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5.4 The Delay-based Dual-rail Pre-charge Logic Family

5.4.3 A sequential case study

La ampliación de la UE en 2004 y la continuidad de los movimientos migratorios procedentes de la Europa del Este.

La entrada en la Unión Europea de ocho países de la Europa del Este (Polonia, República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Eslovaquia y Eslovenia, que entraron junto a los mediterráneos Chipre y Malta), producida en mayo de 2004, representó un cambio de perspectiva para ellos por lo que se refiere al hecho migratorio. De este conjunto de países, el único que había sido emisor significativo de migraciones era Polonia, y nada indicaba que los demás, una vez dentro de la Unión Europea, fuesen a emitir más migraciones que antes. Aún así se vieron sometidos a unas prevenciones que comentaré a continuación.

Los movimientos de población en el interior de la Unión Europea no se consideran ya migraciones; en la jerga comunitaria se habla de movilidad evitando el término migración. La normativa comunitaria, por otra parte, establece, para todos los ciudadanos de la Unión, el derecho a la libre circulación de personas y a la libre circulación de trabajadores. Se entiende que la libre circulación no es sólo la libertad para viajar, es la libertad para establecerse en otro país de la Unión, trabajar en él, ejercer una profesión con el título obtenido en el país de origen, y este tipo de cosas.

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La libertad para viajar por el interior de la Unión es un aspecto de menor enjundia, pero es el primero que se concede a los ciudadanos de determinados países. Así, para los ciudadanos de los países del Este que habían de entrar en la UE, se concedió ese derecho de viaje antes de que se produjese tal entrada, como también se ha concedido a los ciudadanos de Rumania y Bulgaria, varios años antes de que vaya a producirse la entrada en la Unión de estos países. Esa libertad de viaje se concreta en la supresión de la necesidad de solicitar el visado de turismo. En 1991 comenzó a eximirse de la obligación del visado a algunos países de los que después se adherirían a la UE, y el uno de enero de 2002 se dio el último paso en este sentido suprimiendo la necesidad de visado turístico para los ciudadanos rumanos y búlgaros.

Pero una cosa es poder viajar y otra poder establecerse y trabajar en el país al que se llega, y el derecho comunitario a la libre circulación se refiere a lo segundo. Lo normal habría sido que en mayo de 2004, cuando entraron en la Unión Europea los ocho países mencionados, sus ciudadanos hubiesen adquirido el derecho a la libre circulación. No fue así, ya que se les aplicó una moratoria que tiene las siguientes características: se aplica por un período inicial de dos años que puede prolongarse durante otros tres; pasados esos cinco años, cada Estado tiene la posibilidad de prolongar la moratoria por dos años más, aunque lo que se espera es que eso ya no ocurra o sea muy excepcional.

La moratoria fue exigida por Alemania, ante el temor de que los ciudadanos de esos países se desplazasen masivamente en busca de trabajo a Alemania y a otros Estados de la Unión en el momento en el que pasasen a ser miembros de ésta. Sin embargo, un estudio del Instituto Alemán para la Investigación Económica (DIW), presentado en abril de 2001, establecía la previsión del desplazamiento de unas 335.000 personas de los nuevos países admitidos a los que ya eran miembros de la UE, durante el primer año de la ampliación, y muchas menos en los años siguientes. De éstas, 220.000 se dirigirían a Alemania, y se trataría, en buena medida, de trabajadores cualificados (SOPEMI 2001: 72).

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Dustmann hizo un repaso de los diferentes estudios que se habían realizado sobre previsiones de migraciones Este-Oeste en el interior de la UE ampliada, es decir, migraciones desde los ocho países de la Europa del Este que se han incorporado en 2004 hacia los 15 que ya estaban. Los estudios basados en parámetros económicos anunciaban unos flujos migratorios que estaban entre las 70.000 y las 260.000 personas por año, con un total para el período de los 10 años siguientes (2005-2015) que podría suponer la emigración de entre 1 y 1,5 millones de personas (Dustmann, 2003: 31-32). Los estudios basados en encuestas llegaban a una conclusión similar; el estudio más amplio de este tipo, realizado por la OIM en 1998, concluyó que la previsión era de una emigración de algo más de un millón de personas en 10 años (Dustmann, 2003: 40). Estos estudios basados en encuestas lo que mostraban, además, era un interés muy escaso por la emigración de carácter permanente, y mayor interés, en cambio, por la temporal o estacionaria.

