3.5 Results
4.2.2 Selection of knowledge sources
Durante el siglo XVI, la captura y deportación de africanos se efectuaba sobre todo en el área de Cabo Verde, en el oeste del continente africano, aunque también había cautivos del interior que eran vendidos en los depósitos de la costa. De acuerdo con distintas fuentes, los portugueses embarcaron la mayor cantidad de esclavos procedentes de sus dominios africanos, Angola y Mozambique, durante el siglo XVII. Ya se ha señalado
que los primeros negros de Nueva España eran peninsulares o antillanos, pero también fueron traídos los cafi; cuando la trata se formalizó nuestros puertos recibieron negros llamados caboverdianos, de las etnias: bran, arará, carabalí, wolof, mandinga, biafra, mendé, lucumí, bañol, minas, xoxos, berbesí, arubas, akán, beni, cumba o mandé, zape, etc. De la región bantú, de las etnias: angola, congo, cazanga, cacusa, musoso, buila, cabanca, mondongo, banguela, matamba, bangala, malemba, anzico, bamba y bemba.
También en el siglo XVI, fueron traídos a nuestras costas esclavos que se han llamado blancos por proceder del norte de África y se les llamó berberiscos; de la Canarias procedían los gomera. Este mercado de esclavos en las costas del norte africano parece haber estado acompañado de otro que se efectuaba en el Mediterráneo, por lo que se llegó a mencionar la presencia de griegos en algunas localidades de Veracruz. Ambos corresponden al siglo XVI. Del mismo siglo son los que en México se llamaron tucuxui. Los bariba, los gangá y los chamba entraron a principios del siglo XVIII y los nafana, kanene, sakenda y pañol son introducidos en el XVII entre los angola, los congos, bisos, viojos, basol, galu, popos, tari, aná y novo.
Toda esta diversidad de procedencias fue variando según los años y los siglos de la trata atlántica, que al principio tuvo que someterse a los árabes, que, controlaban el mercado. Después pasó a manos de los portugueses, una vez que éstos lograron establecer su factoría en Cabo Verde al principio y después en otros puntos de la costa oeste africana. El nombre del archipiélago sirvió muchas veces para designar a los contingentes que procedían de ahí, sin que eso quiera decir que todos los esclavos que se internaron en las colonias señalados como caboverdianos hayan sido de esas islas, sino que, como en otros casos, el de los negros guineos por ejemplo, eran designado con el nombre del lugar de embarco. De ahí que sea importante proseguir las investigaciones de la procedencia de los africanos que llegaron a Nueva España; este es uno de los caminos que ayudará a profundizar sobre la cultura de origen y las aportaciones que hicieron a la cultura nacional.
En virtud de que algunas circunstancias mantuvieron al negro cercano al español, siendo por lo tanto su aliado, tuvo por fuerza una identificación con el amo blanco, que aunque no le daba un status preferencial sí lo tenía frente al indio. La legislación española al respecto tenía un carácter claramente segregacionista; incluso al impedir o prohibir el contacto entre indios y negros buscaba perpetuar la condición de esclavos de éstos. La intensa mezcla que se dio entre negros y blancos, negros e indios, negros y pardos, etc., fue un hecho biológico que quedó fuera de toda limitación legal y formal pero de consecuencias no sólo genéticas sino también sociales.
De trabajador de las minas, el negro pasó a los obrajes y tal vez en sus descendientes pudo entrar en el comercio que se derivó de la urgencia de proveer a los mineros de los suministros cotidianos que eran: grandes insumos materiales (sal, cueros, pieles, sebo, madera, mercurio, etc.). La minería, patrocinada por el Estado, una vez que pagó los costos del aprovisionamiento desde lugares remotos, por caminos difíciles y con medios de transporte rudimentarios, se aplicó a generar y desarrollar su propia infraestructura, las economías externas que necesitaba y, en general, la estructura productiva de la región.
Los negros, además de ser vaqueros de haciendas y ranchos, eran servidores domésticos, lo que significaba un contacto intenso y continuo tanto con blancos como con indios; realizaban también diferentes oficios en zonas urbanas, lo que en este caso significaba una integración mayor a la sociedad novohispana; los mulatos, que tenían igual inserción económica en zonas urbanas, gozaban (sobre todo en el siglo XVIII) de una libertad que les permitía numerosas ventajas que los indios jamás alcanzaron.
A mediados del siglo XVII buena parte de los trabajadores de los obrajes eran esclavos negros, si bien los indios nunca desaparecieron por completo. Estos esclavos
hacían tanto trabajos especializados, como de tejedor, que otros menos especializados, como de cardador. A su vez parece que el trabajo de los negros en los obrajes se combinó con el trabajo a domicilio del cardado y el hilado, quedando en el obraje nada más lo trabajadores más calificados.
