“iflesterrar al gordinflón Jack! Tanto vale desterrar al mundo
entero” (120)
Añadiendo,
esta vez por boca propia,
su convencimiento
de la
necesidad
de tomarse
la
vida
con un poco de sentido
del humor;
descubriendo
el verdadero
valor de las
cosas:
“¡Bien, Sir John! Estáis en la verdad. El mundo tiene que reír ó
el mundo no será.” <121>
En el humor hay un fondo de descreimiento, al poner todo en duda, al descomponer cualquier realidad que se nos ponga delante. El humor sirve como sopío liberador de la tensión concentrada, de ahí que se diga que el humor se contrapone al miedo, porque descompone y libera la energía acumulada por medio de la risa. Así ocurre en los temas de espiritismo o donde intervenga lo sobrenatural; aspectos que pueden ser tratados cómicamente mostrando el desajuste e incredulidad con esas realidades esotéricas. La risa destruye y aminora el miedo y la tensión. El
humorista
intenta reírse de sus propios miedos y fantasmas, comouna forma de superarlos; algo que no siempre se tiene que conseguir.
Cuando en una sesión de espiritismo,a la que asiste por entretenimiento y a la que ha sido arrastrado por Encina, se les aparece entera la figura de una niña, estando el “medium” en trance, Cané se dispone a acabar con aquella posible farsa despertando al “medium” pero, en ese momento recuerda que habían aceptado la condición de no despertarle, advertidos de:
“E.,.)
que la entrada violenta del fluido en su cuerpo, si talcosa hacíamos, le produciria la muerte instantánea;
E...]
Tenía razon y cedí, pero todavia siento no haber puesto en peligro los dias del taumaturgo” <122)Cané evidencia una absoluta incredulidad en esos fenómenos sobrenaturales y espiritistas, por resultar absurdos a una mente positivista; ya que esas creencias, como las religiones, han
sido:
“jj..) creados por la imaginacion para satisfacer las necesidades morales de los hombres.” (123>
Incluso cuando ante sus ojos se presente esa aparición que mueve cuadros, que les da cigarros, que pone en marcha un caja de música, que les da la mano; Cané para cerciorarse de su
existencia intentará apretarla entre las suyas:
En este sentido el humor actúa de lastre para lo
sobrenatural,
lo
hace
descender
a
terrenos
más
tangibles,
deshaciendo el halo misterioso que generalmente lo acompana.
Por
su
parte,
Encina
busca
una
prueba
contundente,
definitiva, para creer en estos temas; para ello pone bajo llave, en una caja sólida que custodiará en todo momento, un lápiz con un papel en blanco y afirma:
“Si
amanece
algo
escrito,
aunque
sea
una
línea
geométrica,“credo”. fleclaré lo mismo, seguro de no creer una palabra aunque
apareciese el Apocalipsis en hebreo” (125)
Una de las
facetas
novedosas que aparecen en este
libro
es
la ternura que produce la infancia, pero la infancia no vista con los ojos del sentimiento, rememorada y recuperada del pasado,
sino la infancia objetiva y externa a él mismo. Pocas veces se le ve hablar a Cané de un niño, para reflejar no sus recuerdos del pasado, sino el presente de ese niño <tal vez uno de los raros
casos sea
“Los músicos de la montaña”)
Por primera vez en su literatura Cané evidencia la ternura que inspira un bebé, su alegría e indefensión, y ello para dar cuenta de las alegrías de la paternidad. El placer de un momento de dedicación y atención al hijo, de sentir las alegrías que permite la paternidad; dejando por unos instantes los agobios de la vida profesional que le llevan diariamente:
“[..J
á tomar su sombrero apenas acaba de comer, darle un beso y salir inmediatamente.” (126)El articulo “Bebé en el circo” (1880) es un texto de gran ternura y sensibilidad. En él recrea una jornada pasada con su hijo en el circo, para regocijo de su inconsciencia. Lugar predilecto de los infantes, que en las exageraciones e ilógicas acciones de los payasos encuentran una fuente inagotable de alegría, sirviéndoles de aprendizaje para:
“E...) hacerlos entrar en la vida por la puerta rosada” (127)
