los filósofos se han dedicado a bordar infinidad de conceptos y comentarios en torno y sobre a la ética. Con el paso del tiempo, en nombre del bien, se ha formado un descomunal listado de mandatos morales o mandamientos, que a priori han establecido la bondad de su aplicación y obediencia. A través de los años se ha producido y acumulado una
enorme cantidad de literatura sobre estos temas. Actualmente embarcarse en la tarea de investigar textualmente el
significado de Ética, resulta un viaje por el oscurantismo barroco de un mundo plagado de retruécanos intelectuales y, en el caso de la búsqueda del sentido profundo de Moral, encontramos planteamientos e interpretaciones
convenencieras y manipuladoras, muy alejadas de lo que podrían haber sido sus originales postulados básicos. Independientemente de que la Ética se pueda definir
etimológicamente como la ciencia de las costumbres, lo que nos interesa es que la Ética estudia la bondad o maldad de los
actos humanos. Si la Ética solamente fuera la ciencia de las costumbres, entonces sería la encargada de estudiar al ser humano adormecido en los hábitos, rutinas y el automatismo social.
En la búsqueda del bien común, del bien social, se pueden generar normas morales que sirvan para regir la interacción de los diferentes grupos sociales. La sociedad en su conjunto ha generado una serie de normas que, a fuerza de su
repetición, se han hecho costumbre y de ahí se han generado normas jurídicas o leyes.
Para que la norma jurídica o moral se haga cumplir se requiere dotarla de un carácter coercitivo, ya que en muchos casos priva el interés personal sobre el interés colectivo. Si el ser humano estuviera en un nivel mucho más evolucionado, tal vez no se requería adicionarle el carácter coercitivo a las normas morales. Mientras este no sea el caso se dotará de fuerza a la norma a través de su coercitividad.
El grave problema ético-moral de la sociedad actual se gestó y creció paulatinamente conforme las normas fueron
manipuladas en forma inmoral por los grupos de poder y sus cómplices intelectuales, para responder a los poderosos intereses creados.
Es conveniente tomar en cuenta que lo que fue útil, bueno y justo hace siglos, puede ya no serlo en el presente. El desarrollo de la sociedad y la evolución del ser son procesos dinámicos que van cambiando con el tiempo, por lo tanto, la percepción humana de lo que es ético puede variar hasta el grado de volver inoperantes o anacrónicas algunas normas sociales, jurídicas o las ideas, antes generalmente aceptadas. El miedo al cambio y a la innovación, además de los intereses creados, son fuerzas que se oponen a la evolución de las ideas, las normas y la ética misma.
Para constatar por nosotros mismos la auténtica conveniencia social de cualquier norma moral o jurídica, es necesario
revisar que sea útil, justa y buena, tanto para nosotros como individuos, como para nuestros semejantes y todo el entorno, desde el aquí y ahora.
Cuando un nuevo ser nace se agrega al entorno social. Invariablemente, desde sus primeros meses de edad queda bajo la influencia de las normas morales aceptadas por su entorno, y éstas penetran el siquismo de la persona desde la primera infancia a través de los consejos y de la educación para la convivencia ordenada, que incluye prohibiciones y recompensas; lo que a la postre determina la futura conducta del individuo. Estas normas son impuestas por la presión sociofamiliar y aceptadas conciente e inconscientemente por cada uno de nosotros.
Con el tiempo y el crecimiento biológico de la persona, al llegar a la adolescencia, afortunadamente, se presenta la necesidad de libertad y esto provoca un proceso de colisión de normas morales; entonces el adolescente vive el
enfrentamiento originado por la diversidad de sistemas morales que conviven en la sociedad moderna globalizada, para finalmente ser obligado a adaptarse a la moral particular de su ámbito cultural.
Si ejerciéramos libremente la posibilidad de elegir, conformaríamos concientemente nuestra propia escala de valores, tomando lo que nos pareciera más conveniente; esto modificaría en su oportunidad, los valores impuestos
socialmente para armonizar las áreas del ser, el deber ser y la libre autorrealización. Eso no sucede así y, por la fuerza de la costumbre, finalmente se continúa hasta el final de la vida con los rutinarios puntos de vista y las habituales reacciones emocionales.
El conjunto conformado por la ética manipulada y las buenas costumbres, si bien tiene un carácter positivo para mantener, mal que bien, la operatividad de la vida “común y corriente” en sociedad, se convierte en una tenebrosa fuerza negativa para los valientes seres humanos que pretenden evolucionar,
ya que se requiere iniciar una lucha interior que rompa la mecanicidad de las rutinas que los mantienen adormecidos, para dar origen a una auténtica y sana conciencia moral. Además, no es posible determinar una moral general o universal, ya que existen muchos factores cambiantes que influyen en la dinámica de lo que se considera humanamente moral; sería difícil generalizar la aplicación de una misma norma en ambientes culturales diversos, producto de experiencias distintas. Por lo tanto, diversos autores han creado algunos conceptos como el de “Paisajes Morales” que hace referencia a ambientes completamente diversos, como por ejemplo el tratamiento de los esquimales hacia las personas ancianas, o a los visitantes. Y también habrá que tomar en cuenta conceptos como el de “Morales Particulares” que nos permiten apreciar con facilidad la imposibilidad de crear una sola moral aplicable en forma universal.