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Chapter 7 Risk analyses

7.3 Sensitivity analysis

Desde la agroecología feminista se sostiene que las relaciones sociedad y medio ambiente tienen un carácter sistémico complejo, en el que se establecen relaciones recursivas con sistemas más amplios, entendiendo que las comunidades son entidades que interactúan y se articulan en un sistema económico global dinámico e histórico en sus características. Se coincide con la perspectiva territorial en el reconocimiento que los cambios económicos y políticos impuestos por grupos dominantes se estructuran sobre modos de vida preexistentes, que se organizan bajo sistemas de género, y condiciones ecológicas específicas, que van creando situaciones dinámicas en las que el género, clase social, raza, edad y parentesco influyen en la conformación de diferentes experiencias, valoraciones, obligaciones, y expectativas para con los recursos naturales.

La agroecología feminista retoma los constructos de territorio y escala operacional, para facilitar la observación y comprensión de las múltiples relaciones recursivas que se suscitan entre actores que definen distintos territorios y detentan diferentes niveles de poder. La escala permite reconocer con mayor nitidez las relaciones de poder, y los aspectos alocativos y de autoridad de los recursos naturales, permitiendo analizar de mejor manera las pugnas y la articulación de diferentes actores en la lucha para garantizar sus distintos modos de vida. La categoría de territorio6 enriquece a la agroecología feminista, ya que permite indagar en los

El territorio según Rodríguez et al (2010) es un espacio socialmente construido, valorizado de manera instrumental, social, y cultural, por parte de quienes lo habitan. El territorio es un espacio

que permite “ubicar” la dinámica dominante de la economía, las diferencias de poder de los grupos

que despliegan distintas estrategias de vida, por las cuales realizan distintas configuraciones territoriales que pudieran estar confrontados con distintos proyectos sociales.

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sistemas de apropiación de los recursos, las concepciones, valoraciones, e identidades que se construyen bajo un modo de vida comunitario. La necesidad de integrar la categoría teórica metodológica del territorio a los estudios ambientales ha ya sido propuesta por Toledo (2003) y Agarwal (2004), quienes han señalado que en el fondo de las luchas ambientales está la defensa de los significados territoriales.

Al tener un enfoque de género, la agroecología feminista reconoce las diferencias de poder entre hombres y mujeres, matizadas por diferencias de clase, etnia, generación y parentesco. Consideradel mismo modo que el trabajo y los espacios donde éste se concreta están estructurados sobre el género, y que son valorados de forma diferente, generando desigualdad en el desarrollo y ejerció de derechos de mujeres y hombres. Esta construcción teórica es materialista y retoma los señalamientos de Agarwal (2004) sobre la experiencia diferenciada de hombres y mujeres en torno a los recursos naturales, generados por la división genérica del trabajo, y por lo tanto se acepta que hombres y mujeres tienen formas distintas de territorializar, las cuales sin embargo son parte de sistemas más amplios, y pueden converger a otras escalas.

La agroecología feminista reconoce y se interesa por los conocimientos y capacidades de mujeres y hombres para manejar sistemas complejos de recursos, así como considera que las formas de vida o estrategias de reproducción son las que rigen la lógica del manejo y valoración de los recursos naturales. Esta construcción teórica parte del supuesto de que las comunidades campesinas tienen la capacidad de hacer un manejo sostenible de los bosques, y que la organización comunitaria puede facilitarlo, coincidiendo entonces con lo señalado por Ostrom (2011).

Sin embargo, considera que en el seno de las comunidades existen desigualdades en el acceso, disfrute, beneficios, y apropiación de los recursos naturales, y que esto impide que el manejo sea sostenible, por lo que en toda estrategia de manejo debe ser diseñada para que se supere la desigualdad en todos los ámbitos, que

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necesariamente tendrá que atravesar las cuestiones de tenencia y acceso a la tierra, el crédito, el desarrollo de capacidades, y la participación política.

La agroecología feminista retoma diversos planteamientos de teorías ambientales que en suma consideran que no puede haber una escisión en la comprensión de la sociedad y ambiente, y que esta relación puede entenderse como un sistema, que bajo el principio de la recursividad influye y es influenciado por otros sistemas a distintas escalas. Los sistemas que conforman la interacción sociedad y ambiente pueden ser entendidos de mejor manera con la categoría del “territorio”,

ya que con este concepto se logra integrar la construcción colectiva e histórica y recursiva de la sociedad y el ambiente, así como las constantes disputas por los recursos, provocados por distintas formas de “territorializar”, “vivir y reproducir”, entre grupos con diferentes niveles de poder. Este concepto logra crear un marco espacial y temporal para un tipo de relación sistémica indisoluble (sociedad y ambiente), y permite entender que toda relación, significación y valoración es parte de un sistema social que no existe en el vacío, sino que es producto de una apropiación ambiental históricamente determinada.

En un contexto de preocupación mundial por el deterioro ambiental y la situación de riesgo y vulnerabilidad por desastres ecológicos, es necesario fortalecer la teoría ambiental para explicar las situaciones complejas que se suscitan en torno a los recursos naturales y establecer así pautas estratégicas para la gestión sustentable de los recursos naturales. En años recientes se han creado políticas y acuerdos a escala mundial, que bajo supuestos anhelos de conservación, buscan aumentar la influencia y dominio de las naciones hegemónicas sobre los bosques de los países del sur. Esto ha generando una preocupación entre las comunidades indígenas sobre lo que se vislumbra como un nuevo despojo en sus derechos alocativos y modos de vida (Geores, 2003; Leff, 2001)

Las luchas territoriales entre grupos de distinto poder por los derechos de acceso y autoridad sobre los recursos naturales son una realidad. Existen diversos intereses, y entre las y los ambientalistas comprometidos con los grupos más desfavorecidos, surge la necesidad de construir una teoría que permita definir

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pautas para políticas y planes de manejo sustentables, con los que las comunidades mejoren su calidad de vida (culturalmente aceptable), superen las brechas de desigualdad entre los géneros, y logren el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales.

La agroecología feminista es conducida por la filosofía del constructivismo epistemológico, y por ello en este estudio se planteó contrastar el supuesto de que las comunidades pueden organizarse, a través de instituciones tradicionales para manejar en forma sostenible los recursos naturales de uso común. Por su carácter feminista este estudio planteó analizar la forma en que el sistema de género de la comunidad afecta la relación sociedad-ambiente, y sustentabilidad. En este estudio se retomaron las discusiones teóricas de la acción colectiva de la escuela de Ostrom (2011) y de la acción colectiva con la perspectiva de género, por parte de Agarwal (2001), Bosé (2011) y Bandiaky-Badji (2011), las cuales se discutirán a continuación.

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