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Al concluir esta presentación, Santiago parece recurrir a un proverbio popular de su tiempo. Este di- cho tiene un sonido familiar. Nos recuerda frases similares de los libros proféticos del Antiguo Testa- mento, de las palabras de Jesús y de las epístolas del Nuevo Testamento. Aquí van algunos textos:
El fruto de la justicia será la paz;
el efecto de la justicia será la calma y la confianza para siempre. [Is. 32:17] Pero habéis transformado la justicia en veneno
y el fruto de la equidad en amargura. [Am. 6:12] “Bienaventurados los pacificadores,
porque serán llamados hijos de Dios”. [Mt. 5:9]
Y el que suministra semilla al sembrador y pan para el alimento, suplirá y multiplicará vuestra semilla para sem- brar y aumentará la cosecha de vuestra justicia. [2 Co. 9:10]
Ninguna disciplina parece agradable en el momento, sino penosa. Más tarde, sin embargo, la misma produce una cosecha de justicia y paz para aquellos que han sido ejercitados por ella. [Heb. 12:11]
¿Cuál es la tarea de los pacificadores? Dicho en términos simples, ellos son los que buscan reunir a los contendientes para lograr armonía y paz. Pero, me apresuro a añadir, ellos también practican la paz tratando de [p 151] vivir en paz con todos (Ro. 12:18). En suma, harán todo lo que esté a su alcance para evitar la lucha y promover la paz.
Es una cosecha de justicia la que es sembrada en paz por aquellos que buscan la paz. Las traduccio- nes y muchos comentarios proporcionan variantes en la redacción. Algunos traductores entienden la frase cosecha de justicia como “una cosecha que consiste en justicia”.205 Los términos cosecha y justicia son,
en tal caso, sinónimos. Otros lo ven de modo diferente y dicen que la frase significa “una cosecha pro- ducida por la justicia”. He aquí una traducción representativa: “Y la semilla cuyo fruto es la justicia se siembra en paz por aquellos que hacen la paz”.206
Hubiésemos esperado que el escritor dijese que los pacificadores siembran paz y levantan una cose- cha de justicia. Pero él dice justamente lo opuesto: la justicia sembrada en paz trae una cosecha de justi- cia. En otras palabras, lo que se siembra es lo que se cosecha. No debiéramos acusar a Santiago de inex- actitudes cuando nosotros mismos en el lenguaje común hacemos exactamente lo mismo. Un hortelano podría decir en primavera: “La semana pasada planté sandías”. El quiere decir que plantó la semilla en la primavera pero espera cosechar el fruto en el verano.
205 Por ejemplo, la BdA tiene: “Y la semilla cuyo fruto es la justicia se siembra en paz por aquellos que hacen la paz”.
Véase también Davids, James, p. 155.
206 La MLB (véase también la GNB). Ropes, James, p. 250, explica que la cosecha de la justicia es “la recompensa que trae
la conducta justa”. D. Edmond Hiebert escribe: “El que la justicia produce contiene en sí mismo una semilla que, al ser plantada, produce una cosecha de su misma clase”. The Epistle of James: Tests of a Living Faith (Chicago: Moody, 1979), p. 237.
Los pacificadores plantan y cosechan justicia en paz. En el contexto del contraste que establece San- tiago entre la sabiduría celestial y la terrenal esto significa que “la justicia no se puede producir en un clima de amargura y egoísmo. La justicia crecerá sólo en un clima de paz”.207
Consideraciones prácticas acerca de 3:17–18
Aunque afirmamos de todo corazón nuestro deseo de paz en el contexto de la familia, la iglesia, la sociedad y la nación, tenemos reservas cuando se nos dice que busquemos la paz a cualquier precio. No deseamos compro- meter la verdad porque tal compromiso es equivalente a promover la mentira. No podemos dejar de lado las reglas de conducta que derivamos de la Escritura. Debemos estar firmes en nuestra defensa de la herencia cris- tiana.
Dentro del contexto de la iglesia y de la sociedad, sin embargo, los cristianos muchas veces han predicado el amor de Dios y han citado versículos de las Escrituras para probar lo que decían, pero en la práctica han demos- trado “muy poco amor al prójimo. De hecho, el liberal en la iglesia o el humanista en la sociedad frecuentemente demuestran mayor grado de amor al prójimo que el que demuestra aquél al que le gusta citar la Biblia por capí- tulo y versículo. Es lamentable, pero los [p 152] cristianos con frecuencia dan al mundo la impresión de estar más interesados en la lucha y en la confrontación que en la paz y en el amor.
