Phase 3 – Course implementation according to Trialogical learning DPs
3.2 Second!Research!Question!Results!!
La implementación de una Smart City aporta numerosas ventajas que cada Ayuntamiento tendría que tomar en cuenta al momento de sopesar la decisión de emprender el camino hacia una gobernanza local más sostenible. Por ejemplo, gracias a este nuevo paradigma de ciudad, la gestión de los recursos naturales se hace más eficiente así como la gestión de las infraestructuras públicas. Además, la ciudad se convierte en un polo atractivo de nuevas inversiones que pueden dar lugar a servicios públicos innovadores, nuevos productos en el mercado empresarial y nuevas oportunidades para los ciudadanos. Por todo eso, se insta en esta investigación a la difusión de la ciudad inteligente, de forma paulatina y constante, acorde a las exigencias del ciudadano y del entorno natural.
No obstante eso, la Smart City conlleva algunas dificultades de implementación que derivan no solo de su naturaleza compleja sino también de factores exteriores, como la exigüidad de fondos económicos para la gestión de todo su sistema, las pocas inversiones en la investigación científica y un aparato jurídico que aún no está listo para enfrentarse a esta realidad multidimensional. El marco regulatorio actual resulta ser poco flexible491 y poco adaptable a las diferentes situaciones en las que nos encontramos en cada ciudad.
Según una encuesta492 entre los principales ayuntamientos españoles, las barreras a la implementación de la ciudad inteligente que más destacan son la financiación en primer
490 TRANSFORM. (2015). Specifying a transformation agenda, http://urbantransform.eu/wp-
content/uploads/sites/2/2015/07/KC4_integrated-planning_draft-survey_sent-to-participants.pdf, última consulta 20/08/2018, pág. 4.
491 KPMG. (2017). Hacia la ciudad 4.0. análisis y perspectivas de las Smart Cities españolas,
https://assets.kpmg.com/content/dam/kpmg/es/pdf/2017/11/hacia-la-ciudad-4-0.pdf , última consulta 20/08/2018, pág. 75.
160 lugar, siguiendo la sostenibilidad y viabilidad del proyecto a largo plazo, la necesidad de reorganizar la estructura de la gobernanza local, el marco legal, la falta de eficiencia en el modelo colaborativo entre sector público y privado y por último, el alto coste de despliegue de las iniciativas.
Una de las barreras que más frenan la difusión de la Smart City es la falta de total madurez de la tecnología. Si por un lado se ostentan los avances tecnológicos de la última década, por otro lado gran parte de la tecnología aún no ha alcanzado el nivel apto para su puesta en marcha en la vida cotidiana493, ya sea por sus límites técnicos o por las dificultades de integración en el Smart Grid. Ejemplificativo es el caso de la batería del vehículo eléctrico que tiene una aplicación limitada al sector comercial. Además, desde un punto de vista económico, muchas de estas tecnologías son pocos rentables y a menudo el marco jurídico no ayuda a su difusión, imponiendo restricciones a su aplicación y no sustentándolas con las adecuadas ayudas económicas. A nivel de gobernanza local, el principal obstáculo es la carencia de transversalidad entre las diferentes áreas de competencia municipal necesaria para implementar proyectos inteligentes que a menudo abarcan múltiples sectores de la Administración pública, frente una jerarquía marcadamente vertical del actual gobierno local. Para superar esta disfunción se sugieren diferentes soluciones494, como por ejemplo, instalar departamentos intersectoriales, formar a personal especializado en la coordinación entre departamentos, grupos de trabajos interdepartamentales y directamente, crear un centro de operaciones que reúna servicios y empleados de los diferentes sectores con el fin de trabajar juntos hacia el mismo fin. En este contexto es preciso disponer de personal altamente especializado y con una formación interdisciplinaria para poder evaluar y llevar adelante proyectos de tal envergadura.