Si se hubiesen tenido en cuenta estos estudios no habría habido necesidad de establecer moratoria alguna a la libre circulación; pero pesaron más los miedos que tan presentes están en la Europa Occidental cuando se aborda el tema de las migraciones. Los mismos miedos que años antes habían conducido a imponer la misma moratoria a Grecia, a España y a Portugal. Grecia entró en la CEE en 1981 y se le aplicó una moratoria de seis años. España y Portugal entraron en 1986 y la moratoria que se les aplicó fue de siete años (reducida después a 6). No tardó en demostrarse que los ciudadanos de estos países no vivían ansiosos por ejercer el derecho comunitario a la libre circulación (Tornos, 2004: 240-242).

No obstante, hay que advertir que la emigración de españoles y portugueses que se produjo después de 1986 hacia los otros países de la Comunidad Económica Europea sirve de ejemplo, pero sólo relativamente, ya que las diferencias en el nivel de vida entre los países que están dentro y los que entran es ahora mayor que entonces. Aún así, es conveniente resaltar que entonces se temieron movimientos masivos de población (de españoles y portugueses) hacia los otros países de la CEE y, en cambio, lo que se produjo fue más bien lo contrario. El stock de españoles residiendo en los otros países

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fue, en 1991 (cuando concluyó lo moratoria a la libre circulación), menor del que era en 1986, y siguió descendiendo en los años siguientes,18 y en cambio lo que se produjo fue un aumento considerable de personas de otros países de la CEE que vivieron a residir a España (especialmente a nuestras costas). Quedó, en definitiva, muy claro que las restricciones a la libre circulación de trabajadores fueron, en aquel caso, completamente innecesarias.

Hay razones por las que no cabía ni cabe prever flujos migratorios importantes entre los países adheridos a la Unión Europea en 2004 y los 15 que estaban antes; las primeras son las que se refieren a la mejora de la situación económica de los primeros. Las previsiones económicas para esos ocho países del Este son buenas. No se está produciendo un desmoronamiento amplio de empresas causado por su entrada en competencia con las empresas occidentales, ya que la adaptación a esa competencia, según afirma Leila Kardouche,19 se había ido produciendo con anterioridad. Esta autora señala que los fondos estructurales harán posible un desarrollo de infraestructuras que favorecerán el crecimiento de los beneficios empresariales, y cabe prever que habrá unos niveles elevados del crecimiento del PIB y una aceleración de la productividad. En un contexto así de crecimiento, aunque durante bastantes años siga habiendo diferencias salariales importantes con los países vecinos (sobre todo con Alemania y Austria), no se producirán migraciones hacia ellos.

La estructura demográfica es otra razón que permite prever escasos movimientos de población. En los países del Este se ha producido un descenso de la natalidad similar al de la Europa Occidental; con el mismo proceso de envejecimiento de la población y el mismo descenso en la incorporación anual de jóvenes al mercado laboral. En la tabla 3 vemos las revisiones de Naciones Unidas sobre la evolución de la población entre 2005 y 2015; en ella están seleccionados cuatro países del Este y tres de los que ya estaban en la UE, para ver las diferencias entre ambos grupos. Lo que puede observarse es que

18 En 1986 había 495.000 españoles en la CEE de los 12; en 1991 había 474.000, y en 1997 había 470.000 (Dustmann, 2003: 44).

19 Leila Kardouche es gestora del fondo Schroder ISF Emerging Europe. Ver Cinco Días (2-3- 2004).

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el descenso de población es similar, como también es similar el descenso en el porcentaje de población joven (entre 15 y 25 años).

Tabla 3. Datos y previsiones sobre población.

