hacer una teoría fiable sobre la emoción y aquello que la produce? – y partiendo de la conclusión esbozada en el párrafo anterior sobre la existencia de estímulos valiosos, la teoría de Bennett Helm puede aclarar bastante la comprensión de la emoción. Podríamos poner un ejemplo de ―estímulo‖ a modo de intentar equiparar los ejemplos que la mayoría de neurocientíficos suelen describir cuando trabajan sobre emociones – estímulos como osos, leones o animales peligrosos puesto que, normalmente, al referirse a ―las emociones‖ parece que sólo se pueda hablar del miedo.88
Así pues, el objeto destinado al ejemplo es ―TOMATES‖. Obviamente nadie que hablara sobre el miedo podría poner como estímulo TOMATES, a no ser que un sujeto haya tenido una fuerte situación traumática con tomates, en la internacional fiesta de La Tomatina de Buñol por ejemplo, o asocie los tomates a una experiencia familiar traumática. En ese caso, las teorías de presupuestos conductistas salen del paso hablando sobre estímulos condicionados, y tendrían razón. No obstante sigue pareciendo ridículo asociar la emoción de ―miedo‖ al estímulo ―TOMATES‖. En el caso del trauma familiar, es probable que lo que provoque miedo sea el familiar que ha hecho daño, pero un tomate no generará miedo, sino que, como mucho el sujeto no se lo comerá o le traerá recuerdos negativos.
No obstante, hay un caso en el que no resultaría ridículo asociar los tomates a la emoción del miedo, aunque no tanto como ―estímulo‖, siendo el objetivo de este caso ver en qué posición quedan los tomates. Supongamos que se acerca una tormenta fuerte con escarcha (helada) y el granjero que la ve venir sabe que puede estropear los tomates que tiene plantados. Si bien asociamos aquí los tomates al miedo, no es el tomate en sí el que produce el miedo, sino la helada que se acerca y estropeará los tomates; y no es
88 En la entrevista citada de la revista Muy Interesante, LeDoux afirma ante la pregunta ―para qué sirven las emociones‖ lo siguiente: ―Con el miedo está claro, y lo único que yo estudio es el miedo (risas). Pero es mucho mejor ser concretos y específicos, porque si generalizas creas confusión en un área muy compleja como es ésta.‖
que tenga miedo de las heladas en sí, sino que el granjero tiene miedo de la helada que se aproxima en tanto que, potencialmente, puede estropear sus tomates. En este caso ¿cómo calificarían una teoría cientificista de las emociones a los tomates, cuando es la tormenta la que genera miedo? En este sentido:
(S)iendo que los sucesos relevantes pasan en el mundo, mi miedo de la helada destructora se puede tornar en alivio o incluso alegría si mis plantas sobreviven ilesas, o en decepción si no lo hacen o, incluso, en rabia, si alguien malévolamente frustra mi intento de protegerlas. No experimentar otras emociones en las circunstancias relevantes es un fallo racional que indica un defecto en el miedo de uno. El reconocimiento del peligro implícito en mi miedo no es sólo una respuesta
al objeto (target), la helada, como amenazante, sino que también responden al foco (querer comer tomates frescos). (Helm, 2009, pág. 251) (Cursiva mía).
Vemos con Helm que los tomates tienen un lugar: el foco de la emoción –―querer comer tomates frescos‖ –que, quizá, sea determinante para tener una emoción u otra. Para hacernos una idea, los científicos que dan extrema importancia al cambio visceral asociado a un estímulo –internismo biológico –sólo caen en la importancia del estímulo de la emoción –en vocabulario clásico, el objeto o blanco de la emoción (la tormenta) – como responsable de las reacciones corporales o emociones. Los partidarios del sociologismo o del conductismo sí que amplían el abanico conceptual en la medida en que permiten añadir a la emoción una evaluación asociada al estímulo por condicionamiento (la tormenta es peligrosa), lo que Helm llama objeto formal (la clase de evaluación implícita al estímulo y que distingue a una emoción de otra). Pero incluso en este segundo elemento, las descripciones científicas categoriales se quedan cortas porque aun así falta añadir a la experiencia de la emoción el elemento crucial que se mencionaba en la cita anterior. Así pues, según Helm:
Llegados a este punto podemos preguntar ¿cómo es que la tormenta es peligrosa? La respuesta debe darse en términos de una preocupación subyacente mía –el valor (import), digamos, de tener tomates propios y frescos –por lo que sólo debido a que el blanco [estímulo] amenaza mi preocupación subyacente es apropiado evaluarlo como peligroso [objeto formal]. (Ibídem.).
