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5 Empirical Results

5.1.2.1 Sector Restricted (2;0)

Renace La Época

Desde octubre de 1847 el país ingresó en un vendaval revolucionario, en el cual la Patria estuvo convulsionada por la rivalidad entre caudillos. Las facciones de Velasco, Santa Cruz y Belzu acorralaron a Ballivián. La revolución en su contra se realizó invocando la Constitución del año 1839 en rechazo a la “Ordenanza Militar” de 1843. El 23 de diciembre de 1847 Ballivián renunció; mientras, Belzu ingresaba a La Paz (venía del Perú) “en medio de una colosal manifestación de las clases del pueblo”.60 Pese al apoyo que las guarniciones militares de La Paz y Cochabamba daban a Belzu, éste prefirió que Velasco ocupase la Presidencia de la República. El 18 de enero de 1848, Velasco asumió la Presidencia por cuarta vez.

Una vez consolidado el triunfo de Velasco, se desechó la Constitución de 1843. Al no existir un código vigente, entonces se declaró provisionalmente la dictadura presidencial el 4 de febrero de 1848, hasta la reunión del Congreso inicialmente convocada para junio de ese año.

Seguramente agradecido por el apoyo que le había brindado el Presidente peruano, Gral. Ramón Castilla, el 25 diciembre de 1847 Belzu decretó que los restos de Gamarra fuesen enterrados, y dijo que la columna de Ingavi en Viacha era un “monumento azaroso y funesto” (los restos del generalísimo Gamarra habían quedado depositados al pie de dicha columna como un símbolo de la victoria de Ballivián, actitud considerada oprobiosa por los peruanos). El 9 de febrero de 1848, en cumplimiento del decreto, se efectuó en la catedral de La Paz las exequias fúnebres en nombre del generalísimo; pasadas las ceremonias religiosas, los restos colocados en una elegante urna fueron conducidos al cementerio público con honores militares. De esta manera, el ejército boliviano rendía honores a quién había intentado arrebatar la Independencia del país. Se reivindicaba así el honor de un prócer de la República del Perú, actitud humanitariamente comprensible; pero quedaba en el olvido la honra mancillada de militares bolivianos como Armanza o Quiroz, asesinados de manera inhumana e incluso atroz a instancias de Gamarra y Castilla en 1839 en Yungay. Posteriormente, los restos de Gamarra fueron devueltos al Perú, y la pirámide en el campo de Ingavi fue demolida. Obviamente, el caudillo no había visualizado el triunfo en Ingavi como una victoria nacional, sino como un triunfo de su gran rival.

La prensa nacional y paceña contribuyó con la artillería de adjetivos a la guerra entre caudillos. Una descripción acertada acerca de los odios entre facciones lo dio “El Prisma (de la línea de Belzu), periódico de vida corta pero intensa, aparecido el 1 de enero de 1848 como bisemanario y se reiniciado el 1 de septiembre del mismo año como diario. Según Alcides Arguedas, El Prisma dio a comprender la causa de los odios: “Eran la anguria de cargos y empleos públicos que ponía a los hombres unos frente a otros. Apenas sustituido un gobierno, se grita: ‘Caigan todos, mueran esos malvados, ropa limpia, abajo esclavos y traidores!’; pero sin querer ver que no se sirve a un hombre, sino a la patria, ‘a esa madre común a quien pertenecemos todos’”.61

De esta manera el país era “revolucionado” por caudillos, personalistas, de visión a muy corto plazo y de existencia política coyuntural. El Prisma sostendría meses después una “guerra” con La Época.

El último número publicado de La Época fue del 30 de octubre de 1847. Un mes y medio después, el 20 de diciembre, salió el trisemanario El Grito de la Libertad (los lunes, miércoles y sábado)62. En su epígrafe se colocaba una sugestiva frase de Polibio: “La injusticia de los gobiernos es la madre de todas las revoluciones”. Este periódico sustentó la revolución en contra de Ballivián. Su redactor: José M. Loza, el mismo que en tiempos de Santa Cruz había sido el principal redactor de El Iris de La Paz.

