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Chapter 6: Model Results: Technology Cost Uncertainty

6.4 Sensitivity to Stochastic Technological Learning Rate

Igual que ocurre con los comportamientos proambientales, las de creencias ambientales aparecen en la literatura como generales y específicas. Las específicas se caracterizan por asociar creencias ambientales a temas ambientales específicos, como por ejemplo el uso del coche versus el uso de la bicicleta como medio de transporte. Trataremos así de analizar las medidas que contemplan las creencias ambientales generales, puesto que corresponden al interés del presente estudio. Debe

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añadirse que, en su mayoría, las medidas más utilizadas en la investigación empírica fueron creadas en base a la NEP de Dunlap y Van Liere (1978).

El NEP (New Environmental Paradigm), además de Paradigma, es una escala que mide el grado de adherencia a los principios de la “nueva visión ecológica de mundo”, así como la estructura del sistema de creencias. Tal escala está compuesta por 12 ítems y mide el grado de aceptación social del NEP y del PSD (Paradigma Social Dominante): cuanto más de acuerdo está el sujeto con las afirmaciones, más se aproxima a las premisas del NEP. En el apartado de Anexos, se puede apreciar los reactivos de la NEP en la versión castellana (Anexo A, Tabla A1).

Esta escala se ha utilizado en investigaciones multinacionales, y se ha aplicado en distintos países, hecho que verifica una preocupación cada vez mayor por el medio ambiente. No obstante, a lo largo del tiempo, algunas problemáticas han cambiado, y ello ha provocado una revisión de la escala. Dunlap, VanLiere, Mertig y Jones (2000) realizaron la revisión de la NEP original para actualizar los ítems, ampliar el rango de visiones del mundo ecológico, y adaptar la terminología.

La escala diseñada en los años 70 se centraba en las habilidades humanas de preocuparse por la naturaleza, los límites del crecimiento poblacional y el derecho humano de explorar la naturaleza. Sin embargo, fue criticada por no basarse en las teorías psicosociales de la estructura de actitudes. Por otra parte, en aquel momento parecía razonable que los items de la NEP verificasen creencias primitivas, básicas, sobre la naturaleza de la Tierra y las relaciones de la humanidad con ella. Así, la NEP fue validada y se limitó a establecer relaciones entre las dimensiones de la escala y características personales (edad, educación e ideología política). Se trataba de relaciones positivas de la NEP con educación e ideología política, y negativas con la edad (Dunlap, VanLiere, Mertig y Jones, 2000).

En la versión revisada, los autores han establecido un equilibrio entre las afirmaciones pro NEP y anti NEP. Han suprimido ítems originales y añadido otras dimensiones, trabajando entonces con cinco dimensiones: límites del crecimiento

Parte I- Capítulo 3: Creencias Ambientales

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poblacional, ant-antropocentrismo, fragilidad de la naturaleza, rechazo a la exención del hombre de la naturaleza y posible eco-crisis.

Tanto los estudios preliminares como los resultados de la validación de la versión revisada, verifican la tendencia de los participantes a aprobar creencias proambientales, quizás por un deseo social. Además, esta revisión parece haber mejorado la escala original. Los autores afirman que la versión revisada comprende más ampliamente las facetas de la visión ecológica del mundo, evita respuestas tendenciosas en ítems relacionados con el antropocentrismo, y excluye las terminologías anticuadas y prejuiciosas de la escala original.

Pato (2004) ha verificado la necesidad de adaptar una escala adecuada a la realidad Brasil. Considerando investigaciones anteriores realizadas en este país para medir las creencias ambientales, Bechtel, Corral-Verdugo y Pinheiro (1999) han aplicado una versión del NEP traducida pero no adaptada a Brasil.

Por lo tanto, inspirada en la escala de creencias NEP (amplia medida en estudios de relación entre creencias ambientales y otras variables), Pato (2004) ha elaborado una versión brasileña. La escala de creencias ambientales cuenta con ítems específicos sobre reciclaje, ahorro energético, limpieza, y consumo responsable, en sintonía con aspectos de la escala de comportamientos que hemos explicitado en el capítulo anterior.

La escala fue aplicada en una muestra de estudiantes universitarios brasileños. Se contrastaron las creencias ambientales, desde la dicotomía antropocentrismo y

ecocentrismo, verificando el grado de concordancia con las asertivas. Los ítems

relacionados al antropocentrismo se centraban en la utilización del medio ambiente como instrumento de para obtener calidad de vida y comodidad. Además, los ítems de ecocentrismo relacionaron la preocupación por el medio ambiente con la interdependencia entre el hombre y la naturaleza.

