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Sample use case

In document Unlocking Large-Scale Genomics (Page 59-64)

[1869]

En este libro me propongo mostrar que las habilidades propias del ser humano derivan de la herencia, sometiéndose exactamente a las mismas limitaciones que la forma y rasgos físicos de todo el mundo orgánico. Por consiguiente, del mismo modo que es fácil, no obstante esas limitaciones, obtener mediante una selección cuidadosa razas estables de perros o caballos dotados de una capacidad especial para correr o para hacer cualquier otra cosa, asimismo sería completamen- te factible producir un linaje de hombres altamente dotados a través de matrimonios acertados durante varias generaciones consecutivas. Mostraré que los agentes sociales vigentes, cuyas influencias escasa- mente sospechamos, operan hoy por hoy favoreciendo la degradación de la naturaleza humana, mientras que otras lo hacen favoreciendo su mejora. Concluyo que cada generación tiene un enorme poder sobre la dotación natural de aquellos que la siguen, y sostengo que constituye una deuda para con la humanidad el investigar el alcance de ese poder, así como ejercerlo de un modo que, sin que sea indeseable para noso- tros mismos, produzca las máximas ventajas a los futuros habitantes de la tierra.

Soy consciente de que mis ideas, publicadas por vez primera hace cuatro años en el -ACMILLANS -AGAZINE, van en contra de la opinión general; pero muchas de las principales autoridades en el tema de la herencia han aceptado —con gran satisfacción por mi parte— un buen número de los argumentos esgrimidos entonces. Al reproducirlos ahora de una manera mucho más elaborada y con una base inductiva mucho más amplia, estoy seguro de que no se negará la evidencia que el pre- sente libro aporta en mayor cantidad, del mismo modo que mis argu- mentos de entonces fueron suficientes para merecer la aceptación del Sr. Darwin.

[...]

He perdido la paciencia con la hipótesis —a veces expresa y a menu- do tácita, sobre todo en cuentos escritos para enseñar a los niños a ser buenos— según la cual los bebés nacen prácticamente iguales y las úni-

cas influencias que generan las diferencias entre chico y chico, o entre hombre y hombre, son el trabajo diligente y el esfuerzo moral. Es des- de el punto de vista menos cualificado desde donde cuestiono las pre- tensiones de igualdad natural. Las experiencias en el cuarto de los niños, el colegio, la universidad y las carreras profesionales, constitu- yen una sucesión de pruebas de lo contrario. No soy cicatero a la hora de reconocer el gran poder de la educación y los influjos sociales en el desarrollo de las capacidades activas de la mente, precisamente del mismo modo que reconozco los efectos del uso en el desarrollo de los músculos del brazo de un herrero, sin ir más lejos. Aunque el herrero se afane en trabajar todo cuanto quiera, hallará que ciertas proezas supe- ran sus capacidades y más bien son propias para la fuerza del brazo de un hombre con vestigios hercúleos, incluso si éste ha llevado una vida sedentaria. [...]

Cualquiera que se haya entrenado en algún tipo de ejercicio físico habrá descubierto perfectamente el alcance de su potencia muscular. Cuando comienza a practicar la marcha, remar, hacer pesas o correr, queda encantado al comprobar cómo sus músculos se fortalecen y su resistencia a la fatiga aumenta día a día. Mientras es un principiante, es probable que se sienta muy satisfecho de sí mismo creyendo que apenas existe límite para la educación de sus músculos; pero no tarda en des- cubrir que sus progresos diarios son cada vez más pequeños y terminan por desaparecer: su rendimiento máximo aparece como una cantidad rígidamente determinada. Cuando ha alcanzado el tope de su entrena- miento, llega a saber con una exactitud milimétrica cuál es la altura o longitud de sus saltos, y llega a saber con una exactitud de gramos qué fuerza es capaz de ejercer sobre el dinamómetro al comprimirlo. Puede dar puñetazos a la máquina utilizada para medir el impacto de sus gol- pes y hacer que la aguja ascienda hasta una determinada graduación, pero no más arriba. Lo mismo le ocurrirá en la carrera, el remo, la mar- cha y demás ejercicios físicos. Las capacidades musculares de cada ser humano tienen un límite determinado que ni el entrenamiento ni la educación permiten superar.

Tal experiencia es análoga a la que tiene cada estudiante con el fun- cionamiento de sus capacidades mentales. El chico aplicado que va por vez primera a la escuela y afronta retos intelectuales se queda asom- brado de sus progresos. Se vanagloria de su firmeza mental recién de- sarrollada y de su creciente capacidad de trabajo, y quizá crea, en su inocencia, que está a su alcance el llegar a ser uno de esos héroes que han dejado huella en la historia del mundo. Pasan los años, el chico compite repetidamente con sus compañeros en los exámenes de la es-

cuela y la universidad, y no tarda en ocupar el lugar que le corresponde entre ellos. Sabe que puede derrotar a tales o cuales competidores, que hay otros con quienes avanza igualado y que hay otros a cuyos logros intelectuales ni siquiera puede acercarse. Probablemente su vanidad aún siga tentándole y le incite a nuevas esfuerzos. [...] Entonces, con esperanzas renovadas y con toda la ambición de los 22 años, saldrá de la universidad dispuesto a entrar en un campo de competición más amplio. Aquí le espera la misma experiencia que en la etapa preceden- te. [...] Si el engaño no le ciega irremediablemente, en pocos años apren- derá a conocer con precisión cuáles son sus posibilidades y a reconocer que ciertas empresas están más allá del alcance de sus fuerzas. Cuando llegue a la madurez, su confianza sólo se sostendrá dentro de unos lími- tes. El adulto se conoce o al menos debería conocerse a sí mismo coin- cidiendo con el modo como probablemente lo perciben los demás, con todas sus debilidades y con toda su innegable fortaleza. Ya no está ator- mentado ni es arrojado a empresas inútiles por los impulsos engañosos de una vanidad arrogante, sino que limita su esfuerzo a las acciones que caen dentro del ámbito de sus posibilidades, y halla un auténtico des- canso moral en la honesta convicción de que está haciendo el trabajo para el cual su naturaleza le ha capacitado.

[GALTON, F., (EREDITARYGENIUS.

Londres: Macmillan & Co., 1869 (pp. 1-2 y 12-13). Trad., J. C. Loredo. (Se han eliminado las referencias).]

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