Datos año 2005 Previsión año 2010 Previsión año 2015

Población % entre 15-25 años Población % entre 15-25 años Población % entre 15-25 años Polonia 38.530.000 16,3 38.359.000 14,0 38.110.000 11,7 Hungría 10.098.000 12,8 9.961.000 12,4 9.802.000 11,4 Eslovaquia 5.401.000 15,8 5.400.000 14,2 5.385.000 12,0 Lituania 3.431.000 15,7 3.358.000 15,6 3.288.000 12,6 España 43.064.000 12,0 43.993.000 9,8 44.372.000 9,2 Italia 58.093.000 10.2 58.176.000 9,8 57.818.000 9,7 Alemania 82.689.000 11,8 82.701.000 11,5 82.513.000 10,7

Fuente: Elaboración propia. Datos de La División de Población de Naciones Unidas.20

Polonia, que ha sido, de los nuevos miembros de la UE, el único país que en los últimos tiempos ha emitido emigrantes de forma importante, se está convirtiendo, como pasó con España en los años ochenta, en un país de inmigración. La prueba de ello es que el gobierno polaco esté planteándose ya la política de inmigración con parámetros muy similares a los de los otros países de la Unión Europea. Incluso antes de entrar en la UE, había comenzado, según Iglicka (2003), a abordar aspectos como la necesidad de regularizar el status del gran número de inmigrantes irregulares que hay en Polonia (que pueden ser unos 500.000 de acuerdo con el Ministerio de Economía, según dice ese autor); o la necesidad de hacer una política hábil para atraer especialistas cualificados de otros países (aspecto, este último, que está muy presente en las últimas reformas de las leyes de inmigración de países como Alemania, Reino Unido, Austria, etc.). Polonia comienza a verse a sí mismo como país de inmigración.

Iglicka afirma lo siguiente: “Aunque Polonia es todavía un país de emigración neta, las tendencias surgidas en los años noventa se parecen mucho a las que surgieron en los países del Sur de Europa en los setenta, antes de que se transformasen de países de emigración a países de inmigración”. Y habla

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también de la gran cantidad de inmigrantes que están entrando en Polonia para realizar trabajos mal pagados que no quieren hacer los polacos, algo que nos recuerda mucho la situación típica de los países de inmigración, y que sugiere que si los polacos no quieren hacer en su país ese tipo de trabajos cada vez habrá menos que los querrán hacer en otros países. Todo apunta, en definitiva, a que la Europa Occidental no va a poder contar con muchos inmigrantes procedentes de Polonia.

Si esto es así en el caso de Polonia, mucho más lo es en el de Hungría, República Checa, Eslovaquia, etc. países que ya no estaban emitiendo movimientos migratorios significativos hacia la Europa Occidental. Hungría y la República Checa son los países que, con algo más de 10 millones de habitantes cada uno, siguen en población a Polonia (que con más de 38 millones de habitantes aporta por sí sola casi la mitad de la población de los diez países que entraron en la Unión Europea en mayo de 2004) y, por tanto, son los que pueden interesar más en el análisis de los movimientos migratorios.

En el caso de Hungría, lo que tenemos es, como con Polonia, un país que ya es de inmigración, más que de emigración. En enero de 2002 ya tenía 116.429 residentes extranjeros, y la mayoría de ellos procedían de otros países de la Europa del Este (Rumania, Yugoslavia, Ucrania, Eslovaquia, Rusia, Polonia y Croacia), aunque también había una parte procedente de la Europa Occidental.

Hungría también ha ido planteándose su política migratoria como país de inmigración y ha hecho diversas leyes al respecto a lo largo de los años noventa y lo que va de la presente década. La más importante es la Ley sobre Entrada y Residencia de Extranjeros en Hungría, de 2001. Tiene, además convenios bilaterales de tipo laboral con distintos países, tanto de la Europa del Este como de la del Oeste, cuyo objetivo es regular los movimientos para trabajos de temporada. En unos casos sirven, sobre todo, para regular la entrada de trabajadores, como el que tiene con Rumania; mientras que en otros sirven más para regular la salida, como los que tiene con Alemania, Austria, Holanda y otros. Pero un recuento realizado en 2001, de permisos de

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trabajo dados a húngaros en los principales países occidentales receptores, da ya en ese año un número menor que el de permisos de trabajo dados a extranjeros en Hungría (Tóth, 2003)