El Grito está conectado con la segunda aparición de La Época de la siguiente manera. El Grito (que desde el 1 de marzo se había convertido en diario) salió por última vez el 9 de junio de 1848. Al día siguiente, el 10 de junio, en la misma imprenta, Paceña, apareció el primer número de La Época en su segunda etapa. El 8 de junio se había publicado el Prospecto (con el No. 127), donde se anunciaba que “cuando se publique el primer número, dejará de publicarse El Grito de la Libertad”.

¿Quién reinició La Época? Fue Juan Ramón Muñoz Cabrera, el mismo que lo había fundado en 1845 junto con Wenceslao Paunero, esta vez en otras circunstancias. En el primer número de esta segunda etapa, Muñoz mencionó que estuvo largo tiempo ausente del país. Muñoz fue una especie de ciudadano sudamericano (y no sólo de un país). Según Quintana, decía que era chileno si estaba en chile, peruano si estaba en el Perú, 63 argentino en la Argentina, o boliviano. Sobre él, Costa de la Torre apunta que radicó periódicamente en el Perú, Chile y la Argentina, trabajando incansablemente en faenas periodísticas, difundiendo ideas libertarias y civilizadoras, y publicando ensayos bibliográficos e históricos.64 En efecto, su nombre está ligado a publicaciones como: El Talismán en Lima , El Telégrafo en el Callao (fundador, 1847), el Mercurio de Valparaíso (redactor), El Constitucional en Mendoza (fundador, 1852), La Tribuna y la

61 Alcides Arguedas, La plebe en acción, La Paz, Juventud, 2a ed., 1991, p. 15.

62 El primer número de El Grito de la Libertad tiene como fecha el 20 de octubre de 1847, pero fue un error de impresión, la fecha correcta es 20 de diciembre. Véase: Nicolás Acosta, Apuntes para la bibliografía periodística de la ciudad de La Paz..., p. 12.

63 Véase: Raúl de la Quintana Condarco, Esbozo sobre periódicos..., p. 29-31. 64 Véase: Arturo Costa de la Torre, Catálogo de la bibliografía boliviana..., p. 80.

Crónica ambos en Buenos Aires (fundador, 1854), el Noticioso en Montevideo, el Diario en Córdoba

(fundador, 1855); entre 1858 y 1859 regresó a Valparaíso donde reinició la redacción de El Mercurio, colaboró con el Álbum Literario, El Tiempo y las revistas Sud-América y Pacífico. Tuvo una abundante producción literaria e histórica, cuya temática alcanza a los 4 países donde vivió.

En el Prospecto de La Época (segunda etapa) comienza exaltando a la juventud boliviana y a la literatura por su función ilustrada. Rememora los primeros tiempos del periódico. Dice ser la enseña del movimiento liberal. Tiene la gloria de ser el primer diario de Bolivia como El Mercurio de Valparaíso o El

Comercio de Lima. Afirma que no censurará a los anteriores redactores, pero lo hace cuando menciona las

frases: El diario fue muerto “intencionalmente por los que han pretendido extraviar o hundir en el descrédito nuestra revolución” (no explicita a qué revolución se refiere, es posible que la alusión fuese a las ideas civilizadoras y por ende al liberalismo), y “el mal estaba en las influencias que pesaron entonces sobre La Época, convertida en un diario todo ministerial”. Por consiguiente, se cierra el telón y es nuevo comienzo: “Corremos un velo sobre los días que vinieron”.

Los propósitos para el periódico en esencia fueron los mismos que los planteados en su primera etapa. Apóstol de la paz, el orden y el progreso; uniformador de la opinión pública y acompañante cercano de esa revolución “que en este instante parece descaminada”. El enunciador tampoco explicita a qué revolución se refería, podría ser la civilizatoria o la de Velasco; esta ambivalencia fue probablemente intencional dada la situación crítica del país. En esos momentos, se debatía intensamente acerca de la Constitución de 1839, la cual debería ponerse en vigencia por el Congreso (que en agosto de 1848 iniciaría sesiones) porque fue la razón de la revolución en contra de Ballivián, pero surgían posiciones encontradas ya sea para ratificarla, modificarla o reemplazarla por otra.

