Actualmente y en el marco de la globalización, las universidades deben estar abiertas a la innovación y a nuevos planteamientos que favorezcan un pensa- miento orientado a la formación en valores, impulsando proyectos comparti- dos y nuevos escenarios para una educación cosmopolita. Así, tal y como ya se ha visto en el apartado anterior de este capítulo, la nueva realidad social, está obligando a la educación superior a desarrollar nuevas prácticas y nue-
vos discursos, que estén en sintonía con los cambios y que permitan generar nuevos espacios para la convivencia humana.
Así, se deben desarrollar nuevos escenarios en los que la Universidad, por su propia función, tiene un papel fundamental en cuanto a la formación de los futuros ciudadanos y ciudadanas, ya que, es en la universidad donde se for- man los profesionales que, en algunos casos, alcanzaran posiciones de mayor responsabilidad tanto en la sociedad como en el mercado laboral y por tanto, sus decisiones son claves para el desarrollo de sus países (Escrigas, 2006; Unceta, 2009b).
Por ello, y de acuerdo con Boni y Gasper (2011), es necesario plantear un modelo de enseñanza integrador que responda a las diferentes expectativas y permita orientar la formación y la investigación hacia los principios del DHS y la ciudadanía global. Un modelo inclusivo e integrador que conjugue el equi- librio entre la educación para la ciudadanía y la formación para el trabajo (Soriano, 2009).
En este sentido, en el marco de la educación superior, existen diferentes ini- ciativas que sustentan y justifican la incorporación de los principios del DHS y la ciudadanía global o cosmopolita. Por ello, en este apartado, se ha con- siderado importante detallar algunas de las iniciativas conceptuales y legis- lativas que enmarcan y promueven un paradigma en pro de una Universidad que fomente y oriente una formación que, basada en dichos valores, capacite tanto para comprometerse socialmente como para afrontar y responder a los principales retos de un mundo global.
Así, a continuación se presentan, en primer lugar, algunas de las aportaciones realizadas por la UNESCO en relación a la orientación que debe seguir la edu- cación superior y en segundo lugar, las iniciativas conceptuales y legislativas que han ido desarrollando las propias universidades.
a) En relación a la UNESCO, organismo que ha acompañado la evolución y cambios sobre la conceptualización del desarrollo, plantea la educación, la ciencia y la cultura como estrategias que pueden contribuir a un DHS (Capurro, 2009), se destacan las siguientes aportaciones:
• Informe Delors (1996): Dicho informe, que ha tenido una gran repercu- sión en la Educación superior, plantea la necesidad de establecer un compromiso con una sociedad global, desarrollando una educación inte- gral que permita un DH más armonioso ante la lucha contra la pobreza. Así, en él, se plantea que: “las personas deben convertirse gradualmente
en ciudadanos del mundo sin perder sus raíces y, al mismo tiempo, deben continuar participando activamente en la vida de su nación y de su comu- nidad de base” (Delors, 1996, p. 11).
• De igual forma, en la Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el siglo XXI, de 1998, declaración de gran valor para las universidades, ya que justifica la importancia y necesidad de incluir, en la formación del alumnado, valores éticos y solidarios que contribuyan a la construcción de un mundo más igual, se reconoce: “(…) la importancia cada vez mayor de la educación,
y en particular de la educación superior, para el destino del ser humano y de la sociedad. En un mundo en el que se acentúan las desigualdades dentro de las naciones y entre países, en el que el economicismo reinante, el poder del dinero y la búsqueda de la competitividad y del beneficio a cualquier precio priman sobre los valores éticos y el sentido de la solidaridad humana, y en el que la violencia, lejos de disminuir, prolifera en formas variadas y a menudo inéditas, constituyendo así una amenaza real para la paz interna e interna- cional, todos los sistemas educativos y la educación superior en especial se encuentran directamente afectados” (UNESCO, 1998).
• Y, finalmente, se destacan también, las aportaciones que Morín (2000), estableció sobre las bases, mínimas, que deben guiar y orientar la edu- cación del siglo XXI. Así, desde una visión crítica de la educación, se plantea que la formación debe contemplar tanto la complejidad y diver- sidad del ser humano como de sus culturas para favorecer la conciencia- ción de un destino común a escala planetaria.
b) En segundo lugar, se destacan las aportaciones conceptuales y legislativas que las universidades han desarrollado en relación a la orientación, respon- sabilidad, funciones y compromiso de la educación superior.
• En este sentido, en el encuentro internacional de Rectores y Presiden- tes de universidades de 2005, se proclamó la “Declaración de Talloires” en la que se suscriben las responsabilidades y las funciones cívicas y sociales de la educación superior, se establece que: “(…) Promover va-
lores humanos universales para que sean compartidos y respaldados por nuestras instituciones dentro de nuestras comunidades pero también con nuestros vecinos globales”. Y plantea, además, el compromiso social de
las universidades al afirmar que: “Las universidades tienen la responsabi-
lidad de promover entre todos los miembros de su comunidad un profundo sentido de responsabilidad social y un compromiso con el bienestar de la sociedad que es fundamental para el fortalecimiento de la democracia y la justicia” (Conferencia de Rectores de Universidades, 2005).
• Además de ello, en el ámbito de la Universidad Española, la Ley Orgánica de Universidad de 2007, describe, en su preámbulo, su valioso papel como transmisor esencial de valores y como motor para el avance del conocimiento y del desarrollo económico y social, planteando que: “(...)
las universidades, además de un motor para el avance del conocimiento, deben ser un motor para el desarrollo social y económico del país. La sociedad reclama a la universidad del futuro una activa participación en sus procesos vitales. Por esta razón, la acción de la universidad no debe limitarse a la transmisión del saber: debe generar opinión, demostrar su compromiso con el progreso social y ser un ejemplo para su entorno. La igualdad entre hombres y mujeres, los valores superiores de nuestra con- vivencia, el apoyo permanente a las personas con necesidades especia- les, el fomento del valor del diálogo, de la paz y de la cooperación entre los pueblos, son valores que la universidad debe cuidar de manera especial”.
• De igual manera, en la conferencia de la Global University Network for Innovation (GUNI), de 2008, se hace evidente el compromiso social de la Universidad y su papel activo en relación al DHS, identificando entre sus retos principales y prioritarios la reducción de la pobreza, el desarrollo sostenible, así como la incorporación del pensamiento crítico y valores éticos al proceso de globalización (Lobera, 2008).
• Y, finalmente, se destaca el II Encuentro Internacional de Rectores rea- lizada el año 2010. En el que se planteó el compromiso y la dimensión social de la Universidad proponiendo el desarrollo de programas y accio- nes encaminadas al fomento de valores tanto en docencia como en la investigación: ”(…) el compromiso con la cohesión y la inclusión social, la
diversidad biológica y cultural, las culturas indígenas, la promoción del de- sarrollo económico y social, el progreso y el bienestar y en la resolución de los graves problemas de desigualdad, inequidad, pobreza, género y soste- nibilidad de la sociedad actual en el ámbito iberoamericano” (Conferencia
de Rectores de Universidades, 2010, pp. 8-10).
• Todo ello, pone de manifiesto y justifica las bases sobre las que debemos y podemos construir una Universidad con capacidad de anticiparse a los nuevos retos sociales. Una Universidad que vinculada a lo local, colabore y participe en redes globales, creando y difundiendo un conocimiento al servicio del DHS. En definitiva, una universidad, que en palabras de Escrigas sea: “independiente, plural, abierta, integradora, y actor cosmo-
polita en la sociedad” para poder responder a los retos del actual el siglo
2.1.3. El desarrollo humano y el bienestar en el espacio de la