El fenómeno conocido como Integridad Léxica al que hemos aludido antes hace referencia a la existencia de un dominio, la palabra, en el interior del cual la sintaxis no puede operar11. Así, no es posible extraer constituyentes del interior de la palabra y no
puede establecerse correferencia entre un pronombre y una expresión nominal incrustada dentro de la palabra. En síntesis, la sintaxis no puede manipular la estructura interna de las palabras.
La HIL es considerada un principio teórico básico para los modelos morfológicos lexicalistas. El lexicalismo moderno ha revisado este principio en numerosas ocasiones, procurando dar respuesta a los fenómenos empíricos que los enfoques sintactistas consideraban contraejemplos de la integridad léxica.
La defensa lexicalista de que las palabras se comportan como dominios cerrados ha sido abordada por un frente teórico, en el que se proponen ciertas reformulaciones de la HIL, y uno empírico, que explica, dentro de la IL, los aparentes contraejemplos12.
En la vertiente empírica, destacamos el trabajo de Booij (2009). Para demostrar que no existe manipulación sintáctica de la estructura morfológica, este autor propone que algunos aparentes contraejemplos son en realidad fenómenos morfológicos y prosódicos, pero no sintácticos, por lo que, en sentido estricto, no constituyen un problema para la HIL. Veamos de qué modo.
11 Esto se extrae de, al menos, una de las interpretaciones posibles de la HIL: aquella que expresa la opacidad de los componentes morfológicos de las palabras (Cfr. Bosque, 2012: 115).
12 Tomamos de Felíu (2010) la idea de abordar el fenómeno de la integridad léxica desde las dos perspectivas: teórica y empírica.
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Un modo de manipular de la sintaxis es el cotejo o la asignación de propiedades morfosintácticas; la concordancia de número será entonces, un tipo de manipulación sintáctica. La HIL predice que no hay casos en los que el número de una palabra se coteje por concordancia de número. Sin embargo, se ha dicho que casos en como los de (15) se produce concordancia de número entre los constituyentes del compuesto:
(15) un poeta pintor (sg.) vs. dos poetas pintores (pl.)
En estos compuestos copulativos del español, Booij explica que no es el requisito sintáctico del cuantificador dos el que determina la marca de plural en poetas y que, por tanto, manipula una parte de la palabra compuesta. Su interpretación es que los datos responden a un fenómeno puramente morfológico: para manifestar el plural en los compuestos copulativos del español se debe introducir la marca de plural en los dos constituyentes.
Otro caso que se ha considerado una infracción de la HIL, es la supresión de parte de una palabra en la coordinación con una palabra con idéntica terminación, como los ejemplos de (16):
(16) mono- y polisílabo
usos inter- e intranacionales relaciones homo- y heterosexuales
(Adaptados de Booij op. cit.) Sin embargo, según este autor, esta manipulación no es sintáctica, porque no actúa sobre una unidad sintáctica sino prosódica.
A través de estas propuestas se confirma, según Booij, que la estructura de la palabra es visible para los procesos morfológicos (Carstairs-McCarthy 1994, Booij 2002), en contra de la A-morphous morphology de Anderson, y también para la fonología (Booij 2005).
En el caso del español, se ha aducido como argumento en contra de la IL, el problema del ámbito de la prefijación, observado en construcciones como las de (17) y (18):
34 (17) [ex [ministro de Cultura]]
[De (Rainer y Varela, 1992)] (18) a. intercomunicación departamental (= ‘comunicación entre departamentos’)
[De (Felíu, 2003)] b. Desconozco con exactitud las causas del accidente. (= ‘Conozco, aunque no con exactitud…’)
[De (Bosque, 2012)] El alcance de los prefijos sobre sintagmas, representado en (17), ha sido, sin embargo, interpretado por Williams (2007) como un argumento a favor de la HIL. Esta interpretación se basa en el limitado alcance que tienen los prefijos frente a los constituyentes sintácticos. Según afirma, los prefijos solo pueden tener alcance sobre los argumentos de la base, pero no sobre los adjuntos, ya que los argumentos, a diferencia de los adjuntos, están representados en la pieza léxica misma.
Casos como los de (18), en los que el prefijo no tiene alcance sobre su base, sino sobre otro constituyente —un argumento de la base en (18a) y un adjunto en (18b)— se consideran excepcionales, ya que están acotados a un número determinado de afijos y con un tipo específico de bases. Sin embargo, la regla general es que el ámbito de los prefijos no sobrepase el límite de la palabra, y esta generalización se puede observar en los distintos tipos semánticos, incluso con prefijos separables: la no intervención.