Cané también presta atención a esa profesión resignada de payaso; personaje tragicómico que hace reír con las lágrimas. Tipo humano al que la mirada inocente de un niño denomina:
“I¿...] cótcLico al “trágico” que echa el alma en la “Carcajada”
[...J”(128)
Una muestra de la ternura paternal que se despierta en Cané, en contacto con ese hijo que no disfruta todo lo que debiera, se realiza en el lenguaje, en la carga afectiva que contiene el uso de los diminutivos:
“Bebé está sentado en la primera fila del palco con sus bracitos recostados sobre la baranda. La cabecita rubia gira inquieta y los ojitos, fosforecentes de curiosidad, se dirijen tan pronto á la arena, tan pronto á las gradas” (129)
La infancia, ante la mirada escéptica de un adulto, es la alegría inconsciente ante los dolores que nos depara el mundo. Visión melancólica de una etapa feliz y despreocupada que se siente irremediablemente perdida. Idea que también se recoge en el relato “Los músicos de la montaña”, aunque con tonos más
pesimistas:
“¡Santa infancia! Un niño es un poema celeste” (130>
El padre está contento de poder disfrutar un día de la vida de su hijo; para que este momento
sea más intenso,
provoca
la
locuacidad del pequeño y lo arrebuja contra si, para sentirlo más
cerca,
con la excusa
de no molestar
al vecino:
“[...J
pero en verdad para darse el placer inefable de sentir vibrar contra su pecho ese cuerpecito querido.” (131)Cuando Cané deposite esa noche
su carga preciosa
en la cama, se preguntará, mirando ese cuerpecillo agotado y dormido:“¿Quién ha gozado más, Bebé ó Papá?” (132>
Esa inocencia de la infancia también se evidencia en el relato “Lección cívica” (1884) . En él el padre interroga a su hijo, ya algo más crecido, para saber cuáles son sus proyectos para el futuro:
“Mi hombrecito no tenía ideas fijas al respecto; A sus ojos, el problema principal era “ser grande”, profesión que á su juicio importaba todo, libertad, recursos, medios de accion y satisfaccion de todos los caprichos.” (133)
Para acabar con esas
torturas
intelectuales,
a las que le somete sin querer el adulto, el infante cree dar con la respuesta correcta:“Yo seré lo que mi papacito quiera.” (134)
Sencillez y pureza que manifiesta qué lejos está todavía la amargura, el desengaño y la comprensión de las ilusiones rotas que se han ido quedando por el camino de la vida.
2.4.5. flotas e impresiones
.
Hemos comentado ya cómo el humorismo descompone y desordena todo lo que toca. En esa desarticulación puede intervenir el escepticismo como fuerza motriz, aunque no es imprescindible. En el caso de Cané ese comportamiento del humorismo se ve claro cuando se burla de la carrera diplomática, del protocolo, de todo ese formulismo inerte, fosilizado, mecánico; rasgo constante en la literatura de Cané. Cané se ríe desde dentro, desde el conocimiento que le da el haber practicado la profesión muchos años. Trabajo diplomático que le resultaba monótono, aburrido, desolador; zozobra espiritual de la que se refugiaba en la lectura y en la literatura:
“[...] he oído decir que entre los diplomáticos no hay noticia de
que un joven secretario haya escapado a la imbecilidad después de dos años de permanencia en Berna...; y lo peor del caso es que casi todos los jefes actuales de misión, en Europa, han hecho ese puesto” (135)
En otro texto de Prosa liQera, Cané se muestra consciente de esa deformación que produce en los espíritus la vida diplomática; “con penas, alegrías, expansiones, esperanzas, luchas, triunfos y caídas” (136> . Cuando al pasar consulta con el Ministro de Exteriores de su país (el Dr. Eduardo Costa> observa cayado a otro colega dando nuevas al Ministro, al concluir aquel y salir del gabinete, Cané evidenciando su pesimismo en la función pública no puede contener la risa.
“El Dr. Costa, que me había tratado poco, me miró sorprendido y me dijo en voz baja; “Veo que usted no cree en el “cuerpo diplomático”; hágame Vd. el favor de cerrar la puerta y vamos a charlar.” (1V?)