Durante su ministerio terrenal, Jesús se opuso al pecado y reprochó públicamente a los líderes espirituales de Israel. Sin embargo, los parias morales y sociales (prostitutas y recaudadores de impuestos) experimentaron el amor del Señor Jesús. Ellos supieron que él era “pacífico, amable, dócil, lleno de misericordia y de buenos frutos, imparcial y sincero”.
Palabras, frases y construcciones griegas en 3:17–18 Versículo 17
ἁγνή—este adjetivo, derivado del verbo ἅζομαι (quedo pasmado), significa “moralmente puro, recto, since- ro”. El uso de la asonancia es evidente en este versículo: la ἀ y la ἐ predominan.
Versículo 18
καρπὸς δὲ δικαιοσύνης—el caso de δικαιοσύνης (justicia) puede ser o un genitivo de aposición (definición) o un genitivo de origen.
τοῖς ποιοῦσιν—el caso dativo en el participio presente activo es el dativo de ventaja.
Resumen del Capítulo 3
Santiago advierte a sus lectores en contra del peligro de una lengua ingobernable que los lleve al pe- cado y a la vergüenza. Dice que los maestros “serán juzgados más estrictamente” en razón de su ense- ñanza. Sin embargo, él mismo no se pone a juzgar a los demás. Se da cuenta de que en uno u otro mo- mento toda persona comete una falta en lo que dice, y que por ende, nadie es perfecto. La persona que sabe refrenar su lengua controla todo su cuerpo.
Controlamos a los caballos con frenos relativamente pequeños colocados en sus bocas. Piloteamos una gran nave con “un timón muy pequeño”. Por otra parte, una lengua no refrenada es un fuego que afecta todo el curso de la vida. Tenemos dificultades mucho mayores en refrenar muestra lengua que en domar cualquier criatura del mundo animal. Y finalmente, experimentamos la inquietud de la lengua que alaba a Dios y maldice a los hombres, puesto que esto es contradictorio.
Después de una consideración de la lengua, Santiago describe a la persona sabia que demuestra su sabiduría por las obras que hace. Una persona llena de envidia y de egoísmo niega la verdad, posee una
sabiduría terrenal que es impía y demoníaca. La sabiduría celestial, sin embargo, es pura, promueve la paz, y produce una cosecha de justicia.
[p 153]
4
Sometimiento 4:1–17 [p 154]Bosquejo
4:1–12 A. Sometimiento en la vida y en el espíritu 4:1–3 1. Peticiones con malos propósitos4:4–6 2. Amistad con el mundo 4:7–10 3. Acercamiento a Dios
4:11–12 4. Enjuiciamiento del hermano
4:13–17 B. Sometimiento a la voluntad de Dios 4:13–15 1. Ejemplo
4:16–17 2. El bien y el mal [p 155]
4
1 ¿Qué motiva las luchas y reyertas entre vosotros? ¿No vienen de vuestros deseos que combaten dentro devosotros? 2 Queréis algo pero no lo obtenéis. Matáis y codiciáis, pero no podéis tener lo que queréis. Reñís y lu-
cháis. No tenéis porque no pedís a Dios. 3 Cuando pedís, no recibís porque pedís con malos propósitos, para po-
der gastar lo que obtenéis en vuestros placeres.
4 ¡Gente adúltera! ¿No sabéis que la amistad con el mundo es odio hacia Dios? Cualquiera que escoge ser
amigo del mundo se hace enemigo de Dios. 5 ¿O pensáis que las Escrituras dicen en vano que el espíritu que él
hace vivir en nosotros tiende hacia la envidia, 6 pero que él nos da una gracia mayor? Por eso dice la Escritura:
“Dios se opone a los soberbios pero da gracia a los humildes”.
7 Someteos entonces a Dios. Resistid al diablo y huirá de vosotros. 8 Acercaros a Dios y él se acercará a voso-
tros. Limpiaos las manos, pecadores; y purificad vuestros corazones, vosotros de doble ánimo. 9 Afligios, lamen-
taos y llorad. Trocad vuestra risa en lamento y vuestra alegría en tristeza. 10 Humillaos ante el Señor y él os ensal-
zará.
11 Hermanos, os difaméis unos a otros. Cualquiera que habla en contra de su hermano o le juzga, habla en co-
ntra de la ley y la juzga. Cuando juzgáis la ley, ya no la cumplís, sino que os constituís jueces de ella. 12 Sólo hay
un Legislador y Juez, el que puede salvar y destruir. Pero tú—¿quién eres tú para juzgar a tu prójimo?