Aquí encontramos una de las claves que buscamos y que hemos denominado anteriormente ―esquema de fines y valores de la persona‖ que es aquello que nos preocupa, lo que resulta significativo o aquello que queremos mantener o acoger en
nuestro quehacer cotidiano. Filósofos como C. Taylor o Helm denominan esta parte como ―importe‖ o valor (import). La definición de importe es compleja. Helm dice que ―Los agentes genuinos no tienen objetivos que persiguen mecánicamente; ellos tienen ciertos objetivos que son dignos de ser perseguidos, y los persiguen porque valen la pena.‖ (Ibídem. Pág. 250). Como sigue diciendo el autor, esto significa que si algo tiene importancia para ti, ―debes vigilar las circunstancias que le afecten favorablemente o adversamente y estar preparado para actuar en su nombre.‖ (Ibídem.) Estas dos características que podríamos resumir en la atención perceptiva y la motivación, son, según Helm, componentes esenciales en una emoción, pero ambas son dependientes del foco por dos razones: en el foco (me interesa comer tomates frescos) se representa lo que tiene verdadera importancia para el sujeto, y es el objeto o estímulo (la helada) lo que debe estar apropiadamente asociado al foco de tal forma que haga inteligible la evaluación del estímulo (la helada es peligrosa) y, por tanto, la emoción (el miedo). A modo de ejemplo podemos usar la siguiente experiencia: ―He sentido ira porque un grupo de adolescentes ha mirado a mi hermana descaradamente.‖ Una observación o descripción externa podría decir que el estímulo u objeto es la mirada descarada de los adolescentes que, de alguna forma, se ha asociado a una evaluación negativa en experiencias anteriores. Pero si le preguntamos al sujeto del informe por qué siente esa ira y qué la ha provocado, él responde que el factor principal es la mirada de los chavales (estímulo/objeto) que ha sido ―descarada y fuera de lugar‖ (evaluación/objeto formal), porque ―mi hermana no es un objeto de usar y tirar‖ (foco). Así pues, esta emoción puntual de resentimiento/ira es inteligible en tanto que el sujeto considera valioso que se dé un trato personal y humano a su hermana. Por eso, todo lo relacionado al buen trato hacia su hermana le afectará de algún modo, positivo y negativo, y esto es lo que Helm denomina ―holismo‖ irreductible de las emociones: ―Sentir una emoción es estar racionalmente comprometido a sentir todo un patrón de otras emociones con un foco común.‖ (Helm, 2009, pág. 251). Igualmente estos condicionantes hacen que Helm defina la emoción escuetamente como sigue: las emociones son esencialmente sentimientos intencionales de valor. Como veremos más adelante, el foco o núcleo de preocupaciones e intereses de las personas tiene cierto peso ontológico y no sólo es un mundo de proyecciones personales; tal y como diría R. Kane (2010) –sección 6.2.2. – aquello que la persona ama quiere que sea real.
El foco, al margen de ser un concepto filosófico, parece que también tiene su lugar en la neurociencia y aparece con más claridad en lo que se la llamado ―modo-por-defecto‖ del cerebro. Como precedente, que el planteamiento científico de la teoría de la emoción se centre demasiado en aquello que la produce, muestra, de alguna forma, que se mantiene la estructura del modelo científico moderno centrado en la explicación de los fenómenos como relaciones de causa-efecto. Este modelo es de gran ayuda en algunas cuestiones relacionadas a materia inorgánica y orgánica, pero en otras impide captar la complejidad de un fenómeno. Por ejemplo, en el caso del cerebro humano y las emociones parece que la concepción más común en neurociencia es que hasta que no haya un estímulo el cerebro no se activa. Actualmente esto está en entredicho. Un estímulo puede ser sólo la chispa que provoque un incendio, pero para que haya combustión se necesita más cosas. Los seres humanos incorporamos un marco interpretativo que no deja de funcionar (default mode) y que hace que el cerebro esté en constante estado predictivo. Por ejemplo, dentro de un experimento de laboratorio, un ―estímulo‖ no será estímulo si la persona no lo interpreta como el experimentador quiere, o, directamente, es algo que no le interesa. Por eso, el tipo de experimentos en los que se basan muchas hipótesis neurocientíficas, pueden ser importantes para ciertas descripciones de actividad cerebral, pero no siempre aciertan en sus interpretaciones porque el sujeto ya está interpretando lo que el experimentador pide, lo que es un laboratorio, lo que es un constructo o actividad artificial, lo que se espera de él, etc.
