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Chapter 3: Methodology

3.3. Coal Petrography

3.3.1 Sample preparation

En una carta que Santa Cruz dirigió a O'Higgins desde Lima, a raíz de la batalla de Yungay, propuso retirarse al otro lado del Desaguadero con las tropas de su mando quedando divididas las Repúblicas Sur y Nor-peruanas. Con fecha 28 de enero, también desde Lima, remitió Santa Cruz al prócer chileno unas bases para las negociaciones "que el gobierno de Chile pudiera entablar con el general Santa Cruz". Dichas bases decían en su artículo 1° que el aumento de las fuerzas de Gamarra haría luego de éste un peor enemigo de Chile que Santa Cruz. Y el artículo 2° expresaba lo siguiente: "En este estado se puede obtener que Santa Cruz desista de la Confederación, quedando independiente Bolivia y los estados del Sur y del Norte o reuniéndose el antiguo Perú como era antes del año 1836. El primer partido parece más conveniente para que no exista un gran poder rival de Chile que tarde o temprano será su enemigo que propenderá a la venganza". Estos documentos fueron encontrados por Vicuña Mackenna en la hacienda Montalván y publicados por él en 1878.

Por otra parte, y en contradicción con la actitud aquí revelada, Santa Cruz envió desde Lurín, apenas salido de Lima, una carta a Gamarra por medio de Echenique. La revelación de este doblez la hace el propio Echenique en sus memorias, sin conocer los tratos con O'Higgins, Santa Cruz propuso a Gamarra la unión de ambos contra los chilenos, dar por terminada la Confederación y establecer la amistad y el comercio entre Perú y Bolivia, "retirandose él de hecho a Bolivia con su ejército y entregándole el peruano que aún estuviera bajo sus órdenes poniéndolo a las órdenes del que él nombrara"-. Según Echenique, Gamarra aceptó, "pues, en efecto, está fastidiadísimo con los chilenos porque el sostenerlos era una carga muy pesada para él, a más de serle desagradable el estar sostenido por ellos". Pero casi de inmediato se supo que la Confederación se había derrumbado en el Sur.

LA SANCIÓN CONTRA LOS MILITARES QUE NO PARTICIPARON EN LA RESTAURACIÓN.

En Matucana el 25 de marzo de 1839, Gamarra y su ministro, Manuel de Mendiburu, dieron un decreto por el que borraron de la lista militar a una serie de jefes que habían participado en la Emancipación y en las jornadas de los primeros años republicanos. Fueron los grandes mariscales Guillermo Miller, Mariano Necochea, José de la Riva-Agüero y Blas Cerdeña; los generales de división Francisco de Paula Otero, Luis José de Orbegoso y Domingo Nieto; y los generales de brigada Manuel Aparicio, José Rivadeneira, Juan Pardo de Zela, Domingo Tristán y Pedro Bermúdez. Dejaron de ser considerados en la lista militar peruana los generales de Bolivia, Felipe Braun, José Ballivián, Ramón Herrera, Francisco Burdett O'Connor y cualesquiera otros que con motivo de la conquista de la República hubiesen sido inscritos en ella. Todos los jefes y oficiales a quienes comprendieran las circunstancias o que originaron el decreto recibieron la misma drástica sanción.

La medida era tremenda; y, en el caso de Domingo Nieto, que no había servido a la Confederación, inaudita.

Este decreto fue ratificado y ampliado por ley del. Congreso de Huancayo expedida el 12 de octubre de 1839. Otro decreto de Gamarra fechado en Tarma el 8 de abril destituyó, en particular, a Santa Cruz, declarándole enemigo de la Patria.

LA DESTRUCCIÓN DEL PODER DE SANTA CRUZ.

El general José María Velasco encabezó la sublevación contra Santa Cruz en el sur de Bolivia aun antes de conocerse allí la derrota de Yungay. El general José Ballivián, a quien llegaron en La Paz estas dos noticias casi simultáneamente, se sublevó en esa ciudad, para dirigirse luego a Puno, y allí, en connivencia con el general San Román, que había regresado después de estar confinado en La Paz por haber caído prisionero antes de la batalla de Yanacocha, se llevó las fuerzas bolivianas. Hallábase Santa Cruz en Arequipa, a donde llegó el 11 de febrero en camino a Bolivia, cuando llegó a saber tan importantes acontecimientos y fue informado también de que se preparaba un tumulto popular. El 20 de febrero, efectivamente, estalló la asonada y en una tarde de lluvia, rayos y disparos, después de dimitir el mando, en un documento que recuerda la abdicación de Napoleón I, huyó Santa Cruz al puerto de Islay a ponerse bajo la protección del cónsul inglés Crompton. Este y la marinería de la fragata Samarang, de la misma nacionalidad, lo salvaron cuando llegó una partida de caballería a prenderlo. Con él se embarcaron Riva-Agüero, Cerdeña, Miller y García del Río. Díjose (y Gamarra lo repite en su mensaje ante el Congreso de Huancayo) que en el camino de Islay se alojó en el mismo aposento y se reclinó sobre el mismo lecho donde estuviera Salaverry.

La persecución contra los santacrucinos fue implacable. El general Vidal cuenta en sus memorias que, siendo él prefecto del departamento de Junín, se vio obligado, por ese motivo, a embargar a don Miguel Otero sus minas, haciendas, metales y azogue, por valor de dos millones de pesos.

Tres grandes fragmentos quedaron del ejército santacrucino en el Perú: los que mandaban Vigil, Otero y Morán. Las fuerzas de Vigil en Nazca y las de Otero en Coracora se rindieron. El general Juan Crisóstomo Torrico avanzó por el sur con tropas de la Restauración; perpetró múltiples tropelías, entre ellas cometió atentados contra la propiedad e hizo dar azotes al director de la Casa de Moneda del Cuzco porque se negó a entregarle una cantidad de dinero. Morán en el Callao firmó una honrosa capitulación, pero surgió un motín entre sus tropas, sobrevino el saqueo de los almacenes de la aduana y desembarcaron marinos ingleses a restaurar el orden.

LOS PRESIDENTES DE LAS REPÚBLICAS SUR Y NOR-PERUANAS.

Las Repúblicas Nor-peruana y Sur-peruana erigidas, como se ha visto, el 17 de marzo y el 11 de agosto de 1836, respectivamente, desaparecieron al disolverse la Confederación Perú-Boliviana. Presidentes provisorios del Estado Sur-peruano llegaron a ser, sucesivamente por decreto protectoral, Pío Tristán y el general Ramón Herrera,

este último chileno de nacimiento. Presidente del Estado Nor-peruano fue Orbegoso; luego se encargó del mando un Consejo de Ministros; más tarde nuevamente Orbegoso, a quien Santa Cruz destituyó el 11 de agosto de 1838 para nombrar al gran mariscal José de la Riva-Agüero. Al independizarse de Santa Cruz en julio de 1838, Orbegoso continuó como Presidente del Estado Nor- peruano, separado del resto del Perú. Así, por un tiempo, la República Sur-peruana combatió, al lado de Bolivia, contra la Nor- peruana.