En (19) se recogen otros ejemplos del holandés que se han considerado infracciones de la HIL:
(19) a. visuele informatie-verwerking visual información procesamiento ‘procesamiento de información visual’ b. wetenschappelijke onderzoek-er
científico investiga-suf
‘persona que hace investigación científica’ c. wetenschappelijke deskundig-heid
científico experto-suf ‘experiencia científica’
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Los datos de (19) representan diferentes estructuras: [A [NN]N]NP, [A [N-suf] N]NP y [A
[A-suf] N]NP, respectivamente. Sin embargo, todos ellos tienen en común que incluyen un
adjetivo que modifica al constituyente no nuclear de cada formación: el primer elemento del compuesto, en (19a), y la base de derivación, en (19b) y (19c). Los casos de (19) constituyen auténticas paradojas (semánticas) de encorchetado, ya que, si bien la interpretación semántica describe una relación de modificación entre el adjetivo y el constituyente no nuclear de las palabras complejas, no es posible construir una unidad morfológica a partir de ambas unidades.
Booij (2009) explica que es imposible proponer la existencia de este constituyente intermedio formado por el modificador y el elemento no nuclear. Para ilustrarlo, toma un ejemplo con la estructura [A [A-suf] N]NP, que recogemos en (20):
(20) digitale vaardig-heid digital competente-suf ‘competencia digital’
Booij señala que no es posible proponer una formación intermedia digitale vaardig, ya que la -e final de digitale es la terminación propia de un adjetivo, y no la de un adverbio, como debería ser si se construyese con el adjetivo vaardig.
Por tanto, la paradoja no puede resolverse de un modo análogo al que propone Spencer (1988) para formaciones como las de (21):
(21) transformational grammarian ‘gramático transformacional’
La propuesta de Spencer es que la restricción del ámbito del modificador transformational se debe a la existencia independiente de la unidad léxica transformational grammar.
El análisis de datos como los de (19) y (20) lleva a Booij a concluir que la sintaxis puede necesitar acceder a la estructura interna de las palabras, aunque no manipularla. Esta concesión conlleva una reformulación teórica de la HIL: la estructura interna de la palabra compleja debe ser visible para la sintaxis:
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(22) «The principle of Lexical Integrity has to be formulated in such a way that it does not exclude the accessibility of word-internal structure».
De este modo Booij (2009) discrimina entre los dos modos de interacción morfología- sintaxis, basándose en la formulación de Anderson (1992) de la HIL13:
i) la manipulación de las partes de la estructura interna de la palabra. ii) el acceso a la estructura interna de la palabra.
Su propuesta es que la sintaxis no puede manipular la estructura interna de la palabra, pero sí puede tener acceso a ella. Por manipulación, Booij entiende movimiento sintáctico y división de las palabras por la inserción de constituyentes intermedios. Desde su punto de vista, estas operaciones son imposibles en el interior de una palabra. De hecho, Booij (op. cit.: 86) considera que «la imposibilidad de movimiento sintáctico de los constituyentes de una unidad lingüística es una condición necesaria para considerar tal unidad como palabra».
Otra de las reformulaciones interesantes de la HIL es la de Lieber y Scalise (2006). En su propuesta examinan distintos datos que se han ido aportando en contra de la HIL y establecen una clasificación en función del nivel de complejidad del desafío que supone cada uno.
En opinión de estos autores constituyen un reto complicado para la HIL aquellos fenómenos que tienen que ver con clases productivas de palabras, no lexicalizadas, y que no pueden analizarse satisfactoriamente como fenómenos unimodulares. En este grupo se encuentran, entre otros, los compuestos que tienen como base un sintagma.
El argumento principal para rebatir tales contraejemplos a la HIL se basa en que los constituyentes sintagmáticos que aparecen en estos compuestos tienen ciertas propiedades especiales por el hecho de tener cierto nivel de lexicalización y no ser ni productivos ni regulares. En algunos casos, parecen citas e incluso pueden estar formados por sintagmas de otras lenguas (Bresnan y Mchombo 1995). Por otro lado, en aquellos que incluyen pronombres estos carecen de referente, igual que ocurre con el constituyente no nuclear de los compuestos.
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Con todo, parece que hay casos de compuestos sobre bases sintagmáticas que no están lexicalizadas14. Lieber y Scalise (op. cit.) incluyen aquí las construcciones italianas del
tipo de trasporto latte (transporte de leche), produzione scarpe (producción de zapatos) o
elaborazione dati (procesamiento de datos). Tales formaciones resultan problemáticas
porque, a pesar de ser más parecidas a los compuestos que a los sintagmas en relación con las pruebas que se consideran test clásicos —los constituyentes de estas construcciones no admiten coordinación, movimiento-cu, topicalización o referencia pronominal—, admiten la inserción o modificación interna: produziones scarpe steve (‘producción de zapatos veraniegos’).
Lo que ponen de manifiesto, en cualquier caso, estas construcciones y los compuestos examinados antes es que hay interacción entre morfología y sintaxis: la morfología “ve” la sintaxis y la sintaxis “alimenta” la morfología.
