CHAPTER 3: ILLEGAL IMMIGRANTS AND LABOUR LAW
3.7 Key authority on recent developments on the illegality of employment
3.7.2 Section 23 of the Constitution
Esta es una enfermedad ampliamente diseminada en los estados de Aguascalientes y Zacatecas; su etiología permanece desconocida, aunque por la naturaleza de los síntomas observados puede ser de origen viral.
Las plantas afectadas por esta enfermedad, son: achaparradas, con aspecto de arbusto y el follaje muestra una coloración de verde pálido a amarillo, que contrasta con el color verde intenso de las plantas sanas. Se ha observado, que estas plantas presentan entrenudos cortos, hojas generalmente más largas y anchas, que las de plantas normales; estas hojas son de consistencia coriacea (parecida a un cuero) y más gruesas. Se ha notado, que estas no pierden el follaje (Figura 7.13) y tampoco presentan floración, por lo cual no fructifican, característica que la distingue de la pudrición de la raíz, donde si se observa floración y fructificación (Velásquez et al., 2002).
Las plantas afectadas mueren prematuramente y conservan el follaje, con un intenso color café. En parcelas a cielo abierto, la enfermedad es más evidente a partir de junio y la mayoría de las plantas enfermas mueren en septiembre, sin producir frutos. Las plantas afectadas aparecen aisladas dentro de una parcela y muy rara vez se encuentran
Figura 7.13. Planta de chile con
síntomas (clorosis, follaje alongado,
acaparamiento) de amarillamiento.
Manejo de la enfermedad. No existen productos químicos que controlen este tipo
de enfermedad, una vez que los virus infectan la planta; por consiguiente, las estrategias de manejo están diseñadas para prevenir las infecciones provocadas por virus, o bien, retrasar lo más posible el inicio de las epidemias virales.
Se sugiere eliminar tan pronto como aparezcan en el campo las plantas con cualquier síntoma descrito previamente; esas plantas, deben incinerarse fuera de la parcela; esta práctica debe repetirse periódicamente durante el ciclo de cultivo. La destrucción de plantas enfermas reduce el nivel de inóculo viral para los siguientes ciclos de cultivo, especialmente para los virus del mosaico del pepino y tabaco, ya que los residuos de plantas infectadas son una forma de supervivencia de un ciclo de cultivo a otro (Velásquez et al., 2002).
Algunos de estos virus pueden sobrevivir y reproducirse en la maleza que se desarrolla alrededor y dentro de la parcela, como el toloache y la verdolaga, entre otras. En las malas hierbas, pueden aparecer algunos de los síntomas que se describen para las plantas de chile infectadas; sin embargo, también pueden no mostrar síntomas y aún así albergar uno o más virus. De esta manera, los vectores de virus (pulgones y mosquitas blancas, principalmente), al alimentarse de esas malas hierbas adquieren el virus y son capaces de transmitirlos a plantas de chile (Velásquez et al., 2002).
Es importante conservar la parcela de chile y sus alrededores libre de malas hierbas, para evitar que se alberguen en ellas los insectos vectores y virus, que afectan al cultivo de chile. La eliminación de la maleza hospedera de vectores o virus tiene un efecto benéfico, mayor cuando se realiza durante el invierno, para el caso de virus no persistentes en la región del Altiplano, porque durante esa época, no hay cultivo presente; por lo tanto, se reduce el riesgo de infección en la primavera. La utilidad de esta práctica se incrementa, cuando se lleva a cabo involucrando el mayor número posible de productores en una determinada área (Velásquez et al., 2002).
La aplicación de insecticidas para combatir insectos vectores de virus, depende en gran parte de la identificación de los virus prevalentes en un cultivo o región. En el caso de virus no persistentes, el empleo de insecticidas para el control de la población de
vectores será poco efectivo, ya que se requieren pocos segundos para que el vector adquiera y transmita las partículas virales.
La aspersión de aceites minerales, ha proporcionado un buen control de vectores y por consiguiente, se ha conseguido el éxito en la prevención de infecciones por virus no persistentes, siempre y cuando se asegure la presencia de esta "capa protectora", sobre la planta por varias semanas.
En contraste, para el caso de geminivirus, el manejo del vector (mosquita blanca) a través de insecticidas como el Imidacropid (Leverage), es una alternativa exitosa de manejo del vector; esta estrategia, consiste en tratar la semilla con ese insecticida al momento de sembrar el almácigo y asperjar la base de las plantas, poco después del trasplante con este mismo producto; bajo este esquema, se obtiene un cultivo protegido contra el o los vectores de virus durante los primeros 60 días de desarrollo del cultivo. En caso de que se requiera aplicaciones posteriores de insecticidas para controlar la mosquita blanca, se sugiere utilizar otro tipo de insecticida, con el fin de prolongar la vida útil del Imidacropid, para el manejo de este vector (Velásquez et al., 2002).
Se sugiere el empleo de barreras de cereales como maíz o sorgo (se debe tener cuidado con éste último cereal, en parcelas donde se han detectado nematodos agalladores), alrededor de la parcela de chile, o bien, en los puntos de llegada de los vectores, que generalmente coinciden con la dirección de los vientos dominantes en la región; lo anterior, para retrasar la llegada y reducir el nivel de inóculo del virus en las poblaciones de pulgones u otros vectores con capacidad de transmitir virus, del tipo no persistente, que intenten alcanzar las plantas de chile dentro de la parcela.
El maíz o sorgo, se deben sembrar dos o tres semanas antes del trasplante de chile. Para que cualquiera de estos cultivos funcione efectivamente como barrera, se debe sembrar una densidad alta de plantas; dicha barrera, puede ser asperjada con insecticidas regularmente, para eliminar las poblaciones de vectores presentes. Para el caso de mosquita blanca, se sugiere sembrar frijol como cultivo trampa y seguir las mismas sugerencias descritas para las barreras de maíz o sorgo (Velásquez et al., 2002).
Otra práctica útil para el manejo de enfermedades provocadas por virus no persistentes, es el uso de bandas plateadas o acolchados reflectivos, que "confunden" a los pulgones cuando tratan de "aterrizar" en el follaje de las plantas de chile; de esta manera, se evita el contacto entre el vector y la planta (Velásquez et al., 2002).
Para el manejo de vectores, tanto de virus persistentes como no persistentes, se sugiere el empleo de cartulinas amarillas (Figura 7.14), impregnadas con un pegamento para capturar adultos. Estas cartulinas deberán ser colocadas 50 cm por encima del cultivo en la orilla de la parcela, con la cara que tiene el pegamento orientada hacia la dirección que tenga el viento dominante. Las cartulinas deben ser colocadas en el campo poco después del trasplante del cultivo. También, se pueden utilizar bandas de color amarillo de 0.5 a 1.0 m de ancho, extendidas a lo largo de la zona de llegada de los vectores. Antes de ser distribuidas en el campo, estas bandas deben ser impregnadas con algún tipo de pegamento (Velásquez et al., 2002).