Los datos de la investigación de Pato (2004) confirmaron la estructura dicotómica de las creencias ambientales en la muestra brasileña tal como proponían

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los estudios en otros países (Van Liere & Dunlap, 1978; Gooch, 2000). La autora además ha verificado que los jóvenes y las mujeres participantes mostraron ser los más preocupados por el medio ambiente.

Pato (2004) sugiere incompatibilidad entre los dos polos de las creencias ambientales. Intuye también la posibilidad de que estén relacionadas a diferentes tipos de motivaciones dirigidas por valores personales. Defendemos así que las creencias ambientales formen parte del modelo explicativo de los comportamientos proambientales y de los valores personales, tratando el fenómeno de manera integrada.

Finalmente, coincidiendo con Amérigo (2005) contemplamos la situación de la investigación española sobre comportamiento proambiental y sus variables predictoras. Esta autora expresa la tendencia existente a explicar las relaciones entre las personas en torno a dos o tres dimensiones genéricas que representan los clásicos conceptos de antropocentrismo y ecocentrismo ya mencionados.

Asimismo, Amérigo (2005) ha constatado que disminuyen las investigaciones con objetivos descriptivos y aumentan las de carácter relacional, hecho que aumenta la complejidad en la temática analizada. Esto se refiere más a la profundización del análisis de los procesos psico-socio-ambientales y menos a la descripción de las variables que intervienen en los mismos.

Como hemos visto a lo largo del capítulo, existen diversos estudios empíricos que contemplan la capacidad predictiva de las creencias ambientales en comportamientos o aspectos específicos de estos. Desde el enfoque predictivo, buscamos explicar el comportamiento proambiental a través de un modelo de relaciones. Asimismo, hemos considerado los aspectos más amplios del comportamiento con la incorporación de otras variables más abstractas, como los valores individuales que trataremos en el capítulo a continuación.

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CAPÍTULO 4: VALORES

El estudio de los valores humanos, sobre todo de aquellos valores individuales, no es reciente. Desde las perspectivas sociológica, psicológica e incluso antropológica, la literatura existente siempre ha mostrado cierta preocupación por el tema. La incorporación del concepto de valor en las ciencias sociales se hizo a través de la capacidad del hombre de representar de forma simbólica la realidad. También de trascender a lo existente y proyectarse de manera ideal en su comportamiento, y existir a través de los valores (Gonzáles, 2002).

Desde la perspectiva psicológica, la Psicología de la Personalidad se ha dedicado a analizar los valores personales desde el punto de vista del trazo. Se le ha

dado un enfoque descriptivo, buscando las diferencias individuales de

comportamiento. Por otra parte, la Psicología Social tiene un nivel de análisis de interacción. Trata de explicar las relaciones entre la cultura, la situación social y la persona. Por tanto, la Psicología Social de los Valores se interesa por “cómo la

definición de la situación que hacemos las personas condiciona la forma en que la cultura expresa parte de nuestra identidad personal o social” (Ros, 2001, p. 43).

Así pues, comprendemos el comportamiento proambiental como un resultado o efecto de los aspectos de socialización que experimentamos en una cierta cultura, con sus significados compartidos, normas, valores y relaciones intergrupales. Por lo tanto, el comportamiento de los trabajadores podría estar afectado por aspectos de la cultura organizacional a través de las relaciones con compañeros. Por ejemplo, en el caso de haber sido socializados en una cultura colectivista, nuestra identidad estaría más interconectada y atenta a las expectativas de los demás. En este caso se producirían conductas más individualistas demandadas por la influencia grupal (Singelis citado por Ros, 2001).

Los primeros antecedentes en el desarrollo sistemático del estudio de valores coinciden las teorías de Allport, Vernon y Lindzey (1960). No obstante, y al tratarse de

Parte I- Capítulo 4: Valores

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uno de los ejes teóricos de nuestra investigación, valoramos la contribución de la jerarquía de las necesidades humanas de Maslow y de Rokeach (1973) como puntos de partida para la comprensión del Modelo de Valores de Schwartz (1992; 1994; 2001; 200X).

Trataremos de realizar una aproximación teórica de la investigación valorativa, desde la psicología, sociología, la psicología social, y desde una dimensión individual y social. Además, revisaremos el modelo de valores humanos de Schwartz, sobre todo desde el punto de vista individual, interés de la presente investigación. Revisaremos así los principales estudios empíricos que han intentado demostrar las relaciones entre los valores individuales y los comportamientos proambientales. Para finalizar, desde la dimensión organizacional, matizaremos el tema de los valores de la organización, los laborales, y de la propia dirección.