Otro de los contraejemplos que se aducen tradicionalmente en contra de la HIL es el de la coordinación de prefijos, especialmente presente en formaciones del inglés:
pre- and even to some extent post war (economics), pro- as opposed to anti-war, hypo- but not hyper- glycemic (Spencer 2005: 82). Como hemos visto, estos casos de coordinación de
constituyentes son analizados por Booij (2005, 2009) como fenómenos prosódicos. Otro grupo de fenómenos que son considerados un reto menos importante a la HIL está constituido por los casos que afectan a clases no productivas, a ejemplos lexicalizados o de gramaticalidad discutible. En italiano, por ejemplo, se produce derivación con los pares -ismo/-ista sobre bases sintagmáticas aunque el proceso está muy limitado y parece que exige lexicalización en la base: cento metrista ‘corredor de cien metros’
(vs. *cento ventimetrista ‘corredor de ciento veinte metros’). En inglés se observa lo mismo
con el sufijo -ish, sobre el que parecen existir restricciones, especialmente relacionadas con la productividad, que, ciertamente, no han sido objeto de un estudio detallado15: old
maidish (vs. ?young girlish) (Lieber y Scalise, op. cit.).
La correferencia subléxica es también un reto para la HIL. Hablamos de los casos del tipo Clintoni-ites no longer believe in himi. No obstante, como reconocen Lieber y Scalise,
(op. cit.), existe discrepancia sobre la gramaticalidad de casos como este, que incumben al
14 Booij (2012) distingue entre palabras y piezas léxicas. Las primeras son el resultado de un PFP, las segundas, pueden ser el input de una RFP. Los sintagmas lexicalizados “puntualmente” serían palabras, pero no piezas léxicas.
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tipo de proceso (derivación o composición), el tipo de construcción sintáctica afectada, la tipología de la lengua y la productividad de la forma, entre otros factores
A partir de los problemas descritos, Lieber y Scalise (op. cit.) proponen una revisión de la HIL en la que se reconoce cierto acceso entre morfología y sintaxis, aunque restringido a ciertas configuraciones. También consideran que algunos de los fenómenos tildados de infracciones de la HIL son, en realidad, fruto de la interacción entre la morfología y la semántica, como es el caso de las propiedades anafóricas de elementos subléxicos16.
A pesar de que los fenómenos analizados en estos trabajos confirman el acceso de la morfología a la sintaxis y viceversa y, en cierto modo, una debilitación de la HIL, lo cierto es que la IL y la existencia del nivel morfológico ofrecen un límite para la sobregeneración del que carecen las aproximaciones que niegan la existencia de un componente morfológico. Esto ha llevado a los modelos que no asumen la HIL a proponer la existencia de dominios específicos para restringir ciertos fenómenos.
Así, en el marco de la MD, Marantz (2001) y Arad (2003) proponen extender la noción de fase al dominio de la palabra.
Como Fábregas (2011), consideramos que la existencia de fenómenos empíricos que no pueden ser explicados a partir de principios sintácticos, ni aun considerando que las palabras son fases, constituye un argumento a favor de la autonomía de la morfología. En el trabajo mencionado se muestra cómo la identificación de la palabra compleja con una fase no puede explicar por qué no son posibles ciertos fenómenos de correferencia que, si se produjesen entre constituyentes de fases distintas, serían lícitos. Por ejemplo, en la oración [SD The [SX truck driver]] left it parked outside (‘El camionero lo dejó aparcado
fuera`) el pronombre it no puede ser correferente con truck. Esta correferencia se podría establecer si el compuesto truck driver constituyese una fase17.
16 Montermini (2006) y Fábregas (2011) ofrecen una explicación pragmática de estos fenómenos de correferencia.
17 En el mismo trabajo, Fábregas argumenta en contra de otras explicaciones que intentan aclarar la imposibilidad de la correferencia descrita a través de nociones sintácticas. Sobre esto véase Fábregas (op.
39 3.3. Marcas léxicas
La sintaxis opera con unidades que están marcadas como interpretables / no interpretables. Es el lexicón el componente que contiene los núcleos disponibles y los rasgos que estos contienen. Según observa Fábregas (2011), en este sentido, el lexicón debe ser previo a la sintaxis, ya que proporciona los primitivos para construir estructuras. Las marcas del lexicón son impredecibles para la sintaxis y determinan el comportamiento sintáctico de las unidades.
Por ello, por mucho que un modelo pretenda ser reduccionista, siempre recurre de un modo u otro a marcas en las piezas del lexicón que van a determinar su comportamiento sintáctico. Por ejemplo, Marantz (1997) recurre a un rasgo semántico de la raíz para explicar por qué la nominalización de un verbo como destroy admite la presencia del argumento externo —The army destroyed the city vs. The army’s destruction of the
city—, mientras que la de un verbo como grow la rechaza —John grows tomatoes vs. *John’s growth of tomatoes—.