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2.2 Models of R&D-Based Endogenous Growth

2.2.3 Second Generation Fully Endogenous Growth

DEL hORARIO ESCOLAR: PRIMARIA

22,8 22,4 20,7 18,7 19,9 0 5 10 15 20 25 30 Nunca o casi nunca

Algunas veces Frecuentemente Siempre o casi siempre

Nacional

Fuente: Base de datos del INEE 2005. Cuestionarios de contexto alumnos, primaria.

TAbLA 20. ÍNDICE DE VIOLENCIA SUfRIDA y fRECUENCIA CON LA qUE LOS PADRES UbICAN A SUS hIjOS fUERA

DEL hORARIO ESCOLAR: SECUNDARIA

¿Qué tan seguido al menos uno de tus padres o tutores sabe dónde estás y puede localizarte fácilmente fuera del horario escolar?

Media

Estimada estándarError

Intervalo de confianza 95%

Límite

inferior superiorLímite

Nunca o casi nunca 22.8 .8 21.1 24.4

Algunas veces 20.7 .4 19.9 21.5

Frecuentemente 18.2 .3 17.6 18.8

Siempre o casi siempre 17.1 .2 16.6 17.5

Nacional 18.2 .2 17.8 18.6

Fuente: Base de datos del INEE 2005. Cuestionarios de contexto alumnos, secundaria.

Hay pues un patrón de regularidad en los datos que pone de manifiesto la importancia de la vigilancia paterna tanto para disminuir o evitar el ejercicio de agresiones al interior de la escuela, como para minimizar las situaciones de riesgo que enfrentan los alumnos. Conclusiones

Como en lo relativo a la participación de los alumnos en actos de violencia, los datos presentados en este capítulo no sugieren que

la agresión por parte de los propios alum- nos a sus compañeros sea especialmente alarmante, si bien, su incidencia es mayor que la relativa a la violencia ejercida. Esta conclusión no pretende sugerir la inexis- tencia del problema; lo hay y es necesario atenderlo con determinación desde distintos frentes, haciendo los ajustes necesarios en la política educativa y en la gestión cotidiana de las escuelas y de las aulas, con el fin de fortalecer y mejorar permanentemente la formación para la convivencia y un trato

67 armónico entre todos los integrantes de las comunidades escolares.

El hecho de que el número de alumnos que realizan actos agresivos sea menor que el de quienes han sido objeto de ella,ha permi- tido asumir que los alumnos que ejercen la violencia seguramente agreden a más de un compañero y que no todos los que incurren en estas conductas lo reconocieron. En ese sentido, es muy probable que los alumnos agredidos sean también agresores, confir- mando con ello, lo que señala Abramovay: “víctimas, testigos y agresores muchas veces cambian de roles, dependiendo de la diná- mica que tengan los conflictos” 57.

A propósito de la hipótesis planteada en cuanto al porcentaje de alumnos de prima- ria agredidos físicamente –a lo más, 25 por ciento-, los datos del estudio muestran que este porcentaje es inferior al establecido ya que un máximo de 17.8 por ciento de los alumnos de ese nivel señaló haber sido objeto de este tipo de agresiones, lo que permite aceptar la hipótesis en cuestión.58

Por otra parte, los alumnos de secunda- ria que han recibido amenazas son, como máximo el 13.1 por ciento, es decir, más del diez por ciento que como mínimo se había proyectado en la hipótesis presentada inicialmente, hecho que también permite aceptarla.

La diferencia entre alumnos de primaria y secundaria en cuanto a la participación en actos de violencia es considerable; pero en el caso del índice sobre violencia sufrida, esas

57Abramovay, Miriam (005). Victimización en 

las escuelas. Ambiente escolar, robo y agresiones  físicas. Revista Mexicana de Investigación Educativa.  México, D.F.: Comie, 10 (),  8-8. 58  El valor registrado en este estudio coincide con  los manejados por Ortega y otros. Ortega Rivera,  Javier; Del Rey, Rosario; Genebat, Rocío y Sánchez,   Virginia (005).Violencia Escolar en Nicaragua.  Un estudio descriptivo en escuelas de primaria.  op cit, 0(), 795.

diferencias se reducen, si bien, el promedio de primaria sigue siendo significativamente mayor que el de la secundaria.

En la experiencia escolar del estudiante, aquellos con mejores promedios son menos agredidos, como se estableció en la hipótesis inicial.

