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3.3 Application to the Zuidplaspolder, the Netherlands

3.4.5 Sensitivity analysis

Al examinar la documentación que habían requerido del Citibank, los investigadores del Subcomité del Senado se encontraron a fines de 2000 con un dato que les llamó la atención: Citibank había mentido a los reguladores bancarios argentinos sobre cuánto sabía acerca del Federal Bank Ltd. En efecto, cuando el Banco Central argentino le había pedido por escrito al Citibank información sobre quiénes eran los verdaderos dueños del Federal Bank Ltd., en medio del escándalo financiero a raíz del colapso de los bancos Mendoza y República del misterioso banquero Moneta, Citibank había respondido que "nuestros archivos no contienen información que podría permitirnos determinar la identidad de los accionistas del banco referido".

¿Cómo podía Citibank decir eso, cuando no era ningún secreto dentro del banco que la entidad denominada Federal Bank Ltd. de Bahamas pertenecía al grupo Moneta, el ex presidente de la subsidiaria del Citibank en la Argentina, CEI?, se preguntaron de inmediato los investigadores del Senado. Un informe interno del Subcomité que llegó a mis manos señaló que "Citibank envió esa respuesta al Banco Central [argentino] a pesar de tener clara información en sus propios archivos que identificaba a los dueños del Federal Bank".

El informe continuaba diciendo que cuando los investigadores del Senado le pidieron explicaciones sobre la carta a un gerente del Citibank a cargo de la cuenta "Federal Bank Ltd.", este último respondió que "pensábamos que el Banco Central [argentino] estaba maquinando algo" contra el Citibank o su cliente. Según el informe interno del Subcomité, "luego de discutir el tema más en detalle, el gerente de la cuenta dijo que ahora reconoce que Citibank debió haber respondido la carta 'de otra manera, y que Citibank 'debió haber hecho más'".

¿Una conspiración político-financiera?

Los legisladores argentinos, a su vez, iban mucho más lejos: no sólo veían negligencia de parte de Citibank, sino una gigantesca conspiración político- financiera, en la que involucraban al mismísimo presidente del Citibank, John Reed. Entre los cientos de documentos incautados por el Subcomité del Senado, decían, se había encontrado un memorando interno del Citibank indicando que Reed era amigo de Moneta, y que eso había avalado la relación del banco con el banquero argentino.

A su regreso de un segundo viaje a Washington D.C, donde se había reunido con el senador Levin el 13 de noviembre de 2000, Carrió me había señalado, refiriéndose a los dineros del Federal Bank, que "evidentemente, estábamos frente a una organización criminal, que producía el dinero proveniente de la evasión, del tráfico de armas, de la corrupción, giraba a través de la banca off-shore, o sea el Federal Bank, se lavaba vía Citibank de Nueva York, y volvía para ser dirigido a inversiones". En otras palabras, dijo, "el Federal Bank y el Banco República fueron los bancos lavadores por excelencia del poder en la Argentina en los últimos diez años".

Moneta, sin embargo, se decía víctima del juez Leiva, al que estaban apoyando los dos legisladores que habían viajado a Washington. Según adujo el banquero en una larga entrevista telefónica, el juez había querido extorsionarlo, supuestamente pidiendo tres millones de dólares para no dictarle una orden de arresto. "Nos trató de sacar dinero, y yo me negué rotundamente", me aseguró. Tras ser acusado por Leiva de "subversión económica" por el cierre del Banco República en 1999, Moneta había pasado a la clandestinidad por siete meses. Luego regresó a la luz pública con un ejército de abogados para arremeter contra sus detractores y, según decía, tratar de limpiar su nombre.

Cuando le pregunté por Federal Bank Ltd., Moneta aseguró que "no soy dueño, ni director, ni gerente ni nada de ese banco", y agregó que "decir que Federal Bank Ltd. era lavador de dinero es una infamia". Según él, Federal Bank Ltd. era otro más de los 250 bancos corresponsales, que había tenido el Banco República en todo el mundo, que realizaba operaciones perfectamente legales. Y en cuanto a su presunta condición de testaferro de Menem o lavador de dinero del ex presidente, Moneta se describió como un amigo más: "Menem era un hombre que estaba abierto al diálogo con todo el mundo. Todos los empresarios de este país tienen una buena relación con Menem". Los defensores de Moneta, que no eran muchos, señalaban que lejos de ser un prestanombres, era un abogado y escribano que había hecho estudios de posgrado en Administración de Empresas en la Universidad de Stanford y en Harvard, y luego había hecho una fortuna como banquero y empresario.

Los investigadores del Senado norteamericano no tenían el tiempo ni los medios para investigar quién decía la verdad, aunque después de un año de estudiar el caso y revisar los documentos internos del Citibank estaban convencidos de que Moneta era el propietario del Federal Bank Ltd., según me señalaron Roach y Gustitus pocos días antes de terminar su informe. Por lo pronto, preferían concentrarse en el dato básico y que más les interesaba: el hecho de que Citibank había abierto una cuenta a un "banco" corresponsal que parecía no ser más que

una placa de metal, y que movía cientos de millones de dólares de los que poco o nada se sabía.

Según concluiría el Subcomité en su informe final del 5 de febrero de 2001: "Los bancos de Estados Unidos, mediante las cuentas de corresponsalía bancaria de bancos extranjeros, han servido de canales para que ingrese dinero sucio en el sistema financiero norteamericano. Como resultado, han facilitado emprendimientos ilícitos, incluyendo el narcotráfico y fraudes financieros".