Desde parte del sector económico surge una importante resistencia a la realización de inversiones en proyectos verdes, sobre todo por la inexactitud de la información en relación al retorno de la misma y por la percepción que las innovaciones son demasiado arriesgadas. Recordamos también que muchos de éstos presentan un coste de arranque
493 VV.AA. (2015), op. cit.:desde el plano tecnológico, todavía se producen paradojas como la
coexistencia de infraestructuras para las que aún no se encuentran suficientes usos (citándose, por ejemplo, el 4G) como de otras insuficientes para las necesidades de los usuarios, impidiendo ulteriores desarrollos.
494
Borsboom-van Beurden, J., Kallaos, J., Gindroz, B., Riegler, J., Noll, M., Costa, S., Maio, R., op. cit., pág. 30.
161 muy alto495 que no todas las empresas pueden soportar y encima los beneficios se pueden contar a largo plazo. Seguro que un marco normativo más flexible, de acuerdo con la etapa del proyecto, podría estimular más a algunas empresas a emprender en una Smart City. Al mismo tiempo, gracias a las joint ventures entre las entidades públicas y las empresas privadas, proyectos pilotos podrían convertirse en proyectos comercializados496. Otra sugerencia que viene de un recién estudio es “Bundling highly profitable project investments with less profitable or unprofitable elements can be a method for expanding the project while retaining profitability”497.
Además, las mismas administraciones no tienen los recursos suficientes ni para desarrollar e instalar una adecuada red eléctrica inteligente en grado de gestionar toda la información acerca de la energía de la ciudad, ni para adecuar la estructura organizativa de la Smart City, ni para fomentar nuevos proyectos o investigaciones con trasfondo medioambiental. A menudo los proyectos acerca de las Smart Cities carecen de una planificación a largo plazo que sea sostenible en el tiempo tanto desde un punto de vista económico como ambiental. Por eso, es fundamental encontrar siempre nuevas fuentes de financiación – privadas o públicas – para que una ciudad pueda convertirse en Smart. Además del clásico sistema de financiación, que acabamos de apuntar, la Smart City tendría que tener la capacidad de generar nuevos ingresos. Un buen ejemplo de ello es el sistema informatizado de reserva de zonas de carga y descarga498, que las empresas aprovechan para reducir el tiempo de reparto en cambio de un pago al Ayuntamiento. Gracias a estos ingresos, éste puede cubrir los gastos generados por los sensores, por las cámaras de vigilancia y otros sistemas tecnológicos necesarios para este sistema.
Otra dificultad ligada a la búsqueda de financiación es la cuantificación499 del impacto económico del desarrollo y de la implementación de la Smart City porque hay que evaluar muchas variables (tamaño de la ciudad, habitantes, presión política, importancia de las áreas de influencia, ciudadanos, entre otros) y contemplar diferentes intereses, labor muy compleja y a menudo aleatoria.
495 Observatorio tecnológico de la Energía. (2012), op. cit., pág. 29.Borsboom-van Beurden, J., Kallaos,
J., Gindroz, B., Riegler, J., Noll, M., Costa, S., Maio, R., op. cit., pág. 20.
496 Álvarez Pelegry, E., op. cit., pág. 78. 497
Borsboom-van Beurden, J., Kallaos, J., Gindroz, B., Riegler, J., Noll, M., Costa, S., Maio, R., op. cit., pág. 22.
498 García, J.M. (2012). “Smart City ¿Un futuro al alcance de la mano?”, Monográfico El camino hacia
las Smart Cities, pág. 51.