La red cerebral descrita como el default mode (modo por defecto) es aquella que se usa como referencia para hablar del mundo de las creencias de una persona. Esta zona incluye experiencias emocionales previas, la historia de la propia vida y sus situaciones, el autoconcepto, las decisiones tomadas a nivel trascendente, las creencias evaluativas sobre el mundo, etc. El curioso título que tiene (modo por defecto) es debido a cómo se descubrió: ―En las experiencias de neurociencia los sujetos son examinados para obtener una imagen funcional con resonancia magnética mientras realiza una tarea. Pero ¿qué hace el cerebro cuando el sujeto no hace lo que se le ha mandado?‖ (Orón J. V., 2014b, pág. 219). Cuando se consideraba que el estímulo era inexistente – especialmente en experimentos de laboratorio –se pensaba que el cerebro estaba en una posición OFF y, por ello, se activaba el ―modo por defecto‖, o el ―estado de descanso‖ (resting state). No obstante, Orón, en una nota a pie de página señala algunas funciones más: ―Esta red se activa notablemente cuando el sujeto está divagando, no centrado en
ningún estímulo en concreto y que se desconecta cuando el sujeto se centra en una tarea. (…) Tiene funciones como la meta-conciencia, la auto referencia y la propiocepción.‖ (Ibídem.). Lindsquit y Barret (2012), después del meta-análisis realizado para deconstruir el modelo localicionista del cerebro y fundamentar su modelo constructivista, señalan que esta red es de suma importancia:
Nuestra hipótesis es que estas sensaciones (sensaciones provenientes del mundo externo) se hacen continuamente significativas como ―conceptualizaciones de situación‖ usando asociaciones de la experiencia pasada (…), que creemos que está asociada con las regiones corticales mediales, laterales, prefrontales y temporales dentro del default mode.‖ (Lindquist & Barrett, 2012, pág. 535).
Lo relacionado normalmente con el default mode tiene que ver, antes que con sensaciones provenientes sólo del exterior, con la sedimentación de todas las experiencias pasadas que dieron lugar a la introducción del yo en el mundo –mundo entendido ampliamente como medio natural, medio de interacción social y moral, así como el autoconcepto y las relaciones primordiales del niño con aquellos que hicieron posible esa introducción en el mundo. Por eso es muy importante el lugar de los educadores en la formación del sistema de creencias, además de las historias escuchadas y las relaciones familiares que el niño va experimentando poco a poco. Según una bibliografía considerable, Orón resume las siguientes funciones del default mode: ―(…) mentalización interna, autobiografía, pensamiento introspectivo sobre uno mismo, juicios morales, valorar las intenciones de los demás, toma de decisiones, creatividad, deshabituación, resignificación personal de eventos pasados y planificación general del futuro. Es decir, procesos de una alta conceptualización.‖ (Orón J. V., 2014b, pág. 223).
El default mode parece ser una de las bases biológicas de mayor importancia para la formación del sistema de creencias. Esta afirmación no pretende localizar las creencias en un área cerebral, sino más bien describir el tipo de redes que inducen o contribuyen a mantener o modificar las creencias, puesto que el cerebro también funciona a modo de sistema –no se puede hablar de una función sin señalar otras. A su vez, dice el autor, es una de las pocas redes que continúan su maduración a lo largo de la vida. Una posible interpretación de esto último es que esta red, o el mismo sistema de creencias de una persona, no es un sistema cerrado de creencias adquiridas, aunque sí contenga procesos de una sedimentación de creencias. El sistema de creencias, al estar
correlacionado con muchos otros factores cognitivos, incluso con las neuronas espejo y la empatía, puede modificarse; al menos, el sistema biológico muestra una serie de conexiones relacionadas a la apertura del Yo hacia el exterior, por ejemplo, en lo que algunos estudiosos del tema en cuestión, como Pitskel, Bolling, Kaiser, Crowley, & Pelphrey (2011) denominan ―reevaluación cognitiva‖ (cognitive reappraisal) de situaciones emocionales, i.e. asignar un valor cognitivo a una experiencia emocional de tal forma que se pueda modificar esa experiencia, o al menos, el significado que tuvo en su momento. Según los autores, la reevaluación cognitiva es posible también durante la infancia tardía (su estudio se enfoca en niños de 8 a 10 años) y en la adolescencia. El objetivo de la tarea de la reevaluación cognitiva de las emociones es la autocomprensión o dotar de significado a un evento importante. Esto sirve de herramienta para la famosa gestión emocional –que no ―control‖. Por eso, las emociones no parecen ser un sistema aislado en el cerebro (como se puede visualizar en la tabla 3), sino que, más bien, el estudio del defaulte mode muestra que está todo interconectado: hay muchas tareas que se ejecutan cuando se activan las mismas ―zonas‖ cerebrales además de solaparse entre ellas. Es más, una cosa que sí parece cierta es que las emociones tienen detrás un background de creencias que, de modo circular, vuelven a suscitar emociones, así como se generan nuevas emociones a través de la modificación y adquisición de ciertas creencias.
