Fue solamente la incompetencia de sus rivales lo que permitió a Hitler llegar al poder, y el nuevo canciller todavía tenía que demostrar a sus patronos capitalistas que podía manejar las responsabilidades de gobernar Alemania. Su posición no era de ninguna forma completamente segura: los obreros estaban todavía en su contra, y a los industriales todavía tenía que demostrarles que podía mantener la economía en movimiento. En el exterior los capitalistas oscilaban entre la confianza derivada de que él había aplastado a los comunistas y el temor en que eventualmente pudiera iniciar otra guerra. La opinión externa era en ese momento crucial: Alemania dependía del mercado mundial, y el antisemitismo de Hitler se convirtió en un problema. Los judíos eran poderosos en los emporios del mundo, particularmente en los dos mercados más grandes para Alemania –Europa del este y América. Los intereses comerciales alemanes no estaban de ninguna manera seguros en cuanto a su lealtad al nuevo canciller; junto a sus amigos del ejército podrían haberlo controlado e incluso reemplazado, si estuvieran por sufrir pérdidas a causa de los judíos y sus enemigos del exterior unidos en un boicot a las exportaciones alemanas. Los propios expertos económicos del régimen discutían francamente su grave debilidad y estaban extremadamente preocupados porque el Nuevo Orden no sobreviviera a una firme oposición exterior.
Los judíos se movieron muy lentamente, pero finalmente los Veteranos de Guerra Judíos (Jewish War Veterans, JWV) de Nueva York, luego de considerar las consecuencias para los judíos de Alemania, el 19 de marzo de 1933, anunciaron un boicot comercial y organizaron una gran manifestación de protesta para el 23 de ese mes. El alcalde de Nueva York tomó parte y también lo hicieron los comunistas, a los que los veteranos no permitieron participar en la demostración hasta que plegaran sus banderas. El maltrato a los miles de comunistas de la comunidad judía de Nueva York hizo fracasar los esfuerzos del pequeño grupo de veteranos. Extremadamente inexpertos en lo político, los veteranos ignoraron el hecho elemental de que para que un boicot tenga la mínima chance de éxito, debe tener detrás de él la más amplia unidad organizada posible. Poco después del fracaso de los veteranos, Abe Coralik, un sionista, y Samuel Untermyer, un simpatizante que había donado el dinero para el nuevo estadio de la Universidad Hebrea de Jerusalén, organizaron lo que luego se convirtió en la Liga Anti-Nazi No-Partidaria. Sin embargo, era ilegal organizar piquetes de boicot y Untermyer, un abogado, no podía violar la ley. Por supuesto, sin piquetes masivos no puede imponerse un boicot y aquellos de la comunidad judía que estaban determinados a imponer un boicot se dirigieron seguidamente al rabino Wise y el Congreso Judío Sionista Americano (Zionist American Jewish Congress, AJC) para que tomara la delantera. Al principio, Wise se opuso tanto a las manifestaciones como al boicot, pero para el 27 de marzo incluso él estaba deseado llenar el Madison Square Garden para el mitín que tanto perturbó a Goering. Una gran asamblea de políticos, clérigos y sindicalistas denunció como correspondía al tirano de Berlín, pero no se hizo nada para organizar un apoyo masivo. Wise, que no había movilizado a las masas antes de que Hitler llegara al poder, tampoco quería hacerlo ahora. Por el contrario, escribió a un amigo: “No puedes imaginar lo que estoy haciendo para contener a las masas. Ellos quieren escenas callejeras tremendas.” (1) Se opuso al boicot, esperando que unas pocas manifestaciones, solamente, presionaran a Roosevelt para intervenir. Pero el Departamento de Estado consideraba a Hitler como una fuerza de combate contra el comunismo, y los políticos domésticos, queriendo desesperadamente terminar la
Depresión, necesitaban a Alemania como mercado. El resultado fue que los demócratas no hicieron nada ni en contra de Hitler ni a favor de los judíos. Como demócrata que era, Wise continuó oponiéndose al boicot pero, mientras estuvo en Europa, en agosto de 1933, consultando a los dirigentes judíos alemanes y asistiendo al Congreso Mundial Sionista, los elementos más militantes de la AJC maniobraron para convocar a un boicot. Pero el AJC era todavía una organización burguesa timorata sin experiencia en movilización de masas y, igual que la Liga Anti-Nazi, se oponía tímidamente a los piquetes. Su director de boicot no hizo nada más estridente que elaborar espléndidas estadísticas sobre cómo el comercio de los nazis estaba siendo devastado por el boicot. (2) No fue sino hasta que su sector juvenil finalmente se rebelara y piqueteara una cadena de grandes tiendas, en el otoño de 1934, que el AJC permitió a sus afiliados piquetear a los comerciantes recalcitrantes.