El primer número del diario apareció con el No. 127, pero debía haberlo hecho con el No. 736, puesto que No. 735 había sido el último del año anterior. La numeración obedece a una decisión personal de Muñoz, la cual también está cargada de sentido personalista. El 29 de septiembre de 1845, el No. 126 de La Época en su primera etapa había sido el último de Muñoz, donde colocó un texto de despedida. Por consiguiente, según su mentalidad personalista, ahí había acabado esa Época, y ahora se reiniciaba con el No. 127.

El formato fue similar a las anteriores ediciones, 423 X 240 mm., a 3 columnas, 4 páginas. A partir del No. 195, a 4 columnas.El texto editorial en la mitad superior de la primera página; el folletín literario en la mitad inferior. Y las secciones: Crónica Interior, Crónica Americana, Crónica Europea, Avisos y otras secciones, distribuidas entre las 4 páginas.

En el epígrafe, con letras grandes de molde, el nombre La Época, flanqueada a izquierda y derecha por información acerca de los precios por la suscripción, y por la publicación de avisos y remitidos. En la parte superior encima del título (separado por una línea gruesa): a la izquierda el año correlativo (se reinició con el año 1; debía ser el año 4), al centro la fecha y a la derecha el número correlativo de ejemplar. En la parte inferior debajo del título, entre dos líneas negras horizontales, la divisa que ahora guiaba su existencia: “Orden! Progreso! Libertad!” A partir del número 195, se cambia el tipo de letra del nombre del diario, sin colocar las leyendas a la derecha e izquierda de éste. En el número 267 se vuelve a cambiar el aspecto del epígrafe con otro tipo de letra para el nombre; a la izquierda de éste los lugares de suscripción en La Paz, Oruro, Potosí, Chuquisaca y Cochabamba; a la derecha las tarifas por suscripciones y anuncios. Debajo se coloca otra divisa: “Periódico político, literario, religioso e industrial”. Nada tuvo de “industrial”.

En el primer ejemplar No. 127 se reitera la voluntad de mantener la independencia política del diario, y lo hace con énfasis: “No se nos acusará de estoicos, de parciales, ó de amigos del poder; nó, cien veces nó”. Poco duraría tan exaltada manifestación.

Las ideas civilizatorias se mantienen; la voluntad de imparcialidad trastrabilla

Las ideas mundiales del liberalismo conservador, difundidas en la primera etapa de La Época, se repitieron en esta segunda etapa. También la idea de la necesidad de mantener el orden y la paz para que el progreso pudiese germinar en la República; esta prédica era un intento de apaciguar el ambiente caldeado para darle estabilidad al gobierno; arengas similares se habían hecho en épocas de Santa Cruz y Ballivián.

Se continuó teniendo a periódicos chilenos como fuente información internacional; de por ahí venían los aires de civilización europeos. Salvo en ocasiones especiales, la mayoría del periódico lo ocupaba la información del exterior en las secciones Boletín de América, o Boletín de Europa. Excelente para mantener informado al público sobre la situación política en otros países.

La predilección por los literatos franceses también continuó.65 Alfonso de Lamartine aún fue digno de ser mencionado66. Fueron mencionados algunos otros pensadores franceses. Por ejemplo, Odillon Barrot quien, dijo La Época, enseñó a los republicanos lo peligroso de llevar a los extremos las pasiones populares.67 En Bolivia venía al caso un discurso así, pues era necesario justificar un gobierno provisionalmente de tiranía. En Francia, acababa de instaurarse la Segunda República Francesa en febrero de 1848 luego de una intensa guerra civil, con el pueblo levantado, barricadas en las calles, matanzas. Barrot participó en las revoluciones

65 La predilección por lo francés continuaba también en los anuncios publicitarios, p. ej., en No. 30 se anunciaba la enseñanza del idioma Francés (“no admitirá sino niños decentes y de buena moral”), y la venta de las obras completas del célebre Lerminier, y la Revolución Francesa por Vivien.

66 Véase p. ej: [Mención a Alfonso Lamartine], en La Época, No. 129, La Paz, 13 de junio de 1848, p. 1. 67 Véase: “LA ÉPOCA”, en La Época, No. 127, La Paz, 10 de junio de 1848, p. 1.

de 1830 y 1848, pero con una posición moderada; apoyaba una monarquía constitucional, y no tanto una república.

