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Desde hace casi cincuenta años, y gracias a la tenacidad de los políticos, Europa se ha ido

construyendo a través de los pueblos y las instituciones que en ella se han ido creando. El objetivo

fijado fue lograr la paz, la reconciliación y la solidaridad de los países duramente enfrentados en el

transcurso de las dos guerras mundiales. Los progresos económicos, sociales y culturales han sido

considerables, pero queda un largo camino por recorrer.

Cuanto más aumenta la Unión Europea, más necesario resulta el proyecto común y la

definición de sus finalidades. No se trata sólo de un gran mercado. Manifiesta que la política no

puede reducirse a la economía. Reclama tener una dimensión social, cultural, humana y espiritual.

La Unión Europea incita a sobrepasar las fronteras, a evaluar de nuevo el sentido de la nación, el

ámbito de competencias de los Estados, la vocación de las regiones, equilibrar claramente los

poderes. Fomenta la búsqueda de un bien común superior al de los Estados nacionales. Se trata de

una etapa hacia la universalidad. Para ello, debe salvar las distancias entre sus instituciones y las

opiniones públicas, fomentar la emergencia de un poder político europeo, lograr un acuerdo en

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los jóvenes, y, por este motivo, conferirse una mayor legitimidad democrática. Las instituciones no

construirán Europa por sí solas. Son los hombres quienes deberán hacerlo.

Sin abandonar la exigencia de una fuerza de intervención al servicio de la paz en el mundo,

la Europa unida marca también la voluntad de renunciar para siempre a la guerra y establecer

definitivamente la paz entre las naciones que desencadenaron dos conflictos mundiales a lo largo

de este siglo. Nos invita a extraer una lección de las formas de mesianismos que dotan de carácter

absoluto a las razas, naciones o clases, y que hacen y han hecho tanto daño. Los recientes o actuales

conflictos manifiestan la urgente necesidad de crear una cultura de la paz.127

En la actualidad, casi todo se decide a escala mundial: la moneda, el medioambiente, la paz

y la guerra, la lucha contra la droga, la seguridad colectiva e incluso la justicia. Ya en 1967, el Papa

Pablo VI declaró en su encíclica Populorum progressio: "La cuestión social ha adquirido carácter

mundial" y "el desarrollo es el nuevo nombre de la paz". En la actualidad, la mundialización da

miedo. Se muestra menos como una nueva dimensión de las actividades humanas que como una

especie de fatalidad que se nos impondrá a todos nosotros. En efecto, la mundialización económica,

financiera y mediática que barre fronteras y culturas, se presenta como un desafío terrible para la

democracia y el futuro de la humanidad. Se trata de una realidad evidente que subyace a los cambios

y a las percepciones. Para algunas personas, se trata de una etapa obligada para llegar al bienestar

de la humanidad. El Papa Juan Pablo II declaró recientemente lo siguiente en su Exhortación

Apostólica "Ecclesia in América" a propósito de las Iglesias del continente americano, aunque este mensaje es aplicable a todo el mundo occidental: “Si la mundialización se rige exclusivamente de

conformidad con las leyes de mercado aplicadas en beneficio de los más poderosos, las

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consecuencias sólo pueden ser negativas. Entre ellas, destacan la atribución de un valor absoluto a

la economía, el desempleo, la disminución y el deterioro de determinados servicios públicos, la

destrucción del medioambiente y de la naturaleza, el aumento de las diferencias entre los ricos y

los pobres, la competencia injusta que sitúa a los países pobres en una situación de inferioridad

siempre muy marcada. Aunque la Iglesia tiene en cuenta los valores positivos que conlleva la

mundialización, también considera con inquietud los aspectos negativos".128

Europa se ha construido un prestigio en materia de paz y prevención de conflictos, pero no

siempre ha sido tal. La paz internacional como bandera europea se ha visto empañada tanto por sus

propias guerras (Yugoslavia), los conflictos que mira de lado (Ucrania), los que apenas menciona

para no afectar sus propias agendas (Chechenia), las guerras que ha alimentado (Irak) y las de las

que se benefician sus empresas (Sahara Occidental y Somalia). En esa Europa, real y pragmática,

Colombia busca un apoyo para su proceso de paz.

Al final de la Guerra Fría la comunidad internacional amplió su ámbito de competencia en

los conflictos internos, en la medida en que renunció a una lectura bipolar del mundo. El aumento

de competencias de la comunidad internacional también se ha extendido en la construcción de paz, incluso más allá de las clásicas fórmulas de los llamados “cascos azules” del sistema de la

Organización de Naciones Unidas. En la mayoría de los procesos de negociación hay

acompañamiento de la comunidad internacional.129

La presencia de un tercero creíble alimenta la confianza entre las partes: representa un papel

simbólico importante para los rebeldes en la medida en que alguno de los invitados tengan lazos

128 Declaración de la Comisión social del Episcopado. Rehabilitar la política 17 de febrero de 1999 pp.13-15

129 «Guerra y paz» en Europa http://www.larazon.es/opinion/columnistas/guerra-y-paz-en-europa-IC307390?sky=Sky-Mayo-

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de identidad con sus banderas, y a la vez da tranquilidad a los Estados al aumentar la presión sobre

los rebeldes para el cumplimiento de los acuerdos.