Los boicots casi nunca son exitosos. La mayoría de la gente piensa que han hecho suficiente si dejan de comprar los bienes, pero un boicot sólo puede funcionar si hay una sólida organización preparada para interrumpir seriamente el comercio. La responsabilidad por el fracaso en construir ese movimiento recae en muchos: tanto judíos como no-judíos. Ciertamente los líderes sindicales que aseguraban su oposición a Hitler, pero no hicieron nada para movilizar sus filas fueron en gran medida responsables por la carencia de una campaña de boicot seria. Ciertamente aquellos grupos judíos como el JWV, la Liga Anti-Nazi y el AJC fueron ineficaces, pero estuvieron aquellos en la comunidad judía en América y Gran Bretaña que se opusieron específicamente a la propia idea de un boicot. El Comité Judío Americano, la orden fraternal B’nai B’rith (Hijos de la Alianza) y la Junta de Delegados de los Judíos Británicos rehusaron respaldar el boicot. Temían que si los obreros judíos, y también otras personas, se mentalizaban para combatir a Hitler, quizá se pusieran en movimiento y luego fueran en contra de sus propios vecinos ricos en el país. Estos temores los confinaron a trabajos de caridad hacia los judíos alemanes y sus refugiados y a plegarias por que el hitlerismo no se expandiera. La Unión de Israel (Agudas Yisrael), brazo político del sector más extremo de la ortodoxia tradicional, se opuso al boicot sobre fundamentos religiosos así como por su conservadurismo social. Ellos alegaron que siempre, desde que fue destruido el reino judío por parte de los romanos, el Talmud había prohibido a los judíos rebelarse en contra de la autoridad gentil en la diáspora; interpretaban el boicot como una rebelión y en consecuencia lo prohibían. Sin embargo, de todos los opositores judíos activos a la idea de boicot, el más importante fue la Organización Mundial Sionista (WZO). No sólo compró bienes alemanes; también los vendió, e incluso buscó nuevos clientes para Hitler y sus patrocinadores industriales.
El recurso a la idea de sangre
La WZO consideraba la victoria de Hitler de la misma manera que su afiliada alemana, la ZVfD: primeramente no como una derrota para todos los judíos, sino como una prueba positiva de la bancarrota del asimilacionismo y el liberalismo. Estaba llegando su hora. Los sionistas comenzaron a sonar como revivalistas de baratillo: Hitler era la fuerza de la historia para conducir a los judíos obstinados de vuelta con los de su propia clase y a su propia tierra. Un converso sionista reciente, el entonces mundialmente famoso biógrafo popular Emil Ludwig, fue entrevistado por un colega sionista durante una visita a América y expresó la actitud general del movimiento sionista:
“Hitler será olvidado en unos pocos años, pero tendrá un bello monumento en Palestina. ¿Sabe usted?” y aquí el historiador-biógrafo pareció asumir el rol de un judío patriarcal –“la llegada de los nazis fue más bien una cosa para congratularse. Tantos de nuestros judíos alemanes estaban oscilando entre las dos costas; tantos de ellos estaban cabalgando la corriente traicionera entre la Scyla de la asimilación y la Caribdis de una aceptación sin entusiasmo de las cosas judías. Miles que parecían estar completamente perdidos para el judaísmo fueron traídos de vuelta al rebaño por Hitler, y por eso, yo personalmente le estoy muy agradecido.” (3)
Ludwig era un recién llegado al movimiento, pero sus opiniones estaban en completo acuerdo con las de veteralos tales como el celebrado Chaim Nachman Bialik, considerado entonces como el poeta laureado de Sion. A causa de su reputación, a sus afirmaciones se les daba amplia circulación, tanto por parte del movimiento sionista como por sus enemigos de izquierda. La preocupación del poeta había sido durante largo tiempo la ruptura de la unidad judía como resultado de la declinación de la fe religiosa tradicional, y ahora no podía ocultar su felicidad ante el hecho de que Hitler había llegado justo a tiempo para salvar a los judíos alemanes de sus propia destrucción.