162 Los ciudadanos, entre todas, constituyen la barrera más difícil a combatir porque la concienciación de la población sobre la Smart City se consigue a través de logros concretos que se alcanzan después de muchos años de trabajo y compromiso. Hoy en día solo un 36%500 de la ciudadanía cree que la Smart City pueda mejorar su calidad de vida. Además, este lento proceso se frena por la escasa información correcta que reciben los ciudadanos sobre las ventajas de un sistema “Smart” y por la fuerte preocupación sobre la seguridad y la protección de los datos personales, siempre más compartidos a través de sistemas digitales e internet501. Otra práctica difundida que mina la confianza ciudadana es la denominación “Smart” de demasiados proyectos e iniciativas que en realidad tienen un enfoque diferente, solo con la finalidad de disimular502 y lograr una mejor acogida por la población. Por eso es deber del municipio desplegar políticas de concienciación y sensibilización acerca del tema de forma tal que los ciudadanos puedan formarse e informarse sobre todas las vertientes y ventajas que una ciudad inteligente puede aportar.
Otro de los grandes obstáculos al establecimiento de más Smart Cities en Europa es la inexistencia de una estrategia coordinada y univoca que pueda servir de guía a todos los Estados miembros. Sin embargo, como hemos analizado en apartados anteriores503, encontramos un fomento de la ciudad inteligente en muchas iniciativas europeas, aunque de naturaleza sectorial y no abiertas a todos los Estados miembros.
Del mismo modo, ni a nivel europeo ni a nivel nacional504 se ha previsto un verdadero régimen jurídico en grado de legitimar y disciplinar el sistema complejo de la Smart City. Si por un lado tenemos algunas recomendaciones y estrategias505 que orientan a los Estados miembros, por otro no encontramos aún una normativa omnicomprensiva sobre esta materia. Por lo tanto, en España se sigue el enfoque europeo, no atreviéndose el poder legislativo a dar un paso más adelante hacia una verdadera disciplina de la Smart City. Esta tímida actitud podría deberse a otras disfunciones que ya comentamos, relativas al procedimiento de instauración de una Smart City, es decir a la falta de una definición unívoca de este sistema y a la dificultad de compaginar todos los intereses de
500 Hatzelhoffer, L., Humboldt, K., Lobeck, M., Wiegandt, C-C., op. cit., pág. 163.
501 Arenas, M. (2015). “Ciudades inteligentes en la era de la nube”, Smart City Actual n. 11, págs. 14-20. 502 Álvarez Sastre, R. “En busca de un modelo universal y propio”, http://www.smartscities.com/es/en-
busca-de-un-modelo-universal-y-propio.html, última consulta 08/07/2015.
503 Véase Parte I.4.
504 Álvarez Sastre, R. (2015). “Smart Cities. En busca de un modelo universal y propio”, Smart City
Actual n. 11, pág. 32.
163 los diferentes sectores económicos. A nivel local tampoco encontramos –todavía- instrumentos jurídicos adecuados para garantizar la transparencia de la administración pública506, base de todas las Smart Cities507. Pero existen muchas más posibilidades, en las que en este momento, por razones de tiempo y de coherencia con el objeto del trabajo, no vamos a profundizar. Recordamos solo la imposición de nuevos impuestos por emisiones, ingresos por publicidad en pantallas informativas o sistemas de peaje en la sombra, entre otros.
Especificamos que esta disciplina jurídica general – que aquí estamos propugnando – no pretende aglutinar todas las experiencias positivas de todos los ámbitos de influencia de la Smart City recogidas por todo el mundo, porque cada realidad es diferente y necesita un acercamiento individualizado, plasmado de acuerdo con las exigencias de la zona y de la población. Además, el macro sistema Smart está en continua evolución508, ya que depende directamente de los avances tecnológicos que la ciencia nos ofrece cada día, hecho que dificulta su estandarización. Pero es cierto que se podría crear un modelo básico universal – adaptable a cada ciudad – dotado de una dimensión jurídica que pudiera condicionar a los poderes públicos de manera más estricta. En cambio, hasta ahora, tenemos solo esporádicas referencias a la Smart City en normativa sectorial509 y muchas veces su disciplina es meramente indirecta o de naturaleza soft law.
1.7. Aproximación al desarrollo actual de las ciudades inteligentes (Smart Cities).