No obstante, desde el principio se enfatizó la vocación del diario por el bien del pueblo: “Sucesivamente iremos dando á nuestros lectores pruebas irrecusables de nuestro espíritu popular, patriótico y republicano, y de que amamos más una sonrisa o un aplauso del pueblo, que todos los alhagos y recompensas del poder - detestamos la adulación y somos enemigos acérrimos de esa sociedad de Pansistas, que por favorecer sus intereses y miras particulares han derramado tantas veces doctrinas perniciosas, cuyos frutos aun tiene infestado el suelo santo de Bolivia”. Importante constatación, no se lo había enfatizado antes; quizá sea una diferencia respecto a la primera etapa. Aunque fuese sólo lírica, marcó una instancia de inflexión en el progresivo cambio de la posición política que vendría más adelante.

Pero la tan reforzada alusión al “pueblo” venía más por la especial inclinación del diario a lo francés como paradigma de elevada civilización, que por reconocimiento al pueblo mismo. Francia: tierra de principios, enarbola la libertad y la emancipación del mundo. “También combate Bolivia por mejorar su condición social; tienen pues en ella la razón sus altares, y la libertad sus creyentes; desde el fondo de esta Patria querida, ignorada, humilde, pero libre, yo te saludo Francia Revolucionaria!”68 A estas alturas, el término “civilización” estaba ya banalizado por su uso mecánico. Esto iba incluso en los anuncios publicitarios, como aquél que enseñaba caligrafía “según el gusto de las naciones civilizadas”69. Lo “civilizado” adquirió un sentido no de progreso político estructural al superar el Antiguo Régimen absolutista colonial, sino otro coyuntural de “cultura” afrancesada.

Paralelamente, entre junio y agosto de 1848, mientras Velasco parecía afirmarse en el poder, las predicaciones eran favorables a su persona70, y negativas respecto a Ballivián. La siguiente cita muestra cuánto había girado la opinión del diario respecto al caudillo caído.

La instalación del Congreso en agosto de 1848 mostraba a Velasco como un libertador que cumplía con su promesa. “Ha sonado la hora de la libertad, porque ha llegado la época de las reformas, que alivian al pueblo oprimido (...)”;71 no dice quién era el opresor de ese pueblo tan alabado, seguramente se trataba de Ballivián. Los textos de La Época depositan todas las esperanzas del pueblo y de la República en ese Congreso: “salvará a la Patria”; “de cuyos labios va á salir la sentencia terrible de vida ó muerte para la

68 “A la Francia de 1848” (Carta enviada por Manuel M., Caballero), en La Época, No. 174, La Paz, 9 de agosto de 1848, p. 1. Nótese que este texto contribuye a la “leyenda negra de Bolivia” con las predicaciones involuntariamente negativas: Patria ignorada, humilde.

69 Véase p. ej.: “ANUNCIOS”, en La Época, No. 127, La Paz, 10 de junio de 1848, p. 4. 70 Véase p. ej: [Predicaciones a favor de Velasco],. en La Época, No. 128 del 12 de junio de 1848.

patria, ‘gloria o afrenta para los revolucionarios de diciembre’”.72 El Congreso se declaró como Constitucional, y estaba bajo la presidencia de José María Linares.

Pero el Congreso fracasó, no logró consensos entre los que propugnaban la Constitución de 1839 tal como estaba, los reformistas y los precursores de otra Constitución. La Época criticó a los últimos, prefería sólo una reforma de la Constitución de 1839.73 En este tema sostuvo una polémica con el periódico El

Prisma. La Época también criticó las atribuciones especiales que la nueva Constitución daría a Velasco, pues

no estaban consignadas en la de 1839.