El hitlerismo, siente el poeta, ha prestado al menos un servicio al no trazar líneas divisorias entre los judíos piadosos y los judíos apostatas. Si Hitler hubiera exceptuado a los judíos bautizados, se hubiera desarrollado, considera Bialik, el poco edificante espectáculo de miles de judíos corriendo hacia las pilas bautismales. El hitlerismo quizá ha salvado a los judíos de Alemania, que estaban siendo asimilados en la aniquilación. Al mismo tiempo, ha hecho al mundo tan consciente del problema judío, que ya no puede ignorarlo. (4)
Bialik, como muchos otros sionistas, pensaba a los judíos como algo así como una súper raza; si solamente pudieran finalmente entrar en razón y dejar de desgastarse en una humanidad ingrata y comenzar a trabajar su propia huerta.
De hecho es muy cierto que el judaísmo, por medio de la penetración en todas las otras naciones realmente derrota los remanentes de esa suerte de idolatría... pero quizá las fuerzas más fuertes en este proceso fueron nuestros judíos “apóstatas” o “asimilados” de todo tipo, que entraron en el propio cuerpo de la cristiandad y penetraron en sus propias entrañas, y se movieron lentamente desalentando los remanentes de “paganismo” como resultado de su volición y sangre judías. Yo también, al igual que Hitler, creo en el poder de la idea de sangre. Estos fueron los hombres – aunque frecuentemente en su lugar se dicen los nombre de grandes no-judíos –que abrieron los caminos para los grandes movimientos de libertad en todo el mundo: El Renacimiento, Liberalismo, Democracia, Socialismo y comunismo... Los antisemitas a veces tienen un claro discernimiento. De hecho la influencia judía ha sido muy poderosa en esta conexión; no debemos negarlo. (5)
Sin embargo, para 1934, el sionismo era un movimiento que decía tener más de un millón de miembros en todo el mundo y no todos ellos aceptaban la noción, bajada por los dirigentes, de que Hitler era realmente una bendición para los judíos. Algunos, como el rabino americano Abraham Jacobson, protestaban contra esta idea insana, que estaba todavía muy difundida tan tardíamente como en 1936:
¿Cuántas veces hemos oído el impío deseo expresado con despecho por la apatía de los judíos americanos hacia el sionismo, de que descienda un Hitler sobre
ellos? ¡Entonces ellos comprenderán la necesidad de Palestina! (6)
Primeros tratos con los nazis
Ciertamente, la WZO estaba muy preparada para tratar con los nazis y para utilizarlos para sus propios propósitos. Las primeras aperturas hacia los nazis fueron hechas en forma independiente, en 1933, por un tal Sam Cohen, propietario de Ha
Note’a Ltd. Una firma exportadora de cítricos de Tel Aviv. Durante el gobierno de
Brüning el gobierno alemán había puesto un impuesto de salida sobre el capital que dejaba el país, y Cohen había propuesto que se les permitiera a los emigrados sionistas evitar el impuesto mediante la compra de bienes en Alemania que luego se convertirían en efectivo luego de su venta en Palestina. Brüning no tenía interés en la idea, pero en 1933 Cohen, por su propia cuenta, presentó nuevamente el plan. Los nazis estaban entonces preocupado por el efecto que el boicot, aunque espontáneo y lamentablemente organizado, estaba teniendo en su balanza comercial, y Heinrich Wolff, el cónsul alemán en Jerusalén, comprendió rápidamente cuán útil podía ser la propuesta de Cohen. Escribió a su ministro: “De esta manera sería posible emprender una campaña exitosa contra el boicot judío a Alemania. Debe ser posible abrir una brecha en el muro.” (7)
