• No results found

nómenos de trasferencia es imperativa una mayor precisión en cuanto al significado de la palabra. Hay muchas teorías acerca de lo que cons- tituye una reacción de trasferencia y tengo la impresión de que algunas de las divergencias se deben al insuficiente detalle en la definición de los términos que uno usa. Repitamos aquí la definición de trasferencia dada en la sección 3.1. Trasferencia es tener pulsiones, sentimientos, actitudes,

fantasías y defensas respecto de una persona actual que no convienen a esa persona sino son una repetición de reacciones formadas en relación con personas importantes de la primera infancia, desplazadaa inconscientemente a figuras actuales.

Esta definición se basa en cuatro proposiciones fundamentales. (1) La trasferencia es una variedad de relación de objeto. (2) Los fenóme- nos de trasferencia repiten una relación pasada con un objeto. (3) El mecanismo de desplazamiento es el proceso esencial en las reacciones de trasferencia. (4) La trasferencia es un fenómeno regresivo. Para que

se considere trasferencia un fenómeno psíquico deben hallarse presen- tes estos cuatro elementos. Cada uno de los cuatro componentes tiene importantes connotaciones teóricas y clínicas.

El tratamiento psicoanalítico no crea reacciones de trasferencia, tan sólo las saca a la luz al facilitar su desarrollo. Los fenómenos de trasfe- rencia en los neuróticos son una clase especializada de relación con otra persona. Representan un tipo de región intermedia entre la enferme- dad y la vida real (Freud, 1914c). Otros modos de relación con el ana- lista aparecen también durante el tratamiento psicoanalítico. En la te- rapia psicoanalítica de los pacientes neuróticos se producen también, y desempeñan un papel muy importante, una alianza de trabajo y una relación real. Difieren de los fenómenos de trasferencia y serán consi- deradas por separado.

También pueden presentarse modos más primitivos de relación con el analista. Hay reacciones de carácter ilusorio o psicótico pero no se sabe con seguridad si debe considerarse que son verdaderas reacciones de trasferencia (Freud, 1915b). Con el fin de evitar toda ambigüedad, si se emplea la palabra trasferencia o reacción de trasferencia, sin espe- cificar más, en esta obra nos estaremos refiriendo a fenómenos neuró- ticos de trasferencia. En muchos pacientes gravemente regresionados podemos apreciar reacciones psicóticas transitorias al terapeuta. Estas

CONSIDERACIONES TEÓRICAS 179

178 LA TRASFERENCIA

manifestaciones son muy diferentes de las reacciones de trasferencia neu- rótica. Las principales diferencias estriban en el hecho de que el psicó- tico ha perdido sus representaciones de objeto y por consiguiente ya no puede distinguir entre su persona y el mundo objetivo (Freud, 1915b; M. Wexler, 1960; Jacobson, 1964). Mas no debe olvidarse que los pa- cientes psicóticos pueden tener componentes neuróticos y sanos, y lo contrario también es cierto (M. Katan, 1954). Vemos pacientes que manifiestan reacciones de trasferencia tanto neuróticas como psicóticas. Hay que distinguir unos de otros los multiformes modos de relación con el analista durante el psicoanálisis porque entrañan importantes diferencias clínicas, teóricas y técnicas. El juntarlas todas simplemente como fenómenos de trasferencia no refleja las complejidades de las re- laciones humanas ni las intrincaciones de los procesos terapéuticos que entran en el tratamiento psicoanalítico.