También los ingenios de azúcar, que fueron centros productores con mano de obra esclava, tenían como complemento algunas explotaciones ganaderas y otros productos de explotación agrícola diversificada: "Fue así como, diez años después de la llegada de los españoles, existían en Nueva España casi todos los vegetales útiles de que disponía el Viejo Mundo”.
La importación masiva del africano destinado a las labores agrícolas tuvo su justificación en el imperativo de substituir la mano de obra indígena, cuya esclavitud había sido abolida para la segunda mitad del siglo XVI, además del despoblamiento causado por epidemias y otros factores que tuvieron igual efecto desde el tiempo inicial de la Conquista. Los requerimientos y demanda de los mercados europeos determinaron el establecimiento de las plantaciones, sobre todo en las zonas del Golfo de México, vecinas y semejantes en clima y recursos al Caribe. El africano se arraigó a la tierra desde la introducción de los primeros cultivos que los españoles trajeron de diversas partes del mundo; con este arraigo al suelo que lo vio llegar y morir en él, obtuvo el legítimo derecho, que le ha sido negado por siglos, de ser considerado parte de esta nación. También en las zonas en donde prosperaron los ingenios el negro, además de participar en las actividades productivas relacionadas con el azúcar, extendió su influencia como trabajador permanente a todo espacio económico. Esclavos africanos ejecutaron la trajinería y trato de las mercaderías en el puerto de Veracruz, fueron vaqueros de las grandes extensiones dedicadas a la ganadería, trabajadores obligados en los obrajes por disposiciones oficiales, servidores domésticos en casas de señores y religiosos y artesanos y trabajadores de la construcción en ciudades y haciendas
Pero lo más importante en el terreno económico fue que el africano, convertido en negro esclavo, era una mercancía movible con valor propio, estaba sujeto a los precios del mercado, a la oferta y la demanda, en algunas operaciones comerciales podía tener el valor de moneda, su persona significaba a la vez su fuerza de trabajo y era garantía aún en los casos en que no se disponía de capital.
El trabajo del negro en trapiches e ingenios de producción azucarera se da, principalmente, en zonas calientes de los estados de Morelos y Veracruz; esto nos ilustra lo que significó en el esquema productivo colonial esa fuerza de trabajo concentrada en torno a un monocultivo de altos rendimientos; la venta de azúcar, que fue un cultivo comercial de gran demanda en el mercado internacional a la vez que su producción exigía altas inversiones, dio ganancias enormes. Esas riquezas se traducían en una forma de vida fastuosa de los propietarios de ingenios, que se manifestó con la construcción de grandes haciendas donde la sacarocracia reinaba sobre los esclavos y la servidumbre, todo ello se sustentó en el trabajo esclavo de esos negros traídos en los barcos, comprados en los mercados de Xalapa o de la capital, sometidos a un cautiverio sombrío desde el que fueron testigos y factor contribuyente de las riquezas de Nueva España.
Ya avanzado el siglo XVI, cuando los nuevos cultivos se habían aclimatado, la producción agrícola exigió el aumento de mano de obra. En el periodo comprendido entre 1595-1640, que se ha llamado de los asientos portugueses, es decir, el periodo en el cual los portugueses tienen el monopolio del comercio de la "mercancía de ébano", Nueva España recibió la mayor parte de sus esclavos, destinados a los cultivos coloniales, sobre todo en las regiones en que había demostrado su eficacia en el servicio doméstico. Se ha señalado que los primeros negros destinados al trabajo de los ingenios en Veracruz y el valle de
Cuernavaca fueron los que Cortés hizo traer para tal fin. A partir de entonces, durante todo el siglo XVI, se multiplicaron los ingenios y por consiguiente se incrementó la importación de mano de obra africana; el siglo XVI culmina con el auge del azúcar, producto que se impuso a todos los demás en tal grado que se consideró necesaria su regulación, para atender el trabajo de otros cultivos importantes para el consumo y la exportación.
Para abastecer a los centros de consumo azucarero hubo que desarrollar una red de distribución del producto en la que necesariamente actuaron intermediarios, produciendo de esta manera ocupación e ingresos a un gran número, con la consiguiente ampliación del sistema de mercados tanto regional como nacional.
La producción azucarera tuvo una importancia decisiva en la economía novohispana; al no poder separarse del comercio de esclavos, tuvo también valor de cambio. Así, en una dinámica comercialización, se compraban esclavos con azúcar y se pagaba con mano de obra la inversión para el beneficio de la caña. En el siglo XVII Veracruz era una de las regiones de mayor auge económico:
En Xalapa los centros azucareros alcanzaron su máximo desarrollo cualitativo y cuantitativo durante la primera mitad del siglo XVII. Constituidos en su gran mayoría a fines del siglo XVI, debido a la confluencia de los factores anteriormente descritos, los ingenios y trapiches de la provincia estructuraron definitivamente sus plantas productivas, consolidaron la posesión de la tierra y del agua, conformaron sus esclavonías de acuerdo con la mano de obra africana proporcionada por los absentistas portugueses y lograron los niveles más altos en el buen manejo de sus haciendas.