A. Sometimiento en la vida y en el espíritu 4:1–12
1. Peticiones con malos propósitos 4:1–3
La relación entre la última parte del capítulo anterior y los primeros tres versículos de este capítulo es clara. Si la amarga envidia y la ambición egoísta han llenado el corazón del hombre (3:14, 16), si su principio conductor es esa sabiduría terrenal que es impía y demoníaca (3:15), y si se ha alienado de Dios, entonces él promueve “desorden y toda clase de mala conducta” (3:16). Cuando tal cosa sucede, las luchas y las reyertas están a la orden del día.
1. ¿Qué motiva las luchas y reyertas entre vosotros? ¿No vienen de vuestros deseos que combaten dentro de vosotros?
Tenemos la impresión de que la iglesia cristiana primitiva se caracterizaba por la paz y la armonía. Piénsese en el período inmediatamente posterior a Pentecostés, en que “todos los creyentes tenían un solo [p 156] corazón y mente” (Hch. 4:32). Este retrato de la iglesia, sin embargo, se desvanece en el lap- so de una década o un poco más. Los destinatarios de la epístola de Santiago luchan, tienen reyertas y están llenos de deseos egoístas que los empujan hacia el pecado tal como lo expresa el escritor en el primer versículo del capítulo 4.
Una traducción palabra por palabra del texto es la siguiente: “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No vienen de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros?” (BdA). Hacemos bien en interpretar este pasaje de modo figurado, en el “sentido de luchas, conflictos, reyer- tas”.208
Muchos traductores evitan dar una versión literal del texto griego. Piensan que la expresión guerra apunta a un área de conflicto que está fuera de la comunidad cristiana. Pero Santiago no está descri- biendo conflictos internacionales. Como pastor interesado en el bienestar espiritual de su gente, se diri- ge a “las doce tribus dispersas entre las naciones” (1:1).
Nótese que Santiago formula una pregunta incisiva: “¿Qué motiva las luchas y reyertas entre voso- tros?” El desea conocer el origen de estas luchas y reyertas—el uso del plural indica que las mismas no estaban limitadas a algún desacuerdo ocasional. Por consiguiente, él mira más allá de los síntomas en busca de la causa de estos conflictos.
Santiago contesta su propia pregunta con una pregunta retórica que requiere una respuesta afirma- tiva: “¿No vienen de vuestros deseos que combaten dentro de vosotros?” El término deseos (nótese el plural) es la palabra clave. Esta palabra significa que en su vida el hombre escoge placeres terrenales que van contra la voluntad manifiesta de Dios.209 Tal como dice Jesús en la parábola del sembrador:
“Los deseos de otras cosas vienen y ahogan la palabra [de Dios], haciéndola estéril” (Mr. 4:19; véase también Lc. 8:14). Con el tiempo, el hombre se transforma en un esclavo de los deseos de su corazón que lo separan de Dios (Ro. 1:24; 2 Ti. 4:3; Sgo. 1:14; 2 P. 3:3; Jud. 16, 18).
Cuando Dios ya no gobierna la vida del hombre, la búsqueda del placer controla la situación y la paz queda turbada a causa de las frecuentes luchas y reyertas.
La traducción que utilizamos formula esta frase en las siguientes palabras vuestros deseos que comba‐ ten dentro de vosotros. Otras traducciones tienen “en vuestros miembros” en vez de “dentro de voso- tros”.210 ¿Es este conflicto un asunto personal (dentro de vosotros) o una disputa congregacional (entre
BdA Biblia de las Américas
208 Refiérase a Colin Brown, NIDNTT, tomo 3, p. 962.
209 Gustav Stählin, TDNT, tomo 2, p. 921. Consúltese asimismo Erich Beyreuther, NIDNTT, tomo 1, p. 459. 210 Por ejemplo, véanse las siguientes versiones: RVR, BJ, BdA, BTz.
los miembros de vuestra iglesia)? Encontramos [p 157] una respuesta a esta pregunta al estudiar la pa- labra miembro en su contexto bíblico.
En algunos lugares Pablo utiliza la expresión miembro para describir la iglesia como el cuerpo de Cristo (Ro. 12:4–5; 1 Co. 12:12, 27; Ef. 4:16; 5:30). Pero hablando en términos más estrictos, esta expresión no se refiere a un contexto teológico o sociológico sino al cuerpo humano.211 Al no haber una clara indi-
cación de que Santiago esté pensando en la iglesia, interpretamos que el término miembros se refiere a los cuerpos físicos de las personas a quiénes se dirige.
2. Queréis algo pero no lo obtenéis. Matáis y codiciáis, pero no podéis obtener lo que queréis.