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Las teorías de la acción colectiva se concentran en los escenarios en los que existe un grupo de individuos con un objetivo en común y un conflicto potencial entre el interés común y los intereses particulares. Este conflicto surge continuamente en diferentes contextos en donde es necesario el esfuerzo, trabajo, es decir la acción u actuación de más de una persona en busca de propósitos colectivos o grupales. El hecho social se presenta en todos los niveles de la ordenación social: a nivel macro -nación-, meso -la organización- y micro -reunión de más de un individuo en busca de un objetivo común-.

La acción colectiva es un constructo sujeto a profundas elaboraciones teóricas e investigaciones desde las ciencias sociales -sociología, la economía, política, sicología y filosofía-, en razón a la posibilidad desde su estudio en aproximarnos a entender los imaginarios, la lógica y las formas de actuación humana. En esa medida, las elaboraciones teóricas respecto a la acción colectiva han sufrido de profundos cambios en la medida que sus estudios se hacen más integrales, es decir, abarcan diversidad de situaciones en mayor profundidad.

En ese orden de ideas se conocen de acuerdo con Elinor Ostrom y T.K Ahn (2003) dos generaciones en las cuales se agrupan las teorías de acción colectiva: Las de primera y segunda generación.

Las teorías de acción colectiva de la primera generación enfatizarón en que los individuos no podían lograr beneficios conjuntos cuando se los dejaba solos, si todos se iba a beneficiar contribuyeran o no al esfuerzo (Ostrom y Ahn, 2003). Dentro de esta primera generación los

57 planteamientos seminales de Mancur Olson (1965) en su libro The Logic of Collective action, y las teorías conductuales de juegos fundamentan estas ideas.

La idea de que los grupos tienden a actuar en apoyo de sus intereses de grupo, se supone que es consecuencia lógica de esta premisa ampliamente aceptada, del comportamiento egoísta racional. En otras palabras, si los miembros del algún grupo tienen intereses u objetivos comunes, y si ellos estarán mejor si tal objetivo es alcanzado, se ha pensado lógicamente que los individuos en ese grupo, si son racionales e interesados, ellos actuarían para lograr ese objetivo. Pero esto no es realmente cierto, la idea de que los grupos actuaran en su propio interés es consecuencia lógica de la premisa de un comportamiento racional y auto interesado. (p 1)

La opinión generalizada , común en las ciencias sociales , que los grupos tienden a favorecer sus intereses , es en consecuencia injustificada , al menos cuando se basa , como suele decir, en el supuesto (a veces implícito) de que los grupos actúan en su propio interés porque los individuos lo hacen (p. 2)

Si los miembros de un grupo grande racionalmente buscan maximizar su bienestar personal, no van a actuar para avanzar en sus objetivos comunes o de grupo a menos que haya coacción para obligar a que lo hagan, o al menos de algún incentivo, distinto a la consecución del interés común o grupal sea brindado a los miembros del grupo de forma individual con la condición de que ayuden a soportar los costes o cargas que intervienen en la consecución de los objetivos del grupo (p 2)

Olson critica la presunción de la “Teoría de Grupo”, y la posibilidad en creer que lograr un

beneficio grupal es suficiente para generar acción colectiva. Plantea, además, la importancia por encontrar mecanismos de coerción que faciliten el trabajo colectivo de los individuos puesto que voluntariamente es difícil conseguirlo (Olson ingles).

Siguiendo a Ostrom y Ahn (2003) en su análisis:

La tragedia de los comunes, el dilema del prisionero, y la lógica de la acción colectiva son conceptos estrechamente relacionados con los modelos que han definido la forma aceptada de ver muchos de los problemas que las personas enfrentan al tratar de lograr beneficios colectivos. Estos modelos teóricos permiten explicar cómo los individuos pueden producir resultados que no son racionales cuando hablamos desde la perspectiva del grupo, es decir de las personas involucradas (Ostrom y Anh, 2003).

Surge, entonces, la segunda generación fundamentada en los modelos de racionalidad (Ostrom, 1998a), la teoría conductual de los juegos (Camerer, 1997) y la teoría evolutiva indirecta de los juegos (Güth y Kliemt, 1998; Güth, Kliemt y Peleg, 1998), que brindan elementos desde los cuales la acción colectiva se articula al capital social y al capital social organizacional.

