2.2 A Computational Approach to Sentiment Analysis of Text
2.2.1 Sentiment Analysis as Pattern Matching
La etnografía virtual es el intento metodológico más popularizado para plantear una aproximación a las relaciones sociales con las tecnologías que implique la inmersión del investigador o la investigadora en su entorno de análisis. Esta aproximación etnográfica a lo virtual implica entender este entorno como el conjunto de las actividades y relaciones online que establece una persona o grupo y las configuraciones y valoraciones de éstas. Una de las principales referentes en la metodología de la etnografía virtual es Christine Hine (2004) quien comienza por problematizar la relación entre las acciones online y offline que desarrollan las personas y la manera en que ambas instancias, al formar parte integrante de la experiencia de los sujetos, se complementa, interactúan de manera compleja y pueden influirse mutuamente en su conformación21.
Para la etnografía virtual, internet, considerada como piedra de toque en la tematización de lo virtual por ser el soporte material que posibilita la virtualidad como acontecimiento masivo en la actualidad, puede ser abordado como texto en una doble concepción: por un lado, como cultura conformada discursivamente, teniendo en cuenta la trama de significaciones sociales que la configuran y que a la vez marcan las relaciones que allí ocurren y las experiencias, posiciones y posibilidades de los sujetos que allí interactúan; y por otro lado como artefacto cultural, es decir, atendiendo al conjunto de significados y relaciones, su contexto, sus actores, las relaciones entre ellos, su historia, sus valores, entre otros elementos que lo constituyen en conjunto con su conformación tecnológica empírica, que es igualmente social (Id., 2004).
21 Si bien la autora analiza principalmente la manera en que las configuraciones espaciales, temporales y los valores
sociales, políticos y nacionales -adquiridos y desarrollados offline - influyen en la manera en que los sujetos producen mensajes online e interactúan en torno a ellos, entendemos que hace implícita la reciprocidad entre ambas dimensiones, puesto que también se hace mención a actividades que los sujetos realizan offline con el único fin de responder a una demanda o necesidad de información o interacción iniciada online.
Esta distinción entre cultura y artefacto cultural actúa como disparador para un replanteo de la división entre lo real y lo virtual, entendidos respectivamente como lo empírico más próximo y una dimensión inmaterial de relaciones mediadas tecnológicamente con internet como soporte principal, sin que esta diferenciación implique negar que las relaciones virtuales son tan social y culturalmente construidas, y por lo tanto tan reales, como las que se desarrollan en el contexto empíricamente más próximo. Si esta diferenciación fuera asumida a priori, podría resultar oscurecedora de los procesos sociales que se desenvuelven tanto online como offline y de la acepción misma de las categorías que los nombran. Para ello, la solución que se plantea es aceptar el desafío heurístico de dar cuenta de manera conjunta e inseparable de las dimensiones online y offline de las relaciones sociales, es decir, de la virtualidad en relación a lo que podría denominarse la vida real empírica, explorando las conexiones que los sujetos establecen entre ambas, para ello internet desde una perspectiva etnográfica no podría ser entendido exclusivamente como cultura discursiva ni como artefacto cultural, sino como una combinación de ambos (Id, 2004).
Así establecida la relación de necesariedad que se configura entre la virtualidad e internet en la época contemporánea y en vista de la centralidad que las TICs ocupan en los imaginarios actuales y del permanente ensanchamiento de las franjas de usuarios de ellas, este enfoque metodológico mediante su particular consideración de las relaciones sociales virtuales y sus estrategias de abordaje de las mismas, justifica el otorgamiento analítico de la calidad de entorno social a los entornos virtuales.
Constituir lo virtual en objeto etnográfico no debería, para este enfoque, presentar contradicciones epistemológicas insalvables, si bien se destaca como requisito ineludible la apelación a la creatividad y sensibilidad del etnógrafo para plantear estrategias innovadoras de aproximación a su objeto de estudio (Id., 2004).