Los judíos, argumentaba, serían puestos en una encrucijada. El boicot ulterior podría ser considerado como una imposición de problemas a los emigrantes que buscaban encontrar un nuevo hogar en Palestina o en cualquier otra parte. A causa de su ubicación, Wolff era uno de los primeros alemanes en percibir la creciente importancia de Palestina en la ecuación judía, y en junio escribió nuevamente a Berlín:
Mientras en abril y mayo la yishuv estaba esperando instrucciones para el boicot desde Estados Unidos, ahora parece que la situación se ha transformado. Es Palestina la que da las instrucciones ahora... Es importante romper el boicot primero y principalmente en Palestina, y el efecto inevitablemente se sentirá en el frente principal, en los Estados Unidos. (8)
A inicios de mayo de 1933, los nazis firmaron un acuerdo con Cohen por un millón de marcos (400.000 dólares) de riqueza judía que sería embarcada hacia Palestina bajo la forma de maquinaria de labranza. En este punto intervino la WZO. La Depresión había afectado malamente las donaciones y, en marzo de 1933, habían cablegrafiado desesperadamente a sus seguidores de Nortemérica, implorando que, si no llegaban fondos inmediatamente, estaban en camino a un colapso financiero inminente. (9) Ahora Menachem Ussischkin, cabeza del Fondo Nacional Judío (Jewish National
Fund, JNF), encomendó a Cohen acordar el retiro de fondos congelados del JNF en
Alemania vía Ha Note’a. El atractivo para los nazis era que el dinero era necesario para comprar tierra para los judíos que Hitler estaba empujando hacia fuera. Cohen también aseguró a Heinrich Wolff que él operaría “detrás del escenario en una conferencia judía a realizarse próximamente en Londres para debilitar o derrotar cualquier resolución de boicot.” (10) El Dr. Fritz Reichert, el agente de la Gestapo en Palestina, escribió más tarde a su cuartel general recordándoles el asunto:
La Conferencia de Boicot de Londres fue torpedeada desde Tel Aviv porque la cabeza de la Transferencia en Palestina, en estrecho contacto con el consulado en Jerusalén, envió cables a Londres. Nuestra función principal aquí es prevenir, desde
Palestina, la unificación de los judíos del mundo sobre una base hostil a Alemania... Es aconsejable dañar la fuerza política y económica de los judíos propagando la disensión en sus filas. (11)
Sam Cohen pronto fue sustituido en estas negociaciones delicadas por el sionista laborista Chaim Arlosoroff, Secretario Político de la Agencia Judía, el centro palestino de la WZO. Arlosoroff estaba muy al tanto de los problemas del movimiento. En 1932, había llegado a la conclusión de que habían fracasado en atraer suficientes inmigrantes como para superar a los árabes en número, y no estaban atrayendo suficiente capital judío. Hitler en el poder podía significar la guerra en diez años. Para sobrevivir en Palestina y resolver el problema judío en ese período se necesitaba una acción rápida y vigorosa. Ahora, pensaba, tenía el modo de resolver las dificultades del sionismo: con el acuerdo de Gran Bretaña, podían lograr tanto los inmigrantes como el capital necesario mediante una ampliación del proyecto de Cohen. En un artículo en el Rundschau, y en otros sitios, explicaba fríamente que esto solamente podía hacerse en cooperación completa con Berlín:
Naturalmente, Alemania no puede exponerse al riesgo de perturbar su circulación monetaria y su balance comercial en orden a acordar con los judíos, pero puede encontrarse un camino para ajustar estos intereses distintos... Será importante, dejando de lado todos los sentimentalismos de la cuestión, llegar a tal acuerdo con Alemania.
