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SECTION D: POLICY CHANGES AND FUTURE TRENDS

La fe tiene que ―mostrar‖ su credibilidad y ese ―mostrar‖ es el amor. El amor genera una respuesta, cuando es significativo. En el discurso que hemos venido desarrollando, evidenciamos a Dios cuando el hombre, expresa su razón de ser: el

amor. El ―Absolutamente τtro‖ de R. τtto452 se hace ―Dios, amor que

desciende‖453 y ―misterio fascinante y tremendo‖454. Ya el hagiógrafo del AT

anunciaba un ―Dios con nosotros‖ Is ι, 14. El Dios ―misterioso y tremendo‖ del Sinaí, ―ha puesto su tienda entre nosotros‖, Jn 1, 14. υareciera que el hombre religioso no quiere aceptar la encarnación de Dios, pues tal vez no le deja hacer al hombre sus caprichos egoístas y mezquinos. El Dios alejado de las religiones, le resulta más cómo al hombre, pues no interviene en su historia y así puede el hombre hacer un ―dios‖ a su ―imagen y semejanza‖, que todo lo justifica, es más, ―bendice‖ sus caprichos egoístas.

El ―dios‖ de las religiones, cuando ―decide‖ ―visitar‖ a los hombres, es para complacerlos en sus instintos pasionales: la vida, -todas las diosas de la fertilidad-; el sexo,-todos los dioses de la sexualidad‖, la venganza frente a los enemigos, etc. Si analizamos, por ejemplo, el panteón romano, egipcio y griego, encontramos la misma constante. La experiencia de las religiones mistéricas, prueban este

fenómeno cultural, que por ende es antropológico. Esta ―inmanencia‖ de los dioses

no es otra cosa que una complacencia de los mismos en la ciudad de los hombres. En la mitología griega la ciudad de Argos es el ―balneario‖ de los dioses, empezando por Zeus. Allí complace a los hombres compartiendo sus propios instintos egoístas. ¡Qué diferencia del Dios encarnado en Cristo! Que exige un compromiso siendo el hombre gestor de su propio desarrollo. El Dios encarnado en Jesús de Nazareth no mutila al hombre, lo hace verdaderamente humano.

nuestra época‖ Este número ameritaría toda una tesis doctoral. Es largo, por cierto. Aquí podemos

encontrar un acertado enfoque de la espiritualidad cristiana.

452 Lo santo, Selecta de revista de Occidente, Madrid, 1965, 2ª. Edición.

453 Véase a Karl Rahner, Dios, amor que desciende, (Escritos espirituales), Ed Sal Terrae,

Santander, 2008.

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La encarnación de Dios es una secuencia lógica de la naturaleza divina y una

exigencia ―natural‖ de la realidad del hombre455. La ―definición‖ más cercana al

Absoluto ser de Dios, nos la da el autor de la Primera carta de San Juan, 1 Jn 4, 8. 16; Jn 3, 16, expresa la mayor manifestación de Dios. El hombre, al ser participación de Dios AMOR, sólo entiende el lenguaje del amor, pues él comprende desde su propia naturaleza. El evangelista que más nos habla del amor es San Juan, pues tanto amó Dios al mundo que envió a su único hijo‖ Jn γ, 16. La prueba más grande de Dios está manifestada en la encarnación de su Hijo. El Absolutamente trascendente, se hace inmanente, ―encarnándose‖. La encarnación se da en ε θο δμ – anonadamiento, Fil 2, 6-11. La trascendencia se hace inmanencia, pasando por la kénosis. Aquí es donde se verifica el verdadero amor.

La experiencia del ―Absolutamente τtro‖ ha movido a los místicos a buscar sin descansar. Lo inaprensible despierta un deseo infinito de aprehender. Resulta como un ansioso e inagotable reto. Es como una búsqueda ansiosa en la experiencia del gozo. Es como un alimento que se degusta y la degustación genera una ansiedad de llegar hasta el final, resultando la búsqueda inagotable. Rudolf Otto en su obra Ensayos sobre lo luminoso456 nos trae a colación una

reflexión interesante del monje benedictino Johannes von Kastl (quien murió hacia

14β6): ―Solus amor est, quo convertimur ad Deum, transformamur in Deum,

adhaeremus Deo, unimur Deo, ut simus unus spiritus cum eo, et

beatificemur cum eo”. (El amor es lo único por lo que nos convertimos a Dios y nos trasformamos en Dios, nos adherimos a Dios y nos unimos a Dios, de modo tal que nos hacemos uno en el espíritu con Él y alcanzamos la beatitud con Él). Otto citando a Lutero nos muestra cómo la trascendencia de Dios se hace inmanencia en una experiencia mística: ―En Dios lo inaccesible se hace accesible, lo santo, pura bondad, y la maiestas se torna cosa familiar‖457.