La República Checa tiene también convenios laborales bilaterales con diversos países: varios con países de la Europa del Este y uno con un país occidental, que es Alemania. El convenio con Alemania establece una cuota anual máxima de 1.400 plazas para trabajos de temporada, pero en los últimos años esa cuota sólo ha sido utilizada por los checos en un 50 %, lo que denota un reducido interés por la emigración. En cambio son mucho mayores las cifras de extranjeros que entran en la República Checa por los convenios bilaterales que tiene con Ucrania, Rusia, Polonia, Bulgaria, Mongolia y Vietnam. Especialmente importante es el flujo de ucranianos: en 2002 ya había 39.005 ucranianos con permiso otorgado por medio del convenio bilateral (Meduna, 2003)

Todos los países que entraron en la Unión Europea en 2004 han ido adaptándose en los últimos años a los estándares europeos sobre control de fronteras. Los primeros en hacerlo fueron Polonia, la República Checa y Hungría, pero los demás siguieron la misma senda. Éste fue uno de los requerimientos más importantes de la Unión para su adhesión, lo que indica que sus políticas, en este terreno, se hacen en clave de territorio de inmigración y no de emigración.

Como concluía Arango (2003), en un estudio publicado antes de la ampliación, los temores existentes en la Europa de los quince a flujos migratorios importantes procedentes de los países que entraban en 2004 (temores que motivaron la moratoria a la libre circulación de sus ciudadanos) eran infundados. Un año después de la ampliación ha quedado bastante claro que este análisis era certero, y que ya no cabe esperar inmigración de esos países. Así pues, para encontrar el origen de los inmigrantes que vamos a seguir teniendo en la Europa comunitaria, procedentes de esa zona geográfica, hemos de irnos un poco más hacia el Este.

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Rumania, Bulgaria, Ucrania y Rusia, como principales países de origen.

Y yéndonos más hacia el Este encontramos los nuevos países que son frontera con la Unión Europea. Puede hablarse de la inmigración del meridiano 28, ya que éste atraviesa países como Rusia, Bielorrusia, Ucrania, Moldavia, Rumania y Bulgaria. Dentro de este grupo hay una importante particularidad y es que Rumania y Bulgaria están en proceso de adhesión a la Unión Europea.21

¿En qué medida los países que son emisores lo van a seguir siendo? Las dimensiones de sus flujos de emigración dependen de factores como la situación económica de esos países, su estructura demográfica, el papel de las redes sociales, etc. Algunos de estos factores inciden a favor de la continuidad de los flujos; aunque otros, como la estructura demográfica, nos indican que los flujos podrían irse reduciendo.

Tabla 4. Renta per capita en dólares.

1999 2003 Ucrania 760 770 Bulgaria 1.450 2.130 Rumania 1.580 2.260 Rusia 1.760 2.610 Polonia 4.270 5.280 España 14.720 17.040 Alemania 25.730 25.720 Reino Unido 24.140 28.320

Fuente: Elaboración propia. Datos del Banco Mundial. 22

La situación económica de esos países favorece la emigración, sobre todo por la distancia existente entre su nivel de vida y el de la Europa Occidental. Los datos del Banco Mundial sobre renta per capita, presentados en la tabla 4, hablan por sí solos de esa distancia cuando observamos los referidos a 2003. Pero al comparar los datos de 2003 con los que había cuatro años antes (en 1999), como también se hace en la tabla, se ve una evolución al alza que se

21 Ver nota 11.

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está produciendo en los países del Este. En todos menos en Ucrania, cuya renta per capita no se incrementa. Si las migraciones dependiesen sólo de la situación económica, cabría esperar mayores flujos de inmigración de Ucrania que de los demás países.

Por lo que se refiere al crecimiento económico cabe decir que en países como Rusia, Ucrania, Rumania y Bulgaria hubo unos años de descenso del Producto Interior Bruto (tras las transformaciones que se inician en 1989), pero que en los últimos tiempos se ha iniciado un crecimiento que ha sido continuado. En Rumania el crecimiento se inicia en 2000 y es mayor en 2001 y 2002; en Bulgaria se inicia en 1998.

