Notes to the consolidated financial statements
4. Segment information
Nací en Lima el 4 de junio de 1925, siendo mi padre el conocido autor teatral Nicomedes Santa Cruz Aparicio y mi madre Victoria Gamarra Ramírez, celosa heredera de riquísima tradición folklórica e hija de un afamado pintor, el maestro José Milagros Gamarra.
Soy el noveno de los diez hijos del matrimonio Santa Cruz-Gamarra. El primero que surgió a la vida artística fue Rafael, el benjamín, debutando como novillero en 1947. Justamente, la alternativa de matador de toros la recibe en el coso de Acho el 27 de marzo de 1949 y su triunfo inspira un vals a Porfirio Vásquez:
Sabe torear, ya lo han visto, su coraje dio a la luz:
lo que ha hecho el gran diestro que es Rafael Santa Cruz.
Este bello gesto acerca más a los Vásquez y los Santa Cruz, que viven en el mismo sector de Breña; y así empieza mi amistad con don Porfirio. Cuatro meses más tarde, en una de sus diarias tertulias en el cafetín de “Choy" en la esquina de los jirones Arica y Loreto, “don Porfi" me recita unas décimas que me hicieron brincar en el asiento: al fin encontraba la
forma poética que venía buscando infructuosamente desde tiempo atrás. Recuerdo además que de niño escuché a mi madre cantar décimas en socabón y que sus compañeros de infancia en su barrio natal de La Victoria eran hijos de decimistas. En ese mismo instante improvisé una cuarteta:
Criollo, no: ¡Criollazo! Canta en el tono que rasques. Le llaman “El Amigazo",
su nombre: PORFIRIO VÁSQUEZ.
(ver número 245) Para entonces el emocionado no era el aprendiz, sino el propio Porfirio Vásquez, no tanto por el poético elogio sino más bien porque hacía muchos años que no escuchaba improvisar. El asunto no terminó ahí. Al día siguiente me presenté en casa de mi entrañable amigo con la glosa terminada (ver número 245).
Estas fueron mis primeras décimas. Desde esa fecha, 3 de julio de 1949, y durante los años subsiguientes, ambos amigos sólo hablaríamos en décimas y sobre décimas.
A partir de 1955 y por no encontrar rivales, pues la afición prácticamente ha desaparecido, me fui apartando de la temática tradicional para el canto en desafío o contrapunto, en que me venía guiando Porfirio Vásquez, y trabajé mis glosas sobre problemas de actualidad nacional e internacional.
A mediados de 1956 abandoné para siempre el oficio de herrero forjador ―cerrajería artística― e insuflo a mis décimas una rebelde y orgullosa negritud que me abre las puertas de la popularidad a través de radioemisoras y escenarios teatrales. En 1958 irrumpo en el periodismo y llevo mis décimas a la naciente televisión nacional. Actividades éstas en las que hasta ahora continúo laborando.
Presento aquí una primera selección de décimas. Hace veinte años fui también autor del primer libro de glosas publicado en el Perú.64
64. Precisamente, la aparición de este libro motivó una nota periodística del afamado novelista Ciro Alegría, que finalizaba con estos conceptos:
"Al compás del socabón, con décimas del Perú conserva la tradición Nicomedes Santa Cruz",
Es el pie con el cual abre el libro. Y por cierto, el autor sabe que está componiendo espinelas, dicho en reconocimiento de sus lecturas, pues Santa Cruz las tiene. El, ciertamente, conserva la tradición y no sólo ésa que demanda canto en décimas. A menudo, sus versos hunden las raíces en la tradición popular. El pasado del pueblo negro,
Finalmente sólo restaría hacer una relación, lastimosamente breve, donde se consigna algunos nombres de decimistas peruanos famosos, de los que hemos tenido noticia directa o indirectamente y cuya producción puede ubicarse entre las últimas décadas del siglo pasado y toda la primera mitad del presente. Algunos de los nombres citados han sido extraídos de las mismas glosas recogidas en esta selección, por figurar como firmantes o porque simplemente se les menciona entre los versos. Esperamos que nuevas investigaciones nos permiten enriquecer más esta escueta lista, aunque siempre será problemático precisar al autor de un material oral, ya casi folklórico: Pablo Barbadillo Pavón, nacido en San Luis de Cañete en 1897; un tal Bolaños; Eleuterio Boza de Chancay; Lucas E. Bringas de Lima; Medardo. Caján de Zaña; Abel Colchado también de Zaña; José Dolores Casas de Chancay; Ramón Domínguez, nacido en Morropón (Piura) en 1918; Juan González de Chancay; Mariano González del Callao; José Lurita; Ciriaco Manso de San Luis de Cañete; Adán Mora, apodado “El Chino" de Huacho; Fidel Olivares; Antonio Peña de Ica; Manuel Portilla de Motupe (Lambayeque), Hijinio Matías Quintana, a quien nos hemos referido; José Ramos de Ica; Aurelio Renteros, “Ño Renteros" de Chincha; Eloy Sánchez; Mateo Sancho Dávila del Rímac (Lima); Julio Sihuas, de Salas (Ica); Guillermo Solano de Cañete; Jesús Sotelo de Aucallama;
motiva con frecuencia sus décimas. Hay evocaciones de los dioses muertos, de las brujerías suprimidas, de los lugares de origen de los negros, de la jerga local que empleaban.
La atención del decimista, dirigida a otros aspectos de la vida nacional hace un amplio registro. Hay composiciones sobre el vals criollo, el club Alianza Lima, Felipe Pinglo, varios toreros, la marinera, la guitarra, los santos peruanos, los templos, la procesión del Señor de los Milagros, los "niños de blue-jean", Talara. Esta décima es notable, realmente extraordinaria:
Talara, no digas "yes", mira al mundo cara a cara, soporta tu desnudez ...y no digas "yes", Talara.
Es el pie. En las cuatro décimas que siguen, palpita un sano y popular nacionalismo. Previo a las buenas razones jurídicas de la Comisión Consultiva.
Muy chispeantes y frescas son las décimas de orden personal, de intención netamente humana. Oigamos si no:
¡Negra! ¡Grupa de repisa! ¡cinturita de cuchara! En la noche de tu cara hay media luna de risa. Esta noche tienes prisa por provocar algún boche...
Entre el dolor que hay en el libro, asoma con frecuencia, un humorismo zumbón, en el cual las décimas de Santa Cruz tienen una de sus más personales características… La diversidad de temas, la entonación popular y los toques individuales, califican a Santa Cruz como un artista de vigorosa raigambre y singularmente bien dotado. En su libro, nos pide ayudarlo a bien hacer por la décima, para que no se extinga. Ciertamente, merece conservación la clásica forma que los pueblos nuestros han sabido adaptar, hasta el punto que ya les parece propia. De hecho lo es, según el sentir de su alma". (Ciro Alegría, 1960).
Emilio Tirado de Lima; Héctor Abraham Torres Sánchez de Motupe; Carlos y Porfirio Vásquez Aparicio, ya aludidos, Marcelino Vásquez de Chancay; Santiago Villanueva de Lima y Juan Zambrano de la hacienda Caqui (Chancay). Algunas otras referencias iqueñas pueden verse en el libro de Donaire Vizarreta Campiña Iqueña (1959).