Los resultados del estudio también per- miten afirmar que los alumnos de Telese- cundaria y los de Cursos Comunitarios en primaria, fueron quienes recibieron menor agresión de parte de sus compañeros –ello con una diferencia estadísticamente signifi- cativa en relación con el resto de las modali- dades de cada nivel educativo. Además, los alumnos de secundarias Privadas reportaron recibir menos agresión que los alumnos de las Generales y las Técnicas. Por lo tanto, la hipótesis que planteó la existencia de dife- rencias significativas entre las modalidades también se acepta.

Los aspectos que en este estudio no se encontraron asociados a la magnitud de las agresiones recibidas, son el turno en que estudiaban y la edad de los alumnos. A diferencia, hay una tendencia a recibir más agresiones si se es hombre y si los padres de los alumnos nunca o sólo algunas veces saben dónde se encuentran éstos cuando no están en la escuela.

Las diferencias en cuanto a la violencia sufrida en función del género son contunden- tes; además, los datos coinciden con lo que se ha observado en otros estudios llevados a cabo en la región.59 Esta evidencia sugiere la necesidad de reflexionar en torno a los modelos de interacción entre los géneros que

59 Ortega Ruiz, Rosario y Mora-Merchán, Joaquín  (997). Agresividad y volencia. El problema de la  victimización entre escolares. Revista de Educación.  313, 7-7; Ortega Ruiz, Rosario (00). Víctimas,  agresores y espectadores. Alumnos implicados en  situaciones de Violencia. Cuadernos de Pedagogía,  391. Recuperada del sitio: http://www.pensamien- tocritico.org/rosort0.htm

68 se consideran legítimos en nuestra cultura y que de una u otra forma reproduce la escuela. Esta necesaria reflexión también aplica para analizar el hecho de que los alumnos con calificaciones reprobatorias o que reportan alguna dificultad física o de aprendizaje, reciben más agresiones que otros alumnos, sobre todo cuando se trata de dificultades muy evidentes (caminar o escuchar).

De los resultados presentados en este capítulo y a los que ya se ha hecho mención en esta recapitulación, hay tres datos rele- vantes en torno a la agresión que reciben los alumnos que merecen destacarse y que pueden dar lugar a hipótesis que orienten estudios posteriores y más focalizados: I) a juzgar por sus características, los alumnos que afirmaron haber sido víctimas de la vio- lencia parecen ser los mismos que quienes se declararon como agresores;60 II) en pri- maria, la modalidad cuyos alumnos desta- can por reportar significativamente bajos niveles de agresión son los de la modalidad comunitaria, mientras que en secundaria se trata de los alumnos de Telesecundaria; III) en este último nivel educativo, la segunda modalidad en la que sus alumnos reciben significativamente menos agresiones es la secundaria Privada.

Pareciera existir un círculo de violencia en el que entran agresores y agredidos, quienes además, coinciden en algunas características personales y escolares, como tener pobre desempeño académico, ser hombres y tener padres o tutores que ejercen poca vigilancia sobre ellos. En oposición –y según los re- sultados de este estudio– los alumnos que generalmente no se ven afectados por esta problemática suelen tener buen desempe- ño académico, ser de sexo femenino, tener padres atentos a sus actividades fuera de

0 Véase capítulo anterior.

la escuela y no manifiestan condiciones de desventaja evidentes; asimismo, son alum- nos que por lo general viven con ambos padres.

Por otro lado, cabe presumir que las pro- pias características del servicio educativo en las modalidades de primaria comunita- ria y Telesecundaria están de alguna forma asociadas con niveles menores de agresión sufrida. Entre esas características comunes se encuentran la atención a pocos alumnos y que un solo profesor atiende al grupo durante la jornada escolar. En efecto, noventa por ciento de las escuelas comunitarias que hay en el país tiene menos de veinte alumnos. Del total de Telesecundarias, el 45.3 por ciento tiene menos de cincuenta alumnos y el 33.5 por ciento entre cincuenta y 99 alumnos, de tal manera que casi el ochenta por ciento de estos planteles tiene menos de cien.61 Lo que aquí se presume es que la menor cantidad de alumnos por escuela y grupo puede favorecer procesos de interacción más armoniosa y una mayor vigilancia por parte de los profesores.

Ahora bien, las primarias Indígenas tie- nen condiciones similares a las descritas. El 35.5 por ciento de estas escuelas cuenta con veinte a 49 alumnos y 26.5 por ciento tiene entre cincuenta y 99 estudiantes; sin embar- go, los alumnos de estos centros escolares alcanzaron niveles de violencia sufrida de magnitud similar a los de las modalidades que registraron los más altos valores en el índice. Estos datos vuelven a evidenciar la necesidad de profundizar en el estudio de los patrones de convivencia que se presentan en esta modalidad.