Las teorías de la segunda generación reconocen a diferencia de las de primera generación, la existencia de “múltiples tipos de individuos como principio central del modelaje (Ostrom,

58 completamente, pero representan solo un caso, una dimensión, de las maneras en que se estructuran las situaciones de la acción colectiva y la forma en que los individuos las resuelven.

Los investigadores de la segunda generación anulan a través de investigaciones empíricas realizadas la suposición de que el egoísmo es universal y las ideas que ubican a los individuos como seres atomizados, sin ningún tipo de interrelación social (Ostrom & Ahnn, 2003):

“Hay individuos preocupados sólo por las ganancias materiales inmediatas, a costa de los demás. Pero también hay una proporción importante de individuos que, en términos de la teoría de los juegos, tienen funciones utilitarias no egoístas: que toman en cuenta los intereses de otras personas así como los propios al tomar decisiones (Frey, 1994, 1997). Los individuos no egoístas también difieren entre ellos en términos del grado en el que se distancian de la motivación puramente egoísta.” (p. 180)

Para la segunda generación los problemas de la acción colectiva surgen en redes, organizaciones u otras formas en las que se configuran relaciones entre individuos (Ostrom y Ahn, 2003).

El Capital Social, perspectiva teórica concentrada en las relaciones interpersonales de los individuos, como hemos venido señalando en líneas anteriores, es reconocida en el marco de la acción colectiva, como “la “rúbrica” significativa para referirse a los diversos factores relacionados con la acción colectiva y el desarrollo político/económico, pero no un remplazo analítico de ellos.” (p 178). Es decir el capital social es visto como un atributo de los individuos que “acrecienta su habilidad para resolver problemas de acción colectiva.” (Ostrom y ahn 2003, p 179).

Dentro de las formas de capital social más significativas para el estudio de la acción colectiva se identifica la 1) la confianza y las normas de reciprocidad, 2) las redes/participación civil y 3) las reglas o instituciones formales e informales (Ostrom y ahn 2003, p 179). La comunicación y la interacción continuada, las expectativas de confianza mutua que se generan junto con la capacidad para crear sus propias reglas y establecer el medio de vigilancia y sanción de las reglas son elementos que permiten resolver a los individuos sus problemas de acción colectiva (Ostrom, Gardner y Walker (1994: Ostrom y Anh, 2003).

Aún, así, resulta importante recordar que la acción colectiva exitosa depende, además, de otros factores contextuales -a identificar y analizar- que afectan los incentivos e intereses en los individuos y su comportamiento en los escenarios de acción colectiva.

En esa medida, de acuerdo con Ostrom y Ahn (2013):

Al establecer cualquier actividad coordinada, los participantes logran mucho más por unidad de tiempo dedicada a una actividad conjunta si parten de los recursos de capital con objeto de reducir el nivel de aportaciones necesarias para producir un resultado conjunto. Son más productivos, sea cual sea el capital físico y humano del que parten, si concuerdan en la manera en que coordinarán las actividades y se comprometen realistamente a una secuencia de acciones futuras.

59 La acción colectiva es un factor esencial en las diferentes formas de ordenación social. Para las organizaciones, quienes son configuradas para alcanzar fines y objetivos, la acción colectiva exitosa se convierte en un elemento esencial y necesario para su existencia.

La teoría del capital social Organizacional (Leana y Van Buren, 1999) fundamenta, como lo sustentamos previamente, sus nociones en las relaciones interpersonales de los integrantes de la organización, llevando su enfoque a nivel macro -identidad organizaciónal- y meso -acción colectiva-. En ese sentido, el CSO se convierte en una forma de realizar un análisis más claro a las relaciones interpersonales y los mecanismos que permiten la acción colectiva -a partir de los elementos confianza y asociatividad- en las organizaciones.

Resulta pertinente en referencia al fragmento desplegado por Ostrom y Ahnn (2013), la teoría del CSO y las posturas críticas desarrolladas sobre la administración y gerencia, considerar las siguientes suposiciones que permitirán guiar nuestra reflexión investigativa.

 Los mecanismos de coerción formal no siempre promueven inclusión y trabajo colectivo en las organizaciones.

 La efectividad e incidencia de los mecanismos -aglutinantes- informales inscritos en las relaciones interpersonales en la acción colectiva en las organizaciones.

 La acción colectiva incide en el aumento de la competitividad en las organizaciones.

 Influencia de la naturaleza de las organizaciones estudiadas en la lógica y/o mecanismos gestados en el logro de acción colectiva.