3.4.1.1 La trasferencia y las relaciones de objeto

Una reacción de trasferencia en los neuróticos es una relación en que entran tres personas enteras: un sujeto, un objeto del pasado y un ob- jeto actual (Searles, 1965). En la situación analítica suele comprender el paciente, alguna persona significativa del pasado y el analista. Un paciente que llega a asustarse ante su analista del mismo modo que otrora temiera al padre está confundiendo el presente en función de su pasado mientras sea presa de la reacción de trasferencia (Fenichel, 1945a). Pero el paciente neurótico sabe que el analista es su analista y no su padre y sabe asimismo que él, el paciente, no es el analista ni tampoco su padre. Es decir, el neurótico tal vez reaccione temporal y parcialmente como si el analista fuera idéntico que su padre, pera in- telectualmente puede distinguir con claridad al analista de sí mismo y de su propio padre. En términos clínicos, el paciente neurótico es ca- paz de separar su Yo que siente y experimenta de su Yo observador. Puede hacerlo espontáneamente o puede necesitar la ayuda de las in- terpretaciones del analista.

Los fenómenos de trasferencia neuróticos se basan en dos hechos: (1) la capacidad individual de distinguir entre sí y el mundo exterior; (2) la capacidad de desplazar reacciones de una representación de ob- jeto pasada a un objeto actual ( Jacobson, 1964; Hartmann, 1950). Esto significa que el neurótico tiene una personalidad diferenciada y orga- nizada, una entidad distinta y separada de su medio ambiente, que tiene la capacidad de seguir siendo la misma en pleno cambio ( Jacobson,

1964; Lichtenstein, 1961; Mahler, 1957 [véase Rubinfine, 19581; y Greenacre, 1958).

Los niños muy pequeños todavía no han logrado su separación de la madre, su individuación. Los niños mayores tienen ansia de objetos nuevos. En la situación del tratamiento, no repiten meramente el pa- sado sino que prueban nuevos modos de relación (A. Freud, 1965). Los psicóticos han perdido sus representaciones de objeto internas y se afa- nan en colmar la sensación de un terrible vacío creando objetos nuevos

(Freud, 1915b). Son propensos a fundir y confundir restos de su perso- nalidad con representaciones de objeto. Además, su mundo está lleno de objetos parciales que introyectan y proyectan en sus intentos de cons- truir o reconstruir sus relaciones de objeto perdidas (M. Wexler, 1960; Searles, 1963).

Una de mis pacientes esquizofrénicas estuvo convencida durante años de que estaba hecha de jabón, y me acusaba de ello. Estas ideas se basaban en parte en su aceptación literal y concreta de los axiomas "el silencio es de oro" y "la limpieza es casi santidad". Mis intentos de hacerla hablar significaban para ella la pérdida de su "puro" estado de silencio. Yo había empleado "palabras sucias" y eso la había trasformado a ella en jabón. (Nótese la confusión entre

sí misma y el analista.) Pero el problema fundamental era su sensación de va- cío, su conciencia de haber perdido su mundo de los objetos. El sentimiento de estar hecha de jabón era un reconocimiento de ello, así como un intento de restitución.

Este género de relación con el analista es muy diferente de las reac- ciones de trasferencia neuróticas. El lector deberá ver las obras de Freud (1915b, 1911a), Searles (1963), Little (1958) y Rosenfeld (1952, 1954) para más material clínico y teórico sobre los fenómenos de trasferencia en los psicóticos.

Las disquisiciones que preceden señalan tan sólo algunos de los pro- blemas existentes tras las diferencias de enfoque terapéutico del niño, el neurótico adulto y el psicótico (A. Freud, 1965). La separación que hace Freud (1916-7) entre neurosis de trasferencia y neurosis narcisista parece basada en razones semejantes. Las personas esencialmente nar- cisistas no podrán mantener una relación de trasferencia constantemen- te analizable. Su relación con el terapeuta abundará en fusiones de su personalidad con imágenes de objeto, heraldos primitivos de la identifi- cación ( Jacobson, 1964). Hay transiciones entre relaciones narcisistas y relaciones de objeto, como ha mostrado Winnicott (1953) con el con- cepto de objetos transicionales. Se aconseja al estudiante serio que lea

180 LA TRASFERENCIA CONSIDERACIONES TEÓRICAS 181 para una visión más cabal de los comienzos de las representaciones de

objeto y de la personalidad. Convengo con Greenacre (1954) en que la matriz de la relación de trasferencia es la unión primitiva entre ma- dre e hijo. El hombre no es capaz de resistir muy bien la soledad du- rante un período de tiempo considerable. La situación analítica movi- liza dos series antitéticas de reacciones. El aislamiento sensorial del paciente en él diván suscita el sentimiento de soledad y frustración y el ansia de relaciones de objeto. Por otra parte, la elevada frecuencia de las visitas, la larga duración del tratamiento y la dedicación a las nece- sidades del paciente despierta recuerdos de la primera intimidad entre madre e hijo.