Se podría asumir por otra parte, que el contexto de la escuela –en términos de las

 Cfr.: INEE (005) Robles Vásquez Héctor V. Pano-

rama Educativo de México. Indicadores del Sistema Educativo Nacional. México, SEP.

6 dimensiones de la comunidad en donde está inserta– puede también ser determinante en los hábitos de interacción de los alumnos. En el caso de las primarias comunitarias, ese contexto es principalmente rural, ya que el ochenta por ciento de las primarias comunitarias se ubica en localidades con no más de 156 habitantes; de hecho, sólo alrededor del diez por ciento de estas es- cuelas se asienta en comunidades mayores a 2 mil 500 habitantes. Sin embargo, no es el caso de las Telesecundarias, ya que sólo el 22 por ciento se encuentra en poblaciones de 2 mil 500 habitantes o menos. En este sentido, más allá de las dimensiones de las comunidades donde se ubican las escuelas de los tipos mencionados, las condiciones de interacción al interior de la escuela pa- recerían estar más fuertemente asociadas con el menor índice de violencia sufrida en estas modalidades, además de las variables relevantes ya indicadas.

En esta misma línea, es posible que los menores niveles de agresión observados en estas modalidades, se vinculen precisa- mente a las características de su estructura organizativa, ciertamente distintas a las de

otras modalidades –lo que haría complicado promoverlas para su aplicación en términos de política educativa. De cualquier forma, es deseable que la investigación permita identificar más finamente los patrones de interacción social y las condiciones insti- tucionales, comunitarias y personales que favorecen –a juzgar por los resultados del presente estudio– ambientes más armónicos y consonantes con la convivencia respetuosa y tolerante.

Finalmente, debe tenerse en cuenta que uno de los pilares de la formación integral de los alumnos, especialmente en lo que respecta a la mejora de la convivencia entre las personas, es el desarrollo del sentido de aprecio por la dignidad humana, contrario a cualquier acto de manifestación violenta –aunque éstos alcancen dimensiones rela- tivamente bajas como se ha mostrado en este estudio– y, por lo tanto, es importante establecer en la agenda de los intereses edu- cativos nacionales el aseguramiento de las condiciones para que la escuela promueva efectivamente, en su interior, la formación de valores y el respeto por la dignidad de las personas.

71

E

n este capítulo se analiza la violencia en la escuela a partir del comporta- miento de los índices presentados en los dos capítulos previos (violencia ejercida y violencia sufrida), incorporando ahora en el análisis algunas variables relativas a la disciplina y exigencia académica imperantes en las escuelas. Esto se ve, nuevamente desde la perspectiva de los alumnos.

En los análisis incluidos en este capítulo sistemáticamente se hacen comparaciones por modalidad educativa y se exploran tres hipótesis generales:

1. La aplicación de sanciones por faltar al respeto a los maestros es mayor en los grupos con altos índices de violencia. 2. Cuando los estudiantes perciben que sus

escuelas son estrictas en la disciplina, las manifestaciones de violencia son meno- res.

3. La magnitud de la violencia es menor cuando los estudiantes identifican que en su escuela la exigencia académica es alta.

En consonancia con las hipótesis formu- ladas el capítulo se organiza en tres partes principales además de la recapitulación. La primera hace referencia a las sanciones, la segunda a la disciplina y la tercera a la exi- gencia académica de las escuelas. En cada una de ellas se analiza la violencia en las dos manifestaciones exploradas en este estu- dio: la ejercida por los alumnos a través de

su participación en actos de agresión a sus compañeros, y la sufrida por los alumnos que son víctimas.

Las conclusiones ofrecen reflexiones en torno a los hallazgos en este tema particular y se relacionan con los de otros estudios identificados en la revisión de literatura. 5.1 Violencia y sanciones recibidas por faltas de respeto a los profesores El porcentaje de alumnos que dijeron haber sido sancionados debido a faltas de respeto a sus profesores, es similar en los dos nive- les educativos considerados en este estudio –el 12.2 y el 12.3 en primaria y secundaria respectivamente.

Un factor al que se asocia el hecho de ser objeto de sanciones al interior de la escuela es el género de los alumnos. En primaria el porcentaje de niños sancionados asciende a 16.3 por ciento, mientras que el de niñas alcanza sólo el 8.2 por ciento. En secundaria, 17.8 por ciento de los varones dijo haber re- cibido sanciones por faltas de respeto a sus profesores, contra sólo el 7.5 por ciento de sus compañeras. En ambos niveles se registran diferencias estadísticamente significativas entre los alumnos de un género y otro.

El examen de esta situación atendiendo a las modalidades escolares, permite afirmar que en algunas de ellas esto ocurre en mayor medida (véase tabla 21).

Capítulo 5. La violencia

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