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PHYTOCHEMICAL EVALUATION

SECTION-D CHROMATOGRAPHY [85]

Social - Llevar mandados y recados entre personas Fuente: Elaboración propia con base en observaciones de campo, 2006

Son las niñas quienes llevan a cabo la mayor parte de trabajo doméstico -después de las mujeres adultas- y los niños intervienen sólo en algunas de ellas.

Algunas instalaciones de uso común no están adaptadas para el uso de niñas y niños. Por ejemplo, es común que las niñas laven ropa o trastes desde los siete años, sin embargo, como no hay lavaderos a su medida se ven obligadas a subirse a una cubeta para poder hacerlo.

La incorporación de las niñas al trabajo jornalero no les releva de realizar trabajo doméstico sino que viene a constituirse como una doble carga de trabajo.

Cuando regreso del corte me toca lavar mi ropa mientras mi mamá hace la comida, luego le dejo el lavadero y voy a comer, me baño y me cambio. Luego hago mis trastes, los meto en una cubeta y me voy a los lavaderos para poder hacerlos bien. De regreso me toca ayudarle a hacer tortillas y ayudar a que se duerma mi hermanito (Carolina, 10 años, 16-02-2006).

Como ayudantes o como ejecutoras totales de labores domésticas, poco a poco las niñas van desarrollando un sentido de responsabilidad hacia el trabajo que realizan.

Existen diferentes valoraciones por parte de los adultos. Las actividades agrícolas son mucho más apreciadas que las domésticas, a pesar de que muchas actividades domésticas requieren de más tiempo.

El acarreo de agua es la actividad en la que se vio la mayor participación de miembros infantiles pequeños, ya que gran parte de las familias carecen de botes para el acarreo de agua, y se hace a través de recipientes con capacidad variada. Hay recipientes de un litro o de litro y medio para los niños y niñas más pequeños (tres a cinco años). Como la capacidad es poca, el acarreo de agua se prolonga a lapsos de hasta una hora de ir y venir.

La preparación de alimentos y el lavado de ropa son actividades realizadas predominantemente en compañía de la madre, y por el contrario, el lavado de trastes y el aseo del cuarto son labores que se hacen de manera individual.

Cuando hay hermanos(as) más pequeños(as) son las niñas de entre cinco y ocho años quienes se encargan de cuidarlos, de que no caminen lejos del cuarto, de que no se ensucien, de cambiarles el pañal y de peinarles.

Cuando todavía no llegan las cuadrillas del trabajo y llegan cargamentos de palets para leña al campo son los niños, niñas y personas de la tercera edad quienes acarrean la leña. Como los palets son pesados, se escogen los que son más pequeños, los trozados y además se intentan romper antes de acarrearlos al cuarto. Al regresar del trabajo a niñas y niños les toca cargar la bolsa o costal con los trastes vacíos de la comida, ya que de ida-cuado van llenos- las mujeres los cargan.

Las niñas interiorizan más la apropiación de ciertas labores como “obligación natural” por el simple hecho de ser niñas. Así, se les oye decir con frecuencia -tengo que lavar mis trastes, tengo que barrer mi cuarto o tengo que lavar mi ropa- aún cuando ciertas labores impliquen el trabajo que podría realizar alguien más o constituirían parte de la responsabilidad de otras personas del grupo. El trabajo es apropiado como una responsabilidad individual.

De este modo el trabajo doméstico se empieza a concebir como obligatorio. Es decir, se convierte en un deber con poca posibilidad de transferencia y mucho menos

cuestionable. Sin embargo, la aceptación de responsabilidades, la experiencia y/o toma de conciencia de lo que dichas actividades implica va generando relativos niveles de independencia y libertad en la toma de decisiones en determinados niveles.

La participación infantil en el trabajo agrícola se distribuye en función del cultivo como se indica en la Gráfica 1:

Fuente: Elaboración propia con base en la E.T.I.J., 2006

La mayor proporción de infantes trabaja en labores de corte. Para ello se les proporciona una cubeta con una capacidad aproximada de cinco a diez kilos que ocupan como unidad de medida para la cosecha del fruto.

Las formas en que las niñas y los niños acarrean las cubetas varían en función de la edad, sexo y hora de la jornada laboral. Por la mañana, se lleva en hombros y a medida que avanza el día y se va acumulando cansancio y desgaste físico, es más difícil tener fuerzas para subirla al hombro por lo que se lleva a dos manos o con una. Los infantes pequeños, entre cinco y siete años, generalmente la llevan con las dos manos. Entre ocho y más años la suben a uno de sus hombros. Las niñas la cargan con una mano inclinándose para compensar el peso con su cuerpo.

Los infantes pequeños (de seis a nueve años) cuentan con un balde para llenar y acarrear, a diferencia de los mayores que cuentan con dos. No todos cuentan con guantes. A la mayoría los guantes les quedan grandes, además de que les hace sudar las manos impidiendo la realización de su trabajo.

Un 94% de los niños y niñas que trabajan como jornaleros(as) lo hacen junto a uno o varios de sus familiares. El 6% restante lo hace de manera independiente o en grupos de amigos o amigas.

Niños y niñas no sólo participan en el mercado de trabajo jornalero sino también en actividades en el ámbito doméstico y comunitario. Como se vio en el presente capítulo, el mercado de trabajo rural en Sinaloa es un elemento técnico-productivo central de la agroindustria. A su vez, el mercado de trabajo se desenvuelve bajo condiciones de flexibilidad laboral que permiten que las empresas agrícolas sean competitivas en el mercado internacional de productos agrícolas. La organización del trabajo refleja un grado de especialización productiva controlada por los gremios empresariales, que a su vez, definen la forma en la que el trabajo se distribuye entre las comunidades y los miembros de los grupos domésticos jornaleros. Siendo este apartado un punto de referencia para entender el ámbito socio-espacial en el cual se desenvuelve el trabajo infantil jornalero como fenómeno social.

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