3,4.1.2 La trasferencia y las funciones del Yo

Las reacciones de trasferencia muestran las fuerzas y las debilidades del paciente neurótico según las funciones de su Yo. Como ya dijimos, los fenómenos de trasferencia neuróticos indican que el paciente tiene una representación estable de su personalidad, fuertemente diferencia- da de sus representaciones de objeto. Esto implica que su primer desa- rrollo del Yo ha sido esencialmente bueno, que ha tenido cuidados ma- ternos "bastante buenos" y que se puede relacionar con personas sanas (Winnicott, 1955, 1956b). Cuando "entiende mal el presente en función de su pasado", ese mal entendimiento es sólo parcial y tempo- ral. La regresión en las funciones del Yo es circunscrita y se limita a ciertos aspectos de su relación con la figura de trasferencia. Además, es reversible.

Por ejemplo, un paciente mío se debate en la agonía de una intensa reacción

de trasferencia hostil. Pasa muchas sesiones quejándose a gritos de que soy in- competente, insensible y privado de escrúpulos. Pero es puntual en sus citas, escucha con atención mis intervenciones y funciona debidamente en su vida exterior. Piensa dejar el análisis, pero no en serio.

Un paciente en semejante estado mental se deja llevar por sus senti- mientos y fantasías, Se deja regresionar en función de sus relaciones de objeto y sus funciones del Yo. Renuncia parcial y temporalmente a algunas de sus funciones de comprobación de la realidad. (Esto debe distinguirse de la representación de un papel o la simulación.) En el caso citado más arriba, la reacción de trasferencia se puso en marcha al no responder yo a una de sus preguntas. Esta acción mía anuló de momento entre mis cualidades todas aquellas contrarias a su acusación de que yo era incompetente, inescrupuloso e insensible. La función de

discriminación del Yo estaba disminuida en esa fase del tratamiento. Yo me convertía en su áspero y punitivo padre cuando callaba. El pa- ciente pudo laborar con esta reacción y empezó a entenderla cuando su Yo observador y la alianza de trabajo quedaron restablecidos.

En las reacciones de trasferencia hay otros mecanismos que indican una regresión en las funciones del Yo, pero son un suplemento del meca- nismo de desplazamiento. Pueden producirse la proyección y la intro- yección, pero éstas no son el proceso fundamental en la trasferencia neurótica. Pueden operar además del desplazamiento. Deseo insis- tir en esto porque está en conflicto con las opiniones de la escuela klei- niana, cuyos partidarios interpretan todos los fenómenos de trasferen- cia sobre la base de la proyección y la introyección (Klein, 1952; Ra- cker, 1954; Segal, 1964). Desdeñan el desplazamiento de una relación de objeto pasada y por ello ignoran relativamente las experiencias his- tóricas del paciente. Creo que esto se debe en parte a que no diferen- cian la proyección y la introyección del desplazamiento así como a un empleo inexacto de las palabras proyección e introyección.

A riesgo de parecer pedante definiré brevemente estos términos se- gún su empleo en la literatura psicoanalítica clásica. El desplazamiento se refiere al traslado de sentimientos, fantasías, etc., de un objeto o una representación de objeto del pasado a un objeto o una representación de objeto del presente. Cuando una persona se proyecta, está lanzando algo de dentro de su representación de sí misma a otra o dentro de otra persona. La introyección es la incorporación de parte de un objeto ex- terno a la representación de sí mismo. Proyección e introyección pueden producirse durante el análisis, pero se producen además del desplazamien- to. Son repeticiones de mecanismos proyectivos que una vez se efectua- ron en relación con objetos pasados de importancia histórica ( Jacob- son, 1964).