Conclusiones:
a) En una concepción sobre la emoción que intenta ser honesta no podemos desestimar la parte intencional y significativa representada en el esquema de creencias, fines y valores que posee una persona. De lo contrario, o bien se tiende a pasar a un segundo plano algunos estímulos que, en efecto, son ecológicamente válidos –como hacen las posturas de tendencia neoconductista y sociologista –; o bien el estímulo hay que descartarlo del funcionamiento de la maquinaria emocional en tanto que existe una infinitud de estímulos y no se pueden enumerar en una lista objetiva –tal y como hacen las corrientes que sostienen el internismo biológico –por lo que, a su vez, se vuelcan únicamente en la descripción del sistema nervioso del organismo.
b) El sistema de creencias de una persona resulta imprescindible también en la experiencia e interpretación de la emoción. La atribución de valores a los objetos
tiene que ver tanto con procesos educativos en los que el niño percibe la confianza depositada en él y, a su vez, deposita una confianza en el mundo, como con aquello que admira y que quiere adjuntar a su esquema eudaimonista (sección 6.1.). La educación no es reducible a procesos de condicionamiento, de lo contrario no hablaríamos de educación ni formación de conocimiento sobre el mundo, sino de adiestramiento. Ahora bien, no podemos negar que hay experiencias condicionantes que hacen posible las asociaciones de distintas evaluaciones hacia un mismo objeto –siempre y cuando entre ellos no haya mucha discordancia en el valor ecológico o de supervivencia y la intuición de humanidad, como en los ejemplos que hemos visto anteriormente.
c) Nuestra respuesta hacia el internismo biológico que subyace a la teoría categorial de las emociones, y que se une oportunistamente a concepciones neoconductistas, es que no hay que partir únicamente del estímulo para explicar una emoción, aunque sea un elemento necesario. Hemos visto que también es importante en una emoción la significación otorgada a los estímulos, siendo que subyace a esta significación ciertas preocupaciones e intereses (foco de la emoción) de las personas de cara a una vida buena –la voluntad (sección 4.5.3.). ¿Cómo describimos esto en lenguaje científico? Parece una empresa imposible, a no ser, a través de la explicación dada sobre el default-mode, pero como bien dice Helm: ―El problema es que el importe, como una parte de algo valioso, no parece tener un lugar en la naturaleza tal y como lo concibe la ciencia, que parece no tener sitio para lo valioso (worth).‖ (Helm, 2009, pág. 250). Por tanto, el foco de las emociones, esto es, aquello que le preocupa a las personas y que consideran valioso, tiene un peso ontológico no describible desde los mecanismos internos y los cambios corporales o viscerales a los que únicamente acude el internismo biológico. Al llegar aquí nos preguntamos entonces si está bien usada la palabra estímulo; pero no habría problema en usar este término siempre y cuando haya una apertura hacia la intencionalidad impregnada de significado, una percepción singular de la persona, así como una aceptación de que la persona tiene creencias eudaimonistas que producen emociones y, por último, una admisión de que hay estímulos ecológicamente valiosos per se. No tomar en cuenta esta apertura sería entender la emoción de forma reducida.
Ahora bien, pensamos que las concepciones reduccionistas siguen teniendo otro tipo de errores conectados con la exclusión de factores cognitivos como esenciales en la emoción. La significación del objeto o la evaluación del estímulo es algo esencial en la emoción, pero el hecho de que la evaluación en sí misma no tenga que ser hecha en el momento de activación emocional –porque ya ha sido almacenada en el default mode, o porque está tan asentada que puede ser ―inconsciente‖ –no influye necesariamente en la comprensión de la emoción, ni tampoco implica descartar el fenómeno de la consciencia en la comprensión de las emociones, como veremos a continuación.