Si las relaciones virtuales ocurren en un cierto entorno, cabe preguntarse por las configuraciones
espacio temporales que allí se presentan. En la propuesta metodológica de Hine, la extendida acepción de una ruptura o incluso anulación de las dimensiones espacio-temporales de las relaciones sociales introducida por la virtualización, característica de la primera ola de estudios de lo virtual, se presenta como problemática o inadecuada dada. Como opción, se postula que las relaciones online, si bien serían de complejo abordaje teórico, no son necesariamente
experimentadas de esa manera compleja por los usuarios, quienes son capaces de construir coordenadas espacio temporales sólidas y claras en relación a su desenvolvimiento online y offline y la relación entre ambos, lo que configura temporalidades y espacialidades múltiples y articuladas, pero no sería adecuado valorarlas de antemano como caóticas ni mucho menos presumir que son eliminadas. Al igual que ocurre en cualquier proceso social, las características de esas configuraciones son provisorias y están en permanente disputa. La comprensión de esas coordenadas espacio-temporales es objeto de atención de la etnografía virtual (Id., 2004).
Cabe señalar que esta atención a la multiplicidad de dimensiones temporales y espaciales presentes en una interacción social determinada no es exclusiva de los estudios que atienden a las relaciones virtuales, sino que ha sido considerada como una observación fundamental para los estudios con perspectiva etnográfica que intenten dar cuenta de cualquier entorno social en épocas de globalización y de interculturalidad (Abu-Lughod, 2006).
En la etnografía virtual, internet como medio técnico es explorado en tanto forma de comunicación, objeto que ocupa un lugar en la vida de los actores y lugar de establecimiento de relaciones sociales. Para dar cuenta de esto, al igual que en cualquier estudio que involucre una perspectiva etnográfica, se vuelve central la relación del etnógrafo con el campo de estudio y las personas que lo habitan, esa relación ha sido tematizada y naturalizada bajo el imperativo de presencia física del investigador en el campo de estudio (Guber, 2001; Bourgois, 2010; Wright, 2008). Se trata de una presencia cuyo objetivo principal no es la presencia en sí misma, sino la construcción de un compromiso con la vida cotidiana de los agentes de las interacciones de las que pretende dar cuenta, lo cual, problematizado desde la perspectiva de la etnografía virtual, volvería relativa la necesidad de un desplazamiento físico del etnógrafo, ya que dicho contacto y participación con la comunidad de estudio, en el caso de entornos virtuales, puede construirse sin que necesariamente coincidan la ubicación material y geográfica del investigador y la de sus informantes.
Es así como se plantea que para dar cuenta del lugar donde ocurren las interacciones, no puede negarse que será necesario analizar las relaciones de lo virtual con el entorno empírico de los sujetos, lo cual depende de factores como las tecnologías que intervienen, los contextos, las relaciones sociales en que se inscriben, las expectativas preexistentes, las relaciones de poder que las atraviesan, entre muchos otros. Sin embargo, esto no implica perder de vista que la etnografía,
al igual que las interacciones que pretende explicar, ocurre en diversos lugares superpuestos, por lo que se trata de una etnografía de las relaciones y de las conexiones, más que de la etnografía de un lugar específico en el que el investigador pueda instalarse y permanecer a fin de comprenderlo (Hine, 2004).
Este enfoque pone en cuestión las nociones etnográficas clásicas de informante, lugar y cultura, concebidos como preexistentes, reconocibles y pasibles de ser descriptos holísticamente, ya que por las características del objeto que se pretende abordar, el cual es asible sólo en tanto un conjunto de relaciones y conexiones, el mismo no será reconocible a priori, ni descriptible en toda su multiplicidad. Como contrapartida, el enfoque etnográfico virtual ofrece la posibilidad de inmersión amplia del investigador en los entornos virtuales e interacciones de los sujetos, dado que el contacto del investigador con las tecnologías que utilizan los sujetos y la adquisición por su parte de aptitudes similares a las de sus informantes es necesaria para entablar el dialogo mismo que da base a la investigación. De esta manera se conformaría un objeto de investigación en, de y a través de lo virtual (Id., 2004).