Otras áreas de Nueva España fueron fecundadas también por el trabajo esclavo. En México la población de la zona del Pacífico, junto con la de Veracruz, es una de las que aún hoy conserva las características raciales de tipo negroide, como clara huella social e histórica de la colonia, cuya economía dependía considerablemente del trabajo de los esclavos de origen africano.
Las plantaciones de cacao en la zona del Pacífico han sido objeto de investigación en relación con el empleo de mano de obra esclava en su cultivo.Al igual que el azúcar y los metales preciosos, el cacao tuvo valor como medio de circulación monetaria y como medio de tributo substitutivo del dinero.
La adquisición de esclavos para su cultivo no tuvo en el cacao, sin embargo, la importancia que alcanzó en las plantaciones de azúcar, debido entre otras causas, a que no hubo compatibilidad entre el precio de los esclavos y el de este producto. Además, la costa del Pacífico no fue tan poblada como la de Veracruz; la presencia de los negros en aquélla se atribuye generalmente al cimarronaje, a excepción del puerto de Acapulco, cuya costa presentaba un despoblamiento notable. No obstante, se debe señalar que los encomenderos de Colima, por ejemplo, pusieron a trabajar en sus huertos de cacao a negros e indios por igual. También hubo negros en las haciendas ganaderas y en los campos de cultivo del coco, en los que convivieron con los chinos, traídos de Manila en los navíos que llegaban a Acapulco. La presencia africana en la costa del Pacífico data de las primeras décadas del XVI y se incrementó en el siguiente siglo: "los negros fueron introducidos antes de 1550 y se disgregaron a lo largo de la costa; ya para mediados del siglo XVII había gran número de mestizos mulatos chinos trabajando en las plantaciones de coco y de cacao y en los ranchos de ganado".
Negros hubo también en los ejércitos que resguardaban el fuerte de Acapulco; en este puerto el padrón de 1792 indica en una población de 5 679 personas, de las cuales 5 307 eran pardos, 122 mestizos y 109 negros. En ese mismo año, en Igualapa había 5206 negros, 594 mestizos y 235 españoles. El elevado número de negros se debe,
aparentemente, a la protección que los hacendados ganaderos brindaban a los cimarrones, enganchándolos como mano de obra para sus plantaciones y estancias.
En conclusión, la costa del Pacífico, en la zona que comprende actualmente los estados de Oaxaca y Guerrero, no tuvo grandes empresas esclavistas como en Veracruz. Su relativo aislamiento y su débil densidad poblacional propició el cimarronaje: "al mismo tiempo, el predominio de la población negra fue una atracción para los fugitivos, que después podían integrarse fácilmente a la sociedad tributaria de los negros y mulatos libres".
Para ampliar lo referente al trabajo del negro en la costa del Pacífico, es necesario considerar que en el litoral de Guerrero y Oaxaca, aunque se le tiene por territorio de cimarrones, no dejó de haber africanos que, desde los primeros tiempos coloniales, se incorporaron al trabajo esclavo; actualmente considerados como negros, aquellos que en virtud de su aislamiento lograron retener características somáticas predominantemente negroides y rasgos culturales africanos, no son, en realidad, sino mestizos, productos de una mezcla biológica y resultante de una dinámica de aculturación.
Lo anterior lo afirma Gonzalo Aguirre Beltrán en su Esbozo etnográfico de un pueblo negro: Cuijla (1958), haciendo ver que en la investigación etnográfica es donde se pueden todavía encontrar pruebas de la acción del negro, por conducto de sus descendientes: el mulato y las castas afromestizas.
En el trabajo de los placeres de oro de los ríos de la Costa Chica de Guerrero y la Costa Grande de Oaxaca, abundaron los negros que se desempeñaron como capataces de los indios organizados en cuadrillas. Como mineros estuvieron en las minas de plata de Taxco y otras de la región como Zacualpa, Ayoteco, Espíritu Santo, Zumapango y Huitziltepec. La mano de obra esclava era tan importante numéricamente, sobre todo en Taxco, que, según una información de 1570, sobrepasaba a la española y causaba temor en los eclesiásticos por la inevitable mezcla entre negros y españoles.
Los africanos se desempeñaron en el servicio doméstico de las órdenes religiosas; algunas estaban vinculadas al tráfico de mercancías de la Nao que llegaba de Oriente al puerto de Acapulco. También fueron trabajadores en los trapiches de caña (como en el litoral del Atlántico) y obreros en las haciendas de cacao, como ya se dijo. Por otra parte, los ganaderos españoles, que fundaron sus estancias en la Costa Chica para la segunda mitad del XVI, tuvieron en el negro un magnífico vaquero cuyo trabajo derivó después en la arriería. En esta actividad, los negros conocieron los caminos que llevaban de la costa a la capital, y tan importante fue esta ocupación que más tarde se continuó con los mulatos y otras castas de afromestizos.