De ser salvador de la Patria, el Congreso pasó en sólo dos meses a ser su perdición. Para octubre, la posición de La Época respecto al Congreso había dado un giro de 180 grados. Aseguraba que la prensa lo había tipificado como ilegítimo desde un principio: “Por espacio de dos meses la prensa nacional no ha cesado de declamar un día, titulando á los diputados del pueblo falsos apóstoles, diputados mentidos,

hechuras del Ministerio y de la tiranía, traidores, refractarios, inconsecuentes y perjuros. Recórranse las

publicaciones de este último y se verá si ha habido un solo escritor, aparte de del Boliviano, que haya sido capaz de escribir una sola palabra en su defensa”.74 Se olvidaron los enunciadores de La Época que ellos mismos habían alabado al Congreso en agosto.

Los textos que hablaban sobre la Constitución resultaban triviales. No hubo exposición de “ideas”, ni locales ni mundiales, sólo la manifestación de la pugna entre reponer la constitución de 1839, o hacer otra nueva, sin exponer argumentos sólidos para ninguna. En el entorno conflictivo las facciones enfrentadas no permitían hallar consensos que clarificasen las ideas.

El cambio de parecer acerca del Congreso estaba en directa relación con una transformación similar respecto a los caudillos protagonistas del entorno político. A medida que el régimen de Velasco se debilitaba, y emergía Belzu como líder más popular que aristocrático, es notorio un desplazamiento en el discurso de los textos de La Época. El 3 de octubre de 1848 Belzu rompió con el gobierno de Velasco; desde entonces se sucederían levantamientos militares que encumbrarían a Belzu en el poder en diciembre.

La Época trastocó paulatinamente su velasquismo en belcismo. En la primera mitad de octubre dijo que quienes cortejaban a Velasco (no mencionó al caudillo, quedó implícito) adormecieron su virtud (de caudillo valiente y generoso) con palabras y consejos satánicos, y la libertad cayó ante la tiranía.75 A mediados de noviembre aseguró que la revolución de Belzu estaba en marcha y nada la podría detener, ni

72 sic. “La instalación del Congreso”, en La Época, No. 173, La Paz, 8 de agosto de 1848, p. 1. Cfr. “¡Pobres periodistas!” y “El Congreso”, en La Época, No. 171, La Paz, 5 de agosto de 1848, p. 1. Cfr. “PROCLAMAS. El Presidente…, p. 1. et. al. 73 Véase: “Proyecto de constitución”, en La Época, No. 215, La Paz, 30 de septiembre de 1848, p. 1.

74 Sic. “LA ÉPOCA. El pueblo y la revolución. La Ley Marcial. Ocurrencias de estos últimos días – Inconsecuencias del Jeneral Ágreda”, en La Época, No. 226, La Paz, 14 de octubre de 1848, p. 1.

75 Véase: “Espíritu de la prensa. Parte nacional. Peor está que estaba”, en La Época, No. 222, La Paz, 9 de octubre de 1848, p. 1.

Velasco, “porque su empuje es ya superior a toda influencia de persona. ¡Pobre de aquel que se le ponga enfrente! Será aplastado por sus terribles ruedas”.76 Hacia finales de noviembre, viéndose a Belzu casi ganador de la contienda, las predicaciones del diario a favor de él se clarificaron. Manifestaba que el General Belzu “empieza a obrar como hombre de Estado”. Se apresuraba a anunciar la terminación de la anarquía. Predicaba implícitamente de Velasco diciendo que transigía con los implacables enemigos del pueblo.

La posición política cambió, mas no así la posición ideológica, aunque los enunciadores de La Época afirmaron lo contrario. Fueron apareciendo textos con una mezcolanza de contenidos, lo que no se podría ubicar dentro del eclecticismo77, aunque sí citaron filósofos eclécticos.

Por ejemplo, a finales de septiembre abundaron los textos internacionales que describían los acontecimientos de la revolución francesa de 1848.78 Se reflejaba un enfrentamiento de grandes proporciones, en donde participaba decididamente la población parisina con barricadas en las calles. Es conveniente mencionar que en Bolivia todavía no habían sucedido sucesos con semejante participación popular, aún no. Hasta el momento, en sus 23 años, la República boliviana había sufrido decenas de revoluciones, pero los protagonistas eran los caudillos con sus ejércitos; no hubo enfrentamientos entre militares y la población civil en las mismas calles.

¿Se colocaron dichos textos con alguna intención? Difícil saberlo, pues su contradicción es evidente:

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