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Selecting an MCA method

4 Phase 2: Hotspots risk analysis and selection

4.4 Multi-Criteria Analysis (MCA)

4.4.2 Selecting an MCA method

Pocos años después del artículo de Roskies, el prestigioso cientí- fico Michael Gazzaniga, director del Centro de Neurociencia Cogni- tiva del Dartmouth College, y miembro del Consejo Presidencial de Bioética de EE.UU, publicó un libro de amplia repercusión social, un análisis ponderado de las diversas incidencias morales de las inves- tigaciones neurocientíficas. Con título sugerente: The Ethical Brain (2005). Me interesa sólo señalar la concepción de la Neuroética que inspira sus reflexiones. En primer lugar, asume la definición de esta nueva disciplina propuesta por Safire en la conferencia internacional (a la que me referí en el Capítulo I). El núcleo de esta definición vimos que era claramente normativo: tratar los aspectos buenos y malos del tratamiento, perfeccionamiento e intervención en el cere- bro. Desde este punto de vista, hay que reconocer que la Neuorética, en sus inicios, surgió como una derivación de la Bioética. Y ésta, a su vez, se desarrolló como una ampliación de la Ética médica. Los hallazgos científicos exigían replantear y buscar criterios morales para

orientarnos en problemas tan complejos como la ingeniería genética, la ciencia reproductiva o la definición de muerte cerebral. Según Gazzaniga, la mayoría de estos y otros temas bioéticos y médicos pueden ser estudiados desde la nueva perspectiva de la Neuroética, especialmente aquellos que guardan relación con el cerebro o el siste- ma nervioso central. Sin embargo, aun admitiendo que esta nueva área de investigación y reflexión procede histórica y temáticamente de la Ética médica y de la Bioética (como mostré en el anterior capí- tulo), reconoce este científico que la Neuroética es mucho más que una especie de “bioética del cerebro”. Propone esta definición socio- cultural del nuevo campo:

Por mi parte, definiría la Neuorética en estos términos: la inves- tigación de cómo hemos de tratar los asuntos sociales de la enfer- medad, la normalidad, la mortalidad, el estilo de vida y la filo- sofía de la vida a la luz de nuestra comprensión de los mecanis- mos cerebrales que subyace a todo ello. No se trata de una disci- plina que busca recursos para la curación médica, sino que sitúa la responsabilidad personal en un contexto social y biológico mucho más amplio. Constituye –o más bien debería ser así– un esfuerzo en conseguir una filosofía de la vida basada en el cere- bro (10, pp. XV).

En realidad, la propuesta de Gazzaniga viene a ser algo así como el inicio de un nuevo tipo de filosofía, y por ende de sociedad, a par- tir de nuestros conocimientos del funcionamiento del cerebro. Qué significa “ser humano” y cómo hemos de relacionarnos en un contex- to social, vienen a ser objetivos culturales que la Neuroética, más que ninguna otra disciplina, ha de contribuir a clarificar. El proyecto cul- tural moderno de encontrar principios éticos universales que orien- ten nuestra existencia en el mundo se halla, a mi juicio, en el trasfon-

do de esta tarea filosófico-social que asigna este neurocientífico a la nueva disciplina. Ahora bien, ha de ser ésta una ética integrada en el cerebro, basada en los hallazgos neurocientíficos recientes, de tal modo que contribuya a construir una sociedad más justa, en la que puedan erradicarse sufrimientos, guerras y conflictos derivados del desconocimiento del cerebro. Tal proyecto socio-cultural está inspira- do en una especie de imperativo neuroético: partir de la constatación científica de cómo reacciona el cerebro ante el mundo y los valores, según su configuración, y extraer de tales investigaciones respuestas a dilemas morales y conflictos sociales que vivimos en nuestro contexto sociopolítico.

Este investigador considera que la neurociencia cognitiva ha de enfrentarse a tres asuntos de relevancia social muy relacionados con el nuevo campo de la Neuroética. Pueden ayudarnos a clarificar algu- nos dilemas éticos actuales. En primer lugar, por ejemplo, si el embrión humano, en base al proceso de desarrrollo del sistema ner- vioso, tiene o no el estatus moral de ser humano, junto a las repercu- siones sociales del envejecimiento, mejora y tratamiento del cerebro humano. En segundo lugar, importantes problemas ético-filosóficos de repercusión social que la neurociencia procura aclarar, aunque, según Gazzaniga, no tiene competencia para ello: la libre voluntad y la responsabilidad personal. Si bien la Neuroética los está abordando de modo persistente a la luz de recientes investigaciones cerebrales, los resultados son más bien escasos, al parecer de este científico. A todos nos gustaría ser capaces de mostrar a través de las técnicas de Resonancia Magnética que es posible encontrar un píxel que deter- mine la culpabilidad o inocencia de un determinado sujeto que ha actuado sin responsabilidad, impulsado por determinados mecanis- mos cerebrales. Ello no es posible hasta el momento, y quizá no lo sea nunca. Y en tercer lugar –a lo que concede Gazzaniga la máxima importancia–, la neurociencia cognitiva esta construyendo una ima-

gen del cerebro que puede instruirnos sobre si existe o no una moral universal que posean todos los miembros de la especie humana en base a su estructura cerebral. En este sentido, la Neuroética será capaz en un futuro próximo de mostrar científicamente la existencia de universales éticos en el cerebro humano, lo cual sería de suma rele- vancia: nos marcaría pautas morales que todas las sociedades y los sujetos han de seguir.

Estos son justamente los tres grandes bloques temáticos que anali- za en su libro The Ethical Brain –y en otros trabajos posteriores (11)–, y que, con ciertos matices, podrían ubicarse respectivamente en los tres niveles de Neuroética que estoy proponiendo (Práctica, Filosófica y Social). Los considera Gazzaniga nucleares de la nueva disciplina derivada de los avances en la Neurociencia cognitiva. Pero dejemos para otra ocasión una revisión de este proyecto social de la Neuroética que propone tan renombrado científico. Sólo quería aquí, primero, mostrar el tipo de definición cultural que nos propone; segundo, dejar constancia una vez más de las posibles conexiones con la Bioética; y por último, insistir en las nuevas tareas y objetivos originales que esta nueva disciplina ha de afrontar durante los próximos años.

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