Letra de Isidro Gutiérrez Barajas, El Chaparrito de Oro
Dice antes de que la música comience: “Buenas noches, respetable público, yo me llamo Isidro Gutiérrez Barajas, y me dicen El Chaparrito de Oro. Yo sufrí una terrible enfermedad, que me pegó como en forma de un embolio; me morí medio cuerpo y de milagro estoy viviendo, y así se llama la valona, acompañada por este gran grupo de los Hermanos Barajas”. En medio del son dice: “Y ésas son las valonas michoacanas, y ésos son casos de la vida real, señores; si tienes dinero, resuelves tus problemas; si no tienes dinero, se sufre mucho, señores”.
Por medio de esta valona les vengo a contar lo cierto: un embolio me pegó
y el de Oro corrió por muerto.
5 La muerte no me llevó,
cantar ha sido mi fin; a Dios le debo la vida, y al dotor Benjamín. Sentía que me iba a morir,
10 yo ya estaba arrepentido,
le pedí perdón a Dios; yo sentía que me moría, lo único que me podía, no volver al veintidós.
15 Cuando yo estuve internado,
mi esposa me acompañó; esto se los digo yo: yo contaba con amigos y nadie me vesitó.
20 Yo ya estaba moribundo,
nomás pensando en la fosa; señores, así es la cosa:
en el mundo no hay amigos, más de un pesito en tu bolsa.
25 De pronto hice una llamada
pa los Estados Unidos, para darles la noticia de lo que había sucedido, luego hablé con mis sobrinos;
30 al recibir la llamada,
se oyen gritos de clamor, luego, luego se reunieron y me mandaron dinero para pagarle al dotor.
35 Le estoy diciendo lo cierto,
y no es para que te enanches; esto se los digo yo:
el único que me ayudó, Rafael Álvarez Sánchez;
40 los demás se me escondieron,
se me hicieron enemigos. Si tú no cuentas con lana, en la cárcel y en la cama son poquitos los amigos.
45 Ya me voy a despedir,
ya me iba a ir con Roblero, pa cantar valonas juntos, allá cercas de Morelos.
Isidro Gutiérrez Barajas, El Chaparrito de Oro (voz). Conjunto “Los Hermanos Barajas” de Te- palcatepec: Antonio Barajas (arpa), Antonio Ba- rajas (violín), Carlos Barajas (violín), Lorenzo Ruiz Barajas (jarana), Jesús Barajas (vihuela).— Apatzingán, octubre 21, 1998.
REVISTA DE LITERATURAS POPULARES / AÑO 1 / NÚMERO 2 / JULIO-DICIEMBRE DE 2001 Una de las leyendas sobre el asentamiento de la cultura nahua en la Sierra de Manantlán tiene como escenario el cerro de Peña Blanca, sagrado por haber sido uno de los hogares de los ancestros. Los mayores comentan que en ese lugar existió una laguna, habitada por una enorme serpiente que amenazaba al pueblo. Es un relato popular que se transmite de padres a hijos de manera oral; es una creencia, que tiene que ver con la práctica religiosa, en que aparece un héroe cultural, “Santo Santiago”, luchando contra una enorme serpiente y li- brando del peligro a los moradores de la región.
Este artículo se desprende de un proyecto de investigación sobre la medi- cina tradicional nahua,1 pero sobre todo del interés de los autores por
abordar el papel y la influencia de Santo Santiago en el establecimiento y la consolidación de la cultura nahua asentada principalmente en la Sierra de Manantlán, al suroeste del Estado de Jalisco y al noreste de Colima.
La cultura nahua forma parte de la región cultural del occidente de México y se desarrolló paralelamente a las otras culturas de Mesoaméri- ca. En la región se ha registrado la presencia de asentamientos huma- nos desde el año 1500 a. C.; sus restos se distinguen por la calidad de la manufactura de sus figurillas, así como por algunas tumbas de tiro. Al igual que otras culturas prehispánicas de nuestro país, los nahuas te-
YESICA HIGAREDA RANGEL
LOUIS CARDAILLAC
El Colegio de Jalisco
1 Se estudia ahí la forma de concebir la salud y la enfermedad, los conceptos,
los valores y los recursos materiales y simbólicos utilizados por los médicos tradicionales y la comunidad en general. Lo anterior aún juega un papel muy importante en el cuidado y la conservación de la salud hoy en día.
nían un guía espiritual, un curandero-sacerdote encargado de velar por el equilibrio universal. Actualmente el médico tradicional o “ramero” desempeña ese papel; se trata, en su mayoría de personas mayores, so- cialmente reconocidas y que, a pesar de un proceso de aculturación (Vargas, 1990: 154-158),2 aún conservan en su memoria la palabra de
sus antepasados inmediatos.
A partir de la Conquista, la mayor parte del bagaje cultural de los nahuas en la Sierra de Manantlán fue transformado por la ciencia y la fe cristianas. De esta forma encontramos que las imágenes católicas son personajes con poderes a los que los pobladores recurren en busca de auxilio y protección.
Antes de profundizar en el tema, consideramos conveniente puntua- lizar algunas apreciaciones para establecer el contexto cultural en el que nos moveremos: por un lado, la presencia de Santo Santiago en México y su influencia en la cultura durante el periodo colonial; por otro, el mito de Santo Santiago y el establecimiento de la cultura nahua en la Sierra de Manantlán. Este relato es transmitido de generación en gene- ración, de padres a hijos, por medio de la tradición oral, como testimo- nio de la memoria de sus antepasados.