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3.4 Fieldwork and data collection

3.4.1 Sample selection

a la protección

El enfoque principal presentado en esta guía para la protección en la acción humanitaria puede ser resumido en ocho principios clave que pueden ser utilizados como una breve referencia por las agencias humanitarias.

1. Concentrarse en la seguridad, dignidad e integridad

El desafío de protección inmediato es mantener físicamente seguras a las personas y preservar su dignidad personal. Esto se hace mejor cuando se trabaja estrechamente con la gente que está en situación de riesgo y se con- centra en la seguridad, dignidad e integridad como el punto más relevante de protección de toda acción humanitaria. Debe recordarse todo el tiempo la ecuación de protección:

riesgo = amenaza + vulnerabilidad – tiempo.

2. Refl exionar sobre el derecho, las violaciones,

los derechos y las responsabilidades

Un enfoque de protección supone reconocer que una gran parte del su- frimiento de los civiles durante las guerras a menudo es el resultado de una violación del derecho internacional. Es esta violación la que provoca, por consiguiente, necesidades secundarias. Los civiles que en las guerras, padecen hambre, están enfermos, heridos, desplazados, indigentes y em- pobrecidos o que han sido sometidos a abusos sexuales, están en un estado de necesidad extrema porque han sido violados sus derechos consagrados en el derecho internacional. Su sufrimiento y necesidad con frecuencia son la consecuencia de un patrón de violaciones deliberado que es parte de la

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política y conducta de la guerra y que está en confl icto con el derecho in- ternacional humanitario, de derechos humanos o de refugiados. Las viola- ciones de derechos legalmente reconocidos imponen deberes claros de tipo humanitario, militar y político sobre los gobiernos, los actores no estatales y los individuos.

3. Garantizar el respeto

Un enfoque de protección requiere que los trabajadores humanitarios vayan más allá de un enfoque sólo de ayuda y se concentren además en asegurar el respeto por las normas humanitarias y los derechos humanos. Esto implica que las agencias humanitarias retomen algunos recursos y técnicas básicas que hasta el presente han sido desarrollados en forma más explícita en la práctica de los derechos humanos. Estos recursos son fundamentales si las agencias humanitarias están dispuestas a reconocer e informar sobre violaciones, a de- fender los derechos con mayor efectividad, a presionar a las autoridades perti- nentes y a adherirse ellas mismas a los estándares legales internacionales.

4. Construir sobre la base de la capacidad de autopro-

tección de las personas

El sentido común humanitario reafi rma el valor del conocimiento, la ca- pacidad, el entendimiento y la posibilidad de innovación, propios de las personas en toda situación que las amenace. Como consecuencia, la buena práctica en la protección humanitaria valora la cooperación estrecha y la participación en cualquier relación entre las agencias humanitarias y la gente a la que está tratando de ayudar. Las personas rara vez son pasivas cuando se sienten en situación de riesgo: se involucran en distintas accio- nes previamente consideradas para enfrentar, responder, adaptarse y so- brevivir. Esto hace esencial que la gente se involucre en las decisiones que conciernen a su autoprotección, y a menudo tome la iniciativa en ellas.

5. Trabajar con resultados e indicadores de protección

claros

Se debe tener una noción clara de cómo podría ser la vida diaria si las personas estuvieran adecuadamente protegidas; para lo cual hay que desa-

rrollar resultados de protección específi cos como las estrellas que orientan la navegación de los objetivos y actividades del programa. Elaborar indi- cadores de protección ilustrativos y factibles de recopilar que proporcionen los medios de verifi cación para su trabajo.

6. Dar prioridad a la complementariedad entre

las agencias

Las distintas agencias tienen diferentes mandatos, prioridades de protec- ción y conocimientos técnicos. Además trabajan en diferentes lugares y sobre diferentes niveles políticos, nacional e internacionalmente. Es im- portante aprovechar estas distinciones con respecto a los esfuerzos com- binados para proteger a los civiles en la guerra. Donde sea apropiado, se debe dar prioridad a las agencias con mandato. Se debe tener cuidado para no comprometer las estrategias y actividades de protección de unos y otros en cualquiera de los tres niveles de acción.

7. Evitar la programación o el comportamiento contra-

rios a la protección

El personal de las agencias humanitarias pueden decir y hacer cosas que parecen sensatas en un contexto y, a pesar de ello, tener un efecto terrible sobre las personas que intenta proteger. Ejemplos de falta de sensibilidad social y política del personal internacional y programación desconsiderada pueden pasar sin ser advertidos por el personal de la agencia interesada pero provocar una reacción violenta contra el personal nacional y de la comunidad que la agencia está tratando de asistir. En forma similar, la rela- ción de la agencia con actores clave –incluyendo las fuerzas militares, los medios de información internacional y los gobiernos extranjeros– puede ser interpretada de modo muy distinto por grupos diferentes. Las activi- dades, la actitud y el comportamiento pueden resultar ser contrarios a la protección más que conducentes a ella, y deben ser sometidos a un examen constante y meticuloso para garantizar que no se exponga a los individuos y a la población afectada en general a riesgos aún más graves.

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8. Ser valiente pero también realista en cuanto

a los límites de la agencia

Las agencias humanitarias disponen de medios relativamente limitados con los cuales proteger a los civiles. En muchas situaciones, los organismos con o sin mandato carecen de la autoridad política, la fuerza militar y el mandato legal, factores estos que les darían el poder en la práctica de proteger a los civiles de forma efectiva. El reconocimiento de este hecho es fundamental para garantizar una programación realista, evitar expectativas desmesuradas y preservar el ánimo de la agencia. Los trabajadores humanitarios de campo no son las personas en principio responsables de proteger a los civiles. Aun- que deben ser tan creativos y valientes como sea posible en cada situación, ellos son parte de un sistema mucho más complejo de responsabilidad moral, legal y política. La trágica realidad es que muchos esfuerzos de protección humanitaria fracasarán. Por esto es muy importante cómo las agencias asumen y se enfrentan a este hecho. Más que en muchas otras áreas de la asistencia humanitaria, la programación orientada a la protección a menudo tiene que operar con un sentido del resultado que está relacionado tanto con intentar una acción como con tener éxito. Con frecuencia, no será humana- mente posible para las agencias humanitarias proteger a todas las personas. Pero cuando se consigue un objetivo, se debe valorar profundamente, inclu- so cuando se trate de una sola persona.