El autodenominado sionista-socialista propuso entonces la alianza final, un acuerdo entre los sionistas, los nazis, los fascistas y el Imperio Británico, para organizar la evacuación de los judíos de Alemania:
También sería posible establecer una compañía, con la participación del Estado Alemán y otros estados europeos, principalmente intereses británicos e italianos, que liquidaría lentamente las propiedades particulares mediante la emisión de letras de crédito... [y creando]... un fondo de garantía. (12)
Él sentía que su idea era particularmente oportuna porque la opinión mundial apoyaría un “tratamiento constructivo de la cuestión judía en Alemania.” (13) Sabiendo que los judíos alemanes no querrían poner todo su dinero en manos de Hitler, propuso que los británicos debían elegir al gerente del fondo. Su camarada Yitzhak Lufban escribió después que “Arlosoroff sugirió varios nombres, y el secretario colonial eligió uno de ellos.” (14) A inicios de mayo de 1933, Arlosoroff y los nazis llegaron a un entendimiento preliminar para extender los acuerdos de Cohen. Él visitó nuevamente Berlín en junio, y retornó a Tel Aviv el 14 de junio. Dos noches después fue asesinado a causa de sus tratos con los nazis. El asesinato será discutido más adelante; es suficiente decir aquí que no impidió el acuerdo de la WZO con los nazis, y el pacto nazi-sionista fue anunciado por los nazis a tiempo para el Decimoctavo Congreso Sionista, en Praga, en el mes de agosto.
La WZO justifica el pacto con los nazis.
La sombra de Hitler dominó completamente el Congreso de Praga. Los dirigentes de la WZO sabían que los nazis estaban interesados en un trato y decidieron evitar ofender a Alemania, limitando al mínimo la discusión de la situación allí
imperante. (15) El régimen, como tal, no fue condenado. Se le pidió a la Liga de Naciones que ayudara en la “lucha por la recuperación de los derechos de los judíos de Alemania”, pero el pedido fue sepultado en una discusión extensa sobre la emigración y Palestina. (16) No fue propuesto ningún plan para presionar al organismo mundial, ni hubo ningún llamado a una acción específica por parte de la Liga.
El pacto nazi-sionista se hizo público un día antes de que fuera debatida una resolución de boicot, y puede especularse que los nazis hicieron esto para así desalentar el apoyo al boicot. El líder de la derecha “revisionista”, Vladimir Jabotinsky, presentó el caso del boicot, pero no había chance de que su propuesta lograra un auditorio serio. Los británicos habían arrestado a varios de sus revisionistas por el asesinato de Arlosoroff y el fiscal estaba llevando evidencia a la corte mientras el Congreso se reunía. Como los revisionistas tenían una historia de violencia hacia sus rivales sionistas, la mayoría de los delegados estaban convencidos de su complicidad en el caso Arlosoroff. Su reputación desagradable fue reforzada cuando los propios camisas pardas de Jabotinsky lo acompañaron dentro de la sala en formación militar, impulsando a la presidencia a prohibir los uniformes, por miedo a que incitaran a que los camaradas laboristas de Arlosoroff provocaran disturbios. El apoyo de Jabotinsky al boicot, y su oposición al pacto, fue descartado como la rabieta de un opositor terrorista ante la dirigencia moderada electa democráticamente. Su resolución fue derrotada por 240 votos contra 48.
Sin embargo, derrotar la resolución de Jabotinsky no significaba necesariamente que los delegados favorecieran un trato con Hitler y, cuando los nazis anunciaron que