El acompañamiento internacional garantiza la legitimidad del proceso y hasta da mayor

esperanza de justicia. Noruega, por ejemplo, trabajó para destrabar el proceso de paz de Sri Lanka

y sirvió de sede para el proceso de paz entre palestinos e israelíes en los años noventa. En el caso

del conflicto de Irlanda, la Unión Europea financió programas a favor de la paz y la reconciliación.

Frente al conflicto armado de Turquía, Noruega facilitó acercamientos entre los kurdos y los turcos

entre 2007 y 2009. La guerra civil del Líbano encontró una salida negociada, sobre la base de los acuerdos de Ta’if, firmados en la ciudad con ese nombre en Arabia Saudita y con respaldo de

Estados Unidos, Francia y el Vaticano, entre otros países.

En algunos casos, ya sea por la complejidad del conflicto o por intereses propios, la

comunidad internacional prefiere guardar sus mejores esfuerzos para la fase del posconflicto, donde

tienen una agenda más amplia al respaldar (tanto financiera como políticamente): los procesos de

desmovilización y reinserción, la rehabilitación de las comunidades afectadas por el conflicto y los

planes de desarrollo tanto en el ámbito local como nacional.

En el posconflicto se priorizan programas como educación en derechos humanos, reformas

a los sistemas de justicia, programas para el aumento de la participación política, desminado,

inversiones para el desarrollo de zonas rurales, construcción de infraestructura, acompañamiento y

supervisión de procesos electorales...

Pero no siempre Europa apoya la paz. En algunos casos perpetúa los conflictos al proteger

EMMANUEL MOUNIER.

pesqueras de los países del sur de Europa, beneficiadas de la falta de control marítimo por parte de

Somalia y de Sahara Occidental. Francia, con su apoyo a Marruecos, consolida la negación

marroquí a resolver el conflicto saharaui y con sus inversiones frena el apoyo de Argelia al Frente

Polisario. La acción militar de Francia, tardía y sesgada, al final del conflicto de Ruanda, sirvió

más a los genocidas que a las víctimas.

Al ritual de los acuerdos puede seguir la decepción de la realidad. En el caso de los acuerdos

de paz de Oslo, entre Palestina e Israel, las expectativas de paz fueron diluidas por el asesinato de

Isaac Rabin por un judío. La gran enseñanza de los terceros que acompañan procesos de paz es que

la suerte final de la paz no depende de sus facilitadores, sino de los que están en el conflicto.

La manera que nos enfrentamos a este problema es crítica, no solo porque existe una

imperativa moral para acabar con la violencia étnica desatada actualmente en bosnia y nagoro-

karabajh, sino porque nuestra respuesta hoy determinará la estabilidad de todo el nuevo continente en las décadas venideras. Por ello el gobierno holandés ha propuesto que la conferencia para la seguridad y cooperación en Europa (coche) designe un alto comisionado para las minorías (hcm). El hcm supervisaría de cerca y mediaría en el desarrollo de las relaciones entre las mayorías y los grupos minoritarios en los estados de toda Europa y lo que fue la unión soviética, en un esfuerzo

por evitar que las tensiones étnicas hagan erupción y se conviertan en hostilidades y guerra civil.

3.1.2. Inmigración

Inmigración es la entrada a un país o región de personas que nacieron o proceden de otro lugar. Representa una de las dos opciones o alternativas del término migración, que se aplica a los

movimientos de personas de un lugar a otro y estos desplazamientos conllevan un cambio de

EMMANUEL MOUNIER.

son: emigración, que es la salida de personas de un país, región o lugar determinados para dirigirse

a otro lugar distinto e inmigración, que es la entrada en un país, región o lugar determinados

procedentes de otras partes. De manera que una emigración lleva como contrapartida posterior una

inmigración en el país o lugar de llegada.

Los procesos migratorios son inherentes a la especie humana y a muchas otras especies. Dichos procesos nacen del instinto de conservación de la especie más que del individuo, y se deben siempre a una evaluación comparativa del entorno donde se vive en cuanto a los recursos y posibilidades con que se cuenta, y de un entorno diferente, en el que existe una percepción de que esos recursos y posibilidades pueden ser mayores y mejores. Esta comparación entre la vida cotidiana en un país y otro se origina actualmente por la amplia facilidad de desplazarse de un lugar a otro, con lo que resulta cada vez más fácil, enterarse de cómo es la vida en otros países.