El desempleo es siempre un aspecto económico a tener muy en cuenta cuando se analizan las perspectivas de las migraciones. Sin embargo los datos disponibles sobre estos países indican ratios muy distintos. En Rumania es bajo: en 2001 era, según la Comisión Europea, del 6,4 % (Comisión Europea, 2002: 37), y según Naciones Unidas del 7,3 %. Pero en cambio es muy alto en Bulgaria: en 2001 era, según la Comisión Europea, del 18,3 % (Comisión Europea, 2002: 8), y según Naciones Unidas del 19,4 %. Los datos que aporta Naciones Unidas están en la tabla 5, en la que también se ve que los índices de desempleo de Ucrania y de Rusia no son muy altos y están, además, estabilizados. Tabla 5. Desempleo 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 Rumania 8,0 6,7 6,0 6,3 6,8 7,1 7,3 Bulgaria 15,7 14,2 14,4 14,1 15,7 16,3 19,4 Ucrania 5,6 7,6 8,9 11,3 11,9 11,7 11,1 Rusia 9,5 9,7 11,8 13,2 12,6 9,8 8,9

Fuente: Elaboración Propia. Datos de la Comisión Económica para Europa de Naciones Unidas.23

Más adelante volveré sobre los índices de desempleo de Rumania, de los que mostraré datos más actuales y por provincias, pero adelanto que en 2004 el índice para todo el país era del 7,7 %, por tanto muy parecido al de años anteriores. También se verá, en el capítulo siguiente, que las personas de

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origen rumano que he entrevistado confirman que el desempleo no es el aspecto determinante que les movió a la emigración.

Cuando se comenta el desempleo es interesante también observar los índices de actividad, ya que puede haber un desempleo encubierto cuando hay mucha población que ni siguiera se ha planteado trabajar y que, por tanto, no se considera activa y no engrosa la tasa de desempleo.24 En la tabla 6 se pueden ver las tasas de actividad de un conjunto de países, lo que permite hacer comparaciones en ellos, y de dos fechas concretas, lo que permite ver la evolución. También he añadido el porcentaje de mujeres en la población activa ya que éste es otro índice de desarrollo.

Tabla 6. Tasas de actividad

Tasas de actividad ---1995--- Tasas de actividad ---2001--- % de mujeres en la poblac trabajadora Total Mujeres Hombres Total Mujeres Hombres 1995 2001 Algunos Estados de la Unión Europea (antes de la ampliación de 2004)

Dinamarca 77,8 72,3 83,2 78,2 73,8 82,5 46,0 46,7 Alemania 58,5 48,2 69,7 57,2 48,8 66,3 42,8 44,0 Grecia 49,7 36,1 64,7 48,7 37,6 60,9 38,1 40,2 Irlanda 52,7 39,1 66,9 59,1 47,5 70,9 37,7 40,9 Italia 46,7 33,1 61,3 48,0 36,0 60,9 36,9 38,9 Holanda 57,9 47,2 68,9 62,0 52,9 71,3 41,5 43,5 España 49,0 36,2 62,7 52,8 40,3 66,2 38,3 39,1 Suecia 78,2 76,0 80,3 78,4 76,2 80,4 47,8 47,8 Reino Unido 60,3 51,3 69,9 61,1 53,0 69,5 43,8 44,6

Algunos Estados de la Europa del Este

Albania 60,1 47,5 73,6 55,6 44,3 67,8 40,8 41,3 Rep. Checa 61,5 52,3 71,4 59,9 51,3 69,1 44,2 44,3 Hungría 48,2 40,3 57,1 53,3 45,6 61,7 44,2 44,4 Polonia 57,3 50,6 64,5 56,3 49,5 63,8 46,0 46,0 Moldavia ... ... ... 59,3 55,8 63,2 ... 50,1 Eslovenia 58,7 52,1 65,8 57,8 51,3 64,6 46,2 45,8 Rusia 55,2 48,4 63,3 54,2 48,3 61,1 47,4 48,3 Ucrania 68,7 64,9 73,1 56,9 50,7 64,4 49,9 48,6 Bulgaria 52,2 47,9 56,8 50,7 46,5 55,2 47,3 47,4 Rumania 67,2 60,4 74,4 62,2 55,7 69,2 46,3 46,2

Fuente: Comisión Económica para Europa de Naciones Unidas.25

Lo que se aprecia en la tabla 6 es que no hay diferencias significativas entre las tasas de actividad de los países de la Unión Europea (la de los 15, antes de la