La ―experiencia del Absolutamente τtro‖ al hacerse experiencia religiosa se hace

experiencia ―excesiva‖, ―superabundante‖, ―fascinante‖458. Nos dice Otto, lo

―numinoso‖ se presenta bajo la forma de misterio. La experiencia de Dios es inagotable. El misterio para el hombre es parte de su grandeza; su ―acercamiento‖ genera la sensación de una búsqueda continua. En lo categorial-finito, ¿por qué

455 Parafraseando a Rahner en, Oyente de la palabra, en donde se muestra que la revelación se

encuentra ya incoada en la naturaleza humana. Resultando para el hombre algo ―natural‖ ser

interlocutor de Dios. Véase, Oyente de la palabra, Ed. Herder, 1ª Edición, 2ª. Impresión, Barcelona, 2009.

456 Ed. Trotta, Madrid, 2009, p. 81. 457 Lo santo, o. c. p. 142.

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los ―personajes‖ generan un ―misterio‖ς Dentro de las categorías humanas, ¿cuál

es el ―secreto-misterio‖ de esa ―grandeza‖ς El ―misterio‖ en el hombre, a diferencia

del misterio de Dios, nos lleva al desencanto. En esa aparente ―grandeza‖ de los hombres ―célebres‖, se encuentran muchas ―bajezas‖. σunca esas ―celebridades‖ satisfacen la sed de infinito que yace en la naturaleza humana. En cambio el misterio de Dios es fascinante, pues la degustación de Dios genera un anhelo gozoso por disfrutarlo. Los seres humanos defraudan, Dios no. Siguiendo a Rahner, en la inmanencia se descubre la trascendencia y en la trascendencia, la inmanencia459.

La trascendencia de Dios se hace analógica en nuestro propio ser. Nos dice Rahner: ―Dios es lo más íntimo del sujeto finito y de la realidad mundana que le sale al encuentro, lo que sustenta a ambos desde dentro, y a la vez decimos: Él es el que vive en una absoluta e intocable autoposesión, Él no se agota con la

función de ser horizonte de nuestra existencia‖460. La trascendencia de Dios se

hace inmanencia en el hombre en una experiencia de vida. Dios aparece dentro de nuestro mundo de experiencia categorial. El hombre no puede renunciar a una categorización de Dios. La trascendencia de Dios se hace inmanencia en una experiencia personal. En el hombre la sed de Dios, es una muestra de la inmanencia de Dios. La trascendentalidad se hace histórica en la encarnación del Hijo de Dios. La trascendencia se manifiesta en la historia humana. Dice Rahner: ―La trascendencia misma tiene una historia y la historia es siempre el suceso de

esta trascendencia‖461 . La muestra más evidente de la inmanencia de Dios es la

encarnación462.

Lo humanum463 del hombre revela tanto su inmanencia como su trascendencia. El hombre es un ser categorial-finito y a la vez, trascendental-Infinito464. Ambos aspectos son igualmente importantes en el hombre; es más, ambas realidades intrínsecas al hombre, conforman el ser del hombre. El hombre “es el ser que trasciende465. La trascendencia de Dios, ―el absolutamente τtro‖ se hace

459 Rahner, Curso fundamental sobre la fe, Ed. Herder, Barcelona, 2007; 1ª. Edición, 7ª. Impresión. 460 Rahner, o. c. p. 95.

461 Rahner, o. c. p.175. 462 Rahner, o. c. pp. 253-257.

463 Raimon Panikkar, Culto y secularización, Marova, Madrid, 1979, pp. 93-100.

464 Rahner, Oyente de la palabra; Curso fundamental sobre la fe; sobre todo, Espíritu en el mundo

y en los Escritos de teología. Esta idea es una constante en las obras citadas.

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Rahner, Curso fundamental sobre la fe, o. c.p. 4γ: Éste teólogo alemán agrega: ―El hombre a

pesar de la finitud de su sistema, está siempre situado ante sí mismo como un todo. Él puede cuestionarlo todo; puede por lo menos interrogar siempre todo lo enunciable en particular mediante una anticipación (Vorgriff) de todo y de cada cosa. En cuanto pone la posibilidad de un horizonte de preguntas meramente finito; ésta posibilidad está rebasada y de nuevo y el hombre se muestra como el ser de un horizonte infinito‖ p. 50.

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inmanencia en la relación hombre-Dios; aquí reconocemos que somos el ―tú de

Dios‖. Esta relación no es abstracta; es concreta, definitiva y existencial. La

apertura del hombre proviene de su naturaleza creada por Dios; por eso solo el hombre se relaciona personalmente. Dios es persona, es comunicación y, si el hombre es imagen de Dios, entonces, el hombre es persona, es comunicación.

―Una persona aislada, esto es, individualista, es una contradicción in términis”466.

Comunicación es más que comunicabilidad, es comunión. Dios es comunión, porque es Trinidad. De ahí que el hombre sólo se siente humano siendo comunión. El amor es la expresión sensible de la comunión. Esta experiencia humana es la traducción de ―Dios es amor‖ 1 Jn 4, κ. Como dice X. de Zubiri, ―el

hombre es una manera finita de ser Dios‖467.