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2.2 Implicit measures

2.2.2 Sensorimotor implicit measures

En las entrevistas realizadas a las chicas que participaron del grupo de mujeres adolescentes del Centro Comunitario y Cultural El Rancho y de las actividades del Entrevero Barrial compartieron sus sentires en relación a las experiencias y al trabajo grupal.

En todas y de manera principal se rescata el hacer algo con otr@s chic@s. Lo grupal y el hacer son centrales a la hora de pensar en las experiencias; otra de las cuestiones que también marcan a lo grupal, es la periodicidad de las reuniones y de las actividades, lo que genera un marco de confianza y de trabajo, que logra poder proyectar en el tiempo. No es solo reunirse hoy y hago alguna cosita, sino más bien es construir con l@s compañer@s.

Como primera consideración en relación a lo que plantean las chicas, el hacer alguna actividad en el centro comunitario irrumpe en el cotidiano, de no hacer nada o de dormir gran parte del día, como antes mencionamos, se juega con otros y otras, se sale aunque sea una vez por semana de la casa para hacer algo diferente. Lo cual les resulta un atractivo, pero difícil de sostener; ya que al no tener otras actividades se les hace complejo asistir a una actividad con día y horario específico.

Las referencias temporales en los y las jóvenes de los sectores populares, que son las que habitualmente se crean con la participación en espacios instituidos, se encuentran diluidas; teniendo que muchas veces pasarse a buscar casa por casa para garantizar la participación en lo grupal.

Otra de las consideraciones posibles en cuanto al hacer, es que éste está unido a la visibilización de algo concreto, el grupo se reúne y produce algo, que el centro comunitario, los amigos, el barrio pueden ver y saber que se está haciendo, y que no es solamente una charla sino que hay un producto del encuentro, que puede ser mostrado y compartido, como por ejemplo los videos, que en una primera instancia son solamente para el grupo, para probar, ver cómo quedan, y luego para salir al afuera.

El compartir, mates, charlas, juegos, la realización de videos, los viajes y paseos dejaron

muchos aprendizajes, “está bueno hacer cosas todas juntas”, ese hacer alegremente y compartido dejo huellas y registros personales que son rescatados como recursos para ellas en sus vidas cotidianas:

“…aprendí a conocer mi cuerpo… y a conocernos más entre nosotras…” “…con el grupo madure…”

“…aprendí a vincularme con otros…”

“…si viene mi cuñada y me pregunta algo yo le digo lo que aprendí en el ranchito…”

Lo grupal mediado por el juego mejoró los lazos y acrecentó la confianza entre las participantes, lo divertido de los juegos, el aceptar sus reglas, dejar la vida cotidiana de lado por un rato, permitió pensarse y pensar sus realidades además de otorgarles formas de resolver sus conflictos de manera novedosa.

Hay una utilización del cuerpo diferente de la habitual, a veces resistida a veces aceptada, que abrió la posibilidad de preguntarse para qué o como se usa el cuerpo. Qué permisos le otorgan, si lo domestican, lo encierran, lo silencian, o lo exploran, lo reconocen, descubren que da placer, etc. Hay una forma instituida de lo corporal, de los juegos, de los movimientos permitidos para las mujeres, que son difíciles de modificar. Poner el cuerpo para la realización de una actividad requiere de romper con un montón de estructuras y mandatos sociales encriptados. No es solo jugar, es el permiso, que trae implícito, el cual rompe con los esquemas, es una invitación para salirse de lo doméstico, de los mandatos, del cuidado de niños y participar. Juegos personales, juegos grupales, juegos colectivos; es reconstruir la mirada de ser mujer, es salir de los espacios privados, hacia lo público, al encuentro con otros y otras.

El juego, la creación de personajes, de historias, estaban presente en casi todos los encuentros, lo cual es recordado de manera placentera por las participantes, ellas al referirse a las actividades utilizaban las palabras risas, diversión y alegría.

Otra de las cosas que rescatan como aprendizaje las entrevistadas, es la cuestión de la autogestión de los recursos del grupo, en tanto que se realizaron ventas de panes, empanadas, tortas, se participó en ferias, etc. Aprendizajes en un doble sentido, de los saberes concretos para la elaboración de los productos para vender, “…yo aprendí a hacer panes y

ombú, a hacer las empanadas, fui yo sola de las chicas, las quería matar a las otras…”, “…nos alcanzó todala plata y no tuvimos que poner nosotras para poder viajar…”

Juegos que invitan salir de la lógica subsidiaria, a ser parte, ser protagonista, en la organización, juegos en los que subyace los principios básicos de la educación popular, como lo es la organización, sin la cual no podría haber modificación de la realidad. Transformación que es con otros y otras diferentes que están jugando.

Creatividad e imaginación para poder construir nuestra utopía, muchos mundos posibles; esperanza de construir nuevos horizontes en oposición a la lógica dominante, creatividad como superación de la fijación en la queja en la crítica banal, trascender el momento de lectura y crítica de la realidad para pensar propuestas concretas, salir del barrio al encuentro con otros, otras, pensar en un juego colectivo.

Además de lo mencionado el juego creó en el grupo de mujeres adolescentes un

‘Nosotras’ en mayúscula, una identidad fuerte donde verse reflejadas, con fuertes lazos entre las participantes e implicación con el lugar ocupado, este sentir común permitió que se establezca un soporte socio afectivo donde aferrarse, donde estar a salvo, donde pensarse, donde deconstruirse para volverse a construir en algo colectivo.

El lugar no es un simple territorio sino aquello que se funda a partir del reconocimiento mutuo, historias e identidades compartidas, que configuran el lugar dejando marcas y dejándose marcar por él.