El Humor puede ser empleado, por esa facultad que tiene de percibir las sombras en las luces, para descomponer y analizar todo lo humano y lo divino; como martillo demoledor de principios absolutos (la religión, la política, . . .> o de las creencias y las
modas pasajeras, propias de cada época. Con una sonrisa en los labios se puede desacreditar lo serio y pesado, mostrando lo que de inerte, fosilizado y falso tienen en si. La ironía, utilizada con gracia y con temple, actuará como fino bisturí de quirófano para extirpar los aspectos enquistados de la sociedad.
Este tratamiento se puede emplear, por ejemplo, sobre el proteccionismo de los países más desarrollados (EEUU, Francia) actitud egoísta y egocéntrica, que no tiene en cuenta que estos centros de civilización y de cultura no son patrimonio nacional, sino que:
son el producto de la humanidad entera, el símbolo vivo de su solidaridad.” (138)
Sobre estos trascendentales temas, que son de interés universal, cualquier interlocutor es válido y no duda en pasar consulta, en debatir sobre ellos, tanto con el más alto cargo político, como con:
“E...]
mi manicura, una excelente mujer de unos 45 años” (139>En “Frente al Africa” <1896) , Cané se hace eco de la reflexión de Pellegrini: “se diría que el perfeccionamiento de las modernas armas de guerra sólo ha tenido por objeto la destrucción de la raza negra” <140). Con ello realiza una dura crítica, reflexionándo sobre esos avances científicos que salidos de una mente positivista no son encauzados a un buen fin, sino a la destrucción del propio ser humano. Cané hace aquí uso de la ironía para marcar ese ilógico comportamiento:
“E...)
no cabe duda queE...)
el próximo y feroz explosivo que saldrá del laboratorio de un tranquilo sabio, padre de familia y pacifico ciudadano, será experimentando sobre alguna tribu de “coloured gentiemen”, como dicen los yankees.” (141)Diatriba contra ese colonialismo feroz que antepone la tuerza de las armas a los impulsos de la ciencia filantrópica o a las exploraciones a lo Livingstone. Ese instinto conquistador, destructor, que la acción del europeo impone en Africa, le lleva a afirmar con sarcasmo, ante esa acción exterminadora del blanco y la tenaz resistencia que aún manifiesta el negro para desaparecer:
“Pero no hay que desesperar: los mastodontes eran más fuertes aún y ya no se encuentra ni uno.” (142>
En “Paris, sensación de llegada” (1896) se retoma el tema, siempre grato, de los recuerdos de la infancia. Los juegos de la niñez, con su vitalidad y su imitación entreverada de los actos de los adultos. Esas batallas a pequeña escala, que se comparan con acontecimientos históricos para darle mayor dramatismo y comicidad:
“E...)
las rudas batallas a pedradas o los feroces entreveros amosquete limpio, páginas gloriosas que cantan en la memoria de mis primeros aftos.” <143)
En “Nueva estética” critica con humor las modas pasajeras o de mal gusto, como el desnudo, que impera como último descubrimiento en los espectáculos teatrales de Paris. Desde su pose aristocrática ironiza sobre esos nuevos descubrimientos, que nos hacen recordar a los griegos, a las tribus africanas o a aquellos primeros indios que viera Colón. Pero frente a éstos, que contenían un marcado carácter artístico o se muestran connaturales a la existencia, en la escena parisina impera el mal gusto; pues no se trata del
desnudo
propiamente dicho sino deldesvestido.
“Por el instante, no hay vaudeville que se respete, cuyo segundo acto no pase en un cuarto de hotel o, más bien dicho, en la cama de un cuarto de hotel. Esa cama es el eje del “quid pro quo”; en ella intentan acostarse o se acuestan, efectivamente, casi todos los personajes de la pieza
E...)
Naturalmente todas esas acostadas traen sus correspondientes desnudadas.” <144)Observador que se fija no sólo en los aspectos culturales de Paris; por su posición, también se interesa por los sociales. Si bien, su acritud no es propiamente la de un censor, no se preocupa tanto por la moralidad, ni pretende imponer normas de conducta. Cané es un cronista y nos narra lo que ven sus ojos; si bien dando su punto de vista, más estético que ético.
En “Luz y sombra” (1897> , frente a
la
masa profunda
que
trabaja,
y que sólo dispone del domingo para disfrutar de un pocode descanso en su abnegada vida; Cané nos describe con mano juguetona a la burguesía francesa y sus hábitos. Esa mañana que