Veamos un ejemplo de proyección como reacción neurótica de trasferencia. El profesor X,2 que padecía de nerviosidad ante el público, se quejó muchas ve-

ces durante su análisis de que le parecía que yo me burlaba de él, le tomaba el pelo cuando hacía una interpretación o me reía a sus espaldas. Hubo mu- chos determinantes de esta reacción en la historia del paciente. Se sabía que su padre era muy burlón y gustaba de poner sádicamente en aprietos al pa- ciente, sobre todo delante de la gente. El paciente tenía ahora un Superyó muy estricto y se flagelaba cruelmente por muchas actividades que consideraba ver- gonzosas. En el curso del análisis su sentimiento de vergüenza se cambió por

182 LA TRASFERENCIA otro de que yo lo avergonzaría si sabía lo que había hecho. El paciente había proyectado en mí partes de su Superyó. Su fantasía de ser humillado por mí no sólo era dolorosa sino que contenía también placer masoquista y exhibicio- nista. Era un vestigio de su relación infantil con su padre, repleta de fantasías sexuales y agresivas. Pero un aspecto importante de sus fantasías de humilla- ción se basaba en la proyección.

En una sesión comunicó avergonzado que se había emborrachado en el fin de semana y había divertido a una reunión de amigos haciendo una imitación de "Greenson el terrible, el gran psicoanalista". Se sorprendió al ver cuánto tiempo podía tener a su público riéndose de su analista. En la hora analítica comprendió que lo hacía a veces en su casa imitando ciertas expresiones o ges- tos míos cuando había personas que me conocían. El paciente se llenó de te- mor al hablar de esto; estaba seguro de que "el techo iba a caérsele encima". Esta frase le hizo rememorar un recuerdo hasta entonces olvidado de cómo su padre lo había agarrado burlándose de su modo de hablar. Lo había apaleado despiadadamente y después lo había castigado por llorar. El episodio puso fin al intento del paciente de imitar a su padre y al fin le ocasionó su miedo al público.

Me parecería evidente que el paciente había proyectado en parte sobre mí sus impulsos de humillar. Era una defensa contra su hostilidad, una medio de evitar la angustia, así como otras cosas. Pero esta proyección era un suple- mento de un determinante básico de su sentimiento de humillación: la historia de un padre que lo había humillado y a quien él ansiaba humillar en venganza. El acting out de las reacciones de trasferencia indica otros rasgos re- gresivos en las funciones del Yo en trasferencia. La relación entre tras- ferencia y recuerdo se estudiará con cierto detenimiento en las seccio- nes siguientes, dedicadas a la repetición y la agresión.

3.4.1.3 Trasferencia y repetición

Una de las características descollantes de las reacciones de trasferencia es su repetición y su resistencia al cambio, su tenacidad. Hay muchos factores que desempeñan un papel en este fenómeno y diversas expli- caciones teóricas. He aquí sólo algunas de las cuestiones capitales, so- meramente tratadas.

Trasferencia es volver a vivir el pasado reprimido, más exactamente, el pasado rechazado. El carácter repetitivo y la rigidez de las reaccio- nes de trasferencia, en contraste con relaciones de objeto más realistas, arranca del hecho de que los impulsos del Ello que buscan su descarga en el comportamiento de trasferencia se encuentran con la oposición de una u otra fuerza contraria del Yo inconsciente. Las satisfacciones de trasferencia nunca son enteramente satisfactorias porque sólo son

CONSIDERACIONES TEÓRICAS 183

sustitutos de la satisfacción verdadera, derivados regresivos y forma- ciones de transacción (Fenichel, 1941). Son el producto de una cons- tante contracatexia. Sólo si la contracatexia, la defensa, se resuelve puede producirse una descarga adecuada.