La tasa de desempleo para los inmigrantes está subiendo más rápido que la de los trabajadores nativos. Los inmigrantes están cancelando sus planes para mudarse y los gobiernos reducen las cuotas de los inmigrantes

La inmigración es uno de los fenómenos mundiales más controvertidos. Todas las naciones desarrolladas (y buena parte de las subdesarrolladas) restringen fuertemente la inmigración, justificando económicamente esta política en la competencia desleal que representaría para los ciudadanos una mano de obra a bajos costos y la carga que representarían los inmigrantes a los servicios sociales de carácter público. A pesar de las razones aducidas, la política de cierre de fronteras plantea serios problemas de respeto a los derechos humanos. Ciudadanía y la migración

dificultan el uso de la ciudadanía ya que no tienen acceso a nada y son objeto de explotación laboral,

EMMANUEL MOUNIER. 3.1.3. Asimetrías Económicas

La comunidad internacional debe contribuir a fortalecer esas instituciones de la región.

Deben ayudar a protegerlas de la manipulación por parte del ejecutivo de turno y trabajar para aumentar su capacidad y su transparencia. Eso no significa insistir en la “mejor Legislación”.

Copiar las leyes de unos servicios públicos aparentemente ideales de otros países no tendrá sentido

en contexto donde los actores políticos tienen todos los incentivos para ignorarlas. Tampoco

significa intervenir grandes cantidades de dinero en infraestructura material, como en

computadores, que no tendrán ningún efecto si las instituciones en si misma son defectuosas. Al

contrario exige aplicar conocimientos e influencia para obligar a los gobiernos a invitar a la

oposición y a todos los actores posibles para sentarse a debatir con el interés de construir

instituciones perdurables, aceptando el progreso incremental y las “apuestas seguras”, y procurando

crear incentivos que obliguen a los actores políticos a ignorar las tentaciones políticas de corto

plazo a favor del consenso y la cooperación a largo plazo. Tampoco que se vuelva paternalista, sino

garantizar nuevas oportunidades en las regiones que sean mucho más allá que meramente

económico.

Emmanuel en el libro del manifiesto al servicio del personalismo escribe frente a los

principios de una economía al servicio de la persona, como una economía personalista regula, la

ganancia sobre el servicio prestado en la producción del consumo y el consumo sobre una ética de

necesidades humanas. Replanteada en la perspectiva de la persona.

La economía plantea a la persona desde dos lados de la actividad de la persona, como

productora y consumidora, el hombre está hecho más para crear que para consumir, sin embargo

EMMANUEL MOUNIER.

los dos, el consumo y la producción130. El primer derecho a la persona económica es, por tanto, un

derecho al mínimo vital. Exige la Institución de un servicio público destinado a satisfacerle y se le

deberá garantizar una total libertad e independencia política, sobre todo respeto al poder político,

el consumo es una actividad personal; debe continuar libre, si no siempre en su volumen, que

depende de la riqueza general, a menos en su afectación.

Por ello, en una economía personalista, el consumo no es objeto de un plan autoritariamente

impuesto por los organismos centrales. Esta libertad en el consumo, es decir, en la afectación de la

ganancia, es la primera forma del derecho de propiedad personal: hoy no está aún más que

teóricamente proclamado y un gran número de personas no tienen su ejercicio efectivo. No hay

más que dos límites: uno interior, perteneciente a la conciencia personal: es la ley natural, que hace

uso de los bienes virtualmente comunes y ordena a cada uno el asegurar libremente esta comunidad

persiguiendo con ahínco la avaricia congénita en la propiedad; y el otro exterior, perteneciente a la

organización colectiva, que regula el consumo en la coyuntura económica la mejor posible para el

bien de todos.

El trabajo es el único agente propiamente personal y fecundo de la actividad económica; el

dinero no puede ser ganado más que en vinculación personal con un trabajo; la responsabilidad no

puede ser asumida más que por un trabajador. Es necesario que se le presten unas condiciones

humanas, que no sufra como hoy el aplastamiento y la humillación por el poder materialista del

dinero y de las castas creadas por el dinero.

EMMANUEL MOUNIER.

El personalismo afirma el primado del trabajo sobre el capital, en su dominio propio, que

es dominio económico, este primado se condensa en tres leyes: la primera el trabajo es una

obligación universal. Quien no trabaje, y pueda hacerlo, que no coma. Salvo excepciones. Segundo

el trabajo no es una mercancía, sino una actividad personal y por último el derecho al trabajo es un

derecho inalienable de la persona y la sociedad tiene la obligación a todo el mundo de asegurarla y

en cualquier circunstancia. 131