica

expulse población de sectores ocupacionales distintos de la propia

ciudad y su entorno agrario. Al comerciante como protagonista de

una tipo de emigración heredada del XVIII se unirán el comercio

relacionado con la exportación de producciones locales como canal

de información y el puerto más cercano como materializador de

alternativas factibles para las masas potencialmente emigratorias

del entorno comarcal y provincial.

Participación provincial en la temprana emigración a América

A la luz de los datos de pasaportes, ciertamente se confirma

que casi la totalidad de los andaluces (90 %) que partieron hacia

Argelia en 1860-1861 procedían de pueblos de la provincia de

Almería.

Son datos que inopinadamente se les escaparon Cózar

Valero en su investigación sobre la emigración almeriense, y le

habrían aportado uno de los pocos referentes estadísticos para

pasajeros por mar en la década de 1880. En su estudio sobre la

emigración exterior de esta provincia, centrada en el periodo

posterior a 1880, Cózar Valero se tuvo que enfrentar antes que

nosotros con el raquitismo de las fuentes para el segundo tercio del

XIX.

“Argelia fue la única colonia francesa que llegó a

atraer uno de los contingentes más fuertes de emigrantes de

origen español. La conquista de este país por los franceses se

llevó a cabo durante el primer tercio del siglo XIX y según

palabras de sus políticos: la colonización debía resultar del

desarrollo de una agricultura suficientemente rica para atraer

capitales y fijar en el país a los europeos [...] En primer

lugar, intentaron poner en cultivo en Argelia una serie de

cultivos muy rentables como eran los tropicales, al igual que

se había hecho en las colonias americanas [...]

Posteriormente, entre 1861 y 1865 se procedió a cultivar

algodón [...]”.137

La investigadora parece advertir que los almerienses

pudieron constituir el tercer componente provincial por estas

fechas, después de alicantinos y baleáricos138 , si bien no aporta

evidencia estadística de esta afirmación, más allá de contenerse en

algunas sus otras referencias documentales como son las distintas

valoraciones de ensayistas de una época posterior.

A la luz de los datos de pasaportes, podemos decir que esta

provincia aportaba hasta las dos terceras partes de todos los

españoles con destino a Argelia hacia 1860-1861, lo que

representa un valor superior al estimado en su día por Cózar

Valero.

Así pues, estos datos, sin descartar por su concisión

cronológica un cierto riesgo de significado coyuntural, encajan en

esa tendencia a largo plazo de incremento del componente

almeriense en la colonia argelina, de tal manera que podría estar

señalando que el reemplazo en el origen provincial de los españoles

en el Oranesado se estaba gestando con dos décadas de antelación

a la de 1880139. De ser así, y cuando distintas crisis convergieron

en menoscabo de los principales sectores productivos de la

138 Antes de que, ya en la década de 1880, superaran a estos otros orígenes provinciales.

139 De hecho, los conocidos entonces como ataques “berberiscos” sobre los colonos españoles en el distrito del Oranesado, con un cierto impacto en la opinión pública española de entonces, fueron los detonantes de que el Estado emprendiera la hasta entonces aplazada elaboración de las Estadísticas de pasajeros por mar, a efectos de dotar a la Administración de un instrumento de conocimiento más cierto de un fenómeno social con nuevas dimensiones y características: la “fiebre de la emigración”.

economía provincial en las dos últimas décadas del XIX, estos

canales migratorios y sus redes familiares y de paisanaje se

extendían por distintas localidades y comarcas almerienses con

densidad suficiente como para vehicular un repunte masivo de los

contingentes con destino a la otra orilla del Mediterráneo. Para

entonces la emigración, y en primer lugar la de Argelia, formaba ya

parte del acervo de estrategias para afrontar la que sería conocida

como “crisis finisecular”.

Esta corriente argelina se mantendrá especialmente activa

entre destinos exteriores de los andaluces hasta que, a principios

del XX, se produzcan modificaciones en el mercado laboral de la

colonia francesa. Esto último coincidirá con el momento en que los

destinos americanos, en su apogeo como receptores de masas

migratorias de distintas regiones españolas, aparezcan como

destinos alternativos ante una parte de los almerienses.

A su vez, no sería descabellado pensar que viajar finalmente

a Argelia estuviera detrás del hecho de que los almerienses

también protagonizan las solicitudes de pasaportes para Francia,

donde la ciudad de Marsella actuaba desde entonces como puerto

preferencial para embarcarse con destino a la nueva colonia

Estos viejos lazos migratorios entretejidos desde estos años

del XIX no desaparecerán por completo, de tal manera que el “pied

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