2.3 Homomorphic Encryption Timeline and Background
2.3.3 Second Generation
Un tema que debemos discutir aquí, y que crea mucha confusión entre los biólogos de campo, es la distinción entre un censo y un valor estimado de la población. Incluso los distintos diccionarios que hemos consultado proporcionan definiciones ambiguas y contradictorias. Es curioso que parezca haber cierto grado de conflicto entre el uso británico y americano de estos términos. Nosotros utilizamos la definición americana, que creemos que clarifica la distinción entre el significado coloquial de la palabra “censo” y su significado técnico en la estimación de la población. Definimos censo como el recuento completo de individuos. Por tanto, si existen 100 animales en una población, entonces deben contabilizarse exactamente 100 animales. Por definición no existe ningún muestreo ni error de muestreo asociado con este número. En el ámbito de la conservación de la naturaleza esto debería darse en rarísimas ocasiones,
simplemente debido a que los animales son difíciles de contar. Incluso los estudios llevados a cabo por los biólogos, sobre los grandes ungulados que viven en cercados dentro de su hábitat natural, encuentran que es casi imposible realizar un censo completo. No obstante, admitiremos que existen ocasiones en que la población es tan pequeña que ello es posible y queda garantizado que se cuentan todos los animales.
Para la mayoría de los biólogos, incluso para aquéllos que trabajan con especies raras o en peligro de extinción, afirmaremos que el término correcto para nuestro informe de la
abundancia es de hecho un valor estimado de la abundancia o del tamaño de la población. De hecho, si seguimos los protocolos definidos y no se violan los supuestos de las técnicas de muestreo, veríamos que en realidad un valor estimado de la abundancia es mejor que un censo. Un buen ejemplo de esta aparente ambigüedad es el caso de los censos de humanos. Incluso en este caso, con una población relativamente dispuesta a cooperar y generalmente muchos más recursos disponibles para realizar el trabajo, nos encontramos que difícilmente se consigue el objetivo de un recuento completo. Un censo, por definición, no puede tener en cuenta a los individuos no encontrados –esto es, no podemos realizar ningún valor estimado de la
probabilidad de detección si esta es < 1.0. Es interesante que la mayoría de censos humanos a gran escala, tales como los llevados a cabo cada 10 años en EUA, hayan de intentar realmente incorporar factores de corrección para la probabilidad de detección –exactamente lo que nosotros debemos hacer en el muestreo de nuestras poblaciones. Cuando utilizamos buenos diseños de muestreo y estimas, estamos admitiendo que no podemos contar a todos los individuos. En vez de ello recogemos datos que nos permitan estimar las probabilidades de detección, y que así nos proporcionen valores estimados no sesgados de la verdadera abundancia. Otro punto importante es que un verdadero censo no es la forma más inteligente ni eficiente de usar los escasos recursos que se dedican a la conservación, ya que el intentar contar a todos los individuos, incluso en poblaciones relativamente pequeñas, es una ardua y generalmente imposible tarea –que dilapida los recursos que podrían utilizarse para otros proyectos de conservación.
ÍNDICES
En general, en la ciencia de la conservación los recursos y el tiempo para emprender y desarrollar estimas de la abundancia de nuestra especie objetivo son limitados. Los
investigadores se enfrentan al dilema de tener que elegir entre los valores estimados cuantitativos de la abundancia descritos en los capítulos siguientes o mediciones indirectas de la abundancia, que pueden o no pueden proporcionarles una información fiable.
Un índice es cualquier medida o recuento de una especie basado en la observación
directa o en la observación de un signo de la especie, que nos proporciona una medida relativa de la abundancia, basada en una cierta escala numérica de observación, sin una medida de la
probabilidad de detección (β). Ello significa que los resultados de los recuentos nos proporcionan un número igual a o menor que el número de individuos presente. La relación real entre un índice y la población verdadera puede tomar un número infinito de formas (damos unos ejemplos de ellas en la Figura 6.1). Lo que a menudo asumen los biólogos es que esta relación es positiva y lineal (Figura 6.1a); sin embargo, la relación puede en vez de ello ser no lineal (Figura 6.1c,d), no monotónica (Figura 6.1e), o incluso no presentar ninguna relación (Figura 6.1b).
La clave para crear índices realmente útiles es relacionar los números observados en el índice con algún valor estimado real de la abundancia o densidad. Desgraciadamente, esto se consigue raras veces. Lo que es más común en el manejo es la aplicación del “índice sin
fundamento” con el supuesto de alguna distribución subyacente. Existe cierto número de formas, tanto directas como indirectas, de realizar esta conexión entre los números del índice y la
abundancia. Probablemente lo mejor y más efectivo es utilizar el doble muestreo (véase el capítulo 5) con uno de los estimadores cuantitativos descritos en los capítulos siguientes. En este caso, un subgrupo de lugares de muestreo es utilizado para computar tanto el índice como un
estimador cuantitativo de la abundancia, permitiendo determinar la relación entre ellos. El estimador cuantitativo se toma entonces como un valor estimado “verdadero”.