CHAPTER 4 METHODOLOGY
4.3 DESIGNING RESEARCH METHODOLOGIES
4.3.2 Selecting a research sample
La pregunta surge, en la mente de Pablo, en forma natural. Y, con la misma naturalidad espiritual, siente que debe exponer la respuesta pertinente.
“¿Qué, pues, diremos?” (9:30 a)
¿En relación con qué? Con los gentiles. Con la más extraña situación, para la mente judía, en que Pablo los ha colocado con su explicación previa. Están ahora en pie de igualdad con los judíos y también forman parte del nuevo pueblo de Dios.
1. Gentiles: Por fe (9:30 b). Pablo define la situación de los gentiles en forma más clara aún y al punto.
“Los gentiles, que no iban tras la justicia, dice, la han alcanzado. Me refiero a la justicia que es por la fe” (9:30 b).
La religiosidad de los gentiles, todos paganos, era de una naturale- za diferente de la religiosidad conocida y practicada por los israelitas. Tenían sus dioses. Todos ellos de creación humana; por eso, no había características divinas en ellos, salvo las que los humanos les atribu- yeran. Poseían toda suerte de extraños poderes, espantosos y terribles, horrendos y misteriosos, desconsiderados y despóticos. Los gentiles
podían creer en ellos, por supuesto; pero, más que creer en ellos, los temían. Era el pánico de las perturbaciones. Vivían perturbados por sus dioses. Siempre buscando el modo de apaciguarlos y de ganar su buena voluntad, para que no les enviaran los castigos que sus innumerables acciones malas merecían. Nunca se interesaban en la justicia como algo que los dioses pudieran regalarles para ser aplicada a la vida pecadora de ellos, como una justificación con vistas a salvarlos de la condenación. Todo eso era desconocido para ellos. Y, por desconocido, no susceptible de ser buscado.
¿Cómo era posible que los gentiles encontraran algo que no busca- ban? Pero lo encontraron. La explicación es divina. En todos los sentidos del término. Ellos no buscaron la justicia divina, pero Dios, en Cristo, los buscó a ellos con su justicia, para regalársela. Y se la dio. Por eso, la en- contraron. Por eso, la encuentran todos los humanos que, sin buscarla, la encuentran. Obra pura de la gracia divina. ¿Cómo recibirla? Un regalo material se recibe con la mano. Fácil. El que recibe el regalo extiende la mano, lo recibe, y es suyo. Pero el regalo de la justicia no es material, no se puede recibir como se reciben las cosas materiales. La justicia tiene que ser recibida espiritualmente, y no hay otra forma espiritual de reci- birla a no ser que sea por la fe. Y de esta manera los gentiles recibieron la justificación divina.
Pero, y los israelitas, ¿qué sucedió con ellos? Ellos sí buscaban la jus- ticia de Dios y la anhelaban más que todas las cosas. A tal punto querían ser justos que, muchas veces, jugaron a la hipocresía para dar la impre- sión de que eran justos.
2. Israel: Por obras (9:31, 32). Pero (de nuevo el pero), ¿qué hacían los israelitas cuando los gentiles, sin buscar la justicia, la encontraron? “En cambio Israel”, dice Pablo, “que iba tras una ley para conseguir la justicia, no la encontró” (9:31).
¿Mala suerte? No. La suerte, buena o mala, nada tiene que ver con las experiencias espirituales. No existe. No hay encadenamiento de hechos espirituales fortuitos. Nada ocurre por casualidad en las experiencias espirituales. Ni automáticamente, ni porque sí, ni porque no. Los he- chos, a veces, controlan la voluntad de las personas, pero la voluntad de Dios la controla Dios mismo y nada más. Y el regalo de la justicia es una acción divina, solo dable a los pecadores de la manera dispuesta por Dios. En el caso de la justicia divina, solo puede obtenerse por la fe. Los israelitas no la encontraron.
¿Por qué no?
Pregunta Pablo, y responde:
“Porque no la buscaron mediante la fe, sino mediante las obras, como si fuera posible alcanzarla así. Por eso tropezaron en la piedra de tropie- zo” (9:32).
No, la justicia de Dios no se obtiene por las obras. En todo caso, ¿qué obras? La obras humanas están todas al servicio del mal, son obras de injusticia. ¡Hasta las buenas obras que hacen! Todas ellas proceden de una persona injusta y pecadora, con propensiones hacia el mal, con in- tenciones cautivas en la cárcel del mal. ¿Cómo puede un injusto justifi- carse a sí mismo? No puede.
Tropiezan, se escandalizan y se ofenden cuando alguien les dice que el mal está en ellos y nada de lo que hagan puede justificarlos.
“Pero, si soy bueno”, dicen. No le hago mal a nadie. Trabajo y proveo a mi familia con todo lo que ellos necesitan”.
Los judíos incrédulos tropezaron en la piedra de tropiezo porque no creyeron; la misma que piedra que resulta preciosa para los creyentes. Como Pedro escribió:
“Así dice la Escritura: Miren que pongo en Sion una piedra principal escogida y preciosa, y el que confíe en ella no será jamás defraudado. Para ustedes los creyentes, esta piedra es preciosa; pero, para los incré- dulos: ‘la piedra que desecharon los constructores ha llegado a ser la piedra angular’; y también: ‘una piedra de tropiezo y una roca que hace caer’ ” (1 Ped. 2:6-8; Isa. 28:16; Sal. 118:22; Isa. 8:14).
3. Cristo: Para creer en él (9:33). Pablo se refiere a la misma Roca, como una roca para creer en ella.
“Como está escrito”, dice: “He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída; y el que crea en él no será defraudado” (9:33).
Cristo crucificado es la Roca en la que hay que creer, y no defrauda. Pablo, escribiendo a los creyentes de Corinto, ofrece la siguiente ex- plicación:
“Los judíos piden señales milagrosas y los gentiles buscan sabiduría. Mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado. Este mensaje es motivo de tropiezo para los judíos, y es locura para los gentiles, pero para los que Dios ha llamado, lo mismo judíos que gentiles, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios” (1 Cor. 1:22-24).
Aquí está el nuevo pueblo elegido, los que Dios ha llamado, judíos y gentiles. Para ellos, Cristo crucificado es quien los provee de la justicia divina que necesitan para cubrir sus pecados, recibir perdón y justifica- ción por la fe.
Pero Israel no quiso aceptar la justicia de Cristo porque hacerlo le pareció ofensivo, vergonzoso: un escándalo. Siguió buscando la justicia en sus propias obras de obediencia sin fe.