La frustración de los instintos y la búsqueda de satisfacción son los motivos básicos de los fenómenos de trasferencia. Las personas satisfe- chas y las que se hallan en estado de apatía tienen muchas menos reac- ciones de trasferencia. Las personas satisfechas pueden modular su com- portamiento de acuerdo con las oportunidades y necesidades del mun- do exterior. Las personas apáticas son retraídas, con una orientación más narcisista. El neurótico que padece una serie de conflictos neuróti- cos no resueltos se halla en un estado constante de insatisfacción instin- tual y por consiguiente de disposición para la trasferencia (Freud, 1912a). Una persona en ese estado acogerá a cualquier persona nueva con ideas promisorias libidinales y audaces, conscientes e inconscientes, que ya existen antes de que el paciente vaya con el analista, y la historia del neurótico está preñada de comportamientos de trasferencia mucho an- tes de que acuda en busca de tratamiento (Frosch, 1959).

Los impulsos rechazados que no llegan a la descarga directa buscan vías regresivas y desfiguradas en sus intentos de lograr acceso a la con- ciencia y la motilidad. El comportamiento de trasferencia es un ejem- plo del retorno de lo reprimido. La persona del analista se convierte en el objetivo principal de los impulsos reprimidos porque el paciente se sirve de ella como de una oportunidad de manifestar sus impulsos frustrados en lugar de hacer frente a los objetos originales (Fenichel, 1941). La trasferencia es una resistencia en ese sentido, pero es un ro- deo necesario en el camino hacia cl insight y el recuerdo. El comporta- miento no intrusivo y no satisfactor del analista hace demostrables las reacciones de trasferencia del paciente. Las llamadas reglas freudianas (1915a) del "espejo" y de la abstinencia se fundan en esa base. Si el psicoanalista no quiere dar satisfacción a los deseos instintuales neuró- ticos del paciente, esos impulsos se harán demostrables como desfigu- raciones de trasferencia y se convertirán en el vehículo para valiosos insights. Estas cuestiones serán examinadas más a fondo en las seccio- nes 3.9.2, 4.2.1.3 y 4.2.2.3.

La repetición de un acontecimiento psíquico puede también ser un medio de lograr el dominio tardío sobre él (Freud, 1920; Fenichel, 1945a). La repetición activa de una experiencia traumática es un caso de ese tipo. El Yo infantil aprende a sobreponerse al sentimiento de desvalimiento repitiendo activamente la situación que otrora provoca- ra la primera sensación de pánico. Los juegos, sueños y pensamientos

184 LA TRASFERENCIA CONSIDERACIONES TEÓRICAS 185 relativos al hecho doloroso posibilitan la descarga de parte de la excesi-

va excitación que ha invadido el Yo. El Yo que era pasivo en la situa- ción traumática original reproduce activamente el acontecimiento en el momento que escoge, en circunstancias favorables, y así aprende poco a poco a acomodarse a ella.

La repetición de una situación puede conducir de su manejo y do- minio al placer. En parte, esto puede deberse a la sensación de triunfo sobre un acontecimiento otrora temido. Esto suele ser transitorio a me- nos que haya todavía operando un elemento contrafóbico (Fenichel, 1939). Esto significa que el acontecimiento se repite porque se le teme; la repetición es un intento de negar que todavía persiste la angustia. Por ejemplo, la actividad sexual excesiva puede significar que la perso- na en cuestión está tratando de negar su angustia. Sus acciones indican que está tratando de persuadirse de que ya no tiene miedo. Su sexuali- dad contrafóbica es también el intento de tener testigos que lo confir- men. La excesiva repetitividad indica que hay ahí un conflicto neuróti- co. El Yo inconsciente impide la cabal descarga instintual y la actividad ha de ejecutarse una y otra vez.

Las reacciones de trasferencia bien podrían enfocarse desde los pun-

Related documents